EL LIBRO 'Reflexiones de un niño' escrito por un prometedor escritor de 15 años que protestaba a la directora del colegio por las "injusticias de las que son víctimas todos los niños en cualquier colegio".
Agotados los recursos que tiene una maestra de primer grado para acallar a sus alumnos, recurrió a los de una madre desesperada.
Pero cuando el pequeño de cinco años de edad sintió la leve presión en su brazo derecho, ensanchó sus ojos verdes y sentenció: "Mami, tú no puedes hacer eso. Aquí tú eres mi maestra, no mi mamá".
El adolescente de 15 años comenzó a crear desde su temprana niñez, por lo que acaba de lanzar su primer libro.
En ese momento, Maribel Medina supo que pronto tendría en sus manos un libro escrito por su hijo Jean Carlos Elías Medina, hoy de 15 años de edad.
Era la única maestra que comprendía que esa energía invertida en construir puentes de papelcad en cinco minutos, poner sus juguetes a la venta por "amor al dinero" y protestar a la directora del colegio La Merced por las "injusticias de las que son víctimas todos los niños en cualquier colegio", se canalizaría por una vía que "produciría sólo cosas hermosas".
Y ese día llegó hace apenas unas semanas. El 26 de agosto pasado, la casa editora Publicaciones Puertorriqueñas entregó el primer ejemplar de "Reflexiones de un niño", contenedor de las letras más jóvenes que hayan pasado por su imprenta.
Sólo abre tus alas de ángel
y sal de la prisión
que encierras en tu corazón...
("Prisionero de la vida")
Escritos en el período que abarca desde los siete hasta los 13 años de edad, poemas, fábulas y ensayos perpetúan en blanco y negro "esta voz interna que nos ayuda a tomar decisiones", la de un niño guaynabeño que cree en la escritura como "método de desahogo".
"Uno casi nunca puede poner en palabras lo que quiere que las demás personas comprendan: las agustias, los deseos. Pero si uno lee y escribe, puede estar más en contacto con los sentimientos, puede acercarse más, porque ellos siempre son indescifrables, y la literatura también es indescifrable", articuló el joven poeta mientras acomodaba la gorra que ocultaba su pelo lacio.
Jean Carlos Elías Medina hizo esta sentencia cuando se le pidió un comentario sobre sus poemas "Amor prohibido", "Prisionero de la vida" y "Durante un eclipse lunar". En éstos, el joven autor nutre sus versos con lugares comunes de la producción literaria de todos los tiempos, de cuyo corpus, a los siete años de edad, no conocía ningún elemento aún.
Será cuando la noche esté serena,
o cuando el mar suena,
que entenderé por qué es mi nena...
("Mi morena")
Entonces, el hoy estudiante de décimo grado en Bonneville School (San Juan) se dio cuenta de que, aquel día de verano de 1990, había elaborado su primera composición literaria, cuando, analfabeta aún, recitó un poema suyo dedicado a su madre.
Y por fin cumplió el deseo de "poseer a su nena", la poesía. Presentes en aquel poema inicial del cual no conserva copia, motivos como el ubi sunt, el carpe diem, la infinitud del ser humano, la muerte y la "amada inalcanzable" los reconoció años después cuando leyó "El alquimista", de Paulo Coelho, y "La ciudad de las bestias", de Isabel Allende (sus libros favoritos). "Si ellos pueden escribir y les queda bien, ¿por qué yo no?", cuestionó.
No sé por qué la vida se dedica a herir
por qué no vivir donde no haya que sufrir
físicamente estoy condenado a vivir...
("Prisionero del amor")
Aunque las lágrimas fueron la primera reacción de su progenitora al leer los versos de un niño "adicto a los videojuegos" y fanático de Sin Bandera, Tizziano Ferro y Don Omar, no dudó un instante en apoyarlo para la tan anhelada publicación.
Después de todo, comprendió que "lo que él hace es un canal de comunicación entre los padres y los hijos. A veces uno no entiende que los niños pueden sentir cosas tan profundas como nosotros los adultos, y por eso no los comprendemos".
De ahí la "revolución que se formó en su colegio al anunciar que publicaría un libro".
