EL 10% DE LOS NIÑOS DE ENTRE 8 Y 18 AÑOS SUFRE 'BULLYING' EN LAS ISLAS Silencio inhibidor - Miedo Este el principal motivo por el que lo "último" que hace un niño que sufre acoso escolar es contar lo que le está sucediendo. Por ello, los expertos resaltan la importancia de que compañeros, profesores y familia de las víctimas actúen frente a la violencia física y psíquica en los centros educativos –bullying-. No en vano, la pasividad de los testigos es algo demasiado habitual en los casos de acoso escolar: el 85% de los espectadores de este tipo de situaciones no hace nada, contribuyendo a reforzar la conducta violenta del acosador.
Las Palmas de Gran Canaria 25 Ene El especialista y doctor en psiquiatría del niño y adolescente Isidoro Sánchez destaca la necesidad de que los centros educativos del Archipiélago empiecen a actuar para atajar y, sobre todo, prevenir la intimidación y el acoso entre alumnos, que en Canarias afecta aproximadamente al 10% de los alumnos de entre 8 y 18 años. En este sentido, su compañera en el Gabinete AESAM, la psicóloga Isabel Santana, aboga por “diagnosticar y evaluar” la realidad del centro y, a partir de ahí, diseñar un programa anti-bullying.
Una herramienta ésta basada en la implicación de todos los miembros de la comunidad educativa (profesores, orientadores educativos, alumnos, padres y madres) para prevenir la violencia en las aulas y, en caso necesario, saber qué hacer cuando se produce una situación de acoso.
Entre otras cosas, un buen programa anti-bullying incluye una verdadera disciplina respecto a las normas del centro escolar, es decir, "no basta con que existan reglas, hay que dárselas a conocer a los alumnos y hacerlas cumplir", apunta Isabel Santana, quien destaca que los niños y adolescentes suelen enterarse de la existencia de una determinada norma cuando se les castiga por haberla quebrantado.
También es recomendable llevar a cabo "asambleas" dentro de las aulas, donde los alumnos encuentren un espacio de debate, opinión y participación sobre todo aquello que les preocupa. Un espacio que debe hacerse extensible a los padres, con los que los responsables del centro deben realizar reuniones periódicas.
Los expertos destacan la relevancia del papel de los profesores, quienes "siempre" deben estar "muy atentos" a los alumnos con factores de riesgo tanto para ser víctima de acoso como para desarrollar una conducta agresiva.
De hecho, según explican Isidoro Sánchez e Isabel Santana, la mayoría de los docentes no suelen dar importancia a las primeras señales que delantan la existencia de bullying, fundamentalmente porque carecen de la formación básica para discernir entre un verdadero acoso y una agresión puntual -como por ejemplo, una novatada-. "Hoy día los profesores, que tienen a su cargo muchos alumnos y responsabilidades, se enfrentan a una situación ante la que no saben qué hacer", puntualizan.
Isidoro Sánchez e Isabel Santana, que este jueves ofrecerán una conferencia en el Colegio Dominicas bajo el título de El acoso infantil, explican que en los colegios de Europa donde se ha puesto en marcha un programa de prevención e intervención de bullying se ha logrado reducir el número de casos hasta en un 40%.
Aún así, pese a reconocer que la clave está en la prevención, estos dos expertos apoyan el endurecimiento de las medidas contra el acoso escolar previsto en la reforma de la Ley Orgánica de Educación (LOE), sobre todo porque suponen un apoyo legal para las víctimas y un instrumento para reeducar al acosador. "Normalmente son las víctimas las que tienen que abandonar el colegio" huyendo del acosador, apunta la psicóloga, quien ve con buenos ojos que la Ley además de proteger a estas víctimas, también imponga medidas correctoras para hacer entender al violento que su conducta genera un rechazo y, de ninguna manera, puede quedar impune.
Un futuro no tan incierto
El adulto que ha sufrido acoso durante la infancia suele tener tendencia a la depresión, padecer estrés postraumático, ansiedad y aislamiento social, entre otras patologías nerviosas. Además, habitualmente la víctima del acoso escolar tiene todas las papeletas para ser una futura víctima de mobbing (acoso laboral).
No obstante, también puede "pasarse al bando contrario" y convertirse de mayor en un verdadero acosador, después de haber aprendido que la violencia crea líderes sociales y logra evitar el rechazo.
Por contra, está demostrado que aquella persona que en su etapa escolar tiene un comportamiento violento, de mayor presenta inestabilidad laboral, suele maltratar a su pareja, delinquir, resolver los conflictos con violencia y tener adicciones.
Perfil más que definido
Aunque cada vez hay más chicas, el menor acosador suele ser un niño que no se identifica con la escuela y que mantiene un comportamiento conflictivo. Puede tener o no problemas familiares, pero siempre presentan carencias emocionales y de educación en valores.
No se responsabiliza de sus actos, tampoco tiene sentimiento de culpabilidad, ni la más mínima empatía con su víctima.
