La Mirada de JokinBullying · Problemática adolescente
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viernes, 02 de septiembre de 2005
Nariz de sifón. Petiso garrafa. Negra... Mañana, cuando los guardapolvos blancos lleguen al colegio, se escucharán algunos de esos apodos. El fenómeno no es nuevo. Pero va en aumento. Cada vez más, las burlas recorren las aulas de las escuelas públicas y privadas. Psicólogos, sociólogos, pedagogos, talleristas, humoristas y alumnos consultados por LA GACETA coinciden en que los acosos pueden terminar en tragedias.
TUCUMAN Argentina 28/8/05
Desgarbado. Flaco. Y distraído. Juan Romero estaba harto. Se burlaban de él y le decían “Pantriste”. Hasta que una mañana de agosto, en vez de libros, guardó una pistola en su mochila. ¡Pum! A la salida del colegio descargó el arma contra sus compañeros. Desde ese día, Mauricio Salvador (16 años) se halla bajo tierra.
El hecho, ocurrido en 2000, es un caso extremo. Pero todos los especialistas consultados coinciden en que la discriminación y las cargadas en las aulas pueden terminar en tragedias. De hecho, la psicóloga Silvina Cohen Imach sostiene que el fenómeno se está volviendo cotidiano. “Los chicos están acostumbrados a las sutiles formas de agresión”, indica. Además, la terapeuta de la Fundación Antígonas de asistencia y prevención de la violencia advierte que el acoso escolar deja marcas indelebles.
La experta no se cansa de pregonar que las escuelas deberían brindar inmediatas respuestas a sus víctimas, en vez de encubrir las brutalidades. Es que, si las agresiones se repiten, el chico que recibe los golpes o cargadas se siente indefenso. “Disminuyen su autoestima, su seguridad personal y su iniciativa. Se siente solo, se aísla y quiere dejar la escuela. El muchacho que ejerce el liderazgo negativo, en cambio, tiene una conducta violenta aprendida seguramente en su propio hogar”, afirma.
Cohen Imach insta a los colegios a que tomen conciencia de que las agresiones se manifiestan en ese ámbito porque falta control por parte de los adultos.

No es la única con ese parecer. Marisa Ferran dice que, en algunos casos, hasta el maestro discrimina al alumno. La psicóloga social, miembro del departamento de extensión técnica educativa de la Municipalidad, considera que los docentes con aulas superpobladas no pueden contener ni escuchar a ninguno de sus estudiantes. “A veces los chicos están necesitando algo más que el contenido curricular. ¡En esos casos, charlar es más importante que dar clases! Si el niño se siente discriminado por el educador, se comportará de modo violento con sus compañeros”, reflexiona.

Para evitar los riesgos de situaciones de acoso, la pedagoga porteña Marta Rodríguez elaboró una listado de consejos para chicos y padres, que publicó en el libro “Guerra en las aulas”.
No responder a las provocaciones. No tratar de agradar al acosador. Y relatar el problema a la maestra son algunas de las recomendaciones de la escritora. También les sugiere a los chicos evitar estar solos en baños o pasillos y a los padres acompañar a sus hijos a la escuela, en vez de dejarlos que enfrenten sólos las cargadas.

“Los niños no deben encerrarse en el problema. Tienen que confiar en los adultos. Hay que tratar de encontrar una salida admitiendo que son víctimas de discriminación”, se lee en las páginas de su autoría.

La jirafa humana

La respuesta la sorprendió. Cuando la psicóloga Marta Salas les preguntó si había en su grado algún compañero que fuera motivo de burla o agresión, el 99 % contestó que sí. La actual directora del proyecto de investigación sobre los comportamientos violentos en los escolares de la Universidad Nacional de Tucumán realizó una encuesta a chicos de 8 a 12 años de una escuela pública de la provincia.

“Durante ese trabajo, se observó además que los varones sufren más el acoso de sus compañeros que las mujeres y que prevalecen los apodos que utilizan los niños para llamarse entre ellos. Esos sobrenombres (danonivo vencido, jirafa humana, esqueleto, escopeta, marica, enano o hipopótamo) no son agradables y fueron creados con el fin de causar gracia o de ridiculizar a quien se lo adjudican. En la mayoría de los casos hacen referencia a cualidades físicas que son motivo de burla. El 27 % de los niños no se defiende”, especifica Salas.

