INFORME La cocaína es hoy la segunda droga más consumida entre los adolescentes leoneses, sólo por detrás del cannabis. El uso de la dama blanca entre los menores de edad se ha cuadriplicado en una década, de forma que uno de cada diez ya la ha esnifado «alguna vez».
Marco Romero 15 Nov León Los jóvenes empiezan a fumar a los 13 años y a beber alcohol a los 14, y el riesgo que perciben por el consumo habitual y esporádico de drogas, ya estén criminalizadas o no, es cada vez más bajo.
Tanto en el Hospital de León como en los centros de salud se ha intensificado la atención a pacientes que padecen episodios psicóticos derivados del consumo de drogas y la Policía Local de la capital se ha visto obligada a crear una red de vigilancia para perseguir el consumo de estupefacientes en la vía pública, en los colegios e institutos, en los cibercafés y en las salas de juego por parte de menores de edad.
La normalización de las drogas entre los chicos y chicas de 14 a 18 años ha puesto en alerta a los trabajadores sociales y técnicos en prevención de drogodependencias. El Plan Municipal de Drogas ha activado un nuevo programa dirigido a menores que abusan de estas sustancias, mientras mantiene en los centros educativos una importante labor de prevención con actividades específicas para niños de entre ocho y diez años, edades a las que se ha tenido que adelantar la captación.
Como consecuencia de este fenómeno social, han aumento también las medidas impuestas por los jueces de menores, casi siempre provocadas por delitos como hurtos y robos que tienen su origen real en el consumo de estupefacientes. Asimismo, la mayor parte de los ingresos penintenciarios están relacionados, directa o indirectamente, con el tráfico y consumo de drogas.
Sólo como dato de refencia, la mitad de los jóvenes que piden ayuda a la asociación Aclad son ya cocainómanos y, por lo general, politoxicómanos.
El circuito que se abre con la captación y que culmina con la intervención terapéutica y su posterior seguimiento involucra en León a docenas de especialistas y voluntarios, que cada año se tienen que enfrentar a los frustrantes datos de estas reveladoras estadísticas.
EN COLEGIOS E INSTITUTOS
Se consume más, a una edad más temprana y sin miedos
Farlopa, perico, polvo, yeyo, nieve... La jerga de la cocaína es ya tan popular como su consumo entre adolescentes. Los expertos relacionados con el tratamiento de las drogodependencias han extrapolado a León los datos de dos macroinformes del Ministerio de Sanidad que constatan el espectacular aumento del consumo de cocaína entre los menores de edad.
La Encuesta en Enseñanzas Secundarias y la Encuesta Domicialiaria son contundentes en este sentido. En diez años, se ha cuadriplicado el uso de la cocaína entre los adolescentes. Si en 1994 dos de cada cien jóvenes de entre 14 y 18 años esnifaban cocaína, en el 2004 el consumo se había extendido a nueve de cada cien. Los chicos consumen casi doble que las chicas y la edad de inicio en el consumo es de 14 años. Sin embargo, es a los 17 años cuando se empieza a producir el uso reiterado de esta droga. A los 18 años, uno de cada cuatro chavales toma «alguna vez» esta sustancia psicoactiva. Pero la droga ilegal estrella son los porros. El 42,7% de los menores consume hachís, el doble que hace diez años (20,9%). Este porcentaje se incrementa hasta el 63,5% cuando se habla de los jóvenes de 18 años. A los 14 años, el 19,6% ya ha probado los petas en alguna ocasión.
La tercera droga criminalizada más popular -en principio puede resultar incomprensible- son los hipnosedantes (tranquilizantes y pastillas para dormir sin receta médica). Su uso ha crecido gradualmente en la última década hasta ser consumidos por el 7% de la población juvenil.
El consumo entre chicas supera con creces al de los chicos y es obvio que a mayor edad, más se utiliza este tipo de droga. A los 14 años, sólo cuatro de cada cien jóvenes consume estos sedantes, pero al llegar a los 18 años, son uno de cada diez. El único dato positivo que revelan estas encuestas es el estancamiento que se ha producido en el consumo de éxtasis, speed y alucinógenos, en contra de la tendencia de los países europeos, donde las pastillas y el éxtasis líquido se han introducido de una manera espectacular entre los grupos de jóvenes.
