La ansiedad le hace sufrir más de diez episodios diarios de diarrea severa, por la cual debe llevar pañales pese a que ya tiene 14 años - «Siento terror al pensar que tengo que volver al instituto». Así se pronunció ayer un menor de la localidad de Guadahortuna, que lleva un mes sin ir a clase por la depresión de sufre a causa de un presunto caso de acoso escolar
GRANADA 19 nov El joven, que cuenta con 14 años de edad, pasa todo el día en un sofá sin ni siquiera poder salir a la calle y sin relacionarse con nadie, excepto con su propia familia. En varias ocasiones ha expresado su deseo de morir, aunque ayer declaró que ese anhelo ya se le ha pasado. «Ahora no quiero morir, pero estoy como un viejo y no puedo ni andar», manifestó.
Se ve como un anciano por no poder desenvolverse con normalidad en su vida cotidiana, aunque en realidad también parece un bebé: pese a sus 14 años de edad, lleva puestos pañales. La razón es la siguiente: la ansiedad que padece le hace sufrir más de diez episodios diarios de diarrea severa, que le resulta incontenible y que le impide hacer nada.
En este caso ya han intervenido multitud de partes. Por un lado, el joven se encuentra en tratamiento psicológico por la fuerte depresión que vive; por otro, está siendo controlado por especialistas en medicina interna y en aparato digestivo; y finalmente también ha intervenido la Guardia Civil, que ha derivado el asunto hacia la Fiscalía de Menores, que ya ha tomado declaración a los dos jóvenes acusados del presunto acoso.
Según el relato de Antonia Martínez y de Antonio Valdivia, padres de este estudiante de Guadahortuna, los primeros síntomas aparecieron el pasado mes de diciembre. En aquel momento, el instituto de enseñanza secundaria Isabel la Católica de la citada localidad -donde estudia- comunicó a los progenitores que el menor estaba ofreciendo un rendimiento escolar sensiblemente inferior a lo habitual. Este chaval siempre ha obtenido excelentes notas, y su expediente académico está trufado de sobresalientes y notables. Era, de hecho, uno de los alumnos más brillantes de su curso. En aquel entonces, estudiaba segundo de ESO.
«Mi hijo empezó a dejar de salir a la calle, y muchos de sus compañeros dejaron de hablarle. Al final, dijo que no deseaba hacer el viaje de estudios que estaba programado porque casi ningún niño de la clase le hablada», narró ayer la madre.
Mofas y soledad
Según las explicaciones del menor, ha sido sometido a un rosario de burlas, insultos, risas y mofas, y además ha sido víctima de un «aislamiento total» por parte de los compañeros. «Lo dejaban solo para todo, incluso para los ejercicios de gimnasia en los que tienen que participar dos personas», lamentaba su madre. Este alumno también ha sufrido robos y destrozos de sus dibujos de clase.
Según ese relato y la denuncia presentada ante la Guardia Civil, los principales causantes de este acoso psicológico dentro del ámbito escolar son dos chavales, antiguos amigos del joven. El origen de este caso de presunto 'bullying' parece en verdad una fruslería: al parecer, a uno de estos amigos -llamémosle A- le gustaba una chica de Guadahortuna, de modo que el otro amigo -llamémosle B- le pidió al presuntamente acosado que preguntara a la joven si ella le correspondía. La muchacha dio calabazas a A, y el mensajero pagó el pato: B acusó a la ahora víctima de haber hundido a A al transmitirle la negativa de la chica. Desde ese momento, siempre según este testimonio, comenzó una incesante labor de acoso psicológico de A y de B contra este chaval.
«Por ahí viene el maricón» o «eres un bragas de lata» son algunas de las expresiones que A y B han dirigido durante este tiempo a su víctima. Según la madre del acosado, principalmente B se ha encargado de poner a todos los alumnos del colegio en contra de su hijo, de modo que la burla y el aislamiento son generales.
Nuevo curso
Las cosas, explicó la madre, se han agravado con el inicio del nuevo curso. Según sus manifestaciones, los dos ex amigos de su hijo siguieron su práctica sistemática de acoso contra él, de modo que a los pocos días de comenzar el curso académico hubieron de ser separados en clases diferentes para intentar atajar la situación.
