ASCENSIÓN PALOMARES RUIZ catedrática UCLM/ALBACETE La violencia en la Escuela no es un problema nuevo; pero, hace poco más de un año, tras el triste final de Jokin, un alumno de 14 años de Hondarribia (Guipúzcoa), que sufrió maltrato psicológico y físico de sus compañeros de Instituto, se dispararon las alarmas sociales, políticas y educativas, generando múltiples debates, seminarios, estudios, etc. Sin embargo, no sólo no se ha conseguido frenar el problema, sino que los casos de acoso escolar afloran como algo natural y normal, en una sociedad cada vez más competitiva e insolidaria.
En los Centros escolares, el término inglés «bullying» se refiere a una serie de actos -intencionados y con una cierta continuidad- que desarrollan unos alumnos contra otros. Al igual que el «mobbing», se inicia de una manera sutil, casi imperceptible, que -poco a poco- se va agravando, conllevando -a veces- maltrato físico. Se suele comenzar con los apodos, reírse cuando se equivoca, burlarse de su apariencia física, acusarle de hechos que no ha realizado, no hablarle,.... Suelen ser las formas más usuales de hostigar a un/a compañero/a de colegio. Los principales indicadores que nos facilitan información, en caso de «bullying», son: agresiones, desprecio-ridiculización, intimidación-amenazas, exclusión-bloqueo social, hostigamiento verbal, coacción y robos.
Conviene resaltar que el acoso psicológico -sin huellas físicas externas- es más peligroso y difícil de detectar **. Además, puede generar un cuadro clínico, con una sintomatología que requiere terapia. Los alumnos y alumnas son acosados prácticamente por igual; pero existen diferencias en la forma en que se produce el maltrato: ellas suelen recibir mayor maltrato psicológico, mientras que, en ellos, predomina el acoso físico.
El alumnado que sufre «bullying» no siempre dispone de un contexto familiar o escolar que le posibilite informar -desde el principio- del posible acoso que está padeciendo. Suelen ser personas introvertidas, que sienten vergüenza de su propio comportamiento, al no tener la «valentía» de enfrentarse a sus compañeros. Además, buscan excusas para no ir a la Escuela, vuelven a su casa llorando, tienden al aislamiento e, incluso, padecen trastornos psicofísicos.
DATOS PREOCUPANTES
Los datos -como siempre- varían en función de la fuente de procedencia y, en el enfoque utilizado a la hora de analizar el problema, sin embargo, hay unos hechos evidentes: siempre ha existido el acoso escolar, cada día se va extendiendo más y no se están poniendo unas medidas preventivas, correctivas y terapéuticas adecuadas. Sin ánimo de exhaustividad, cabe destacar algunos de los estudios más significativos existentes: una encuesta del Instituto de la Juventud (INJUVE) eleva el porcentaje de víctimas de violencia física y/o psicológica habitual a un 3% del alumnado, mientras un 16% de los encuestados reconoce haber participado en exclusiones o en agresiones psicológicas de otros compañeros.
No debemos olvidar que hace cinco años, en el informe presentado por el Defensor del Pueblo sobre «Violencia escolar, el maltrato entre iguales», ya se indicaba que un 33’8% del alumnado de Educación Secundaria había padecido, en algún momento, acoso por parte de sus compañeros. De ellos, al menos el 4’5%, reconocía haber sufrido agresión física. En un informe posterior del Instituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo (IDEA), se reflejaba que el 49% de los alumnos afirmaba haber sido insultado o criticado, aunque sólo el 12% manifestaba que había sufrido agresión física y un 13% confesaba haber pegado a sus compañeros.
En las conclusiones del estudio «Cisneros», presentadas en el pasado mes de septiembre, sobre violencia y acoso escolar en la Comunidad de Madrid, se asegura que, entre 7 y 18 años, uno de cada cuatro escolares son acosados por sus compañeros y los alumnos de Educación Primaria padecen un acoso siete veces superior al resto de los escolares.
