Matones en las aulas: cómo diagnosticar el acoso en las escuelas El matonismo escolar es una de esas lacras latentes desde hace tiempo que está empezando a dar la cara. La tasa de acoso está por encima del 20 por ciento.
J. Carvajal 29 Oct La asturiana Encarnación García, presidenta de la Asociación contra el Acoso Escolar, única entidad de este tipo que existe actualmente en nuestro país, nos refiere, con exquisita discreción, dos casos en los que está muy ocupada en estos momentos.
Ofensivas clandestinas
El primero de ellos se refiere a una niña con un defecto leve. Paulatinamente, sus compañeras la han ido emprendiendo con ella. Al final, el acoso era físico y psíquico, aunque empezó siendo exclusivamente psicológico. Le insultaban, le vejaban, le pegaban... La joven empezó a plantear problemas graves en casa. Nadie sabía las causas de ese extraño y preocupante comportamiento. En el colegio, "como siempre -apunta Encarnación García- no se dieron cuenta en absoluto de los ataques que estaba sufriendo".
Una ofensiva que se prolongó durante más de dos años hasta que los padres consiguieron descubrir la causa. Está siendo tratada por un psicólogo y se está recuperando, "pero posiblemente -matiza la misma fuente- le queden secuelas para toda la vida: dificultades para relacionarse socialmente, ataques de ansiedad, irritabilidad, pesadillas...".
- ¿Y cómo puede pasar una situación así desapercibida en el centro educativo?
- Pues, porque no se está encima –responde Encarnación García-. Hasta ahora, se limitaban a decir que son cosas de críos, pero ellos tienen una grave responsabilidad. Están obligados inexcusablemente a detectar a todos aquellos elementos que distorsionan el clima educativo. Cada día tengo más claro que un acosador de este tipo debe ser llevado de inmediato a un centro de reinserción.
Conflicto en el pueblo
El segundo caso es más complicado aún. Se ha producido en Andalucía. Por cierto, esta Comunidad y la del País Vasco son las que presentan un mayor índice de acoso escolar. Los motivos de esta circunstancia no están aún definidos, aunque algunos expertos no dudan en situarlos en el campo de la educación en Andalucía y en el ambiente de crispación de la sociedad vasca.
Pues bien, la familia está a punto de marcharse del municipio. En el colegio le aseguran tajantemente que no existe ningún tipo de maltrato a su hijo por parte de sus compañeros de escuela. Fuera de las aulas, los demás vecinos se niegan a aceptar la situación y más de uno le está haciendo la vida imposible.
¿Cuál es el problema de este joven de 14 años? "Simplemente que le gusta jugar con muñecas", responde Encarnación García. "Sus propios compañeros –relata- le están continuamente lanzando ataques descarnados por tierra, mar y aire. El chaval está completamente desquiciado. Ha tardado más de tres años en hablar y contar lo que estaba pasando. Y lo hizo porque a la madre se le encendió la alarma a raíz de que un día unos niños rondaron su casa, el bajo de un inmueble, abrieron unas ventanas que estaban entornadas y empezaron a gritas insultos contra el joven".
Éste es otro de los problemas habituales: la negativa de los padres a reconocer el comportamiento acosador de sus hijos. "Esconden -indican- los defectos de sus hijos porque, en gran medida, ellos son culpables". Encarnación García, que montó en marzo la Asociación contra el Acoso Escolar, a raíz de un problema familiar de este tipo que sufrió y que, afortunadamente, ya está resuelto, explica que el matonismo escolar no es un problema meramente español. Se está produciendo en toda Europa, y salvo Filandia y Suecia, ningún país ha sido capaz de atajarlo radicalmente.
Tasas de "mobbing" escolar
Los datos sobre el acoso en los colegios oscilan mucho en función de quien los aporte. El Instituto de Innovación Educativa y Desarrollo Directivo cifra, en un informe publicado en septiembre de 2005, en 24 por ciento el índice de acoso escolar o acoso psicológico en la escuela.
El que protagonizan los varones asciende al 26,8 por ciento, mientras que el de las féminas es inferior, un 21,1 por ciento.
Ese mismo documento define el acoso escolar como "un continuado y deliberado maltrato verbal y modal que recibe un niño por parte de otro u otros, que se comportan con él cruelmente con el objeto de someterlo, apocarlo, asustarlo, amenazarlo y que atentan contra la dignidad del niño".
Los tres criterios aceptados comúnmente para diagnosticar los casos son los siguientes: la existencia de una o más conductas de hostigamiento; la repetición de la conducta como parte de algo que le espera sistemáticamente en el entorno escolar en relación con aquellos que le acosan, y la duración en el tiempo, lo que da lugar a un proceso que mina la resistencia del niño y afectando significativamente a todos los órdenes de su vida (académico, afectivo, emocional, familiar...).
Existen ocho tipos de conductas acosadoras: desprecio y ridiculización; coacciones; restricción de la comunicación y ninguneo, agresiones físicas; comportamientos de intimidación y amenaza, de exclusión y bloqueo social y de maltrato y hostigamiento verbal, además de robos, extorsiones, chantajes y deterioro de pertenencias.
