jokinscopio - GIJÓN
La Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos alerta de que ya se han denunciado en la comisaría ocho casos de maltrato escolar en lo que va de año, uno de ellos «tan alarmante» como el del niño que se suicidó en Guipúzcoa
Tenía 14 años y estudiaba cuarto de la ESO en un instituto guipuzcoano que para él se convirtió en una sala de torturas. Las cuatro paredes del centro fueron testigo mudo de un año entero de maltratos físicos y psíquicos por parte de sus compañeros de pupitre. El suicidio de Jokin motivó la expulsión de ocho alumnos que ahora se enfrentan a penas por delito contra la integridad moral. Como Jokin, decenas de niños gijoneses sufren las burlas y las agresiones reiteradas de otros escolares, aunque sólo ocho se han atrevido este año a presentar una denuncia en la comisaría de Policía. Así lo constató ayer la Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Fampas) a través de una de sus representantes, en el transcurso de una conferencia sobre el 'bullying' impartida en el IES Doña Jimena por Mercedes Oliveira, doctora en Filosofía.
«El acoso escolar es un tema que nos preocupa cada vez más a todos», afirmó la ponente antes de comenzar a desgranar una realidad que hizo revivir a muchos padres y madres situaciones dramáticas vividas por sus hijos hace años. La primera forma de combatir este tipo de hechos es detectarlos a tiempo. «Cuando los ataques, los insultos, las agresiones, las vejaciones... se producen de forma reiterada y con ánimo de causar daño o miedo, deben encenderse todas las alertas».
'Perder' la merienda
Mercedes Oliveira, profesora en un instituto gallego, explicó que los primeros síntomas de este «maltrato entre iguales» no son siempre perceptibles. Cuando los niños llegan a casa con la ropa o los libros rotos, cuando 'pierden' el dinero o la merienda, cuando se inventan excusas para no ir a clase, tienen pesadillas o dejan de comer, «hay que averiguar qué motiva estas actitudes». El problema viene cuando confluyen varios de estos síntomas. Sin embargo, no sólo los padres de las víctimas han de estar vigilantes. Las familias de los maltratadores también tienen que aportar su granito de arena, «porque estos niños también necesitan ayuda» y, en cierta medida, son víctimas de su propia violencia. La dificultad para expresar sus sentimientos suele estar detrás de esta agresividad, según confirman los psicólogos.
Oliveira instó a los padres y madres que llenaron el salón de actos del IES Doña Jimena a «escuchar a sus hijos, a confirmar los hechos y a actuar de inmediato». En este sentido, recalcó la importancia de abordar la situación de manera conjunta con los profesores del centro de estudios. «Solos no podemos resolver los problemas». La profesora reconoció que, en algunos casos, es imprescindible encontrar docentes con la sensibilidad suficiente para considerar el acoso escolar un problema grave. Por ello, consideró acertada la idea de crear un observatorio independiente de colegios e institutos, tal y como ocurre en casos como la violencia de género.
La Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos evidenció su preocupación por los ocho casos denunciados en lo que va de año en Gijón, sobre todo después de constatar que uno de los menores se encuentra en una «situación límite, alarmante».
«Las heridas nunca se cierran»
Tras la ponencia de Mercedes Oliveira, se abrió un largo debate sobre las circunstancias que dan pie a situaciones de acoso escolar. Algunos de los presentes, padres y madres de niños maltratados por sus compañeros de pupitre, recordaron unas experiencias que, aseguran, han marcado a los suyos de por vida. «Las heridas nunca se cierran», espetó una mujer cuya hija vivió hace siete años una experiencia traumática.
