Interesante reportaje publicado en la revista Fusión del mes de septiembre. Publicamos el reportaje en tres partes: I.- profesores, II.- padres, III.- Alumnos.
Amenazas, insultos, robos, agresiones físicas... Alumnos, padres y profesores han observado cómo la violencia en las aulas aumenta año a año rodeada de un clima de silencio, impotencia e impunidad.
Tras la muerte de Jokin, el diario vasco El Correo publicaba las declaraciones anónimas de uno de los padres de los chicos implicados en el caso. El padre intentaba excusar a su hijo haciendo ver su lado bueno y minimizando su brutalidad. Otra de las respuestas más recurrentes es darle al menor una buena paliza para que aprenda que no hay que pegar a sus compañeros, incurriendo en la paradoja de utilizar la estrategia que se pretende evitar en el chaval, con lo cual se refuerza esa conducta. Las menos veces, los padres hablan con los profesores, los padres del niño agredido y un psicólogo para entre todos arreglar la situación, y crear la figura de un mediador en el colegio.
Realmente a los progenitores les resulta difícil asumir que su hijo agrede a un compañero, porque saben que es consecuencia de lo que está recibiendo en su casa.
Para Nicolás Merino, Psicopedagogo de CEPTECO, "el factor básico inadecuado en la educación de los padres es la incoherencia. Es poco instructivo enseñar a no agredir cuando se usa el castigo físico como método educativo. No se puede enseñar a ser tolerante cuando favorecemos y aplaudimos que nuestro hijo no juegue con un niño de otra etnia, con discapacidad o de una religión diferente. Es conveniente educar enseñando estrategias de resolución de conflictos. Solemos dar mucha importancia a que nuestro hijo aprenda a leer, sumar y restar... pero a veces se nos suele olvidar que también debe aprender a enfrentarse a las frustraciones cuando algo no le sale bien, ya que sus deseos no se ven realizados como imaginaba. Otros factores importantes que influyen negativamente en la educación en el seno de algunas familias, son la inmediatez en conseguir objetivos sin esfuerzo -muchos jóvenes tienen lo que quieren y cuando quieren- y la falta de consecuencias negativas de las propias acciones equivocadas. Lo más adecuado sería una actuación preventiva dentro de la familia y todo el conjunto de la sociedad".
En la misma línea, José Luis Balbín, director del semanal La Clave escribía en un editorial: Esa obsesión por sobreproteger al niño sólo lo hace más indefenso y, a la larga, más desgraciado, incapaz de enfrentarse a problemas a veces mínimos".
Amenazas, insultos, robos, agresiones físicas... Alumnos, padres y profesores han observado cómo la violencia en las aulas aumenta año a año rodeada de un clima de silencio, impotencia e impunidad.
Marta Iglesias revistafusion.com
Padres
El factor básico inadecuado en la educación de los padres es la incoherencia. Es poco instructivo enseñar a no agredir cuando se usa el castigo físico como método educativo.
Tras la muerte de Jokin, el diario vasco El Correo publicaba las declaraciones anónimas de uno de los padres de los chicos implicados en el caso. El padre intentaba excusar a su hijo haciendo ver su lado bueno y minimizando su brutalidad. Otra de las respuestas más recurrentes es darle al menor una buena paliza para que aprenda que no hay que pegar a sus compañeros, incurriendo en la paradoja de utilizar la estrategia que se pretende evitar en el chaval, con lo cual se refuerza esa conducta. Las menos veces, los padres hablan con los profesores, los padres del niño agredido y un psicólogo para entre todos arreglar la situación, y crear la figura de un mediador en el colegio.
Realmente a los progenitores les resulta difícil asumir que su hijo agrede a un compañero, porque saben que es consecuencia de lo que está recibiendo en su casa.
Para Nicolás Merino, Psicopedagogo de CEPTECO, "el factor básico inadecuado en la educación de los padres es la incoherencia. Es poco instructivo enseñar a no agredir cuando se usa el castigo físico como método educativo. No se puede enseñar a ser tolerante cuando favorecemos y aplaudimos que nuestro hijo no juegue con un niño de otra etnia, con discapacidad o de una religión diferente. Es conveniente educar enseñando estrategias de resolución de conflictos. Solemos dar mucha importancia a que nuestro hijo aprenda a leer, sumar y restar... pero a veces se nos suele olvidar que también debe aprender a enfrentarse a las frustraciones cuando algo no le sale bien, ya que sus deseos no se ven realizados como imaginaba. Otros factores importantes que influyen negativamente en la educación en el seno de algunas familias, son la inmediatez en conseguir objetivos sin esfuerzo -muchos jóvenes tienen lo que quieren y cuando quieren- y la falta de consecuencias negativas de las propias acciones equivocadas. Lo más adecuado sería una actuación preventiva dentro de la familia y todo el conjunto de la sociedad".
En la misma línea, José Luis Balbín, director del semanal La Clave escribía en un editorial: Esa obsesión por sobreproteger al niño sólo lo hace más indefenso y, a la larga, más desgraciado, incapaz de enfrentarse a problemas a veces mínimos".