Resulta evidente que todos los estudios e investigaciones realizadas -incluida la última Memoria de la Fiscalía General del Estado- recogen un aumento progresivo de casos de maltrato entre iguales (bullying) y que cada vez suelen ser más pequeños los alumnos acosados. Lo que parece claro es que, actualmente, un 2% del alumnado sufre acoso escolar de forma constante y que un 6% lo padece esporádicamente.
TORBELLINO DE INICIATIVAS
En todos los países de nuestro entorno, desde hace años, se vienen experimentando diversas medidas para paliar la violencia en los Centros de enseñanza. A título indicativo, los maestros noruegos deben suscribir un «manifiesto contra el acoso», comprometiéndose a trabajar para impedir -en la media de sus posibilidades- el «bullying», por lo que asumen las responsabilidades de cualquier tipo de acoso que pueda producirse en sus aulas. Algunos especialistas, como el profesor Dan Olweus, fundador del área de Investigación sobre acoso escolar en la Universidad de Bergen (Noruega), indican que el «bullying» es responsabilidad principal de la escolaridad, por lo que debe solucionarse desde el mismo Centro educativo, destacando el papel clave que ejercen los profesores y el equipo directivo, para aumentar el conocimiento del personal de la escuela sobre este problema, transmitir medidas de trabajo, imponer disciplina en las aulas... En definitiva, cambiar el clima escolar.
En nuestro país, a pesar de la evidencia del problema, mostrado en diversas estadísticas, la realidad es que -hasta ahora- se ha hecho muy poco para afrontar con efectividad este tipo de violencia, en los diferentes ámbitos. Como ejemplos más significativos, habría que destacar la iniciativa destinada a prevenir el acoso escolar -»Buen rollo»- del Departamento de Educación de la Generalitat de Cataluña, dirigida al alumnado de Educación Primaria y Secundaria. Otras, como la llevada a cabo por la Cruz Roja Juventud de Pontevedra, bajo el lema «Sin violencia, convivencia», organiza cursos sobre acoso escolar, para profesores de Educación Secundaria.
En un Seminario sobre violencia en las aulas, realizado en Valencia el pasado 7 de octubre, se defendió la combinación de leyes y programas de prevención e intervención, para recuperar la autoridad del profesorado y acabar con la violencia escolar y el acoso entre el alumnado.
El Consejero de Educación, Cultura y Deporte de la Generalitat Valenciana reivindicó una iniciativa nacional -pilotada por el Gobierno central- para que todas las experiencias en materia de lucha contra la violencia y el acoso escolar fomentaran una cultura de convivencia en los Centros, con elementos comunes. En este sentido, ha presentado el «Plan Previ», para la prevención de la violencia, iniciativa que pretende luchar contra esta problemática, con medidas de refuerzo del papel de los psicopedagogos, potenciación de las tutorías y mediación del conflicto, como elemento transversal en el que todos los miembros de la Escuela deben estar formados.
A través de una iniciativa promovida por «Protégeles» y el Defensor del Pueblo de la Comunidad de Madrid, a partir del día 20 de octubre, diez psicólogos estarán pendientes de las denuncias que hagan los escolares que se sientan sometidos a acoso, a través de correo electrónico, conectándose a la Web «www.acosoescolar.info». En dicha Web, hay un parte, con información para padres y madres, y otra, para el alumnado, todo ello sobre el acoso escolar. Los responsables de esta iniciativa apuestan porque los especialistas, a partir de los mensajes enviados POR el alumnado, deriven los casos más graves de agresiones al Defensor del Menor o a las autoridades pertinentes, y actúen en el Centro educativo, cuando el alumnado facilite datos.
El año pasado, valorábamos positivamente la posible iniciativa del Ministerio de Educación, tendente a la incorporación a los Centros de la figura del Educador Social, para intervenir activamente y prevenir situaciones de riesgo y violencia producidas en los mismos. Dicha medida, difundida un tanto confusamente y sin la necesaria reglamentación, resultaba totalmente insuficiente, pero lo más lamentable es que prácticamente no se ha implantado. Además, se precisa formar adecuadamente al profesorado y disponer de otras iniciativas complementarias, que contribuyan a disminuir la creciente evolución violenta que se respira en la sociedad actual, empezando por la propia familia.