Pero tal medida, agregó, resultó insuficiente, pues continuó la misma tónica. Desde entonces, el menor no pudo soportar más la situación y comenzó a dejar de ir a clase, presa de una depresión grave. Las diarreas eran ya continuas, de modo que el chaval se veía permanentemente inundado de sus propios excrementos.
Desde el pasado 19 de octubre, este menor ya no ha vuelto a pisar el colegio. No consigue superar su depresión, y tampoco la medicación contra la diarrea parece surtir efecto. Los episodios diarreicos se deben, presuntamente, a los espasmos nerviosos y de ansiedad que sufre como consecuencia del posible acoso escolar. Tal problema se remonta a marzo. El joven pasa el día en casa, arrellanado en el sofá. No sale a la calle para nada. Pesaba 51 kilos, pero ahora ha bajado hasta los 41, es decir, ha perdido nada menos que diez kilos en este periodo de tiempo.
Terror
«Siento terror al pensar que tengo que volver al instituto», manifestó ayer. El joven es ahora incapaz de leer y de hacer ninguna clase de deberes. Hay diversos informes relacionados con el caso. Por un lado, la Unidad de Salud Mental del Hospital Materno-Infantil de Granada sentencia en su informe clínico que «el chico se siente acosado y, sobre todo, activamente segregado del resto de los compañeros, y sobre todo por parte de alguno de ellos en particular». El psicólogo aprecia en el paciente «síntomas ansiosos» y «sintomatología de carácter depresivo, en relación siempre con el rechazo y aislamiento de que se siente víctima y la mofa que ciertos compañeros hacen de su estilo personal de ser».
Por otro lado, la madre presentó el pasado 26 de septiembre una denuncia ante la Guardia Civil por el «acoso psicológico» contra su hijo por parte de un grupo de niños del colegio y en particular de dos de ellos. El maltrato, matiza, nunca ha sido físico.
Tras realizar sus diligencias, la Guardia Civil ha dado traslado del caso a la Fiscalía de Menores de Granada por si pudieran haber comportamientos delictivos en este asunto. Por su parte, la Fiscalía ha abierto expediente de reforma y el pasado miércoles tomó declaración a los dos principales acusados de acoso escolar contra el joven. Según pudo saber este diario, las diligencias siguen abiertas y la Fiscalía aún no ha tomado decisión alguna. eldiariomontanes.es
APOYOS. Antonia Martínez y Antonio Valdivia, junto a su hijo, que ha perdido ya diez kilos.
El instituto cree que ha tomado todas las medidas a su alcance
La madre del joven que presuntamente sufre acoso escolar criticó ayer al instituto en el que estudia su hijo por no haber hecho todo lo posible para solucionar este caso. A su juicio, los dos principales acosadores deberían haber sido expulsados del centro educativo. «Hay casos de expulsiones temporales por causas más leves», apostilló. Por su parte, el director del instituto Isabel la Católica, José Antonio Martín, aseguró que su equipo ha tomado todas las medidas a su alcance en este caso. «Al no haber agresiones físicas, nos enteramos del problema cuando la madre el alumno nos lo comunicó», dijo ayer el director.
Martín explicó que el equipo del instituto ha mantenido entrevistas con los padres afectados y con los propios chavales protagonistas del caso. «A finales del pasado curso, se buscó una solución pacífica al conflicto y conseguimos que los chavales se dieran la mano, como seña de que firmaban la paz. Así creímos que el problema se había zanjado con normalidad», manifestó.
Sin embargo, admitió que al comenzar el actual curso la madre del presunto acosado le informó de que las vejaciones contra su hijo continuaban.
«Remitimos el asunto al orientador, que hizo entrevistas. Al final se propuso un cambio de clase de los alumnos, y este chaval dijo que prefería cambiar él. Poco después nos encontramos con la sorpresa de una denuncia en la Guardia Civil y la llegada del caso a la Fiscalía. Llega así un momento en el que ya no podemos hacer nada más», arguyó. El director agregó que no han llegado a decidir la expulsión de los presuntos acosadores «porque no hemos visto que haya quedado demostrado que hayan hecho nada en contra de las normas de convivencia». Según explicó, demostrar un caso de 'bullying' es más complicado que demostrar agresiones físicas.
