TERTULIA · Jorge Fernández del Valle, José Luis Magro y Óscar Rodríguez Buznego A menos valores, más violencia juvenil Expertos afirman que la televisión influye porque enseña estrategias agresivas, aunque advierten de que lo que cuenta es la gestión de esos aprendizajes
De izquierda a derecha, Jorge Fernández del Valle, José Luis Magro y Óscar Rodríguez Buznego, durante la tertulia.
Oviedo 20 Ene
ÓSCAR RODRÍGUEZ BUZNEGO: El telediario decía el otro día que habían detenido a dos chavales en Barcelona que iban por la calle con el móvil, cogían a cualquiera que pasase a su lado y lo golpeaban para filmarlo. Sin más. Se trata de ver después las imágenes de la agresión y divertirse.
JORGE FERNÁDEZ DEL VALLE: Es una modalidad nueva dentro de la violencia.
O.R.B.: La Policía está asustada, considera que es ya algo normal. Golpes a la gente que pasa de forma totalmente gratuita, sólo para recrearse.
J.F.V.: Es un fenómeno más novedoso que el asalto de un autobús en Gijón. Es una novedad eso de grabar escenas violentas para después visionarlas. Es la violencia como regocijo llevada a un verdadero límite.
JOSÉ LUIS MAGRO: Y socializada. Llevo años de profesor del nocturno y para esta tertulia hice una pequeña encuesta entre mis alumnos, totalmente anónima. Chicos relativamente mayores ya. A la pregunta de si conocen agresiones en el instituto el 53 por ciento contesta que «sí». Algunos las cuentan. Una chica cuenta cómo la presionaron a la altura de la barriga con una mesa. Otra, que la quisieron quemar en clase, con todo a oscuras. Otra habla de que a pellizcos le dejaron las piernas llenas de moratones. Creo que está claro que hay acoso. Los sitios de ese acoso son el patio de recreo y la salida del instituto. El 85 por ciento dice que con frecuencia hay matones. Como añaden en un comentario: «Siempre hay uno más fuerte a los que sus compañeros vitorean y jalean». Vamos, que el contexto social es clave. En cuanto a las medidas para evitar todo esto, proponen más vigilancia, hablan del papel de los padres y de medidas disciplinarias severas, como la expulsión o trabajos sociales. La violencia crece, dicen, por «la educación que se recibe o no se recibe en casa». Por la permisividad. Por los videojuegos. Por el pasotismo de la mayoría y la chulería de unos pocos.
J.F.V.: Describen el «bullying», el acoso escolar, el matonismo. Quizá es algo que viene de lejos y ahora lo que ocurre es que no existen verdaderos mecanismos de vigilancia. Hicimos entrevistas a chavales en centros de menores y vimos que les molestaba especialmente la relajación de las normas. Les molestaba que otro les pudiese pegar o robar y que no sucediese nada. Los abusos no se están sabiendo abordar. Y esa circunstancia la aprovechan los matones con sus grupos de apoyo.
J.L.M.: El instinto de supervivencia, que está en la base de la agresividad, debe ser regulado por la razón, por las normas y también por la virtud. No se nace con la virtud, por eso hay que practicarla. El acoso del que estamos hablando está en relación con la pérdida de la educación clásica, la educación del entendimiento y de la voluntad.
J.F.V.: En la Facultad hemos notado la diferencia de las barreras de entrada. De la formación. La diferencia de entrar con una nota de 5,5 o entrar con 6,8. Apreciamos una gran diferencia. Se nota en cuanto a la capacidad de esfuerzo o la asistencia a clase. De todos modos, en relación a la madurez se aprecia que a muchos les cuesta hacer determinadas reflexiones.
O.R.B.: Es cierto que se han levantado ciertas restricciones morales. Cuesta discernir qué está bien y qué está mal. Y eso ayuda a la extensión de la violencia. Pero ésa no es la causa. Hay que preguntarse: ¿cuál es la causa de la violencia? Es anterior a todo esto, creo.