Esta madre asistía al recreo del instituto junto a otra familia para evitar que las niñas fuesen agredidas. «A mi marido y mi hijo mayor les amenazó con una navaja un crio que no levantaba un palmo del suelo. Tuvimos que ir los tres al instituto para que no lincharan a la niña». elcomerciodigital.com 17/05/05
La experta Oliveira compara el acoso en las aulas con los malos tratos en el hogar
«El camino para enfrentar el problema es sacarlo a la luz»
«El acoso en las aulas guarda un claro paralelismo con la violencia de género que soportan algunas mujeres». Así prologó ayer Mercedes Oliveira su conferencia en el Instituto Doña Jimena, titulada «La familia ante el maltrato entre iguales». La experta afirmó que «el camino para enfrentar este problema es sacarlo a la luz, como ocurre desde bien entrados los años noventa con los malos tratos en el hogar, que hasta entonces eran invisibles».
«Del sufrimiento que soportan muchos escolares se ha empezado a hablar ahora con motivo del fallecimiento de Jokin (el niño de Fuenterrabía)», recordó Oliveira, doctora en Filosofía y profesora de educación sexual y sentimental en un instituto de Vigo.
La ponente resumió el maltrato entre compañeros de clase como una «relación de poder con un fuerte que se aprovecha de un débil». «Es un ataque o un incordio reiterado con afán de provocar daño o miedo», abundó Oliveira, que encadenó: «La víctima no suele provocar y no sabe o no puede defenderse».
Tres son los tipos de agresiones que pueden sufrir los niños o los adolescentes durante su escolarización, según la profesora, que fue invitada por la Asociación de Padres de Alumnos del Real Instituto Jovellanos de Gijón a participar en el III Seminario «Familia y educación». La violencia física puede manifestarse de forma directa mediante lesiones o de modo indirecto, como el robo o la ocultación de objetos personales de la víctima, explicó Oliveira. La violencia verbal también puede ser directa (las burlas, los insultos, los motes) o indirecta: cartas, mensajes telefónicos, pintadas. Por último, la experta inventarió la violencia relacional, «que mina la autoestima del sujeto paciente generándole inseguridad y temor, y que puede traducirse en una expulsión del grupo o en un desprecio evidente que condena a la soledad».
Ante un nutrido auditorio formado por padres de alumnos y profesores, Oliveira desgranó los indicios que permiten reconocer que un menor está sufriendo maltrato: las ropas o los libros estropeados, le faltan con frecuencia cosas o dinero, presenta señales de golpes -como heridas o hematomas-, rechaza asistir al colegio con continuas disculpas, pierde las ganas de comer, cambia el camino que siempre ha recorrido para llegar a su centro de estudio, evita asistir a ciertos lugares, duerme mal, se le nota triste o infeliz con continuos cambios de humor, baja su rendimiento escolar, comienzan a faltarle las amistades hasta quedarse solo y empieza a agredir a otros más pequeños.
¿Y el maltratador? «Suele ser un chulito que siempre quiere tener razón y descalifica e insulta cuando discute», describió la profesora viguesa, que agregó: «Desencadenan ataques de ira ante las contrariedades y carecen de empatía suficiente para situarse en el lugar de los demás, quizás porque padecen dificultades para expresar sus sentimientos, así que justifican su violencia sin remordimientos».
«Al maltratado hay que escucharlo para confirmar el suceso y así poder actuar para atajarlo, pero también hay que tranquilizarlo para aliviar su crisis de autoestima y preguntarle dónde fue la agresión, quién fue el autor y quiénes los testigos», advirtió la filósofa, que continuó: «Hay que avisar a su tutor de lo que sucede, pero manteniendo la precaución para preservar en lo posible el anonimato de la víctima, que nunca podrá solucionar su problema sin ayuda, como tampoco los padres por su cuenta, porque siempre es necesario el apoyo de los profesores y de los compañeros».
Respecto del maltratador, Oliveira refirió que «también tiene un problema, así que habrá que forzarle a cambiar de actitud incluso por su bien y recompensar su transformación si acontece». «Ha de quedarle claro que sabemos lo que está haciendo y que no le dejaremos hasta que pare», concluyó la profesora.