Por otra parte, un sistema más represivo, como el establecido en Francia, ha creado la figura del policía-tutor, cuya función es trabajar con la dirección de los Centros y ayudar al alumnado que lo precise. Este modelo tiene grandes semejanzas a las propuestas que -estos días- están realizando los portavoces de nuestro Gobierno central, que parecen orientarse hacia una línea más tendente a lo represivo que a lo educativo, pues han anunciado cambios en la Ley del Menor, para endurecer los castigos por delitos graves y combatir fenómenos como las bandas juveniles. La reforma -según informaciones del Ministro de Justicia y del de Interior- contemplará medidas de alejamiento para el agresor, en casos de acoso escolar, y aumentará los supuestos de internamiento -en régimen cerrado- a delitos graves, aunque no sean violentos, como el tráfico de drogas.
Las informaciones que están facilitando los portavoces del Gobierno tienden a unir situaciones tan diferentes como el acoso escolar y el tráfico de drogas, en los Centros educativos, centrándose en sistemas represivos para ambos casos, a pesar de ser dos fenómenos cuyos orígenes, tratamiento y corrección son muy diferentes, aunque -en algún momento- tengan elementos comunes. Es decir, desde las Administraciones Públicas se continúa en una línea de inhibición, como en otros temas, sin afrontar seriamente el problema existente.
COLOFÓN
Sería conveniente emplazar -de nuevo- a la Consejería de Educación de CLM, tan dada a iniciativas orientadas a la pura propaganda, para que lleve a cabo un programa sobre el particular, que siempre habría que valorar positivamente. No debemos olvidar que la mayoría del alumnado que muestra conductas violentas en la infancia, se convierte en adultos violentos. Por tanto, es la educación por la paz, la no violencia, la tolerancia y la solidaridad, desde la más temprana edad, el mejor medio para prevenir la también preocupante violencia doméstica. Una tarea en la que deben trabajar colaborativamente, no sólo los padres y docentes, sino la sociedad, en general. latribunadealbacete.com
* Ascensión Palomares Ruiz es catedrática de Didáctica y Organización Escolar de la UCLM/ALBACETE.
** Hoy mismo:
-¿Por qué aún se ve el maltrato psicológico como daño `menor´?
-Voy a contestar con las palabras de las afectadas: `Un moratón se me cura en una semana, lo otro deja huella toda la vida´. >> Entrevista a Jorge Corsi , Málaga
En los Centros escolares, el término inglés «bullying» se refiere a una serie de actos -intencionados y con una cierta continuidad- que desarrollan unos alumnos contra otros. Al igual que el «mobbing», se inicia de una manera sutil, casi imperceptible, que -poco a poco- se va agravando, conllevando -a veces- maltrato físico. Se suele comenzar con los apodos, reírse cuando se equivoca, burlarse de su apariencia física, acusarle de hechos que no ha realizado, no hablarle,.... Suelen ser las formas más usuales de hostigar a un/a compañero/a de colegio. Los principales indicadores que nos facilitan información, en caso de «bullying», son: agresiones, desprecio-ridiculización, intimidación-amenazas, exclusión-bloqueo social, hostigamiento verbal, coacción y robos.
Conviene resaltar que el acoso psicológico -sin huellas físicas externas- es más peligroso y difícil de detectar **. Además, puede generar un cuadro clínico, con una sintomatología que requiere terapia. Los alumnos y alumnas son acosados prácticamente por igual; pero existen diferencias en la forma en que se produce el maltrato: ellas suelen recibir mayor maltrato psicológico, mientras que, en ellos, predomina el acoso físico.
El alumnado que sufre «bullying» no siempre dispone de un contexto familiar o escolar que le posibilite informar -desde el principio- del posible acoso que está padeciendo. Suelen ser personas introvertidas, que sienten vergüenza de su propio comportamiento, al no tener la «valentía» de enfrentarse a sus compañeros. Además, buscan excusas para no ir a la Escuela, vuelven a su casa llorando, tienden al aislamiento e, incluso, padecen trastornos psicofísicos.
