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martes, 17 de enero de 2006
SOBRESEIMIENTO ·Argumenta que la víctima debía haber cambiado de centro La madre de la joven agredida afirma que no citó a los testigos ni leyó las declaraciones
Vitoria 17 Ene. La Audiencia Provincial de Álava ha archivado una causa emprendida por la familia de una alumna contra el colegio Sagrado Corazón de Vitoria por un caso de acoso escolar. Según declaró la madre de la víctima de dicho acoso, los insultos y las agresiones dieron comienzo en 1999 y se prolongaron hasta que la joven acabó sus estudios en el citado centro, 6 años más tarde. Para justificar el sobreseimiento del proceso, la jueza encargada del caso argumentó, según indicó la madre de la agredida, que la joven debía haber abandonado el colegio y no haber soportado las vejaciones durante tanto tiempo.

D.O. tiene en la actualidad 18 años y cursa sus estudios superiores fuera de Vitoria. Según María, su madre, la vida de esta adolescente se convirtió en "un auténtico infierno" entre 1999 y 2005, tiempo en el que cursó sus estudios de ESO en el centro Sagrado Corazón de Vitoria. A pesar de las palizas y de las continuas vejaciones sufridas a lo largo de estos 6 años, D.O. se ha mantenido firme en su postura. "No estaba dispuesta a dejar el colegio porque le pegaban y perseguían dentro y fuera de él, así que era consciente de que iba a dar lo mismo. Además, siempre me decía que ella no había hecho nada, que quienes tenían que salir del centro eran quienes le acosaban", explicó María.

La familia de la joven ha recurrido la decisión judicial y muestra su descontento con el proceder de la encargada de la causa. "Creemos que la jueza no ha leído la declaración de mi hija, porque sería inconcebible archivar una causa después de tener conocimiento de unos hechos de este tipo. Tampoco ha escuchado el relato de los cuatro testigos que aportábamos", indicó la madre.

El fin de la tranquila vida de D.O. llegó cuando finalizaba el primer curso de la ESO. Todo comenzó con pequeñas roturas del material escolar, hechos que D.O. consideró en su día actos aislados de escasa importancia.

En el siguiente curso, las agresiones fueron creciendo, tanto en regularidad como en relevancia. Según la declaración de la joven, una de sus compañeras que mantenía mala relación con ella empezó a insultarla y a animar al resto de los alumnos a hacer lo mismo. La crueldad de las vejaciones creció hasta límites insospechados, de manera que cada día que asistía a clase D.O. era objeto de humillaciones públicas ante el resto de los escolares y, directamente, de agresiones físicas dentro y fuera de las aulas.

Aunque la joven, que entonces tenía 12 años, pensaba que sus agresores acabarían por aburrirse y olvidarse del asunto, no fue así. Incapaz de soportar esta situación, tras varios meses de ataques continuos, acabó por contar todo lo sucedido a su familia.

"Cuando mi hija me explicó lo que estaba pasando fui a hablar con su tutora, quien me aseguró que se encargaría de solucionarlo, pero no fue así. Se dedicó a dar un par de toques leves de atención a tres o cuatro alumnos y dio por zanjado el tema", manifestó María.

La gravedad del acoso siguió creciendo a medida que pasaba el tiempo e incluso los padres de la joven pudieron comprobar de primera mano la presión a la que diariamente era sometida la joven. "En varias ocasiones que íbamos por la calle paseando con nuestra hija nos cruzamos con grupos de chicos que escupían a nuestro paso y que la insultaban a la cara. No nos lo podíamos creer, pero tampoco podíamos hacer nada porque se trataba de menores", recordó la madre de D.O.

Ante esta situación, María optó por hablar con la madre de la alumna que había iniciado la escalada de agresiones, aunque el resultado obtenido no fue el esperado. "Me dijo que mi hija sobresalía demasiado en todo y que fastidiaba al resto, así que entendía que su hija le guardara rencor", agregó. Posteriormente expuso el caso ante la directora del colegio, quien le respondió que "a fuerza de tortas aprendería a madurar".

Cuando D.O. fue acosada por una alumna perteneciente a un curso superior también recurrió a una de las responsables del centro, en este caso a la subdirectora. Según aseguró su madre, la respuesta que ésta le dio fue "que era imposible que una alumna mayor se fijara en ella".

Los dos últimos años escolares de D.O. en el colegio Sagrado Corazón estuvieron marcados por otro cambio. La directora convenció a su madre de la necesidad de que ésta entrara en el centro por una puerta secundaria, separada del resto de los alumnos. "Yo no quería, acepté a regañadientes, pero me convencieron de que era la mejor solución. Me dijeron que era imposible controlar lo que los chavales llevaban bajo los abrigos y que algún día podían atacarle con un arma. Luego han negado públicamente que me dijeran esto, pero es cierto", afirmó María.

A pesar del anuncio de sobreseimiento, la familia de D.O. ha recurrido la resolución de la jueza y confía plenamente en que la Audiencia Provincial de Vitoria retome el caso. www.noticiasdealava.com
colegioEntrada del centro donde cursaba sus estudios la víctima de acoso escolar.



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