CORDOBA 17 Nov Elena MedelMalos tiempos para Petete
AL corriente andas, lector, de mi gusto por la sabiduría popular, ese arcón de expresiones para rotos y descosidos, henchidas de razón y siglos de los siglos: el maestrillo con su librillo, el collar del perro, etcétera y etcétera [NR. "¿Galgos o podencos?"+], te caracterizan como sabio y leído por mucho que localicen su origen en el Diez minutos. Siempre me ha fascinado una, despojada del verbo, rotunda sin alharacas: "el libro gordo de Petete", de enciclopedia infantil a mito urbano. Lo pronuncias, con cualquier motivo, y tan ancho: los entrenadores de fútbol, los escritores cansinos, a todos pueden adjudicarnos el bendito mamotreto.
Corren malos tiempos para Petete, cuya edición actual debería revisarse a fondo, añadiendo apartados sobre psicología, gomina, respeto al de al lado y lógica, en sección extensible a los adultos. Revisar día a día la información –cuidadosa, con los datos justos y la discreción que merece– sobre el niño acosado en un IES cordobés es asombrarse ante la cadena de despropósitos que, unido a lo que ya sufre, se ciernen sobre él. Un alumno de doce años lleva un mes sin ir a clase por miedo a sus compañeros –la cursiva es necesaria–, que han convertido las agresiones psíquicas y físicas en el pan de cada día. Ante el fracaso de los docentes, convencidos de que un cambio de clase atajaría el problema, la Delegación de Educación ofrece dos centros, la madre –con toda la razón– solicita otro, y Delegación, ejemplo impagable de comprensión, difunde un informe en el que el eufemismo "violencia entre iguales" –traduzco: defenderte– provoca risa sardónica.
La situación desemboca en pura vergüenza y merece otra reacción, más rápida y efectiva, por parte de las autoridades: Educación debe procurar que todos los alumnos acudan a clase sin temor, castigando a quienes se empeñan en evitarlo; si son mayores para actuar, demuestran serlo también, o se supone, para asumir las consecuencias. Resulta inútil trasladar de centro a un alumno si quienes han provocado la situación permanecen impunes, tan tranquilos, asistiendo al instituto como si tal cosa. Suena demencial que el centro de enseñanza se contemple como un lugar en el que el objetivo guarda nula relación con el estudio, buscando matar el tiempo o, en los peores casos, sobrevivir a quienes te rodean. Los casos de bullying se multiplican; quienes deben frenarlos, y castigar y predicar con el ejemplo, se limitan a expedir investigaciones y recolocar a la víctima –lo más grave– donde convenga. Vuelve, Petete, y golpea con tu lomo en la cabeza de quienes insisten en escurrir el bulto. www.eldiadecordoba.com
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AL corriente andas, lector, de mi gusto por la sabiduría popular, ese arcón de expresiones para rotos y descosidos, henchidas de razón y siglos de los siglos: el maestrillo con su librillo, el collar del perro, etcétera y etcétera [NR. "¿Galgos o podencos?"+], te caracterizan como sabio y leído por mucho que localicen su origen en el Diez minutos. Siempre me ha fascinado una, despojada del verbo, rotunda sin alharacas: "el libro gordo de Petete", de enciclopedia infantil a mito urbano. Lo pronuncias, con cualquier motivo, y tan ancho: los entrenadores de fútbol, los escritores cansinos, a todos pueden adjudicarnos el bendito mamotreto.
Corren malos tiempos para Petete, cuya edición actual debería revisarse a fondo, añadiendo apartados sobre psicología, gomina, respeto al de al lado y lógica, en sección extensible a los adultos. Revisar día a día la información –cuidadosa, con los datos justos y la discreción que merece– sobre el niño acosado en un IES cordobés es asombrarse ante la cadena de despropósitos que, unido a lo que ya sufre, se ciernen sobre él. Un alumno de doce años lleva un mes sin ir a clase por miedo a sus compañeros –la cursiva es necesaria–, que han convertido las agresiones psíquicas y físicas en el pan de cada día. Ante el fracaso de los docentes, convencidos de que un cambio de clase atajaría el problema, la Delegación de Educación ofrece dos centros, la madre –con toda la razón– solicita otro, y Delegación, ejemplo impagable de comprensión, difunde un informe en el que el eufemismo "violencia entre iguales" –traduzco: defenderte– provoca risa sardónica.
La situación desemboca en pura vergüenza y merece otra reacción, más rápida y efectiva, por parte de las autoridades: Educación debe procurar que todos los alumnos acudan a clase sin temor, castigando a quienes se empeñan en evitarlo; si son mayores para actuar, demuestran serlo también, o se supone, para asumir las consecuencias. Resulta inútil trasladar de centro a un alumno si quienes han provocado la situación permanecen impunes, tan tranquilos, asistiendo al instituto como si tal cosa. Suena demencial que el centro de enseñanza se contemple como un lugar en el que el objetivo guarda nula relación con el estudio, buscando matar el tiempo o, en los peores casos, sobrevivir a quienes te rodean. Los casos de bullying se multiplican; quienes deben frenarlos, y castigar y predicar con el ejemplo, se limitan a expedir investigaciones y recolocar a la víctima –lo más grave– donde convenga. Vuelve, Petete, y golpea con tu lomo en la cabeza de quienes insisten en escurrir el bulto. www.eldiadecordoba.com
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