LNE, 17/05/05
La Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos alerta de que ya se han denunciado en la comisaría ocho casos de maltrato escolar en lo que va de año, uno de ellos «tan alarmante» como el del niño que se suicidó en Guipúzcoa
Tenía 14 años y estudiaba cuarto de la ESO en un instituto guipuzcoano que para él se convirtió en una sala de torturas. Las cuatro paredes del centro fueron testigo mudo de un año entero de maltratos físicos y psíquicos por parte de sus compañeros de pupitre. El suicidio de Jokin motivó la expulsión de ocho alumnos que ahora se enfrentan a penas por delito contra la integridad moral. Como Jokin, decenas de niños gijoneses sufren las burlas y las agresiones reiteradas de otros escolares, aunque sólo ocho se han atrevido este año a presentar una denuncia en la comisaría de Policía. Así lo constató ayer la Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Fampas) a través de una de sus representantes, en el transcurso de una conferencia sobre el 'bullying' impartida en el IES Doña Jimena por Mercedes Oliveira, doctora en Filosofía.
«El acoso escolar es un tema que nos preocupa cada vez más a todos», afirmó la ponente antes de comenzar a desgranar una realidad que hizo revivir a muchos padres y madres situaciones dramáticas vividas por sus hijos hace años. La primera forma de combatir este tipo de hechos es detectarlos a tiempo. «Cuando los ataques, los insultos, las agresiones, las vejaciones... se producen de forma reiterada y con ánimo de causar daño o miedo, deben encenderse todas las alertas».
'Perder' la merienda
Mercedes Oliveira, profesora en un instituto gallego, explicó que los primeros síntomas de este «maltrato entre iguales» no son siempre perceptibles. Cuando los niños llegan a casa con la ropa o los libros rotos, cuando 'pierden' el dinero o la merienda, cuando se inventan excusas para no ir a clase, tienen pesadillas o dejan de comer, «hay que averiguar qué motiva estas actitudes». El problema viene cuando confluyen varios de estos síntomas. Sin embargo, no sólo los padres de las víctimas han de estar vigilantes. Las familias de los maltratadores también tienen que aportar su granito de arena, «porque estos niños también necesitan ayuda» y, en cierta medida, son víctimas de su propia violencia. La dificultad para expresar sus sentimientos suele estar detrás de esta agresividad, según confirman los psicólogos.
Oliveira instó a los padres y madres que llenaron el salón de actos del IES Doña Jimena a «escuchar a sus hijos, a confirmar los hechos y a actuar de inmediato». En este sentido, recalcó la importancia de abordar la situación de manera conjunta con los profesores del centro de estudios. «Solos no podemos resolver los problemas». La profesora reconoció que, en algunos casos, es imprescindible encontrar docentes con la sensibilidad suficiente para considerar el acoso escolar un problema grave. Por ello, consideró acertada la idea de crear un observatorio independiente de colegios e institutos, tal y como ocurre en casos como la violencia de género.
La Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos evidenció su preocupación por los ocho casos denunciados en lo que va de año en Gijón, sobre todo después de constatar que uno de los menores se encuentra en una «situación límite, alarmante».
«Las heridas nunca se cierran»
Tras la ponencia de Mercedes Oliveira, se abrió un largo debate sobre las circunstancias que dan pie a situaciones de acoso escolar. Algunos de los presentes, padres y madres de niños maltratados por sus compañeros de pupitre, recordaron unas experiencias que, aseguran, han marcado a los suyos de por vida. «Las heridas nunca se cierran», espetó una mujer cuya hija vivió hace siete años una experiencia traumática.