En definitiva, para que no haya más “pantristes”, hace falta prevención.

Confesiones
• Es un chico muy apuesto. Tiene el pelo de color naranja y la cara con pecas. Sin embargo, es depositario de burlas: “me dicen Pan con Salsa”, cuenta Juan Carlos Rosales (16 años), mientras mira a sus amigos con cara de denuncia. El resto de los chicos se encoge de hombros y acusa al “coloradito” de ser, él también, muy bromista. Pero Juan Carlos se defiende. “Cuando las cargadas son reiterativas, no hacen gracia, sino todo lo contrario, te duelen. Creo que este apodo es una marca que tendré por el resto de mi vida. ¡Hasta mi mamá me dice Pan con Salsa cuando se enoja conmigo!”, finaliza.

• “Creo que la escuela es un lugar propenso para las bromas y cargadas porque no hay control. En el recreo no hay adultos, por ejemplo. Aparte, los chicos no tienen límites, son muy directos y no les importa lastimar a nadie. A mí me dicen “el Turco”, pero eso no me ofende. (Yebric Rahman, 15 años).

• - ¿Tenés apodo?
- Mis compañeros me dicen Negro Sucio, pero no es ofensivo. Todos tienen apodos en mi curso. Yo no me enojo.
- ¿Por qué las bromas lastiman?
- Creo que los sobrenombres que causan carcajadas generalizadas son muy hirientes, porque es feo que todo el mundo se ría de uno.
- ¿A tus papás les parece bien ese apodo?
- Los padres no entienden lo que nos pasa a nosotros, los adolescentes. Pareciera que no les importara lo que pensamos. (Maximiliano Bustos, 15 años).

• “Yo siento que mis amigas me discriminan cuando jugamos a saltar la piola porque yo no sé hacerlo bien. Siempre me dejan de lado y se abrazan entre ellas para caminar. Yo las sigo por detrás...”. (Pamela, 9 años).

• “Durante toda mi vida escolar y universitaria fui discriminado por ser de nacionalidad boliviana. Nunca tuve problemas para ingresar a ninguna institución, pero siempre tuve que soportar los chistes de los compañeros de turno. Ahora, afortunadamente, mis colegas no hacen bromas de mal gusto. El ámbito laboral es diferente”. (Juan R. 47 años).


Demasiado cruel

“En una escuela pública había tres alumnos coreanos. Sus apellidos eran muy difíciles de pronunciar. Así que la maestra no tuvo mejor idea que hacerlos pasar al frente y los llamó Chin - Chu - Lin. Los tres coreanitos pasaron a ser el centro de las cargadas del grado”. El que habla es Víctor Ramos, ex presidente y fundador del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) y actual director de su propia ONG, “Sos Discriminación Internacional”. En diálogo telefónico con LA GACETA, el especialista porteño indicó que el problema de la discriminación escolar radica en el hecho de que los chicos son muy crueles porque no tienen la cuota de hipocresía de los adultos, que miden sus palabras. “Entre los 8 y 14 años es la edad más dañina. En esa etapa los niños dicen lo primero que se les ocurre, son absolutamente discriminadores y perversos con sus burlas”, explica.

Desde la perspectiva de Ramos, el móvil del acoso infantil es el poder. “Los juguetes, las figuritas o la belleza son algunas de las cosas por las cuales los pequeños compiten. El problema es que, si la discriminación no es tratada a tiempo, puede convertirse en el germen de hechos violentos que se multiplican”, indica.
El tema no es nuevo. El experto dice que el “bullying” (como se denomina este fenómeno desde hace tiempo ya en otros países del mundo) resulta bastante común en los centros educativos o barriales y puede ser bastante dañino para quienes lo sufren, generalmente en silencio y en soledad.
Ramos considera, además, que estas agresiones dejan una impronta indeleble en la personalidad de los chicos, que luego repercutirá en la vida adulta.

Definir el bullying es complejo y más aún traducirlo literalmente al castellano. Implica hacer burlas o golpear a otro compañero de clases. Pero lo más importante no es la acción en sí misma, sino el efecto que produce en sus víctimas”, finaliza.
www.lagaceta.com.ar

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