"...para evitar que se nos escape totalmente de las manos"
Tribuna JOSÉ RAFAEL MONTER THIBAUT · Violencia escolar: ¿por qué?
Llevamos una temporada en la que sólo estamos leyendo, escuchando y viendo a través de los medios de comunicación, no sin asombro por parte de todos, la violencia en los centros escolares con una serie de estadísticas, encuestas, foros, etc.
Ante todo esto nos tendríamos que preguntar, ¿qué le está sucediendo a nuestra juventud? Para ser más correctos y sinceros: creo que tendríamos que empezar a enfocar el tema con la siguiente pregunta. ¿Cómo estamos formando a nuestra juventud?
Si partimos de esta última pregunta así de cruda, pero real, a lo mejor sin hipocresía ni aspavientos podríamos, entre todos los que tenemos algo que ver con la educación de nuestros jóvenes, tanto padres, como responsables de los centros escolares, así como las autoridades y estamentos pertinentes, llegar a contestarla con la máxima sinceridad y humildad, reconociendo que hemos llegado a una situación tan lamentable, pero que aún estamos a tiempo de encauzarla entre todos para evitar que se nos escape totalmente de las manos. Seguir haciendo encuestas, estadísticas..., quedan muy bonitas en los medios, pero a la corta no dan soluciones reales y solo quejándonos no haremos nada para atajar esta situación.
Para ello lo primero que deberíamos hacer es actuar desde las medidas que tenemos mal enfocadas y rectificarlas, con el fin de resolver lo antes posible esta plaga que tenemos de violencia.
Si ustedes me lo permiten empezaría cambiando totalmente la Ley del Menor –no como se pretende con arreglillos de paños calientes marca ZP para salir del paso– que es una de las mayores tropelías que se han hecho jurídicamente desde hace años, y no lo digo yo que realmente solo soy padre de familia y creo que sé algo de educación escolar. Todos presenciamos los hechos acaecidos desde que entró en vigor. Lo peor de todo esto es que ya nos hemos acostumbrado a leerlos, escucharlos y nos están pareciendo como algo normal en nuestra sociedad. Desde este cambio jurídico ya empezarían los jóvenes a percatarse de que no todo el monte es orégano y que existe una ley que está para cumplirla y no para saltársela a la torera como sucede con la Ley del Menor, que más parece una invitación a que ‘‘hagas lo que te dé la gana’’.
A continuación cambiaría los deberes y derechos de los alumnos porque derechos tienen muchos, pero deberes bien pocos y si a esto le añadimos la lentitud y burocracia que han de padecer los centros a la hora de tener que imponer alguna sanción a los susodichos jóvenes que se dedican al acoso y derribo de los demás, estamos completamente perdidos. Y cómo no, exigiría que los profesionales de la educación en los centros tuvieran ‘‘vocación’’ por la enseñanza y no sólo fueran meros espectadores de la enseñanza como son ahora por desgracia la mayoría.
Sé que haciendo estos cambios a lo mejor de repente no se solucionarían los problemas de la violencia muy rápidamente. Otros pensarán que estoy reclamando la disciplina férrea que existía hace muchos años. Pero no es eso lo que pido, sino que el profesorado tenga la confianza de poder implantar la ‘‘disciplina’’, pero la buena. Para eso necesita volver a tener ese respeto que se les debe empezando por los padres de los alumnos, sin descalificar al profesorado solo porque el jovencito o jovencita de turno esté disgustado por la sanción que se le haya puesto por su comportamiento en el centro escolar.
Ahora les toca a los padres, que se dice son los últimos en enterarse del comportamiento de sus hijos. No estoy de acuerdo en que sean los últimos, más bien diría que a veces no se quieren enterar del comportamiento de sus hijos por comodidad o vaya usted a saber. La realidad es que pocas veces he escuchado a unos padres decir con firmeza que su hijo o hija realmente son así de violentos. Como mucho, lo más socorrido es quejarse de que no pueden con ellos –a veces es verdad–, pero ese argumento no les exime de la responsabilidad de sus actos y sobre todo de corregirlos para evitar las situaciones actuales de violencia.
Dejando de ser hipócritas, los medios de comunicación también deberían pensar a la hora de programar qué es lo que están haciendo. Solo tenemos que ver los informativos de cualquier televisión a la hora que sea, dedican casi el 60% de sus noticias a enseñarnos con todo detalle y crueldad imágenes violentas como si tal cosa, noticias que también contienen violencia. Seguro que se dan cuenta, pero eso vende y su única preocupación está en ser las más vistas por los telespectadores y así sucesivamente podríamos ir mencionando tantas y tantas barbaridades que al final se vean como cosa lógica y normal que sucede en este santo planeta llamado Tierra.
Luego no nos quejemos de ver en estos momentos esas pandillas de verdaderos cafres que se dedican a asaltar, pegar y atemorizar solo por el hecho de divertirse o ser más chulos que los otros. A eso le añadimos el aditivo del botellón y la droga, que consiguen como quieren y cuando quieren, y el cóctel que sale ese día, o más bien esa noche, es infernal. Luego no me vengan con gaitas de que se va a poner grandes sanciones por fumar –cosa que no está bien tampoco–. Pero les puedo asegurar que ninguna persona que sólo fuma comete los actos vandálicos de estos grupos de verdaderos energúmenos callejeros. Eso sí, como son menores, con la ley no se puede hacer casi nada, por eso pido que se cambie y así todo lo demás que afecta a esa juventud violenta, en beneficio de una juventud sana para el futuro.
Si todos nos comprometemos seguro que se puede conseguir. Pues manos a la obra. Que cada minuto que pase será tarde, y luego no valdrá el arrepentimiento de lo que se pudo hacer y no se hizo a lo mejor por ser políticamente incorrecto. www.lasprovincias.es
Tribuna JOSÉ RAFAEL MONTER THIBAUT · Violencia escolar: ¿por qué?