De la misma manera, drogas legales como el tabaco y el alcohol son tan utilizadas -quizá algo menos- que hace diez años. El 82% de los adolescentes ha probado el alcohol «alguna vez», el 81% lo ha hecho en los últimos doce meses y el 65,6% lo hace habitualmente. Uno de cada cinco jóvenes dice haberse emborrachado el último mes «una o dos veces», y «más de cinco veces» lo experimenta normalmente cuatro de cada cien chavales leoneses.
De los que se han emborrachado, casi el 60% lo hizo con combinados tipo cubalibre. La siguiente bebida más utilizada es la cerveza, seguida de los licores de frutas y del vino.
El manifiesto abuso de los estuopefacientes ilegales lleva consigo una conducta añadida: en diez años ha disminuido sensiblemen te el miedo a las consecuencias que puede provocar el consumo reiterado de drogas. Aún así, el 97,5% de los adolescentes considera que esnifar cocaína puede producir «bastantes o muchos problemas», un 87% lo cree del éxtasis y un 83,7% del hachís.
Pero cuando se les pregunta si el consumo es esporádico, la percepción de riesgo baja hasta el 36,9% en el caso del cannabis y al 70,6% en el de la cocaína.
APRENDER A DECIR «NO»
Niños de ocho años acuden ya a programas preventivos
Ellos no son conscientes, pero participan en un programa preventivo contra las drogas, aunque sin hablar de éstas. Cuando se reúnen, sólo se exponen una serie de problemas y se buscan soluciones consensuadas. En el proceso, supuestamente aprenden a escuchar, a pensar por sí mismos y a actuar de manera independiente; la mejor batalla contra una futura mala influencia.
Colegio de la Granja, cuatro de la tarde. Es la segunda vez que este grupo de niños y niñas se encuentran en el aula para desarrollar una actividad extraescolar denominada «En el huerto con mis amigos», planificada y desarrollada por Carmen Alonso Madruga, educadora del Plan Municipal sobre Drogas. «Aquí nunca se toca el tema, y si alguien pregunta sobre drogas no se le va a dar más información de la que puede tener». El tacto ha de ser extremo puesto que se está hablando de escolares de ocho a diez años de edad.
Empieza la clase. Todos se sientan en el suelo y realizan una serie de actividades para conocerse, como encarnar los personajes de un cuento en el que todos son frutas y verduras con problemas propios de esta edad (miedos, timidez, celos, querer parecerse a otro, exclusión, diferencias físicas...). Se van dando cuenta de que los conflictos provocan sentimientos y que esos sentimientos son comunes a todos.
La hora escasa con la que se cuenta para esta actividad requiere agilidad, así que lo siguiente es cooperar en la elaboración del árbol de la amistad. Los niños se embadurnan la palma de la mano con témperas para dejar su huella en un cartel con todos sus nombres y un listado de valores, entre los que se encuentra el respeto y el saber escuchar.
A continuación hacen un dibujo común en el suelo con cuerdas de colores. Esta parte de la clase intenta que aprendan a articular sus propios intereses y a admitir las aportaciones de los demás.
Muchos se preguntarán cómo se relaciona este programa con la prevención de las drogodependencias. La educadora explica que habitualmente los niños y niñas tienen contacto con las drogas por primera vez antes de la adolescencia. Aunque gran parte del alumnado no consume estas sustancias, debe tomar una decisión al respecto a una edad temprana.
De esta manera, el concepto de droga con el que trabaja este programa es todo aquello que cambie la manera de pensar, sentir y actuar de una persona.
DENTRO DE CASA
Cuando la adolescencia provoca un cisma familiar
Edelmira hija tiene 15 años y la manía de cualquier adolescente: ganar unos minutos en el horario que le marcan en casa. Edelmira madre tiene 39 y la obsesión de cualquier padre: todos en casa antes de irse a dormir.
Pero hay que negociar y ahí es donde entra el denominado programa de prevención familiar, canalizado a través del Plan Municipal sobre Drogas e impartido en 15 centros escolares de León. Es una especie de escuela para padres, o quizá sea más correcto decir para madres, porque resulta significativo que la práctica totalidad de quienes acuden a los encuentros son mujeres.
Allí se les entrena en habilidades de gestión familiar positiva. Por ejemplo, cómo reaccionar cuando el adolescente llega media hora tarde. «Ahora lo que hago cuando la niña llega tarde por la noche, me levanto de la cama y le digo que al día siguiente hablamos. Siempre es mejor eso que echar una bronca monumental y estar una semana sin que me hable», comenta Edelmira Sánchez, la madre.