J.L.M.: ¿Dónde pones la causa?
O.R.B.: Ésa es una pregunta peliaguda. Creo que relacionar violencia y sistema educativo es crucial. ¿Hay más que hace doscientos años? Si es así, los sistemas educativos han fracasado. Están para socializar a los individuos de manera que, si el resultado es otro, no han cumplido su función. Los chavales, lo acabamos de ver, dicen que el problema viene de la familia y de la pandilla. Quizá, pero habrá que ver qué ocurre en el instituto. Creo que la violencia hoy es, tras la miseria, el mayor problema del mundo. Y ahí meto todas las violencias. No sé qué dirán los historiadores, si cambió en los últimos siglos. Quizá es que ahora nos escandaliza más. Es más indignante ahora que un hombre pegue a su mujer. Opino como Sartori, que la violencia es muy televisiva. Nos fascina. Es un vértigo que nos atrae. Es tan inmediato ver cómo un señor va por la calle y pega un tiro a otro que influye socialmente.
J.F.V.: Ocurrió el otro día en Sevilla. Atropellaron apenas a una niña y asesinaron inmediatamente a tiros al conductor. Está en la vida real la violencia.
O.R.B.: Y no se sabe cómo gestionarla.
J.L.M.: Hay un gran fracaso en los sistemas educativos. En Grecia, Roma y el Renacimiento, el arte de enseñar y de vivir en sociedad estaban relacionados. Algo fundamental. Pero ahora la educación llega en buena medida a través de instancias no regladas, como la televisión. Cuando pregunto a los chicos quién les influye más, me dicen, por orden, que los compañeros, la televisión, los padres y los profesores. Eso indica que el sistema educativo fracasa. El sistema educativo ha borrado el esfuerzo. Por otra parte, para socializar a una persona hace falta la norma. Napoleón dijo que sus claves estaban en el jefe de la Policía Fouché y el arzobispo de París. Que eran sus grandes aliados. Ahora es muy difícil, es muy difícil que haya fundamentos, y ocurre esa agresión del autobús en Gijón y otras muchas cosas más por el estilo.
J.F.V.: La influencia de la televisión se discute desde los años 60. Se discute si efectivamente, como algunos suponen, enseña patrones de agresión. La televisión muestra muchas cosas y una persona que esté atenta puede aprender casi el manejo de explosivos siguiendo películas o reportajes de televisión. Lo que cuenta de todos modos es si se inculca o no se inculca socialmente ese arsenal de conocimientos. Si se rebaja el control en la familia, en la escuela o en la discoteca vamos a tener problemas. Antes, los chicos que iban a un centro de atención habían visto agresiones realizadas por su padre. Ahora, ven la violencia en televisión o en los videojuegos. En los centros de Protección de Menores antes estaban los niños maltratados, ahora llegan niños maltratadores. Los padres son agredidos, es un fenómeno tan negativo como novedoso. Antes, con siete cuidadores era suficiente en uno de esos centros. Ahora hacen falta muchos más. Se parecen a centros de cumplimiento de penas. Los chavales aprenden la violencia. La sociedad debe enseñar qué es una virtud. Ahora en un centro llega uno de esos chavales violentos y se come vivo a un educador tradicional. Pero si se encuentra con cinco educadores como armarios se pone firme y no la arma.
O.R.B.: Vamos a una sociedad escindida, esquizoide. Se fomenta la violencia y después se fomenta el control de la violencia. Fracasa el sistema educativo, decimos, pero ¿y el control moral de los adultos? Creo que el fracaso es más profundo, es casi de civilización. Es la crisis de la idea de progreso. Ahora disponemos de infinidad de recursos, las sociedades actuales disponen de infinidad de recursos y, sin embargo, ahí están estos graves problemas. Por otra parte, cada vez menos gente se preocupa de lo común a todos, de lo que es de interés general. Se sueltan los demonios y después nadie se preocupa de contenerlos.
