LA REHABILITACIÓN DE MENORES QUE ATACAN SEXUALMENTE A SUS PARES Niños abusadores - Todavía no cumplen la mayoría de edad y ya cargan con la culpa de haber abusado de otros niños menores que ellos. Algunos incluso tienen diez años. No buscan placer sexual, sino sólo someter a otro. Ellos mismos son protagonistas de historias de maltrato.
CHILE 18 Nov Cecilia Yáñez
Tienen entre 10 y 18 años y una historia de violencia física, sicológica y de abuso sexual por parte de un adulto, generalmente cercano a su familia. Por distintas razones, algunos de ellos repiten el sometimiento sexual con otros niños. No hay cifras ni datos precisos y son pocos los programas que están dispuestos a hacerse cargo de ellos.
Al menos dos ONGs y el Instituto de Criminología de la Policía de Investigaciones tienen proyectos de reparación, pero todavía no son suficientes.
La corporación Paicabí, a través del Centro Trafún, tiene un proyecto piloto de interrupción, reparación y prevención de nuevas conductas agresivas de carácter sexual en jóvenes de entre 10 y 17 años 11 meses, que es financiado por el Servicio Nacional de Menores (Sename).
Patricia Vera, sicóloga del Sename, señaló que este tipo de proyectos son importantes porque en ellos el agresor “se hace responsable de esta conducta y no se evade la responsabilidad del niño o del adolescente”. La idea es que los niños y adolescentes tengan claridad respecto de sus acciones. Que comprendan que lo que hicieron no está bien, que hicieron daño y que es una conducta grave. Además, también se incorpora a la familia.
Lógica de dominación
En Valparaíso se atienden actualmente 30 adolescentes varones que han abusado sexualmente a niños menores que ellos.
Según explicó Iván Zamora, asistente social y director de la ONG Paicabí, el trabajo que realizan con estos jóvenes es reparatorio y de atención sicosocial. Llegan al centro derivados de tribunales, hogares de menores y a veces casos que son derivados desde escuelas u otras ONGs.
El diseño de la intervención de este programa tiene como objetivo primordial la interrupción de la agresión de carácter sexual por parte del joven, para luego realizar un minucioso diagnóstico individual, social y contextual que permita encontrar una hipótesis respecto de la naturaleza de la agresión, etiología y la estrategia de control más adecuada al caso.
“Lo común en ellos es que tienen historias de mucha violencia y abuso en su infancia”, señaló Zamora. Al realizar la conducta de abuso, estos niños no experimentan placer porque lo que hay detrás de estos abusos es “una lógica de dominación, que también les ha pasado a ellos”.
Zamora hace hincapié en que estos programas se deben tratar con mucho cuidado porque “en algún momento se pueden comenzar a conocer más casos de adolescentes abusadores y se puede caer en una relación súper paranoica con ellos, como sucede hoy con la delincuencia. A veces los medios muestran una magnitud que no es tan enorme en la realidad”.
De hecho, las estadísticas muestran que al trabajar con ellos “estamos previniendo potencialmente unos cinco casos de abuso sexual futuro por cada uno o quizás más”, dijo el director ejecutivo de la ONG Paicabí.
Factor común: el dolor
Con la experiencia recogida el centro Trafún ya tiene elaborado un perfil de los niños y adolescentes que abusan de otros menores. “Para la mayoría de estos adolescentes la agresión sexual ha sido un hecho en su vida y por lo tanto no es parte de una escalada y las familias colaboran. En general, los adolescentes están arrepentidos, quedan muy afectados y con ganas de abordar el tema.
Sin embargo, hay un porcentaje menor de estos niños que están involucrados en la carrera delictiva en la que el abuso es parte de ella. “Este tipo de chiquillos no tienen apego de familia, no tienen vínculo o es muy débil. Con ellos tenemos más preocupaciones, uno los cita, pero no asisten. A ellos hay que ir a buscarlos”, contó Zamora. Para él, lo fundamental es que el Estado se preocupe más por estos niños y no los abandone.
De los 30 menores que atienden en Trafún, sólo dos han requerido de una vigilancia sistemática porque presentan una conducta patológica de tipo siquiátrica.
No siempre es abuso
Para la sicóloga del Sename Patricia Vera, es fundamental definir si la conducta sexual entre los niños y adolescentes es o no abuso sexual. “No todos los contactos sexuales en menores ubican a uno de ellos como agresor. Mucha de la sintomatología que se da en una víctima es la sexualización precoz y la repetición de juegos sexuales”, explicó.
Por lo mismo, desde el ámbito de la sicología se acordó que para que exista abuso debe existir a lo menos cinco años de diferencia entre el abusador y la víctima. Si hay más cercanía de edad, es necesario evaluar la situación y el contexto en el que se da el abuso.