Llevamos una temporada en la que sólo estamos leyendo, escuchando y viendo a través de los medios de comunicación, no sin asombro por parte de todos, la violencia en los centros escolares con una serie de estadísticas, encuestas, foros, etc.
Ante todo esto nos tendríamos que preguntar, ¿qué le está sucediendo a nuestra juventud? Para ser más correctos y sinceros: creo que tendríamos que empezar a enfocar el tema con la siguiente pregunta. ¿Cómo estamos formando a nuestra juventud?
Si partimos de esta última pregunta así de cruda, pero real, a lo mejor sin hipocresía ni aspavientos podríamos, entre todos los que tenemos algo que ver con la educación de nuestros jóvenes, tanto padres, como responsables de los centros escolares, así como las autoridades y estamentos pertinentes, llegar a contestarla con la máxima sinceridad y humildad, reconociendo que hemos llegado a una situación tan lamentable, pero que aún estamos a tiempo de encauzarla entre todos para evitar que se nos escape totalmente de las manos. Seguir haciendo encuestas, estadísticas..., quedan muy bonitas en los medios, pero a la corta no dan soluciones reales y solo quejándonos no haremos nada para atajar esta situación.
Para ello lo primero que deberíamos hacer es actuar desde las medidas que tenemos mal enfocadas y rectificarlas, con el fin de resolver lo antes posible esta plaga que tenemos de violencia.
Si ustedes me lo permiten empezaría cambiando totalmente la Ley del Menor –no como se pretende con arreglillos de paños calientes marca ZP para salir del paso– que es una de las mayores tropelías que se han hecho jurídicamente desde hace años, y no lo digo yo que realmente solo soy padre de familia y creo que sé algo de educación escolar. Todos presenciamos los hechos acaecidos desde que entró en vigor. Lo peor de todo esto es que ya nos hemos acostumbrado a leerlos, escucharlos y nos están pareciendo como algo normal en nuestra sociedad. Desde este cambio jurídico ya empezarían los jóvenes a percatarse de que no todo el monte es orégano y que existe una ley que está para cumplirla y no para saltársela a la torera como sucede con la Ley del Menor, que más parece una invitación a que ‘‘hagas lo que te dé la gana’’.
A continuación cambiaría los deberes y derechos de los alumnos porque derechos tienen muchos, pero deberes bien pocos y si a esto le añadimos la lentitud y burocracia que han de padecer los centros a la hora de tener que imponer alguna sanción a los susodichos jóvenes que se dedican al acoso y derribo de los demás, estamos completamente perdidos. Y cómo no, exigiría que los profesionales de la educación en los centros tuvieran ‘‘vocación’’ por la enseñanza y no sólo fueran meros espectadores de la enseñanza como son ahora por desgracia la mayoría.
Sé que haciendo estos cambios a lo mejor de repente no se solucionarían los problemas de la violencia muy rápidamente. Otros pensarán que estoy reclamando la disciplina férrea que existía hace muchos años. Pero no es eso lo que pido, sino que el profesorado tenga la confianza de poder implantar la ‘‘disciplina’’, pero la buena. Para eso necesita volver a tener ese respeto que se les debe empezando por los padres de los alumnos, sin descalificar al profesorado solo porque el jovencito o jovencita de turno esté disgustado por la sanción que se le haya puesto por su comportamiento en el centro escolar.
Ahora les toca a los padres, que se dice son los últimos en enterarse del comportamiento de sus hijos. No estoy de acuerdo en que sean los últimos, más bien diría que a veces no se quieren enterar del comportamiento de sus hijos por comodidad o vaya usted a saber. La realidad es que pocas veces he escuchado a unos padres decir con firmeza que su hijo o hija realmente son así de violentos. Como mucho, lo más socorrido es quejarse de que no pueden con ellos –a veces es verdad–, pero ese argumento no les exime de la responsabilidad de sus actos y sobre todo de corregirlos para evitar las situaciones actuales de violencia.
Dejando de ser hipócritas, los medios de comunicación también deberían pensar a la hora de programar qué es lo que están haciendo. Solo tenemos que ver los informativos de cualquier televisión a la hora que sea, dedican casi el 60% de sus noticias a enseñarnos con todo detalle y crueldad imágenes violentas como si tal cosa, noticias que también contienen violencia. Seguro que se dan cuenta, pero eso vende y su única preocupación está en ser las más vistas por los telespectadores y así sucesivamente podríamos ir mencionando tantas y tantas barbaridades que al final se vean como cosa lógica y normal que sucede en este santo planeta llamado Tierra.
Luego no nos quejemos de ver en estos momentos esas pandillas de verdaderos cafres que se dedican a asaltar, pegar y atemorizar solo por el hecho de divertirse o ser más chulos que los otros. A eso le añadimos el aditivo del botellón y la droga, que consiguen como quieren y cuando quieren, y el cóctel que sale ese día, o más bien esa noche, es infernal. Luego no me vengan con gaitas de que se va a poner grandes sanciones por fumar –cosa que no está bien tampoco–. Pero les puedo asegurar que ninguna persona que sólo fuma comete los actos vandálicos de estos grupos de verdaderos energúmenos callejeros. Eso sí, como son menores, con la ley no se puede hacer casi nada, por eso pido que se cambie y así todo lo demás que afecta a esa juventud violenta, en beneficio de una juventud sana para el futuro.
Si todos nos comprometemos seguro que se puede conseguir. Pues manos a la obra. Que cada minuto que pase será tarde, y luego no valdrá el arrepentimiento de lo que se pudo hacer y no se hizo a lo mejor por ser políticamente incorrecto. www.lasprovincias.es






