El otro día mi hija Itziar, que acaba de cumplir doce años, me preguntó la diferencia que había entre el acoso moral, psicológico y físico, y por qué se producía. Su tutor del colegio les había planteado ese tema de conversación en clase y ella lo consideraba como un ejercicio más sin dar al asunto una importancia excesiva. En su reflexión infantil resumió la cuestión diciendo que era injusto que siempre hubiera algún niño en clase que llevara las de perder y fuera objeto de la crueldad y la mofa por parte de sus compañeros. "¿Por qué no hacéis algo para evitarlo?", me preguntó, "¿qué podemos hacer para que eso no ocurra?".
Intentando analizar el asunto busqué documentación y me encontré con un dato escalofriante. Según un estudio realizado recientemente por el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia, España está por encima de la media europea en acoso escolar: al menos un 15% de los alumnos de la ESO -entre 12 y 16 años- declaran haberla sufrido alguna vez, un 3% denuncia que sufre constantemente el acoso de sus compañeros y el 8% se confiesa agresor.
Algo muy grave está pasando en nuestra sociedad cuando en la escuela se está imponiendo la ley de la calle, y el más fuerte marca su territorio haciéndole la vida imposible al de al lado. Algo muy grave está ocurriendo cuando nuestro país está a la cabeza de la OCDE en índice de fracaso escolar y abandono de los estudios y crece de manera preocupante el consumo de drogas en edades cada vez más tempranas y los embarazos en adolescentes.
El último caso que hemos conocido se ha producido en Huelva, donde los padres de una menor han denunciado un auténtico cóctel de malos tratos que lleva sufriendo su hija desde hace más de dos años: insultos, amenazas de muerte, patadas, empujones y finalmente una brutal paliza propinada por cuatro de sus compañeras. El caso está ya en manos de la Justicia que debería tomar inmediatamente cartas en el asunto. Sin embargo, esto es excepcional. Rara vez el problema llega a las autoridades judiciales y tal vez una de las soluciones pasa por romper esa macabra ley del silencio que hay en torno al 'bullying'. Ni los alumnos, ni los profesores, ni los padres deberíamos permanecer callados frente al acoso. ¡Basta ya!, el acosador de hoy será, con toda probabilidad, el maltratador de mañana y la víctima debe ser ayudada a tiempo para que no se repitan nunca más casos como el de Jokin.
Algo muy grave está pasando en esta sociedad, incapaz de formar a sus jóvenes en valores como el compañerismo y la solidaridad, y todos tenemos nuestra parte de culpa en ello. ¡Basta ya!
http://www.melillahoy.es/noticia.asp?ref=5636
15 de octubre de 2005-Esther Esteban
15 de octubre de 2005-Esther Esteban
Intentando analizar el asunto busqué documentación y me encontré con un dato escalofriante. Según un estudio realizado recientemente por el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia, España está por encima de la media europea en acoso escolar: al menos un 15% de los alumnos de la ESO -entre 12 y 16 años- declaran haberla sufrido alguna vez, un 3% denuncia que sufre constantemente el acoso de sus compañeros y el 8% se confiesa agresor.
Algo muy grave está pasando en nuestra sociedad cuando en la escuela se está imponiendo la ley de la calle, y el más fuerte marca su territorio haciéndole la vida imposible al de al lado. Algo muy grave está ocurriendo cuando nuestro país está a la cabeza de la OCDE en índice de fracaso escolar y abandono de los estudios y crece de manera preocupante el consumo de drogas en edades cada vez más tempranas y los embarazos en adolescentes.
El último caso que hemos conocido se ha producido en Huelva, donde los padres de una menor han denunciado un auténtico cóctel de malos tratos que lleva sufriendo su hija desde hace más de dos años: insultos, amenazas de muerte, patadas, empujones y finalmente una brutal paliza propinada por cuatro de sus compañeras. El caso está ya en manos de la Justicia que debería tomar inmediatamente cartas en el asunto. Sin embargo, esto es excepcional. Rara vez el problema llega a las autoridades judiciales y tal vez una de las soluciones pasa por romper esa macabra ley del silencio que hay en torno al 'bullying'. Ni los alumnos, ni los profesores, ni los padres deberíamos permanecer callados frente al acoso. ¡Basta ya!, el acosador de hoy será, con toda probabilidad, el maltratador de mañana y la víctima debe ser ayudada a tiempo para que no se repitan nunca más casos como el de Jokin.
Algo muy grave está pasando en esta sociedad, incapaz de formar a sus jóvenes en valores como el compañerismo y la solidaridad, y todos tenemos nuestra parte de culpa en ello. ¡Basta ya!