Lleva dos años acudiendo a la escuela de familias y ahora participa de forma muy activa en el desarrollo de los encuentros. «Cuando empiezas, lo primero de lo que te das cuenta es que todos los padres pensamos que nuestros hijos son los peores y que nosotros no sabemos hacer las cosas bien. De esta manera te empiezas a tranquilizar y es cuando ves lo positivo de las situaciones».
A Edelmira le han enseñado a «controlar los nervios» y a «hacerles entender por qué hay unos límites». Pero ahora tiene un astado en casa. Muy pronto, su hija cumplirá 16 años y quiere de regalo media hora más el día de la semana que se le permite salir por la noche.
«Espero que mi madre entienda por qué quiero llegar a las tres. Además, que los jóvenes estamos muy bien informados», afirma Edelmira Otero. El hecho de ser responsable en los estudios probablemente le avalará en su reivindicación horaria.
Un año más joven que Edelmira es su hermano. Pese a las edades tan cercanas, el chip es otro distinto por completo. Sus gustos y actitudes son diferentes y, en consecuencia, no vale lo aprendido. «Él está en otro momento, en una etapa de negación y la cosa cambia mucho. Pero en eso estamos y para eso vengo aquí, para aprender a entenderme con ellos. No puedo estar pensando todo el tiempo en lo que puede ser, sino en lo que es», afirma la madre.
La escuela de familias tocará este año de una forma muy especial el tema de las drogas, más que el comportamiento de los jóvenes. Elena Cabezas, técnico en prevención familiar, anuncia que el programa profundizará en la publicidad y en cómo se ve la televisión, incluso en la supervisión de la música.
«¿Y eso nos influye, decís?», se cuestiona la adolescente.
EN LA CALLE
Aclad incrementó la captación de drogodependientes un 25%
Lo más preventivo que hace la asociación de ayuda Aclad (paseo de la Facultad, 59) es atender a aquellas familias que quieren información sobre sus hijos, ya consumidores. A partir de ahí, esta entidad trabaja en varios y muy distintos programas de intervención a drogodependientes y su posterior derivación a servicios más especializados, como Cruz Roja, los equipos de salud mental o centros de internamiento como Proyecto Hombre.
Aclad funciona en red con el resto de colectivos especializados. El pasado año, según consta en su memoria, los consumidores de cocaína ya superar a los de opiáceos. La estadística revela que el número de casos nuevos captados (202) ha aumentado una cuarta parte respecto al año anterior, al igual que los casos en los que se realiza un seguimiento. La atención a menores en situación de riesgo, centrada en una atención individualizada de jóvenes inmersos en causas judiciales y con medidas de libertad vigilada, se centró en seis personas, una cifra pequeña si se tienen en cuenta las 1.626 atenciones del trabajador social, las 412 del psicólogo y las 284 del abogado.
Aclad también canaliza una programa de captación, motivación y derivación en el centro penitenciario de Mansilla de las Mulas, dentro del módulo terapéutico. Los propios internos sirven de ayuda para captar drogodependientes que después pueden ser llevados a determinados centros. El 96% de los usuarios son hombres de 26 a 44 años, consumidores de cocaína y/o heroína.
Además de un servicio de orientación y asesoramiento en los juzgados, a través del cual la trabajadora social realiza intervención familiar e individual y elabora una especie de informes periciales que sirven al juez para estudiar la situación de cada afectado, Aclad ha puesto en marcha un centro de emergencia social, dedicado expresaemnte a la asistencia. Allí se realizan intercambio de jeringuillas y se ofrecen preservativos y papel de plata. Además, se entrega ropa interior y se permite al usuario asearse.
CONSECUENCIAS PENALES
Crecen los delitios derivados del consumo, pero no del tráfico
Los ingresos en el centro penitenciario relacionados con el consumo y tráfico de drogas continúan creciendo año a año. La memoria anual de la Fiscalía General del Estado revela el aumento de los delitos contra la salud pública. Subraya, por otro lado, el descenso en un 66% de los prodecimientos judiciales relacionados con el tráfico ilegal de drogas, pasando de 48 en el 2000 a 16 en el 2004. Al no ser plenamente comprobable, es difícil afirmar que también han crecido otros delitos derivados del consumo de estupefacientes, como los delitos contra el patrimonio y el orden socioeconómico.
