BEGOÑA GARCÍA, PRESIDENTA DE BESARKA · ASOC. PRO ACOGIMIENTO DE MENORES · Alava La vitoriana participa en unas jornadas sobre la emancipación de los jóvenes acogidos
VITORIA 16 Nov El palacio Europa acoge, desde hoy y hasta mañana, unas jornadas sobre acogimiento familiar organizadas por Besarka (Asociación pro acogimiento de menores de Álava), que girarán en torno a la emancipación de los jóvenes. La presidenta y madre de acogida, Begoña García, asegura que «no hay que tener miedo a la separación porque es ley de vida».
-Besarka nació en 1997. ¿Qué balance realiza de estos ocho años?
-Positivo. Creo que hemos sembrado la sensibilidad en los ciudadanos. En todos estos años hemos logrado cosas importantes como los grupos de formación. Ahora estamos más preparados ante el acogimiento. También hemos conseguido que la asociación tenga una fluidez continua con el servicio de Bienestar Social de la Diputación. Nos ayudan, nos financian proyectos... Estamos de tú a tú con las administraciones. Hemos avanzado mucho, pero esto no quita para que nos quede mucho por hacer.
-¿Lo más complicado es encontrar familias de acogida?
-Ésta es una de las principales complicaciones porque se sigue sin saber lo que es el acogimiento. Cuando desde Besarka preparamos algunas jornadas o encuentros, sí que se toca un poco el tema. Mientras tanto, parece que falta esa sensibilidad. Lo ideal sería tener un banco de familias, como tienen otras comunidades. Poder echar mano de alguien que, por ejemplo, pueda acoger dos o tres días a un niño al que sus padres se le hayan puesto enfermos y no tenga con quién estar.
-¿Aún se siguen confundiendo los términos adopción y acogimiento?
-Sí. Pero gracias a la mejor preparación de la gente, se está logrando cambiar ese chip. Lo que hay que tener claro es que no tiene nada que ver el acogimiento con la adopción. Lo que me llama la atención es que cuando llega el verano, todo el mundo se solidariza con los niños de fuera. Pero aquí, en Álava, también hay niños para acoger. El acogimiento es toda una cultura y creo que aquí no existe. Una familia es un punto de referencia. Es una puerta que se le abre a un menor con una serie de carencias de afectividad.
-¿El momento de la separación es lo más duro?
-Bueno... pero esto es ley de vida. Es lo mismo que cuando tienes un hijo biológico. Llega un momento en el que se casa y se marcha. No hay que tener ese miedo que existe a la separación. De alguna forma, al hijo acogido le has marcado unas pautas, una forma de vida y unas líneas a seguir. La familia acogedora siempre va a estar ahí para echarle una mano.
«Nada es tuyo»
-Muchas veces existe ese miedo de, ¿y si me quitan el niño?
-Sí, pero ¿qué es lo que te quitan? Si nada es tuyo. Tampoco un hijo biológico. Ha nacido de ti, eso sí, pero luego se marcha. Tú lo que vas a ser siempre es un punto de referencia.
-¿Qué pasa cuándo deciden emprender su vida como independientes?
-A partir de los 18 años, la decisión es de ellos. Se pueden ir, pero el vínculo nunca se pierde. Es lo mismo que un hijo biológico.
-Desde su experiencia, ¿qué proporciona acoger a un niño?
-Yo, personalmente, creo que estoy recibiendo mucho más de lo que he podido dar. Es un regalo. Ver cómo la niña crece, está ilusionada, cada vez es más autónoma, quiere ayudar a sus padres... A mí me llena de orgullo.
Begoña García tiene acogida a Edurne, de 19 años.
VITORIA 16 Nov El palacio Europa acoge, desde hoy y hasta mañana, unas jornadas sobre acogimiento familiar organizadas por Besarka (Asociación pro acogimiento de menores de Álava), que girarán en torno a la emancipación de los jóvenes. La presidenta y madre de acogida, Begoña García, asegura que «no hay que tener miedo a la separación porque es ley de vida».
-Besarka nació en 1997. ¿Qué balance realiza de estos ocho años?
-Positivo. Creo que hemos sembrado la sensibilidad en los ciudadanos. En todos estos años hemos logrado cosas importantes como los grupos de formación. Ahora estamos más preparados ante el acogimiento. También hemos conseguido que la asociación tenga una fluidez continua con el servicio de Bienestar Social de la Diputación. Nos ayudan, nos financian proyectos... Estamos de tú a tú con las administraciones. Hemos avanzado mucho, pero esto no quita para que nos quede mucho por hacer.
-¿Lo más complicado es encontrar familias de acogida?
-Ésta es una de las principales complicaciones porque se sigue sin saber lo que es el acogimiento. Cuando desde Besarka preparamos algunas jornadas o encuentros, sí que se toca un poco el tema. Mientras tanto, parece que falta esa sensibilidad. Lo ideal sería tener un banco de familias, como tienen otras comunidades. Poder echar mano de alguien que, por ejemplo, pueda acoger dos o tres días a un niño al que sus padres se le hayan puesto enfermos y no tenga con quién estar.
-¿Aún se siguen confundiendo los términos adopción y acogimiento?
-Sí. Pero gracias a la mejor preparación de la gente, se está logrando cambiar ese chip. Lo que hay que tener claro es que no tiene nada que ver el acogimiento con la adopción. Lo que me llama la atención es que cuando llega el verano, todo el mundo se solidariza con los niños de fuera. Pero aquí, en Álava, también hay niños para acoger. El acogimiento es toda una cultura y creo que aquí no existe. Una familia es un punto de referencia. Es una puerta que se le abre a un menor con una serie de carencias de afectividad.
-¿El momento de la separación es lo más duro?
-Bueno... pero esto es ley de vida. Es lo mismo que cuando tienes un hijo biológico. Llega un momento en el que se casa y se marcha. No hay que tener ese miedo que existe a la separación. De alguna forma, al hijo acogido le has marcado unas pautas, una forma de vida y unas líneas a seguir. La familia acogedora siempre va a estar ahí para echarle una mano.
«Nada es tuyo»
-Muchas veces existe ese miedo de, ¿y si me quitan el niño?
-Sí, pero ¿qué es lo que te quitan? Si nada es tuyo. Tampoco un hijo biológico. Ha nacido de ti, eso sí, pero luego se marcha. Tú lo que vas a ser siempre es un punto de referencia.
-¿Qué pasa cuándo deciden emprender su vida como independientes?
-A partir de los 18 años, la decisión es de ellos. Se pueden ir, pero el vínculo nunca se pierde. Es lo mismo que un hijo biológico.
-Desde su experiencia, ¿qué proporciona acoger a un niño?
-Yo, personalmente, creo que estoy recibiendo mucho más de lo que he podido dar. Es un regalo. Ver cómo la niña crece, está ilusionada, cada vez es más autónoma, quiere ayudar a sus padres... A mí me llena de orgullo.
Begoña García tiene acogida a Edurne, de 19 años.






