El baremo : los débiles llevan la peor parte en el campo de acoso en que se han convertido las aulas
"No sólo han convertido las aulas en campos de acoso en los que los débiles llevan la peor parte, si no que también han conseguido que la escolarización esté sujeta a la suerte de que te toque el centro docente que tú quieres"
Como profesional de la enseñanza durante cuarenta y cinco años, suscribo y doy fe de todo lo que aserto en el párrafo anterior. En cuanto a la escolarización, aquello de “los padres tienen derecho a elegir el centro en el que se eduquen y estudien sus hijos” que reza la Carta Magna, es lo más quimérico que se puede citar o lo que puede ponerse como sinónimo de falso. En este punto los autores de la normativa vigente harían una pequeña pausa para reírse. ¿Constitución? Ja, ja. ¿Anticonstitucional? Bueno ¿Y qué?
Primero inventan la zonificación que obliga a los padres a llevar a sus hijos donde les ha tocado o hay una plaza libre y no donde quieren.
La dotación de plazas de bachillerato en los I.E.S. viene decretada, no por el número de solicitudes presentadas en cada centro, como sería lógico, si no según el número de alumnos que han acabado la ESO en la ciudad el curso pasado (Si en un centro hay más solicitudes de las que permite la ratio en la única unidad que han concedido, que se vayan a otro. Se pone un baremo para poder justificar los que se quedan fuera. Así sucede que una adolescente, a las siete de la mañana, cuando todavía es noche cerrada, cargada con un buen macuto de libros tiene que andar tres Km. Para asistir a las clases de un instituto, viviendo, como vive, a cincuenta metros de otro instituto al que no pudo entrar porque el baremo de admisión no se lo ha permitido, precisamente por la declaración de la renta de sus padres. Es decir, por pagar más impuestos que otros, tiene menos derechos que ellos. Aquí no tengo más remedio que hacer otra pausa para pedir un gran aplauso para el que se le ocurrió la terrible injusticia de incluir la declaración de la renta, que incluso algunas veces falsean, en los baremos de admisión de los escolares. A más contribución, menos derechos. Vale. Así van las cosas y así seguirán marchando mientras lleven el timón, desde los despachos, las mentes privilegiadas de los políticos que tanto entienden de enseñanza, aunque nunca hayan sido profesionales o conocedores directos de ella.
A los que hayan conseguido matricular a sus hijos donde deseaban, ¡Enhorabuena!
A los que no ¡Espabilare disneri! Que diría mi abuela...En otra ocasión, a despabilar con tiempo. Así están las cosas.
* Ginés Gea Cayuelas es maestro en Orihuela
Ginés Gea Cayuelas 24 septiembre 2005 orihueladigital.com
En lo que a la enseñanza se refiere, parece que se haya concertado un concurso para premiar al programa educativo peor y los actuales responsables de que todo funcione, lo van a ganar. En efecto, que diría un lógico, no sólo hemos asistido a un descenso en picado del nivel cultural de nuestros estudiantes, no sólo hemos asistido a una devaluación progresiva del interés por el estudio, no sólo ha desaparecido el respeto por los profesores, no sólo han convertido las aulas en campos de acoso en los que los débiles llevan la peor parte, si no que también han conseguido que la escolarización esté sujeta a la suerte de que te toque el centro docente que tú quieres.
Como profesional de la enseñanza durante cuarenta y cinco años, suscribo y doy fe de todo lo que aserto en el párrafo anterior. En cuanto a la escolarización, aquello de “los padres tienen derecho a elegir el centro en el que se eduquen y estudien sus hijos” que reza la Carta Magna, es lo más quimérico que se puede citar o lo que puede ponerse como sinónimo de falso. En este punto los autores de la normativa vigente harían una pequeña pausa para reírse. ¿Constitución? Ja, ja. ¿Anticonstitucional? Bueno ¿Y qué?
Primero inventan la zonificación que obliga a los padres a llevar a sus hijos donde les ha tocado o hay una plaza libre y no donde quieren.
La dotación de plazas de bachillerato en los I.E.S. viene decretada, no por el número de solicitudes presentadas en cada centro, como sería lógico, si no según el número de alumnos que han acabado la ESO en la ciudad el curso pasado (Si en un centro hay más solicitudes de las que permite la ratio en la única unidad que han concedido, que se vayan a otro. Se pone un baremo para poder justificar los que se quedan fuera. Así sucede que una adolescente, a las siete de la mañana, cuando todavía es noche cerrada, cargada con un buen macuto de libros tiene que andar tres Km. Para asistir a las clases de un instituto, viviendo, como vive, a cincuenta metros de otro instituto al que no pudo entrar porque el baremo de admisión no se lo ha permitido, precisamente por la declaración de la renta de sus padres. Es decir, por pagar más impuestos que otros, tiene menos derechos que ellos. Aquí no tengo más remedio que hacer otra pausa para pedir un gran aplauso para el que se le ocurrió la terrible injusticia de incluir la declaración de la renta, que incluso algunas veces falsean, en los baremos de admisión de los escolares. A más contribución, menos derechos. Vale. Así van las cosas y así seguirán marchando mientras lleven el timón, desde los despachos, las mentes privilegiadas de los políticos que tanto entienden de enseñanza, aunque nunca hayan sido profesionales o conocedores directos de ella.
A los que hayan conseguido matricular a sus hijos donde deseaban, ¡Enhorabuena!
A los que no ¡Espabilare disneri! Que diría mi abuela...En otra ocasión, a despabilar con tiempo. Así están las cosas.