«Los motivos del inicio en las drogas vienen derivados del tiempo de ocio» NATI PALACIOS, trabajadora social de Aclad.
www.diariodeleon.es
La policía persigue la venta de drogas en colegios, cibercafés y recreativos
Convivir con los padres sin «malos rollos»
Donde todo se hace por consenso
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Marco Romero 15 Nov León Los jóvenes empiezan a fumar a los 13 años y a beber alcohol a los 14, y el riesgo que perciben por el consumo habitual y esporádico de drogas, ya estén criminalizadas o no, es cada vez más bajo.
Tanto en el Hospital de León como en los centros de salud se ha intensificado la atención a pacientes que padecen episodios psicóticos derivados del consumo de drogas y la Policía Local de la capital se ha visto obligada a crear una red de vigilancia para perseguir el consumo de estupefacientes en la vía pública, en los colegios e institutos, en los cibercafés y en las salas de juego por parte de menores de edad.
La normalización de las drogas entre los chicos y chicas de 14 a 18 años ha puesto en alerta a los trabajadores sociales y técnicos en prevención de drogodependencias. El Plan Municipal de Drogas ha activado un nuevo programa dirigido a menores que abusan de estas sustancias, mientras mantiene en los centros educativos una importante labor de prevención con actividades específicas para niños de entre ocho y diez años, edades a las que se ha tenido que adelantar la captación.
Como consecuencia de este fenómeno social, han aumento también las medidas impuestas por los jueces de menores, casi siempre provocadas por delitos como hurtos y robos que tienen su origen real en el consumo de estupefacientes. Asimismo, la mayor parte de los ingresos penintenciarios están relacionados, directa o indirectamente, con el tráfico y consumo de drogas.
Sólo como dato de refencia, la mitad de los jóvenes que piden ayuda a la asociación Aclad son ya cocainómanos y, por lo general, politoxicómanos.
El circuito que se abre con la captación y que culmina con la intervención terapéutica y su posterior seguimiento involucra en León a docenas de especialistas y voluntarios, que cada año se tienen que enfrentar a los frustrantes datos de estas reveladoras estadísticas.
EN COLEGIOS E INSTITUTOS
Se consume más, a una edad más temprana y sin miedos
Farlopa, perico, polvo, yeyo, nieve... La jerga de la cocaína es ya tan popular como su consumo entre adolescentes. Los expertos relacionados con el tratamiento de las drogodependencias han extrapolado a León los datos de dos macroinformes del Ministerio de Sanidad que constatan el espectacular aumento del consumo de cocaína entre los menores de edad.
La Encuesta en Enseñanzas Secundarias y la Encuesta Domicialiaria son contundentes en este sentido. En diez años, se ha cuadriplicado el uso de la cocaína entre los adolescentes. Si en 1994 dos de cada cien jóvenes de entre 14 y 18 años esnifaban cocaína, en el 2004 el consumo se había extendido a nueve de cada cien. Los chicos consumen casi doble que las chicas y la edad de inicio en el consumo es de 14 años. Sin embargo, es a los 17 años cuando se empieza a producir el uso reiterado de esta droga. A los 18 años, uno de cada cuatro chavales toma «alguna vez» esta sustancia psicoactiva. Pero la droga ilegal estrella son los porros. El 42,7% de los menores consume hachís, el doble que hace diez años (20,9%). Este porcentaje se incrementa hasta el 63,5% cuando se habla de los jóvenes de 18 años. A los 14 años, el 19,6% ya ha probado los petas en alguna ocasión.
La tercera droga criminalizada más popular -en principio puede resultar incomprensible- son los hipnosedantes (tranquilizantes y pastillas para dormir sin receta médica). Su uso ha crecido gradualmente en la última década hasta ser consumidos por el 7% de la población juvenil.
El consumo entre chicas supera con creces al de los chicos y es obvio que a mayor edad, más se utiliza este tipo de droga. A los 14 años, sólo cuatro de cada cien jóvenes consume estos sedantes, pero al llegar a los 18 años, son uno de cada diez. El único dato positivo que revelan estas encuestas es el estancamiento que se ha producido en el consumo de éxtasis, speed y alucinógenos, en contra de la tendencia de los países europeos, donde las pastillas y el éxtasis líquido se han introducido de una manera espectacular entre los grupos de jóvenes.