"Ahora todos leen, todos escriben; se han descubierto talentos escondidos. Yo soy maestra de español allí (en Bonneville School), y me he dado cuenta", aseguró una orgullosa Maribel Medina.
Creo que corre del deseo de tenerme,
y no puedo pararla,
quisiera poder controlarla...
("Ella y yo")
Empiezan por provocar que tiemblen sus manos, rechinen sus dientes y exhalen suspiros. Acaban por mantenerlo pegado por horas a la computadora.
Al igual que la poesía, los problemas sociales de Puerto Rico poseyeron la mente de Jean Carlos desde muy pequeño. "Si el Gobierno está ahí para organizar las leyes y hacer posible la vida en paz, ¿por qué no lo hace? ¿Quién lo va a hacer? Pues nosotros".
De esa premisa parten los seis cuentos y cinco ensayos que conforman la segunda parte del libro. Son la violencia doméstica, la carencia de la figura paterna y el sexo, los temas que más inquietan al adolescente.
En palabras de Jean Carlos, "sólo con fe en las cosas y en Dios podremos afrontar la situación tan difícil por la que pasa el país. Podremos tener una economía en crisis, pero no hay que dejar que esa crisis se meta a nuestros valores".
Una de las formas de asegurar la integridad del puertorriqueño implica, según el estudiante, el desarrollo de un hábito por la lectura, porque "ahí es que nos encontramos con nosotros mismos".
Para el adolescente guaynabeño, los libros que se asignan en la escuela "son muy aburridos", como tediosa fue su experiencia al verse obligado a pergeñar "Marianela", de Benito Pérez Galdós. Si el objetivo es estimular el gusto por la lectura, propone una reforma en el sistema escolar: "Deberían dejar que cada cual lea el libro que quisiera, luego que hicieran un resumen y así todos leerían y se motivarían unos a otros". "A los que no le gusta la lectura es porque no lo han probado por su propio gusto", reiteró.
"Reflexiones de un niño", próximamente, se hará su presentación formal.
. .
PUERTO RICO 20/8/05 primerahora.com
Tenía que hacer algo y tenía que hacerlo rápido. Allí estaba él de nuevo, robándole en el aula las últimas gotas de paciencia que le había dejado en casa. En cuestión de minutos había terminado el ejercicio de gramática que ella asignó a su grupo, y ya empezaba a alborotar a sus compañeritos.
Agotados los recursos que tiene una maestra de primer grado para acallar a sus alumnos, recurrió a los de una madre desesperada.
Pero cuando el pequeño de cinco años de edad sintió la leve presión en su brazo derecho, ensanchó sus ojos verdes y sentenció: "Mami, tú no puedes hacer eso. Aquí tú eres mi maestra, no mi mamá".
El adolescente de 15 años comenzó a crear desde su temprana niñez, por lo que acaba de lanzar su primer libro.
En ese momento, Maribel Medina supo que pronto tendría en sus manos un libro escrito por su hijo Jean Carlos Elías Medina, hoy de 15 años de edad.
Era la única maestra que comprendía que esa energía invertida en construir puentes de papelcad en cinco minutos, poner sus juguetes a la venta por "amor al dinero" y protestar a la directora del colegio La Merced por las "injusticias de las que son víctimas todos los niños en cualquier colegio", se canalizaría por una vía que "produciría sólo cosas hermosas".
Y ese día llegó hace apenas unas semanas. El 26 de agosto pasado, la casa editora Publicaciones Puertorriqueñas entregó el primer ejemplar de "Reflexiones de un niño", contenedor de las letras más jóvenes que hayan pasado por su imprenta.
Sólo abre tus alas de ángel
y sal de la prisión
que encierras en tu corazón...
("Prisionero de la vida")
Escritos en el período que abarca desde los siete hasta los 13 años de edad, poemas, fábulas y ensayos perpetúan en blanco y negro "esta voz interna que nos ayuda a tomar decisiones", la de un niño guaynabeño que cree en la escritura como "método de desahogo".
"Uno casi nunca puede poner en palabras lo que quiere que las demás personas comprendan: las agustias, los deseos. Pero si uno lee y escribe, puede estar más en contacto con los sentimientos, puede acercarse más, porque ellos siempre son indescifrables, y la literatura también es indescifrable", articuló el joven poeta mientras acomodaba la gorra que ocultaba su pelo lacio.
