CARTAS AL DIRECTOR A propósito de una sentencia por acoso escolar y de un encierro de profesores • Mirar hacia atrás es mirar hacia delante • Hay que dar al joven «el ambiente social más elevado posible» para el desarrollo armonioso de su vida entera.
Entendía que en cosas de educación no hay recetas, pues es una función personal y flexible y «si no, ya está de sobra». El influjo de una buena educación supone «dar al mundo hombres sinceros, naturales, sobrios, magnánimos» en vez de caracteres falsos y artificiales, consumidos por la fiebre del deseo o por el marasmo de la posesión.
El propósito, pues, es hacer de los chicos personas «de razón y conciencia», con amor por la verdad, dignas, honradas, inteligentes, laboriosas, útiles a los demás y a sí mismas; que no seres extraños a la realidad de la vida e individualidades sin personalidad. ¿Nos parecen irremediablemente anticuadas estas expresiones? ¿No podríamos mirar el futuro con esperanza e ilusión si estas palabras fueran vivas y reales?
En el discurso de inauguración del curso 1881-82, Giner se refería al beneficio de las excursiones y glosaba un «sentido antiacadémico, familiar y educador en la enseñanza». De lo que se trata, decía, es de «producir serenidad, valor y jovialidad, y corregir la apatía que nos consume». Hay que dar al joven «el ambiente social más elevado posible» para el desarrollo armonioso de su vida entera. Asimismo opinaba que no debe abandonarse la cultura general tampoco en los estudios técnicos, «porque el hombre no deja un día de serlo para hacerse ingeniero» (hace unos meses, un profesor de Ingenieros les preguntó a sus alumnos de 5º por Dostoievski; sólo dos habían oído hablar de él; el profesor no les riñó, les animó a saber).
Giner creía que mucha falta hace estudiar para saber que se ignora y adquirir humildad. Y refiriéndose a la juventud deploraba «¿qué poco se le educa para que en las vacaciones pueda valerse por sí, ya para el trabajo personal, ya para saber divertirse! Las más veces, ni aun el vicio alcanza a sacarlo de su aburrimiento».

www.fundacionginer.org
» Obras completas de Giner de los Ríos
. .
MIGUEL ESCUDERO 20/8/05 eCD Álava
Una sentencia revisada por acoso escolar y un encierro de profesores de instituto contra una concreta discriminación me conducen a Giner. En ocasiones, mirar hacia atrás es mirar hacia delante. La razón histórica alumbra. La Institución Libre de Enseñanza apareció en torno a 1875 con el objetivo de acometer la renovación intelectual española. Francisco Giner de los Ríos (1839-1915) fue el alma de aquel proyecto. Rezumaba vocación pedagógica y algunas de sus ideas merecen ser reconocidas.
Entendía que en cosas de educación no hay recetas, pues es una función personal y flexible y «si no, ya está de sobra». El influjo de una buena educación supone «dar al mundo hombres sinceros, naturales, sobrios, magnánimos» en vez de caracteres falsos y artificiales, consumidos por la fiebre del deseo o por el marasmo de la posesión.
El propósito, pues, es hacer de los chicos personas «de razón y conciencia», con amor por la verdad, dignas, honradas, inteligentes, laboriosas, útiles a los demás y a sí mismas; que no seres extraños a la realidad de la vida e individualidades sin personalidad. ¿Nos parecen irremediablemente anticuadas estas expresiones? ¿No podríamos mirar el futuro con esperanza e ilusión si estas palabras fueran vivas y reales?
En el discurso de inauguración del curso 1881-82, Giner se refería al beneficio de las excursiones y glosaba un «sentido antiacadémico, familiar y educador en la enseñanza». De lo que se trata, decía, es de «producir serenidad, valor y jovialidad, y corregir la apatía que nos consume». Hay que dar al joven «el ambiente social más elevado posible» para el desarrollo armonioso de su vida entera. Asimismo opinaba que no debe abandonarse la cultura general tampoco en los estudios técnicos, «porque el hombre no deja un día de serlo para hacerse ingeniero» (hace unos meses, un profesor de Ingenieros les preguntó a sus alumnos de 5º por Dostoievski; sólo dos habían oído hablar de él; el profesor no les riñó, les animó a saber).
Giner creía que mucha falta hace estudiar para saber que se ignora y adquirir humildad. Y refiriéndose a la juventud deploraba «¿qué poco se le educa para que en las vacaciones pueda valerse por sí, ya para el trabajo personal, ya para saber divertirse! Las más veces, ni aun el vicio alcanza a sacarlo de su aburrimiento».

» Obras completas de Giner de los Ríos
. .