Esta madre asistía al recreo del instituto junto a otra familia para evitar que las niñas fuesen agredidas. «A mi marido y mi hijo mayor les amenazó con una navaja un crio que no levantaba un palmo del suelo. Tuvimos que ir los tres al instituto para que no lincharan a la niña». elcomerciodigital.com 17/05/05
La experta Oliveira compara el acoso en las aulas con los malos tratos en el hogar
«El camino para enfrentar el problema es sacarlo a la luz»
«El acoso en las aulas guarda un claro paralelismo con la violencia de género que soportan algunas mujeres». Así prologó ayer Mercedes Oliveira su conferencia en el Instituto Doña Jimena, titulada «La familia ante el maltrato entre iguales». La experta afirmó que «el camino para enfrentar este problema es sacarlo a la luz, como ocurre desde bien entrados los años noventa con los malos tratos en el hogar, que hasta entonces eran invisibles».
«Del sufrimiento que soportan muchos escolares se ha empezado a hablar ahora con motivo del fallecimiento de Jokin (el niño de Fuenterrabía)», recordó Oliveira, doctora en Filosofía y profesora de educación sexual y sentimental en un instituto de Vigo.
La ponente resumió el maltrato entre compañeros de clase como una «relación de poder con un fuerte que se aprovecha de un débil». «Es un ataque o un incordio reiterado con afán de provocar daño o miedo», abundó Oliveira, que encadenó: «La víctima no suele provocar y no sabe o no puede defenderse».
Tres son los tipos de agresiones que pueden sufrir los niños o los adolescentes durante su escolarización, según la profesora, que fue invitada por la Asociación de Padres de Alumnos del Real Instituto Jovellanos de Gijón a participar en el III Seminario «Familia y educación». La violencia física puede manifestarse de forma directa mediante lesiones o de modo indirecto, como el robo o la ocultación de objetos personales de la víctima, explicó Oliveira. La violencia verbal también puede ser directa (las burlas, los insultos, los motes) o indirecta: cartas, mensajes telefónicos, pintadas. Por último, la experta inventarió la violencia relacional, «que mina la autoestima del sujeto paciente generándole inseguridad y temor, y que puede traducirse en una expulsión del grupo o en un desprecio evidente que condena a la soledad».
Ante un nutrido auditorio formado por padres de alumnos y profesores, Oliveira desgranó los indicios que permiten reconocer que un menor está sufriendo maltrato: las ropas o los libros estropeados, le faltan con frecuencia cosas o dinero, presenta señales de golpes -como heridas o hematomas-, rechaza asistir al colegio con continuas disculpas, pierde las ganas de comer, cambia el camino que siempre ha recorrido para llegar a su centro de estudio, evita asistir a ciertos lugares, duerme mal, se le nota triste o infeliz con continuos cambios de humor, baja su rendimiento escolar, comienzan a faltarle las amistades hasta quedarse solo y empieza a agredir a otros más pequeños.
¿Y el maltratador? «Suele ser un chulito que siempre quiere tener razón y descalifica e insulta cuando discute», describió la profesora viguesa, que agregó: «Desencadenan ataques de ira ante las contrariedades y carecen de empatía suficiente para situarse en el lugar de los demás, quizás porque padecen dificultades para expresar sus sentimientos, así que justifican su violencia sin remordimientos».
«Al maltratado hay que escucharlo para confirmar el suceso y así poder actuar para atajarlo, pero también hay que tranquilizarlo para aliviar su crisis de autoestima y preguntarle dónde fue la agresión, quién fue el autor y quiénes los testigos», advirtió la filósofa, que continuó: «Hay que avisar a su tutor de lo que sucede, pero manteniendo la precaución para preservar en lo posible el anonimato de la víctima, que nunca podrá solucionar su problema sin ayuda, como tampoco los padres por su cuenta, porque siempre es necesario el apoyo de los profesores y de los compañeros».
Respecto del maltratador, Oliveira refirió que «también tiene un problema, así que habrá que forzarle a cambiar de actitud incluso por su bien y recompensar su transformación si acontece». «Ha de quedarle claro que sabemos lo que está haciendo y que no le dejaremos hasta que pare», concluyó la profesora.
LNE, 17/05/05







