PAMPLONA Un profesor ha presentado denuncia en un juzgado contra el padre de una alumna que le propinó una bofetada el pasado 11 de octubre. El centro, además, le ha remitido una carta al padre en la que prohíbe el acceso. El suceso se produjo en el colegio público de Berriozar cuando al finalizar uno de los recreos en el patio del centro educativo, la niña, de 10 años, demoró su regreso al aula. El maestro, salió de nuevo, la recogió por el brazo y la hizo entrar en clase lo que provocó el enfado de la alumna quién, según algunas fuentes, llamó por teléfono móvil a su padre.
El padre de la alumna se presentó horas después en el colegio. Se dirigió al profesor y le propinó una bofetada.
Carta de la directora
Además de la denuncia interpuesta por el profesor, la directora del colegio ha enviado una carta al padre de la niña en la que le prohíbe la entrada en el colegio al presunto agresor. Los responsables del centro confían en que sean los tribunales quienes diriman las posibles responsabilidades. DDN
También AYER: Cartas al Director diariodenavarra.es 24 Oct (+)
NAVARRA: 'Agresión a un maestro' Carlos Aincioa Urrutia
Escribo esta carta desde la consternación, la impotencia y la solidaridad. Hace unos días, seis individuos se personaron como una banda de gánsters en nuestra escuela y agredieron a un maestro. Su único pecado fue agarrar a una niña del brazo y conminarle a entrar en la escuela rápidamente ya que todos sus compañeros lo habían hecho hace un rato, sin ningún tipo de violencia. La niña de diez años se enfadó y llamó por el móvil a su "papá". Éste encolerizado, se presentó en la escuela, acompañado de sus secuaces, preguntó por el maestro y, sin dejarle decir ni una sola palabra, le agredió.
Esta vez le tocó a mi compañero pero pudimos ser, y de hecho fuimos, cualquiera de nosotros.
Nos cuesta entender el desprestigio en el que hemos caído. Desde la figura omnipotente del maestro en mi infancia, del que no nos atrevíamos a quejarnos porque recibíamos un castigo extra de parte de nuestros padres hemos pasado al maestro que puede ser agredido por cualquier sinvergüenza en su puesto de trabajo
Espero que no tengamos que trabajar rodeados por guardias de seguridad. Espero que no tengamos que convertir nuestras escuelas en búnkeres. Espero que no tengamos que poner detectores de padres cabreados en la entrada de nuestros colegios.
Exigimos que esta conducta sea severamente castigada por parte de la administración y que sirva de escarmiento para que la sociedad en general entienda que no se puede tolerar este tipo de actitudes.
En los últimos años me ha tocado vivir la agresión física a tres compañeros. En esta no sé lo que sucederá, pero en las dos anteriores, los ánimos se calmaron con el paso del tiempo y los agresores se quedaron sin castigo. Los maestros renunciaron a sus denuncias negándose a continuar en la senda tortuosa de la justicia e intentando olvidar cuanto antes y para siempre lo sucedido, esperando que no volviese a ocurrir.
Pero los agresores se crecen, cada vez nos tienen menos respeto, y estas agresiones, afortunadamente excepcionales pero latentes, se dan con mayor frecuencia.
No puedo dejar de pensar en la humillación a la que se han visto sometidos estos compañeros y en sus secuelas posteriores. Porque el trauma de la agresión se queda grabado y el miedo les acompañará (nos acompañará a todos) en sus actuaciones futuras.
Estamos como para evitar el bullying... si no podemos defendernos ni nosotros mismos. Si nos sentimos frustrados e impotentes ante estas situaciones.
Hemos pasado de los tiempos en que los niños temían al maestro (lo que empobrecía la educación) a que los maestros tengan miedo de los niños por temor a las reacciones de sus padres (lo que imposibilita la educación).
Sé que el agresor no va a leer esta carta, pero si en mis manos estuviese le pondría a este sinvergüenza de rodillas, con los brazos en cruz y las orejas de burro. ¡Para que aprenda a controlarse!
El padre de la alumna se presentó horas después en el colegio. Se dirigió al profesor y le propinó una bofetada.
Carta de la directora
Además de la denuncia interpuesta por el profesor, la directora del colegio ha enviado una carta al padre de la niña en la que le prohíbe la entrada en el colegio al presunto agresor. Los responsables del centro confían en que sean los tribunales quienes diriman las posibles responsabilidades. DDN
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NAVARRA: 'Agresión a un maestro' Carlos Aincioa Urrutia
Escribo esta carta desde la consternación, la impotencia y la solidaridad. Hace unos días, seis individuos se personaron como una banda de gánsters en nuestra escuela y agredieron a un maestro. Su único pecado fue agarrar a una niña del brazo y conminarle a entrar en la escuela rápidamente ya que todos sus compañeros lo habían hecho hace un rato, sin ningún tipo de violencia. La niña de diez años se enfadó y llamó por el móvil a su "papá". Éste encolerizado, se presentó en la escuela, acompañado de sus secuaces, preguntó por el maestro y, sin dejarle decir ni una sola palabra, le agredió.
Esta vez le tocó a mi compañero pero pudimos ser, y de hecho fuimos, cualquiera de nosotros.
Nos cuesta entender el desprestigio en el que hemos caído. Desde la figura omnipotente del maestro en mi infancia, del que no nos atrevíamos a quejarnos porque recibíamos un castigo extra de parte de nuestros padres hemos pasado al maestro que puede ser agredido por cualquier sinvergüenza en su puesto de trabajo
Espero que no tengamos que trabajar rodeados por guardias de seguridad. Espero que no tengamos que convertir nuestras escuelas en búnkeres. Espero que no tengamos que poner detectores de padres cabreados en la entrada de nuestros colegios.
Exigimos que esta conducta sea severamente castigada por parte de la administración y que sirva de escarmiento para que la sociedad en general entienda que no se puede tolerar este tipo de actitudes.
En los últimos años me ha tocado vivir la agresión física a tres compañeros. En esta no sé lo que sucederá, pero en las dos anteriores, los ánimos se calmaron con el paso del tiempo y los agresores se quedaron sin castigo. Los maestros renunciaron a sus denuncias negándose a continuar en la senda tortuosa de la justicia e intentando olvidar cuanto antes y para siempre lo sucedido, esperando que no volviese a ocurrir.
Pero los agresores se crecen, cada vez nos tienen menos respeto, y estas agresiones, afortunadamente excepcionales pero latentes, se dan con mayor frecuencia.
No puedo dejar de pensar en la humillación a la que se han visto sometidos estos compañeros y en sus secuelas posteriores. Porque el trauma de la agresión se queda grabado y el miedo les acompañará (nos acompañará a todos) en sus actuaciones futuras.
Estamos como para evitar el bullying... si no podemos defendernos ni nosotros mismos. Si nos sentimos frustrados e impotentes ante estas situaciones.
Hemos pasado de los tiempos en que los niños temían al maestro (lo que empobrecía la educación) a que los maestros tengan miedo de los niños por temor a las reacciones de sus padres (lo que imposibilita la educación).
Sé que el agresor no va a leer esta carta, pero si en mis manos estuviese le pondría a este sinvergüenza de rodillas, con los brazos en cruz y las orejas de burro. ¡Para que aprenda a controlarse!