J.F.V.: Desde los años sesenta hay una pérdida del sentido de comunidad, especialmente en los espacios urbanos, en las ciudades. No ocurre lo mismo en los pueblos.
O.R.B.: Pero esas manifestaciones graves de incivismo ¿de qué son síntomas?, ¿qué indican realmente?
J.F.V.: Las cosas están de tal manera que un Ayuntamiento tiene que proponer normas sobre cosas elementales que deberían saberse y ser de común aceptación. Efectivamente, hay mucha esquizofrenia. Los jóvenes persiguen cosas, relacionadas fundamentalmente con el alto consumo, que después no pueden lograr.
J.L.M.: El hombre actual no es más libre, pues aunque tenga más no sabe cómo manejarlo. A las multinacionales les interesa que consumamos cuanto más mejor. Por eso soy pesimista.
O.R.B.: Entonces, ¿la libertad en las sociedades modernas que se remonta a doscientos años no es auténtica? Si admitimos eso, nos quedamos sin fuerza para reaccionar. A mi juicio, la globalización trastoca todo y de forma tan rápida que se produce un desquiciamiento. Cambian muchas cosas y en muy poco tiempo. Y la violencia llega quizá por la falta de adaptación a las nuevas circunstancias. El consumo nos empuja a patadas a los centros comerciales. Y el consumismo provoca frustración. Y la frustración, violencia.
J.L.M.: Ya Epicuro dijo que la riqueza no consiste en aumentar lo que se tiene, sino en disminuir los deseos. La armonía está en ordenar los deseos. Destrozar un autobús no tiene sentido, pero satisface y por eso se hace. Los valores de la filosofía griega y del pensamiento cristiano se han desmantelado y sencillamente se han sustituido por el consumo.
O.R.B.: O por «Gran hermano».
J.F.V.: O por «Operación triunfo», un programa del que se deduce que con prepararse tres meses intensivamente basta para triunfar.
www.lne.es
* La tertulia se celebró en Oviedo, en el hotel Fruela
De izquierda a derecha, Jorge Fernández del Valle, José Luis Magro y Óscar Rodríguez Buznego, durante la tertulia.
Oviedo 20 Ene
ÓSCAR RODRÍGUEZ BUZNEGO: El telediario decía el otro día que habían detenido a dos chavales en Barcelona que iban por la calle con el móvil, cogían a cualquiera que pasase a su lado y lo golpeaban para filmarlo. Sin más. Se trata de ver después las imágenes de la agresión y divertirse.
JORGE FERNÁDEZ DEL VALLE: Es una modalidad nueva dentro de la violencia.
O.R.B.: La Policía está asustada, considera que es ya algo normal. Golpes a la gente que pasa de forma totalmente gratuita, sólo para recrearse.
J.F.V.: Es un fenómeno más novedoso que el asalto de un autobús en Gijón. Es una novedad eso de grabar escenas violentas para después visionarlas. Es la violencia como regocijo llevada a un verdadero límite.
JOSÉ LUIS MAGRO: Y socializada. Llevo años de profesor del nocturno y para esta tertulia hice una pequeña encuesta entre mis alumnos, totalmente anónima. Chicos relativamente mayores ya. A la pregunta de si conocen agresiones en el instituto el 53 por ciento contesta que «sí». Algunos las cuentan. Una chica cuenta cómo la presionaron a la altura de la barriga con una mesa. Otra, que la quisieron quemar en clase, con todo a oscuras. Otra habla de que a pellizcos le dejaron las piernas llenas de moratones. Creo que está claro que hay acoso. Los sitios de ese acoso son el patio de recreo y la salida del instituto. El 85 por ciento dice que con frecuencia hay matones. Como añaden en un comentario: «Siempre hay uno más fuerte a los que sus compañeros vitorean y jalean». Vamos, que el contexto social es clave. En cuanto a las medidas para evitar todo esto, proponen más vigilancia, hablan del papel de los padres y de medidas disciplinarias severas, como la expulsión o trabajos sociales. La violencia crece, dicen, por «la educación que se recibe o no se recibe en casa». Por la permisividad. Por los videojuegos. Por el pasotismo de la mayoría y la chulería de unos pocos.