“En el caso de los agresores adolescentes que están en un proceso de desarrollo, hay que ver caso a caso”, insistió la especialista.
lanacion.cl
CHILE 18 Nov Cecilia Yáñez
Tienen entre 10 y 18 años y una historia de violencia física, sicológica y de abuso sexual por parte de un adulto, generalmente cercano a su familia. Por distintas razones, algunos de ellos repiten el sometimiento sexual con otros niños. No hay cifras ni datos precisos y son pocos los programas que están dispuestos a hacerse cargo de ellos.
Al menos dos ONGs y el Instituto de Criminología de la Policía de Investigaciones tienen proyectos de reparación, pero todavía no son suficientes.
La corporación Paicabí, a través del Centro Trafún, tiene un proyecto piloto de interrupción, reparación y prevención de nuevas conductas agresivas de carácter sexual en jóvenes de entre 10 y 17 años 11 meses, que es financiado por el Servicio Nacional de Menores (Sename).
Patricia Vera, sicóloga del Sename, señaló que este tipo de proyectos son importantes porque en ellos el agresor “se hace responsable de esta conducta y no se evade la responsabilidad del niño o del adolescente”. La idea es que los niños y adolescentes tengan claridad respecto de sus acciones. Que comprendan que lo que hicieron no está bien, que hicieron daño y que es una conducta grave. Además, también se incorpora a la familia.
Lógica de dominación
En Valparaíso se atienden actualmente 30 adolescentes varones que han abusado sexualmente a niños menores que ellos.
Según explicó Iván Zamora, asistente social y director de la ONG Paicabí, el trabajo que realizan con estos jóvenes es reparatorio y de atención sicosocial. Llegan al centro derivados de tribunales, hogares de menores y a veces casos que son derivados desde escuelas u otras ONGs.
El diseño de la intervención de este programa tiene como objetivo primordial la interrupción de la agresión de carácter sexual por parte del joven, para luego realizar un minucioso diagnóstico individual, social y contextual que permita encontrar una hipótesis respecto de la naturaleza de la agresión, etiología y la estrategia de control más adecuada al caso.
“Lo común en ellos es que tienen historias de mucha violencia y abuso en su infancia”, señaló Zamora. Al realizar la conducta de abuso, estos niños no experimentan placer porque lo que hay detrás de estos abusos es “una lógica de dominación, que también les ha pasado a ellos”.
Zamora hace hincapié en que estos programas se deben tratar con mucho cuidado porque “en algún momento se pueden comenzar a conocer más casos de adolescentes abusadores y se puede caer en una relación súper paranoica con ellos, como sucede hoy con la delincuencia. A veces los medios muestran una magnitud que no es tan enorme en la realidad”.
De hecho, las estadísticas muestran que al trabajar con ellos “estamos previniendo potencialmente unos cinco casos de abuso sexual futuro por cada uno o quizás más”, dijo el director ejecutivo de la ONG Paicabí.
Factor común: el dolor
Con la experiencia recogida el centro Trafún ya tiene elaborado un perfil de los niños y adolescentes que abusan de otros menores. “Para la mayoría de estos adolescentes la agresión sexual ha sido un hecho en su vida y por lo tanto no es parte de una escalada y las familias colaboran. En general, los adolescentes están arrepentidos, quedan muy afectados y con ganas de abordar el tema.
Sin embargo, hay un porcentaje menor de estos niños que están involucrados en la carrera delictiva en la que el abuso es parte de ella. “Este tipo de chiquillos no tienen apego de familia, no tienen vínculo o es muy débil. Con ellos tenemos más preocupaciones, uno los cita, pero no asisten. A ellos hay que ir a buscarlos”, contó Zamora. Para él, lo fundamental es que el Estado se preocupe más por estos niños y no los abandone.
De los 30 menores que atienden en Trafún, sólo dos han requerido de una vigilancia sistemática porque presentan una conducta patológica de tipo siquiátrica.
No siempre es abuso
Para la sicóloga del Sename Patricia Vera, es fundamental definir si la conducta sexual entre los niños y adolescentes es o no abuso sexual. “No todos los contactos sexuales en menores ubican a uno de ellos como agresor. Mucha de la sintomatología que se da en una víctima es la sexualización precoz y la repetición de juegos sexuales”, explicó.
Por lo mismo, desde el ámbito de la sicología se acordó que para que exista abuso debe existir a lo menos cinco años de diferencia entre el abusador y la víctima. Si hay más cercanía de edad, es necesario evaluar la situación y el contexto en el que se da el abuso.
“En el caso de los agresores adolescentes que están en un proceso de desarrollo, hay que ver caso a caso”, insistió la especialista.
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