DATOS PREOCUPANTES
Los datos -como siempre- varían en función de la fuente de procedencia y, en el enfoque utilizado a la hora de analizar el problema, sin embargo, hay unos hechos evidentes: siempre ha existido el acoso escolar, cada día se va extendiendo más y no se están poniendo unas medidas preventivas, correctivas y terapéuticas adecuadas. Sin ánimo de exhaustividad, cabe destacar algunos de los estudios más significativos existentes: una encuesta del Instituto de la Juventud (INJUVE) eleva el porcentaje de víctimas de violencia física y/o psicológica habitual a un 3% del alumnado, mientras un 16% de los encuestados reconoce haber participado en exclusiones o en agresiones psicológicas de otros compañeros.
No debemos olvidar que hace cinco años, en el informe presentado por el Defensor del Pueblo sobre «Violencia escolar, el maltrato entre iguales», ya se indicaba que un 33’8% del alumnado de Educación Secundaria había padecido, en algún momento, acoso por parte de sus compañeros. De ellos, al menos el 4’5%, reconocía haber sufrido agresión física. En un informe posterior del Instituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo (IDEA), se reflejaba que el 49% de los alumnos afirmaba haber sido insultado o criticado, aunque sólo el 12% manifestaba que había sufrido agresión física y un 13% confesaba haber pegado a sus compañeros.
En las conclusiones del estudio «Cisneros», presentadas en el pasado mes de septiembre, sobre violencia y acoso escolar en la Comunidad de Madrid, se asegura que, entre 7 y 18 años, uno de cada cuatro escolares son acosados por sus compañeros y los alumnos de Educación Primaria padecen un acoso siete veces superior al resto de los escolares.
Resulta evidente que todos los estudios e investigaciones realizadas -incluida la última Memoria de la Fiscalía General del Estado- recogen un aumento progresivo de casos de maltrato entre iguales (bullying) y que cada vez suelen ser más pequeños los alumnos acosados. Lo que parece claro es que, actualmente, un 2% del alumnado sufre acoso escolar de forma constante y que un 6% lo padece esporádicamente.
TORBELLINO DE INICIATIVAS
En todos los países de nuestro entorno, desde hace años, se vienen experimentando diversas medidas para paliar la violencia en los Centros de enseñanza. A título indicativo, los maestros noruegos deben suscribir un «manifiesto contra el acoso», comprometiéndose a trabajar para impedir -en la media de sus posibilidades- el «bullying», por lo que asumen las responsabilidades de cualquier tipo de acoso que pueda producirse en sus aulas. Algunos especialistas, como el profesor Dan Olweus, fundador del área de Investigación sobre acoso escolar en la Universidad de Bergen (Noruega), indican que el «bullying» es responsabilidad principal de la escolaridad, por lo que debe solucionarse desde el mismo Centro educativo, destacando el papel clave que ejercen los profesores y el equipo directivo, para aumentar el conocimiento del personal de la escuela sobre este problema, transmitir medidas de trabajo, imponer disciplina en las aulas... En definitiva, cambiar el clima escolar.
En nuestro país, a pesar de la evidencia del problema, mostrado en diversas estadísticas, la realidad es que -hasta ahora- se ha hecho muy poco para afrontar con efectividad este tipo de violencia, en los diferentes ámbitos. Como ejemplos más significativos, habría que destacar la iniciativa destinada a prevenir el acoso escolar -»Buen rollo»- del Departamento de Educación de la Generalitat de Cataluña, dirigida al alumnado de Educación Primaria y Secundaria. Otras, como la llevada a cabo por la Cruz Roja Juventud de Pontevedra, bajo el lema «Sin violencia, convivencia», organiza cursos sobre acoso escolar, para profesores de Educación Secundaria.
En un Seminario sobre violencia en las aulas, realizado en Valencia el pasado 7 de octubre, se defendió la combinación de leyes y programas de prevención e intervención, para recuperar la autoridad del profesorado y acabar con la violencia escolar y el acoso entre el alumnado.