De la misma manera, drogas legales como el tabaco y el alcohol son tan utilizadas -quizá algo menos- que hace diez años. El 82% de los adolescentes ha probado el alcohol «alguna vez», el 81% lo ha hecho en los últimos doce meses y el 65,6% lo hace habitualmente. Uno de cada cinco jóvenes dice haberse emborrachado el último mes «una o dos veces», y «más de cinco veces» lo experimenta normalmente cuatro de cada cien chavales leoneses.
De los que se han emborrachado, casi el 60% lo hizo con combinados tipo cubalibre. La siguiente bebida más utilizada es la cerveza, seguida de los licores de frutas y del vino.
El manifiesto abuso de los estuopefacientes ilegales lleva consigo una conducta añadida: en diez años ha disminuido sensiblemen te el miedo a las consecuencias que puede provocar el consumo reiterado de drogas. Aún así, el 97,5% de los adolescentes considera que esnifar cocaína puede producir «bastantes o muchos problemas», un 87% lo cree del éxtasis y un 83,7% del hachís.
Pero cuando se les pregunta si el consumo es esporádico, la percepción de riesgo baja hasta el 36,9% en el caso del cannabis y al 70,6% en el de la cocaína.
APRENDER A DECIR «NO»
Niños de ocho años acuden ya a programas preventivos
Ellos no son conscientes, pero participan en un programa preventivo contra las drogas, aunque sin hablar de éstas. Cuando se reúnen, sólo se exponen una serie de problemas y se buscan soluciones consensuadas. En el proceso, supuestamente aprenden a escuchar, a pensar por sí mismos y a actuar de manera independiente; la mejor batalla contra una futura mala influencia.
Colegio de la Granja, cuatro de la tarde. Es la segunda vez que este grupo de niños y niñas se encuentran en el aula para desarrollar una actividad extraescolar denominada «En el huerto con mis amigos», planificada y desarrollada por Carmen Alonso Madruga, educadora del Plan Municipal sobre Drogas. «Aquí nunca se toca el tema, y si alguien pregunta sobre drogas no se le va a dar más información de la que puede tener». El tacto ha de ser extremo puesto que se está hablando de escolares de ocho a diez años de edad.
Empieza la clase. Todos se sientan en el suelo y realizan una serie de actividades para conocerse, como encarnar los personajes de un cuento en el que todos son frutas y verduras con problemas propios de esta edad (miedos, timidez, celos, querer parecerse a otro, exclusión, diferencias físicas...). Se van dando cuenta de que los conflictos provocan sentimientos y que esos sentimientos son comunes a todos.
La hora escasa con la que se cuenta para esta actividad requiere agilidad, así que lo siguiente es cooperar en la elaboración del árbol de la amistad. Los niños se embadurnan la palma de la mano con témperas para dejar su huella en un cartel con todos sus nombres y un listado de valores, entre los que se encuentra el respeto y el saber escuchar.
A continuación hacen un dibujo común en el suelo con cuerdas de colores. Esta parte de la clase intenta que aprendan a articular sus propios intereses y a admitir las aportaciones de los demás.
Muchos se preguntarán cómo se relaciona este programa con la prevención de las drogodependencias. La educadora explica que habitualmente los niños y niñas tienen contacto con las drogas por primera vez antes de la adolescencia. Aunque gran parte del alumnado no consume estas sustancias, debe tomar una decisión al respecto a una edad temprana.
De esta manera, el concepto de droga con el que trabaja este programa es todo aquello que cambie la manera de pensar, sentir y actuar de una persona.
DENTRO DE CASA
Cuando la adolescencia provoca un cisma familiar
Edelmira hija tiene 15 años y la manía de cualquier adolescente: ganar unos minutos en el horario que le marcan en casa. Edelmira madre tiene 39 y la obsesión de cualquier padre: todos en casa antes de irse a dormir.
Pero hay que negociar y ahí es donde entra el denominado programa de prevención familiar, canalizado a través del Plan Municipal sobre Drogas e impartido en 15 centros escolares de León. Es una especie de escuela para padres, o quizá sea más correcto decir para madres, porque resulta significativo que la práctica totalidad de quienes acuden a los encuentros son mujeres.
Allí se les entrena en habilidades de gestión familiar positiva. Por ejemplo, cómo reaccionar cuando el adolescente llega media hora tarde. «Ahora lo que hago cuando la niña llega tarde por la noche, me levanto de la cama y le digo que al día siguiente hablamos. Siempre es mejor eso que echar una bronca monumental y estar una semana sin que me hable», comenta Edelmira Sánchez, la madre.