Por su parte, el menor que sufre el acoso -"cualquier niño o niña", puntualiza Isidoro Sánchez- habitualmente es tímido, emocionalmente débil (no sabe decir 'no'), dependiente, a veces también hiperactivo, con pocas habilidades sociales y, por tanto, con dificultades a la hora de integrarse. Pese a esto, suele estar bastante implicado con la actividad escolar ("le suelen catalogar de empollón, chivato y pelota. canariasahora.com
Las Palmas de Gran Canaria 25 Ene El especialista y doctor en psiquiatría del niño y adolescente Isidoro Sánchez destaca la necesidad de que los centros educativos del Archipiélago empiecen a actuar para atajar y, sobre todo, prevenir la intimidación y el acoso entre alumnos, que en Canarias afecta aproximadamente al 10% de los alumnos de entre 8 y 18 años. En este sentido, su compañera en el Gabinete AESAM, la psicóloga Isabel Santana, aboga por “diagnosticar y evaluar” la realidad del centro y, a partir de ahí, diseñar un programa anti-bullying.
Una herramienta ésta basada en la implicación de todos los miembros de la comunidad educativa (profesores, orientadores educativos, alumnos, padres y madres) para prevenir la violencia en las aulas y, en caso necesario, saber qué hacer cuando se produce una situación de acoso.
Entre otras cosas, un buen programa anti-bullying incluye una verdadera disciplina respecto a las normas del centro escolar, es decir, "no basta con que existan reglas, hay que dárselas a conocer a los alumnos y hacerlas cumplir", apunta Isabel Santana, quien destaca que los niños y adolescentes suelen enterarse de la existencia de una determinada norma cuando se les castiga por haberla quebrantado.
También es recomendable llevar a cabo "asambleas" dentro de las aulas, donde los alumnos encuentren un espacio de debate, opinión y participación sobre todo aquello que les preocupa. Un espacio que debe hacerse extensible a los padres, con los que los responsables del centro deben realizar reuniones periódicas.
Los expertos destacan la relevancia del papel de los profesores, quienes "siempre" deben estar "muy atentos" a los alumnos con factores de riesgo tanto para ser víctima de acoso como para desarrollar una conducta agresiva.
De hecho, según explican Isidoro Sánchez e Isabel Santana, la mayoría de los docentes no suelen dar importancia a las primeras señales que delantan la existencia de bullying, fundamentalmente porque carecen de la formación básica para discernir entre un verdadero acoso y una agresión puntual -como por ejemplo, una novatada-. "Hoy día los profesores, que tienen a su cargo muchos alumnos y responsabilidades, se enfrentan a una situación ante la que no saben qué hacer", puntualizan.
Isidoro Sánchez e Isabel Santana, que este jueves ofrecerán una conferencia en el Colegio Dominicas bajo el título de El acoso infantil, explican que en los colegios de Europa donde se ha puesto en marcha un programa de prevención e intervención de bullying se ha logrado reducir el número de casos hasta en un 40%.
Aún así, pese a reconocer que la clave está en la prevención, estos dos expertos apoyan el endurecimiento de las medidas contra el acoso escolar previsto en la reforma de la Ley Orgánica de Educación (LOE), sobre todo porque suponen un apoyo legal para las víctimas y un instrumento para reeducar al acosador. "Normalmente son las víctimas las que tienen que abandonar el colegio" huyendo del acosador, apunta la psicóloga, quien ve con buenos ojos que la Ley además de proteger a estas víctimas, también imponga medidas correctoras para hacer entender al violento que su conducta genera un rechazo y, de ninguna manera, puede quedar impune.
Un futuro no tan incierto
El adulto que ha sufrido acoso durante la infancia suele tener tendencia a la depresión, padecer estrés postraumático, ansiedad y aislamiento social, entre otras patologías nerviosas. Además, habitualmente la víctima del acoso escolar tiene todas las papeletas para ser una futura víctima de mobbing (acoso laboral).
No obstante, también puede "pasarse al bando contrario" y convertirse de mayor en un verdadero acosador, después de haber aprendido que la violencia crea líderes sociales y logra evitar el rechazo.
Por contra, está demostrado que aquella persona que en su etapa escolar tiene un comportamiento violento, de mayor presenta inestabilidad laboral, suele maltratar a su pareja, delinquir, resolver los conflictos con violencia y tener adicciones.
Perfil más que definido
Aunque cada vez hay más chicas, el menor acosador suele ser un niño que no se identifica con la escuela y que mantiene un comportamiento conflictivo. Puede tener o no problemas familiares, pero siempre presentan carencias emocionales y de educación en valores.
No se responsabiliza de sus actos, tampoco tiene sentimiento de culpabilidad, ni la más mínima empatía con su víctima.
Por su parte, el menor que sufre el acoso -"cualquier niño o niña", puntualiza Isidoro Sánchez- habitualmente es tímido, emocionalmente débil (no sabe decir 'no'), dependiente, a veces también hiperactivo, con pocas habilidades sociales y, por tanto, con dificultades a la hora de integrarse. Pese a esto, suele estar bastante implicado con la actividad escolar ("le suelen catalogar de empollón, chivato y pelota. canariasahora.com