J.F.V.: Describen el «bullying», el acoso escolar, el matonismo. Quizá es algo que viene de lejos y ahora lo que ocurre es que no existen verdaderos mecanismos de vigilancia. Hicimos entrevistas a chavales en centros de menores y vimos que les molestaba especialmente la relajación de las normas. Les molestaba que otro les pudiese pegar o robar y que no sucediese nada. Los abusos no se están sabiendo abordar. Y esa circunstancia la aprovechan los matones con sus grupos de apoyo.
J.L.M.: El instinto de supervivencia, que está en la base de la agresividad, debe ser regulado por la razón, por las normas y también por la virtud. No se nace con la virtud, por eso hay que practicarla. El acoso del que estamos hablando está en relación con la pérdida de la educación clásica, la educación del entendimiento y de la voluntad.
J.F.V.: En la Facultad hemos notado la diferencia de las barreras de entrada. De la formación. La diferencia de entrar con una nota de 5,5 o entrar con 6,8. Apreciamos una gran diferencia. Se nota en cuanto a la capacidad de esfuerzo o la asistencia a clase. De todos modos, en relación a la madurez se aprecia que a muchos les cuesta hacer determinadas reflexiones.
O.R.B.: Es cierto que se han levantado ciertas restricciones morales. Cuesta discernir qué está bien y qué está mal. Y eso ayuda a la extensión de la violencia. Pero ésa no es la causa. Hay que preguntarse: ¿cuál es la causa de la violencia? Es anterior a todo esto, creo.
J.L.M.: ¿Dónde pones la causa?
O.R.B.: Ésa es una pregunta peliaguda. Creo que relacionar violencia y sistema educativo es crucial. ¿Hay más que hace doscientos años? Si es así, los sistemas educativos han fracasado. Están para socializar a los individuos de manera que, si el resultado es otro, no han cumplido su función. Los chavales, lo acabamos de ver, dicen que el problema viene de la familia y de la pandilla. Quizá, pero habrá que ver qué ocurre en el instituto. Creo que la violencia hoy es, tras la miseria, el mayor problema del mundo. Y ahí meto todas las violencias. No sé qué dirán los historiadores, si cambió en los últimos siglos. Quizá es que ahora nos escandaliza más. Es más indignante ahora que un hombre pegue a su mujer. Opino como Sartori, que la violencia es muy televisiva. Nos fascina. Es un vértigo que nos atrae. Es tan inmediato ver cómo un señor va por la calle y pega un tiro a otro que influye socialmente.
J.F.V.: Ocurrió el otro día en Sevilla. Atropellaron apenas a una niña y asesinaron inmediatamente a tiros al conductor. Está en la vida real la violencia.
O.R.B.: Y no se sabe cómo gestionarla.
J.L.M.: Hay un gran fracaso en los sistemas educativos. En Grecia, Roma y el Renacimiento, el arte de enseñar y de vivir en sociedad estaban relacionados. Algo fundamental. Pero ahora la educación llega en buena medida a través de instancias no regladas, como la televisión. Cuando pregunto a los chicos quién les influye más, me dicen, por orden, que los compañeros, la televisión, los padres y los profesores. Eso indica que el sistema educativo fracasa. El sistema educativo ha borrado el esfuerzo. Por otra parte, para socializar a una persona hace falta la norma. Napoleón dijo que sus claves estaban en el jefe de la Policía Fouché y el arzobispo de París. Que eran sus grandes aliados. Ahora es muy difícil, es muy difícil que haya fundamentos, y ocurre esa agresión del autobús en Gijón y otras muchas cosas más por el estilo.