Lleva dos años acudiendo a la escuela de familias y ahora participa de forma muy activa en el desarrollo de los encuentros. «Cuando empiezas, lo primero de lo que te das cuenta es que todos los padres pensamos que nuestros hijos son los peores y que nosotros no sabemos hacer las cosas bien. De esta manera te empiezas a tranquilizar y es cuando ves lo positivo de las situaciones».
A Edelmira le han enseñado a «controlar los nervios» y a «hacerles entender por qué hay unos límites». Pero ahora tiene un astado en casa. Muy pronto, su hija cumplirá 16 años y quiere de regalo media hora más el día de la semana que se le permite salir por la noche.
«Espero que mi madre entienda por qué quiero llegar a las tres. Además, que los jóvenes estamos muy bien informados», afirma Edelmira Otero. El hecho de ser responsable en los estudios probablemente le avalará en su reivindicación horaria.
Un año más joven que Edelmira es su hermano. Pese a las edades tan cercanas, el chip es otro distinto por completo. Sus gustos y actitudes son diferentes y, en consecuencia, no vale lo aprendido. «Él está en otro momento, en una etapa de negación y la cosa cambia mucho. Pero en eso estamos y para eso vengo aquí, para aprender a entenderme con ellos. No puedo estar pensando todo el tiempo en lo que puede ser, sino en lo que es», afirma la madre.
La escuela de familias tocará este año de una forma muy especial el tema de las drogas, más que el comportamiento de los jóvenes. Elena Cabezas, técnico en prevención familiar, anuncia que el programa profundizará en la publicidad y en cómo se ve la televisión, incluso en la supervisión de la música.
«¿Y eso nos influye, decís?», se cuestiona la adolescente.
EN LA CALLE
Aclad incrementó la captación de drogodependientes un 25%
Lo más preventivo que hace la asociación de ayuda Aclad (paseo de la Facultad, 59) es atender a aquellas familias que quieren información sobre sus hijos, ya consumidores. A partir de ahí, esta entidad trabaja en varios y muy distintos programas de intervención a drogodependientes y su posterior derivación a servicios más especializados, como Cruz Roja, los equipos de salud mental o centros de internamiento como Proyecto Hombre.
Aclad funciona en red con el resto de colectivos especializados. El pasado año, según consta en su memoria, los consumidores de cocaína ya superar a los de opiáceos. La estadística revela que el número de casos nuevos captados (202) ha aumentado una cuarta parte respecto al año anterior, al igual que los casos en los que se realiza un seguimiento. La atención a menores en situación de riesgo, centrada en una atención individualizada de jóvenes inmersos en causas judiciales y con medidas de libertad vigilada, se centró en seis personas, una cifra pequeña si se tienen en cuenta las 1.626 atenciones del trabajador social, las 412 del psicólogo y las 284 del abogado.
Aclad también canaliza una programa de captación, motivación y derivación en el centro penitenciario de Mansilla de las Mulas, dentro del módulo terapéutico. Los propios internos sirven de ayuda para captar drogodependientes que después pueden ser llevados a determinados centros. El 96% de los usuarios son hombres de 26 a 44 años, consumidores de cocaína y/o heroína.
Además de un servicio de orientación y asesoramiento en los juzgados, a través del cual la trabajadora social realiza intervención familiar e individual y elabora una especie de informes periciales que sirven al juez para estudiar la situación de cada afectado, Aclad ha puesto en marcha un centro de emergencia social, dedicado expresaemnte a la asistencia. Allí se realizan intercambio de jeringuillas y se ofrecen preservativos y papel de plata. Además, se entrega ropa interior y se permite al usuario asearse.
CONSECUENCIAS PENALES
Crecen los delitios derivados del consumo, pero no del tráfico
Los ingresos en el centro penitenciario relacionados con el consumo y tráfico de drogas continúan creciendo año a año. La memoria anual de la Fiscalía General del Estado revela el aumento de los delitos contra la salud pública. Subraya, por otro lado, el descenso en un 66% de los prodecimientos judiciales relacionados con el tráfico ilegal de drogas, pasando de 48 en el 2000 a 16 en el 2004. Al no ser plenamente comprobable, es difícil afirmar que también han crecido otros delitos derivados del consumo de estupefacientes, como los delitos contra el patrimonio y el orden socioeconómico.
«Los motivos del inicio en las drogas vienen derivados del tiempo de ocio» NATI PALACIOS, trabajadora social de Aclad.
www.diariodeleon.es
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