Los dos escolares que vejaron a un compañero en Mollerussa realizan sesiones de convivencia
El caso se ha resuelto con una mediación después de que los acosadores aceptaran su culpa y la víctima les perdonara
A una semana del inicio del nuevo curso escolar la violencia entre iguales en las aulas, tambien denominada bullying (un calvario que se calcula que afecta a un cinco por ciento de los alumnos que son vejados de forma sistemática por sus propios compañeros de clase) vuelve a ser ahora noticia con el punto y final del particular infierno padecido por Josep, un adolescente de 15 años que llegó a pensar en el suicidio como la única salida para escapar del acoso infligido por otros escolares de su instituto.
Josep soportó durante casi tres años en el más absoluto silencio (las víctimas que son sometidas a prácticas de bullying raras veces explican a nadie lo que les pasa por temor a sufrir aún más) agresiones, mofas e insultos. La gota que colmó ese vaso a rebosar de vejaciones fue un panfleto repartido por el instituto en el que estudiaba este adolescente y en el que Josep aparecía dibujado con zapatos de tacón de aguja. La ilustración iba acompañada de frases ofensivas hacia el escolar, que abandonó el centro tras este nuevo ataque urdido por unos compañeros que ya le habían agredido otras veces o se habían reído de él delante de otros escolares.
Todo esto ocurría en marzo del pasado año y la familia de Josep denunció el hecho ante los Mossos d´Esquadra al no quedar nada contentos con la forma en que los responsables del instituto habían abordado el problema después de que el adolescente denunciara meses atrás que había sido agredido por sus compañeros en el patio del recinto escolar. Cuando el asunto se destapa, una de las primeras acciones es intentar buscar una solución dentro de propio centro escolar, pero no siempre tiene resultado, como en esta ocasión.
El caso llegó a los tribunales, a los que cada vez recurren más padres para solucionar estos conflictos entre escolares después de que durante mucho tiempo este acoso entre iguales en la escuela se haya tapado o resuelto sin que los episodios sobrepasasen los muros de colegios e institutos.
Tanto la fiscal encargada del caso como el equipo técnico que lo estudió consideraron que la mediación podría ser la mejor fórmula para resolver el asunto. Para aplicar esta figura judicial se hace imprescindible que los inculpados (en este caso los dos autores del panfleto) reconozcan su culpa y admitan ser conscientes del daño hecho con su acción. La víctima debe, además, perdonarles. Estos requisitos se han cumplido, indicaron ayer fuentes cercanas al caso, por lo que el siguiente paso fue acordar el castigo.
Los dos adolescentes han realizado diversas actividades reparadoras en diferentes geriátricos, donde han desempeñado tareas estrechamente relacionadas con el valor de la convivencia. El castigo puede parecer leve - de hecho muchos padres que han pasado por un calvario similar al padecido por Josep denuncian que la ley es muy benévola con estos matones de escuela-pero las mismas fuentes destacan que la pena en este caso fue impuesta con el beneplácito de la propia víctima, otro requisito de ineludible cumplimiento en la resolución de conflictos a través de la mediación.
El asunto aún tiene algunos flecos por cerrar como es la última resolución de la fiscal que, en caso de considerar que los dos adolescentes han pagado ya su delito con estas medidas reparadoras, deberá decretar el archivo de las diligencias penales incoadas en su día.
DE cada 100 alumnos/as,
entre 4 y 6 menores sienten mal-trato escolar habitual
El caso se ha resuelto con una mediación después de que los acosadores aceptaran su culpa y la víctima les perdonara
JAVIER RICOU - Lleida 09/09/2005 lavanguardia.es
Ya hay castigo en el caso de los dos escolares denunciados por vejar e injuriar a un compañero de clase en un instituto de Mollerussa. El episodio de bullying se ha resuelto con una mediación en los tribunales y la pena ha consistido en la realización de una serie de actividades reparadoras en geriátricos. Una solución que ha sido posible después de que los dos adolescentes señalados como los autores de las mofas, injurias y vejaciones hayan reconocido su culpa y la víctima les haya perdonado y aceptado sus disculpas.
A una semana del inicio del nuevo curso escolar la violencia entre iguales en las aulas, tambien denominada bullying (un calvario que se calcula que afecta a un cinco por ciento de los alumnos que son vejados de forma sistemática por sus propios compañeros de clase) vuelve a ser ahora noticia con el punto y final del particular infierno padecido por Josep, un adolescente de 15 años que llegó a pensar en el suicidio como la única salida para escapar del acoso infligido por otros escolares de su instituto.
Josep soportó durante casi tres años en el más absoluto silencio (las víctimas que son sometidas a prácticas de bullying raras veces explican a nadie lo que les pasa por temor a sufrir aún más) agresiones, mofas e insultos. La gota que colmó ese vaso a rebosar de vejaciones fue un panfleto repartido por el instituto en el que estudiaba este adolescente y en el que Josep aparecía dibujado con zapatos de tacón de aguja. La ilustración iba acompañada de frases ofensivas hacia el escolar, que abandonó el centro tras este nuevo ataque urdido por unos compañeros que ya le habían agredido otras veces o se habían reído de él delante de otros escolares.
Todo esto ocurría en marzo del pasado año y la familia de Josep denunció el hecho ante los Mossos d´Esquadra al no quedar nada contentos con la forma en que los responsables del instituto habían abordado el problema después de que el adolescente denunciara meses atrás que había sido agredido por sus compañeros en el patio del recinto escolar. Cuando el asunto se destapa, una de las primeras acciones es intentar buscar una solución dentro de propio centro escolar, pero no siempre tiene resultado, como en esta ocasión.
El caso llegó a los tribunales, a los que cada vez recurren más padres para solucionar estos conflictos entre escolares después de que durante mucho tiempo este acoso entre iguales en la escuela se haya tapado o resuelto sin que los episodios sobrepasasen los muros de colegios e institutos.
Tanto la fiscal encargada del caso como el equipo técnico que lo estudió consideraron que la mediación podría ser la mejor fórmula para resolver el asunto. Para aplicar esta figura judicial se hace imprescindible que los inculpados (en este caso los dos autores del panfleto) reconozcan su culpa y admitan ser conscientes del daño hecho con su acción. La víctima debe, además, perdonarles. Estos requisitos se han cumplido, indicaron ayer fuentes cercanas al caso, por lo que el siguiente paso fue acordar el castigo.
Los dos adolescentes han realizado diversas actividades reparadoras en diferentes geriátricos, donde han desempeñado tareas estrechamente relacionadas con el valor de la convivencia. El castigo puede parecer leve - de hecho muchos padres que han pasado por un calvario similar al padecido por Josep denuncian que la ley es muy benévola con estos matones de escuela-pero las mismas fuentes destacan que la pena en este caso fue impuesta con el beneplácito de la propia víctima, otro requisito de ineludible cumplimiento en la resolución de conflictos a través de la mediación.
El asunto aún tiene algunos flecos por cerrar como es la última resolución de la fiscal que, en caso de considerar que los dos adolescentes han pagado ya su delito con estas medidas reparadoras, deberá decretar el archivo de las diligencias penales incoadas en su día.
DE cada 100 alumnos/as,
entre 4 y 6 menores sienten mal-trato escolar habitual