J.F.V.: La influencia de la televisión se discute desde los años 60. Se discute si efectivamente, como algunos suponen, enseña patrones de agresión. La televisión muestra muchas cosas y una persona que esté atenta puede aprender casi el manejo de explosivos siguiendo películas o reportajes de televisión. Lo que cuenta de todos modos es si se inculca o no se inculca socialmente ese arsenal de conocimientos. Si se rebaja el control en la familia, en la escuela o en la discoteca vamos a tener problemas. Antes, los chicos que iban a un centro de atención habían visto agresiones realizadas por su padre. Ahora, ven la violencia en televisión o en los videojuegos. En los centros de Protección de Menores antes estaban los niños maltratados, ahora llegan niños maltratadores. Los padres son agredidos, es un fenómeno tan negativo como novedoso. Antes, con siete cuidadores era suficiente en uno de esos centros. Ahora hacen falta muchos más. Se parecen a centros de cumplimiento de penas. Los chavales aprenden la violencia. La sociedad debe enseñar qué es una virtud. Ahora en un centro llega uno de esos chavales violentos y se come vivo a un educador tradicional. Pero si se encuentra con cinco educadores como armarios se pone firme y no la arma.
O.R.B.: Vamos a una sociedad escindida, esquizoide. Se fomenta la violencia y después se fomenta el control de la violencia. Fracasa el sistema educativo, decimos, pero ¿y el control moral de los adultos? Creo que el fracaso es más profundo, es casi de civilización. Es la crisis de la idea de progreso. Ahora disponemos de infinidad de recursos, las sociedades actuales disponen de infinidad de recursos y, sin embargo, ahí están estos graves problemas. Por otra parte, cada vez menos gente se preocupa de lo común a todos, de lo que es de interés general. Se sueltan los demonios y después nadie se preocupa de contenerlos.
J.F.V.: Desde los años sesenta hay una pérdida del sentido de comunidad, especialmente en los espacios urbanos, en las ciudades. No ocurre lo mismo en los pueblos.
O.R.B.: Pero esas manifestaciones graves de incivismo ¿de qué son síntomas?, ¿qué indican realmente?
J.F.V.: Las cosas están de tal manera que un Ayuntamiento tiene que proponer normas sobre cosas elementales que deberían saberse y ser de común aceptación. Efectivamente, hay mucha esquizofrenia. Los jóvenes persiguen cosas, relacionadas fundamentalmente con el alto consumo, que después no pueden lograr.
J.L.M.: El hombre actual no es más libre, pues aunque tenga más no sabe cómo manejarlo. A las multinacionales les interesa que consumamos cuanto más mejor. Por eso soy pesimista.
O.R.B.: Entonces, ¿la libertad en las sociedades modernas que se remonta a doscientos años no es auténtica? Si admitimos eso, nos quedamos sin fuerza para reaccionar. A mi juicio, la globalización trastoca todo y de forma tan rápida que se produce un desquiciamiento. Cambian muchas cosas y en muy poco tiempo. Y la violencia llega quizá por la falta de adaptación a las nuevas circunstancias. El consumo nos empuja a patadas a los centros comerciales. Y el consumismo provoca frustración. Y la frustración, violencia.
J.L.M.: Ya Epicuro dijo que la riqueza no consiste en aumentar lo que se tiene, sino en disminuir los deseos. La armonía está en ordenar los deseos. Destrozar un autobús no tiene sentido, pero satisface y por eso se hace. Los valores de la filosofía griega y del pensamiento cristiano se han desmantelado y sencillamente se han sustituido por el consumo.
O.R.B.: O por «Gran hermano».
J.F.V.: O por «Operación triunfo», un programa del que se deduce que con prepararse tres meses intensivamente basta para triunfar.
www.lne.es
* La tertulia se celebró en Oviedo, en el hotel Fruela