GRANADA 19 nov El joven, que cuenta con 14 años de edad, pasa todo el día en un sofá sin ni siquiera poder salir a la calle y sin relacionarse con nadie, excepto con su propia familia. En varias ocasiones ha expresado su deseo de morir, aunque ayer declaró que ese anhelo ya se le ha pasado. «Ahora no quiero morir, pero estoy como un viejo y no puedo ni andar», manifestó.
Se ve como un anciano por no poder desenvolverse con normalidad en su vida cotidiana, aunque en realidad también parece un bebé: pese a sus 14 años de edad, lleva puestos pañales. La razón es la siguiente: la ansiedad que padece le hace sufrir más de diez episodios diarios de diarrea severa, que le resulta incontenible y que le impide hacer nada.
En este caso ya han intervenido multitud de partes. Por un lado, el joven se encuentra en tratamiento psicológico por la fuerte depresión que vive; por otro, está siendo controlado por especialistas en medicina interna y en aparato digestivo; y finalmente también ha intervenido la Guardia Civil, que ha derivado el asunto hacia la Fiscalía de Menores, que ya ha tomado declaración a los dos jóvenes acusados del presunto acoso.
Según el relato de Antonia Martínez y de Antonio Valdivia, padres de este estudiante de Guadahortuna, los primeros síntomas aparecieron el pasado mes de diciembre. En aquel momento, el instituto de enseñanza secundaria Isabel la Católica de la citada localidad -donde estudia- comunicó a los progenitores que el menor estaba ofreciendo un rendimiento escolar sensiblemente inferior a lo habitual. Este chaval siempre ha obtenido excelentes notas, y su expediente académico está trufado de sobresalientes y notables. Era, de hecho, uno de los alumnos más brillantes de su curso. En aquel entonces, estudiaba segundo de ESO.
«Mi hijo empezó a dejar de salir a la calle, y muchos de sus compañeros dejaron de hablarle. Al final, dijo que no deseaba hacer el viaje de estudios que estaba programado porque casi ningún niño de la clase le hablada», narró ayer la madre.
Mofas y soledad
Según las explicaciones del menor, ha sido sometido a un rosario de burlas, insultos, risas y mofas, y además ha sido víctima de un «aislamiento total» por parte de los compañeros. «Lo dejaban solo para todo, incluso para los ejercicios de gimnasia en los que tienen que participar dos personas», lamentaba su madre. Este alumno también ha sufrido robos y destrozos de sus dibujos de clase.
Según ese relato y la denuncia presentada ante la Guardia Civil, los principales causantes de este acoso psicológico dentro del ámbito escolar son dos chavales, antiguos amigos del joven. El origen de este caso de presunto 'bullying' parece en verdad una fruslería: al parecer, a uno de estos amigos -llamémosle A- le gustaba una chica de Guadahortuna, de modo que el otro amigo -llamémosle B- le pidió al presuntamente acosado que preguntara a la joven si ella le correspondía. La muchacha dio calabazas a A, y el mensajero pagó el pato: B acusó a la ahora víctima de haber hundido a A al transmitirle la negativa de la chica. Desde ese momento, siempre según este testimonio, comenzó una incesante labor de acoso psicológico de A y de B contra este chaval.
«Por ahí viene el maricón» o «eres un bragas de lata» son algunas de las expresiones que A y B han dirigido durante este tiempo a su víctima. Según la madre del acosado, principalmente B se ha encargado de poner a todos los alumnos del colegio en contra de su hijo, de modo que la burla y el aislamiento son generales.
Nuevo curso
Las cosas, explicó la madre, se han agravado con el inicio del nuevo curso. Según sus manifestaciones, los dos ex amigos de su hijo siguieron su práctica sistemática de acoso contra él, de modo que a los pocos días de comenzar el curso académico hubieron de ser separados en clases diferentes para intentar atajar la situación.
