TERESA GISBERT - Fiscal coordinadora de Menores. Fiscalía del TSJ de la Comunidad Valenciana 11 Dic Prevenir con la educación
Nuestra sociedad es cada vez más violenta, en el ámbito privado, público y de ocio, y por ello también lo son los modelos de conducta que ofrecemos a los menores, por lo que no debe extrañarnos que algunos jóvenes, a medida que van creciendo, respondan a los patrones aprendidos y sean a su vez más violentos. Una de las manifestaciones más graves de la violencia ejercida por los menores es el acoso escolar, por los devastadores efectos que puede producir en la víctima e indirectamente en el resto de los compañeros que lo presencian y por las carencias personales que evidencia respecto del matón o acosador.
Pero no hay que confundir cualquier discusión, agresión o riña entre menores en un centro de estudios con el acoso escolar, ya que para que éste tenga lugar es necesario que exista un proceso de intimidación, sistemático, creciente y persistente en el tiempo, por parte de uno o varios compañeros frente a otro determinado, con el beneplácito o el silencio cómplice del grupo.
Sin embargo, si se produce el acoso, hay que informar a los menores que deben contárselo a sus padres y éstos poner los hechos en conocimiento del colegio y denunciarlo ante la policía, quien investigará lo ocurrido y dará cuenta a la Sección de Menores de la Fiscalía, que abrirá las diligencias correspondientes, pues las acciones que suelen integrar el acoso escolar son constitutivas de diversos delitos que pueden ser castigados con diversas medidas que varían en función de la gravedad de los hechos concretos que integren el acoso y en función de las diferentes circunstancias personales, sociales y familiares del menor acosador.
Dichas medidas, que pueden adoptarse con carácter cautelar nada más conocerse los hechos o con carácter definitivo después del correspondiente juicio, pueden consistir en un internamiento en un centro, en la obligación de someterse a tratamiento médico ambulatorio, en una libertad vigilada con contenido de diversas reglas de conducta impuestas al menor acosador, entre ellas la prohibición de acercarse o comunicarse con la víctima, lo que puede suponer el cambio de clase del matón, en la obligación de someterse a un programa formativo determinado, en el arresto de fin de semana, o, según los casos, en una mediación entre el acosador y la víctima a través de una conciliación o reparación. Además, los menores que sean víctimas deben saber que existen mecanismos para evitar que cuando denuncien el acoso escolar tengan que enfrentarse personalmente a su acosador en una declaración, un careo o un juicio.
No obstante, lo más importante es prevenir que el acoso escolar siga produciéndose y para ello es necesaria una educación en valores no violentos teniendo en cuenta que la formación de los menores no sólo tiene lugar en el seno de la familia, por lo que todos debemos colaborar, padres, profesores, educadores, autoridades, agentes de la autoridad y medios de comunicación, aunque nuestra mejor aportación será enseñando a los menores, con nuestros propios actos, que es posible una convivencia pacífica y que la violencia nunca soluciona nada. elavnte-emv.com
Nuestra sociedad es cada vez más violenta, en el ámbito privado, público y de ocio, y por ello también lo son los modelos de conducta que ofrecemos a los menores, por lo que no debe extrañarnos que algunos jóvenes, a medida que van creciendo, respondan a los patrones aprendidos y sean a su vez más violentos. Una de las manifestaciones más graves de la violencia ejercida por los menores es el acoso escolar, por los devastadores efectos que puede producir en la víctima e indirectamente en el resto de los compañeros que lo presencian y por las carencias personales que evidencia respecto del matón o acosador.
Pero no hay que confundir cualquier discusión, agresión o riña entre menores en un centro de estudios con el acoso escolar, ya que para que éste tenga lugar es necesario que exista un proceso de intimidación, sistemático, creciente y persistente en el tiempo, por parte de uno o varios compañeros frente a otro determinado, con el beneplácito o el silencio cómplice del grupo.
Sin embargo, si se produce el acoso, hay que informar a los menores que deben contárselo a sus padres y éstos poner los hechos en conocimiento del colegio y denunciarlo ante la policía, quien investigará lo ocurrido y dará cuenta a la Sección de Menores de la Fiscalía, que abrirá las diligencias correspondientes, pues las acciones que suelen integrar el acoso escolar son constitutivas de diversos delitos que pueden ser castigados con diversas medidas que varían en función de la gravedad de los hechos concretos que integren el acoso y en función de las diferentes circunstancias personales, sociales y familiares del menor acosador.
Dichas medidas, que pueden adoptarse con carácter cautelar nada más conocerse los hechos o con carácter definitivo después del correspondiente juicio, pueden consistir en un internamiento en un centro, en la obligación de someterse a tratamiento médico ambulatorio, en una libertad vigilada con contenido de diversas reglas de conducta impuestas al menor acosador, entre ellas la prohibición de acercarse o comunicarse con la víctima, lo que puede suponer el cambio de clase del matón, en la obligación de someterse a un programa formativo determinado, en el arresto de fin de semana, o, según los casos, en una mediación entre el acosador y la víctima a través de una conciliación o reparación. Además, los menores que sean víctimas deben saber que existen mecanismos para evitar que cuando denuncien el acoso escolar tengan que enfrentarse personalmente a su acosador en una declaración, un careo o un juicio.
No obstante, lo más importante es prevenir que el acoso escolar siga produciéndose y para ello es necesaria una educación en valores no violentos teniendo en cuenta que la formación de los menores no sólo tiene lugar en el seno de la familia, por lo que todos debemos colaborar, padres, profesores, educadores, autoridades, agentes de la autoridad y medios de comunicación, aunque nuestra mejor aportación será enseñando a los menores, con nuestros propios actos, que es posible una convivencia pacífica y que la violencia nunca soluciona nada. elavnte-emv.com