Jean Carlos Elías Medina hizo esta sentencia cuando se le pidió un comentario sobre sus poemas "Amor prohibido", "Prisionero de la vida" y "Durante un eclipse lunar". En éstos, el joven autor nutre sus versos con lugares comunes de la producción literaria de todos los tiempos, de cuyo corpus, a los siete años de edad, no conocía ningún elemento aún.
Será cuando la noche esté serena,
o cuando el mar suena,
que entenderé por qué es mi nena...
("Mi morena")
Entonces, el hoy estudiante de décimo grado en Bonneville School (San Juan) se dio cuenta de que, aquel día de verano de 1990, había elaborado su primera composición literaria, cuando, analfabeta aún, recitó un poema suyo dedicado a su madre.
Y por fin cumplió el deseo de "poseer a su nena", la poesía. Presentes en aquel poema inicial del cual no conserva copia, motivos como el ubi sunt, el carpe diem, la infinitud del ser humano, la muerte y la "amada inalcanzable" los reconoció años después cuando leyó "El alquimista", de Paulo Coelho, y "La ciudad de las bestias", de Isabel Allende (sus libros favoritos). "Si ellos pueden escribir y les queda bien, ¿por qué yo no?", cuestionó.
No sé por qué la vida se dedica a herir
por qué no vivir donde no haya que sufrir
físicamente estoy condenado a vivir...
("Prisionero del amor")
Aunque las lágrimas fueron la primera reacción de su progenitora al leer los versos de un niño "adicto a los videojuegos" y fanático de Sin Bandera, Tizziano Ferro y Don Omar, no dudó un instante en apoyarlo para la tan anhelada publicación.
Después de todo, comprendió que "lo que él hace es un canal de comunicación entre los padres y los hijos. A veces uno no entiende que los niños pueden sentir cosas tan profundas como nosotros los adultos, y por eso no los comprendemos".
De ahí la "revolución que se formó en su colegio al anunciar que publicaría un libro".
"Ahora todos leen, todos escriben; se han descubierto talentos escondidos. Yo soy maestra de español allí (en Bonneville School), y me he dado cuenta", aseguró una orgullosa Maribel Medina.
Creo que corre del deseo de tenerme,
y no puedo pararla,
quisiera poder controlarla...
("Ella y yo")
Empiezan por provocar que tiemblen sus manos, rechinen sus dientes y exhalen suspiros. Acaban por mantenerlo pegado por horas a la computadora.
Al igual que la poesía, los problemas sociales de Puerto Rico poseyeron la mente de Jean Carlos desde muy pequeño. "Si el Gobierno está ahí para organizar las leyes y hacer posible la vida en paz, ¿por qué no lo hace? ¿Quién lo va a hacer? Pues nosotros".
De esa premisa parten los seis cuentos y cinco ensayos que conforman la segunda parte del libro. Son la violencia doméstica, la carencia de la figura paterna y el sexo, los temas que más inquietan al adolescente.
En palabras de Jean Carlos, "sólo con fe en las cosas y en Dios podremos afrontar la situación tan difícil por la que pasa el país. Podremos tener una economía en crisis, pero no hay que dejar que esa crisis se meta a nuestros valores".
Una de las formas de asegurar la integridad del puertorriqueño implica, según el estudiante, el desarrollo de un hábito por la lectura, porque "ahí es que nos encontramos con nosotros mismos".
Para el adolescente guaynabeño, los libros que se asignan en la escuela "son muy aburridos", como tediosa fue su experiencia al verse obligado a pergeñar "Marianela", de Benito Pérez Galdós. Si el objetivo es estimular el gusto por la lectura, propone una reforma en el sistema escolar: "Deberían dejar que cada cual lea el libro que quisiera, luego que hicieran un resumen y así todos leerían y se motivarían unos a otros". "A los que no le gusta la lectura es porque no lo han probado por su propio gusto", reiteró.
"Reflexiones de un niño", próximamente, se hará su presentación formal.
. .