Pero tal medida, agregó, resultó insuficiente, pues continuó la misma tónica. Desde entonces, el menor no pudo soportar más la situación y comenzó a dejar de ir a clase, presa de una depresión grave. Las diarreas eran ya continuas, de modo que el chaval se veía permanentemente inundado de sus propios excrementos.
Desde el pasado 19 de octubre, este menor ya no ha vuelto a pisar el colegio. No consigue superar su depresión, y tampoco la medicación contra la diarrea parece surtir efecto. Los episodios diarreicos se deben, presuntamente, a los espasmos nerviosos y de ansiedad que sufre como consecuencia del posible acoso escolar. Tal problema se remonta a marzo. El joven pasa el día en casa, arrellanado en el sofá. No sale a la calle para nada. Pesaba 51 kilos, pero ahora ha bajado hasta los 41, es decir, ha perdido nada menos que diez kilos en este periodo de tiempo.
Terror
«Siento terror al pensar que tengo que volver al instituto», manifestó ayer. El joven es ahora incapaz de leer y de hacer ninguna clase de deberes. Hay diversos informes relacionados con el caso. Por un lado, la Unidad de Salud Mental del Hospital Materno-Infantil de Granada sentencia en su informe clínico que «el chico se siente acosado y, sobre todo, activamente segregado del resto de los compañeros, y sobre todo por parte de alguno de ellos en particular». El psicólogo aprecia en el paciente «síntomas ansiosos» y «sintomatología de carácter depresivo, en relación siempre con el rechazo y aislamiento de que se siente víctima y la mofa que ciertos compañeros hacen de su estilo personal de ser».
Por otro lado, la madre presentó el pasado 26 de septiembre una denuncia ante la Guardia Civil por el «acoso psicológico» contra su hijo por parte de un grupo de niños del colegio y en particular de dos de ellos. El maltrato, matiza, nunca ha sido físico.
Tras realizar sus diligencias, la Guardia Civil ha dado traslado del caso a la Fiscalía de Menores de Granada por si pudieran haber comportamientos delictivos en este asunto. Por su parte, la Fiscalía ha abierto expediente de reforma y el pasado miércoles tomó declaración a los dos principales acusados de acoso escolar contra el joven. Según pudo saber este diario, las diligencias siguen abiertas y la Fiscalía aún no ha tomado decisión alguna. eldiariomontanes.es
APOYOS. Antonia Martínez y Antonio Valdivia, junto a su hijo, que ha perdido ya diez kilos.
El instituto cree que ha tomado todas las medidas a su alcance
La madre del joven que presuntamente sufre acoso escolar criticó ayer al instituto en el que estudia su hijo por no haber hecho todo lo posible para solucionar este caso. A su juicio, los dos principales acosadores deberían haber sido expulsados del centro educativo. «Hay casos de expulsiones temporales por causas más leves», apostilló. Por su parte, el director del instituto Isabel la Católica, José Antonio Martín, aseguró que su equipo ha tomado todas las medidas a su alcance en este caso. «Al no haber agresiones físicas, nos enteramos del problema cuando la madre el alumno nos lo comunicó», dijo ayer el director.
Martín explicó que el equipo del instituto ha mantenido entrevistas con los padres afectados y con los propios chavales protagonistas del caso. «A finales del pasado curso, se buscó una solución pacífica al conflicto y conseguimos que los chavales se dieran la mano, como seña de que firmaban la paz. Así creímos que el problema se había zanjado con normalidad», manifestó.
Sin embargo, admitió que al comenzar el actual curso la madre del presunto acosado le informó de que las vejaciones contra su hijo continuaban.
«Remitimos el asunto al orientador, que hizo entrevistas. Al final se propuso un cambio de clase de los alumnos, y este chaval dijo que prefería cambiar él. Poco después nos encontramos con la sorpresa de una denuncia en la Guardia Civil y la llegada del caso a la Fiscalía. Llega así un momento en el que ya no podemos hacer nada más», arguyó. El director agregó que no han llegado a decidir la expulsión de los presuntos acosadores «porque no hemos visto que haya quedado demostrado que hayan hecho nada en contra de las normas de convivencia». Según explicó, demostrar un caso de 'bullying' es más complicado que demostrar agresiones físicas.