El Consejero de Educación, Cultura y Deporte de la Generalitat Valenciana reivindicó una iniciativa nacional -pilotada por el Gobierno central- para que todas las experiencias en materia de lucha contra la violencia y el acoso escolar fomentaran una cultura de convivencia en los Centros, con elementos comunes. En este sentido, ha presentado el «Plan Previ», para la prevención de la violencia, iniciativa que pretende luchar contra esta problemática, con medidas de refuerzo del papel de los psicopedagogos, potenciación de las tutorías y mediación del conflicto, como elemento transversal en el que todos los miembros de la Escuela deben estar formados.
A través de una iniciativa promovida por «Protégeles» y el Defensor del Pueblo de la Comunidad de Madrid, a partir del día 20 de octubre, diez psicólogos estarán pendientes de las denuncias que hagan los escolares que se sientan sometidos a acoso, a través de correo electrónico, conectándose a la Web «www.acosoescolar.info». En dicha Web, hay un parte, con información para padres y madres, y otra, para el alumnado, todo ello sobre el acoso escolar. Los responsables de esta iniciativa apuestan porque los especialistas, a partir de los mensajes enviados POR el alumnado, deriven los casos más graves de agresiones al Defensor del Menor o a las autoridades pertinentes, y actúen en el Centro educativo, cuando el alumnado facilite datos.
El año pasado, valorábamos positivamente la posible iniciativa del Ministerio de Educación, tendente a la incorporación a los Centros de la figura del Educador Social, para intervenir activamente y prevenir situaciones de riesgo y violencia producidas en los mismos. Dicha medida, difundida un tanto confusamente y sin la necesaria reglamentación, resultaba totalmente insuficiente, pero lo más lamentable es que prácticamente no se ha implantado. Además, se precisa formar adecuadamente al profesorado y disponer de otras iniciativas complementarias, que contribuyan a disminuir la creciente evolución violenta que se respira en la sociedad actual, empezando por la propia familia.
Por otra parte, un sistema más represivo, como el establecido en Francia, ha creado la figura del policía-tutor, cuya función es trabajar con la dirección de los Centros y ayudar al alumnado que lo precise. Este modelo tiene grandes semejanzas a las propuestas que -estos días- están realizando los portavoces de nuestro Gobierno central, que parecen orientarse hacia una línea más tendente a lo represivo que a lo educativo, pues han anunciado cambios en la Ley del Menor, para endurecer los castigos por delitos graves y combatir fenómenos como las bandas juveniles. La reforma -según informaciones del Ministro de Justicia y del de Interior- contemplará medidas de alejamiento para el agresor, en casos de acoso escolar, y aumentará los supuestos de internamiento -en régimen cerrado- a delitos graves, aunque no sean violentos, como el tráfico de drogas.
Las informaciones que están facilitando los portavoces del Gobierno tienden a unir situaciones tan diferentes como el acoso escolar y el tráfico de drogas, en los Centros educativos, centrándose en sistemas represivos para ambos casos, a pesar de ser dos fenómenos cuyos orígenes, tratamiento y corrección son muy diferentes, aunque -en algún momento- tengan elementos comunes. Es decir, desde las Administraciones Públicas se continúa en una línea de inhibición, como en otros temas, sin afrontar seriamente el problema existente.
COLOFÓN
Sería conveniente emplazar -de nuevo- a la Consejería de Educación de CLM, tan dada a iniciativas orientadas a la pura propaganda, para que lleve a cabo un programa sobre el particular, que siempre habría que valorar positivamente. No debemos olvidar que la mayoría del alumnado que muestra conductas violentas en la infancia, se convierte en adultos violentos. Por tanto, es la educación por la paz, la no violencia, la tolerancia y la solidaridad, desde la más temprana edad, el mejor medio para prevenir la también preocupante violencia doméstica. Una tarea en la que deben trabajar colaborativamente, no sólo los padres y docentes, sino la sociedad, en general. latribunadealbacete.com
* Ascensión Palomares Ruiz es catedrática de Didáctica y Organización Escolar de la UCLM/ALBACETE.
** Hoy mismo:
-¿Por qué aún se ve el maltrato psicológico como daño `menor´?
-Voy a contestar con las palabras de las afectadas: `Un moratón se me cura en una semana, lo otro deja huella toda la vida´. >> Entrevista a Jorge Corsi , Málaga






