Con licencia para matar Protegidos por ley y eximidos de cualquier responsabilidad por no tener 14 años, homicidas, ladrones, atracadores, maltratadores, vándalos y violadores quedan sin castigo en España. Criminales impunes frente a víctimas, también menores, que, de sobrevivir, quedan condenadas al miedo y abandonadas a su suerte
Atónita. Mercedes Crespo, la madre de Ismael (16 años), al que Óscar, de 13, asestó una puñalada en el patio del Instituto de Educación Secundaria Antonio Machado, de La Línea de la Concepción, no puede creer -y eso que lo dice el papel que tiene delante y que le remite la fiscalía de menores gaditana- que la agresión con arma blanca a su chico se quede en nada. Le explican que al no tener cumplidos los 14 no se le puede pedir ninguna responsabilidad penal, y que, a lo sumo, puede iniciar los trámites para reclamar, a los padres del agresor, claro, una compensación económica. «¿Pero si se van a declarar insolventes! Al menos -suspira- mi hijo lo puede contar. Hoy le han quitado los puntos y hemos ido a declarar. Allí, en la fiscalía, y a la misma hora -luego le han dicho que ha sido un error-, nos han juntado al que le clavó la navaja y a su madre con nosotros, y he tenido que oír por boca de esa sinvergüenza que mi hijo es el culpable, que le agredió primero y no sé cuántas barbaridades. No he podido más y le he gritado: ¿Por Dios, no ven que ahí está el que ha querido acabar con la vida de mi hijo?». El jueves, con la notificación de impunidad del agresor en la mano, Crespo pedía una orden de alejamiento contra el niño matón desesperada de hacer de guardaespaldas de su hijo.
Porque desde que el pasado 22 de septiembre Óscar apuñalara a Ismael, Mercedes y los suyos tienen miedo. Fernando, el vástago de doce años a quien trataba de defender su hermano mayor antes de que le hirieran, no ha querido resignarse a ser doblemente víctima y dejar sus clases por culpa de lo que les ha pasado. «No voy a faltar ni un día», le dijo a su madre mientras el hermano protector luchaba por respirar por si mismo en la UCI del hospital de Córdoba, al que fue trasladado en helicóptero. Además, Fernando o Tete, como le dicen sus amigos, no puede perder tiempo: desde que le diagnosticaran a su hermano de 7 años una enfermedad cardiaca, su meta es ser médico y salvarle, de la misma manera que intercedió por él Ismael.
Por eso, Mercedes no ha dejado ni un solo día de acompañarle al instituto, a poco menos de 100 metros de su casa, que dista unos 300 de la del agresor. «Siempre iba y venía solo, pero ahora voy con él en todo momento, y hasta me paso por el recreo, yendo y viniendo a todas horas. Todo esto nos ha partido la vida. Sin ayuda, me veo en la obligación de proteger yo misma a mis hijos, sobre todo cuando ha seguido habiendo pintadas insultantes de los agresores en el colegio». diariomontanes.com
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Atónita. Mercedes Crespo, la madre de Ismael (16 años), al que Óscar, de 13, asestó una puñalada en el patio del Instituto de Educación Secundaria Antonio Machado, de La Línea de la Concepción, no puede creer -y eso que lo dice el papel que tiene delante y que le remite la fiscalía de menores gaditana- que la agresión con arma blanca a su chico se quede en nada. Le explican que al no tener cumplidos los 14 no se le puede pedir ninguna responsabilidad penal, y que, a lo sumo, puede iniciar los trámites para reclamar, a los padres del agresor, claro, una compensación económica. «¿Pero si se van a declarar insolventes! Al menos -suspira- mi hijo lo puede contar. Hoy le han quitado los puntos y hemos ido a declarar. Allí, en la fiscalía, y a la misma hora -luego le han dicho que ha sido un error-, nos han juntado al que le clavó la navaja y a su madre con nosotros, y he tenido que oír por boca de esa sinvergüenza que mi hijo es el culpable, que le agredió primero y no sé cuántas barbaridades. No he podido más y le he gritado: ¿Por Dios, no ven que ahí está el que ha querido acabar con la vida de mi hijo?». El jueves, con la notificación de impunidad del agresor en la mano, Crespo pedía una orden de alejamiento contra el niño matón desesperada de hacer de guardaespaldas de su hijo.
Porque desde que el pasado 22 de septiembre Óscar apuñalara a Ismael, Mercedes y los suyos tienen miedo. Fernando, el vástago de doce años a quien trataba de defender su hermano mayor antes de que le hirieran, no ha querido resignarse a ser doblemente víctima y dejar sus clases por culpa de lo que les ha pasado. «No voy a faltar ni un día», le dijo a su madre mientras el hermano protector luchaba por respirar por si mismo en la UCI del hospital de Córdoba, al que fue trasladado en helicóptero. Además, Fernando o Tete, como le dicen sus amigos, no puede perder tiempo: desde que le diagnosticaran a su hermano de 7 años una enfermedad cardiaca, su meta es ser médico y salvarle, de la misma manera que intercedió por él Ismael.
Por eso, Mercedes no ha dejado ni un solo día de acompañarle al instituto, a poco menos de 100 metros de su casa, que dista unos 300 de la del agresor. «Siempre iba y venía solo, pero ahora voy con él en todo momento, y hasta me paso por el recreo, yendo y viniendo a todas horas. Todo esto nos ha partido la vida. Sin ayuda, me veo en la obligación de proteger yo misma a mis hijos, sobre todo cuando ha seguido habiendo pintadas insultantes de los agresores en el colegio». diariomontanes.com
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