Este estudio señala que el acoso escolar tiene habitualmente cinco fases: primera, incidentes críticos; segunda, acoso y estigmatización del niño; tercera, lactancia y generación del daño psicológico; cuarta, manifestaciones somáticas y psicológicas graves, y quinto, expulsión o autoexclusión de la víctima. elsemanaldigital.com
>> ACAE Asturias
J. Carvajal 29 Oct La asturiana Encarnación García, presidenta de la Asociación contra el Acoso Escolar, única entidad de este tipo que existe actualmente en nuestro país, nos refiere, con exquisita discreción, dos casos en los que está muy ocupada en estos momentos.
Ofensivas clandestinas
El primero de ellos se refiere a una niña con un defecto leve. Paulatinamente, sus compañeras la han ido emprendiendo con ella. Al final, el acoso era físico y psíquico, aunque empezó siendo exclusivamente psicológico. Le insultaban, le vejaban, le pegaban... La joven empezó a plantear problemas graves en casa. Nadie sabía las causas de ese extraño y preocupante comportamiento. En el colegio, "como siempre -apunta Encarnación García- no se dieron cuenta en absoluto de los ataques que estaba sufriendo".
Una ofensiva que se prolongó durante más de dos años hasta que los padres consiguieron descubrir la causa. Está siendo tratada por un psicólogo y se está recuperando, "pero posiblemente -matiza la misma fuente- le queden secuelas para toda la vida: dificultades para relacionarse socialmente, ataques de ansiedad, irritabilidad, pesadillas...".
- ¿Y cómo puede pasar una situación así desapercibida en el centro educativo?
- Pues, porque no se está encima –responde Encarnación García-. Hasta ahora, se limitaban a decir que son cosas de críos, pero ellos tienen una grave responsabilidad. Están obligados inexcusablemente a detectar a todos aquellos elementos que distorsionan el clima educativo. Cada día tengo más claro que un acosador de este tipo debe ser llevado de inmediato a un centro de reinserción.
Conflicto en el pueblo
El segundo caso es más complicado aún. Se ha producido en Andalucía. Por cierto, esta Comunidad y la del País Vasco son las que presentan un mayor índice de acoso escolar. Los motivos de esta circunstancia no están aún definidos, aunque algunos expertos no dudan en situarlos en el campo de la educación en Andalucía y en el ambiente de crispación de la sociedad vasca.
Pues bien, la familia está a punto de marcharse del municipio. En el colegio le aseguran tajantemente que no existe ningún tipo de maltrato a su hijo por parte de sus compañeros de escuela. Fuera de las aulas, los demás vecinos se niegan a aceptar la situación y más de uno le está haciendo la vida imposible.
¿Cuál es el problema de este joven de 14 años? "Simplemente que le gusta jugar con muñecas", responde Encarnación García. "Sus propios compañeros –relata- le están continuamente lanzando ataques descarnados por tierra, mar y aire. El chaval está completamente desquiciado. Ha tardado más de tres años en hablar y contar lo que estaba pasando. Y lo hizo porque a la madre se le encendió la alarma a raíz de que un día unos niños rondaron su casa, el bajo de un inmueble, abrieron unas ventanas que estaban entornadas y empezaron a gritas insultos contra el joven".
Éste es otro de los problemas habituales: la negativa de los padres a reconocer el comportamiento acosador de sus hijos. "Esconden -indican- los defectos de sus hijos porque, en gran medida, ellos son culpables". Encarnación García, que montó en marzo la Asociación contra el Acoso Escolar, a raíz de un problema familiar de este tipo que sufrió y que, afortunadamente, ya está resuelto, explica que el matonismo escolar no es un problema meramente español. Se está produciendo en toda Europa, y salvo Filandia y Suecia, ningún país ha sido capaz de atajarlo radicalmente.
Tasas de "mobbing" escolar
Los datos sobre el acoso en los colegios oscilan mucho en función de quien los aporte. El Instituto de Innovación Educativa y Desarrollo Directivo cifra, en un informe publicado en septiembre de 2005, en 24 por ciento el índice de acoso escolar o acoso psicológico en la escuela.
El que protagonizan los varones asciende al 26,8 por ciento, mientras que el de las féminas es inferior, un 21,1 por ciento.
Ese mismo documento define el acoso escolar como "un continuado y deliberado maltrato verbal y modal que recibe un niño por parte de otro u otros, que se comportan con él cruelmente con el objeto de someterlo, apocarlo, asustarlo, amenazarlo y que atentan contra la dignidad del niño".
Los tres criterios aceptados comúnmente para diagnosticar los casos son los siguientes: la existencia de una o más conductas de hostigamiento; la repetición de la conducta como parte de algo que le espera sistemáticamente en el entorno escolar en relación con aquellos que le acosan, y la duración en el tiempo, lo que da lugar a un proceso que mina la resistencia del niño y afectando significativamente a todos los órdenes de su vida (académico, afectivo, emocional, familiar...).
Existen ocho tipos de conductas acosadoras: desprecio y ridiculización; coacciones; restricción de la comunicación y ninguneo, agresiones físicas; comportamientos de intimidación y amenaza, de exclusión y bloqueo social y de maltrato y hostigamiento verbal, además de robos, extorsiones, chantajes y deterioro de pertenencias.
Este estudio señala que el acoso escolar tiene habitualmente cinco fases: primera, incidentes críticos; segunda, acoso y estigmatización del niño; tercera, lactancia y generación del daño psicológico; cuarta, manifestaciones somáticas y psicológicas graves, y quinto, expulsión o autoexclusión de la víctima. elsemanaldigital.com
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