TRES CARTAS AL DIRECTOR 26 Ene·
LUIS AZCÁRATE IRIARTE Así no se construye la convivencia escolar
El drama que está viviendo el colegio Mendialdea de Berriozar, y que hemos conocido a través de las informaciones de Diario de Navarra, comenzó el día aciago en que el padre de una alumna irrumpió en el recinto escolar y, delante de todos, sin mediar razón conocida, abofeteó a un profesor.
Poco después, la hija del agresor dejó de asistir a clase. El profesor agredido, tras dos meses de baja, se reincorporó a las aulas en el mes de diciembre. Entre tanto hubo algunas manifestaciones de protesta y el Sr. consejero de Educación, en visita al colegio, prometió que su departamento haría todo lo posible por solucionar la situación.
Pero después de las navidades la tensión se ha reavivado. Inopinadamente, hace sólo unos días, la chiquilla volvió a presentarse en clase con el mismo desparpajo con que había desaparecido tres meses atrás. Profesores y alumnos, el consejo escolar del centro, personal de Educación y de Servicios Sociales le han pedido al causante del problema que cambie a su hija de colegio: un traslado de centro para empezar otra vez de cero. Se trata de una medida sencilla y eficaz, dictada por el sentido común educativo, por más que alguno de nuestros jerarcas, desde su lejano observatorio, la haya considerado una extravagancia.
Pero el padre, que fue primero agresor y después responsable de la práctica desescolarización de su hija, se niega en redondo a la solución propuesta. Y ante el asombro de propios y extraños, el jefe del Servicio de Inspección y el presidente del Consejo Escolar de Navarra le dan sin ningún tipo de reservas la razón.
Así no se construye la convivencia escolar. Los derechos individuales de los padres de alumnos deben respetarse, por supuesto. Pero parece justo y necesario reclamar que se vean contrapesados por las correspondientes obligaciones y, sobre todo, que se armonicen con los derechos, igualmente exigibles, de todos y cada uno de los integrantes de la comunidad escolar.
¿Es que el profesor agredido no tiene derecho a que se respete su integridad personal y se restaure su dignidad profesional? ¿Cómo podrá desempeñar debidamente sus funciones ante la amenaza, latente pero real, de un nuevo acto de violencia? Su traslado a otro destino mediante una comisión de servicios es una posible salida personal, pero en el fondo no haría más que añadir a la agresión física el escarnio de la derrota moral.
¿Y qué diremos de los escolares compañeros de la niña? ¿No tienen también derecho a una escolarización ordenada, tranquila y sin sobresaltos? (...)
Pero también el centro docente tiene sus derechos. La escuela necesita un clima de respeto y sosiego para desarrollar su misión educativa. (...) Los hechos y las reacciones actuales, lejos de reparar el daño, hacen la herida más honda y dolorosa. Y el objetivo de convivencia, inalcanzable.(...)
M.ª Asun Iriberri Pascual Profesor agredido
¿Cuál fue el pecado o el error del profesor Leyún Izco? Fue decirle a una alumna que entrase en clase, fue preocuparse de que esa alumna estuviese donde le correspondía en ese momento.
Si este profesor llega a sospechar el follón que se iba a montar y lo que para él iba a suponer de angustia, despreocupación y probablemente también de soledad, deja a la chica en el patio, para que se despida de su prima, del vecino, de los perros, de los gatos y de lo que le hubiese dado la gana.
Lo lamento mucho, y seguramente es un atrevimiento por mi parte, pero como las circunstancias y entornos de esta chica sean lo que parece, no le auguro mucho futuro en cuanto a educación se refiere, pero lo que puede ser mas triste es que sea una persona sin ninguna escala de valores.
Hoy, esta chica, por la edad, no es responsable de nada, pero lo que ya parece que tiene bien claro es que ella tiene el derecho de hacer lo que le venga en gana, y si alguien tiene la osadía de reprenderle o exigirle ( en este caso el profesor ) no esta dispuesta a que se le contraríe.
Para evitar esa contrariedad, llama al papá. El papá sí es responsable y como tal cree que el profesor no es nadie para contrariar a su pequeña y decide darle dos guantazos.
Deseo de todo corazón que ese padre, que ha defendido con tanta gallardía a su hija, el día que como padre le tenga que imponer alguna norma o prohibir alguna cosa a su hija se encuentre con una chica que sí le va a saber obedecer, que va a saber diferenciar lo correcto de lo incorrecto y lo bueno de lo malo, porque, si no, mucho me temo que este padre que sabe defender tan bien a su hija no sea ni la primera ni la última vez que tenga que dar dos guantazos.
No le conozco al profesor Joaquín ni falta que me hace. Como madre de un hijo de 13 años, le digo que mucho ánimo, que lo más fácil es encogerse de hombros y hacer como que no se ve, que si un día a mi hijo le tienen que reprender, no duden en hacerlo. Que Uds. no serán perfectos, pero no me cabe ninguna duda de que intentan hacer y educar lo mejor posible. Que enseñar las asignaturas que les corresponden aprender a los chicos, no tiene demasiada dificultad. La dificultad está en intentar hacer personas de bien, ésta es la asignatura más complicada y difícil. (...) diariodenavarra.es
Mª Dolores Hermoso Beloqui * DEJACIÓN DE FUNCIONES Ante lo acontecido en el colegio público Mendialdea de Berriozar
EL día 11 de octubre de 2005 un profesor llama la atención a una alumna por andar a deshoras por el pasillo y le coge del brazo. La niña se revuelve protestando y se va a buscar a sus primas que llaman por el móvil a casa diciendo que un profesor le había pegado a dicha niña.
A los 10 minutos se presenta en la escuela el padre de la niña acompañado de cuatro varones adultos preguntando por el profesor. El conserje va en su busca y el profesor acude inmediatamente y pregunta quién es el padre de la niña. Sin mediar palabra, el padre la propina dos bofetadas dejándole la mano marcada en la cara. Esto ocurre delante de las personas presentes en el hall del centro.
El profesor se va al centro de salud y pone la denuncia correspondiente.
El Claustro y el Consejo Escolar solicitan a la Administración medidas para protegerse del agresor y hace constar que las relaciones con esa familia no pueden ser normales en el futuro por lo que solicita que a los niños se les matricule en otro centro.
La Inspección contesta en un escrito que de la ley se interpreta que no se puede castigar a unos niños por la falta cometida por su padre. El profesorado matiza que no tiene intención de atentar contra el derecho a la educación de los menores sino privarle al padre del derecho a la elección de este centro para continuar la escolaridad de sus hijos y darle la oportunidad de iniciar una relación más adecuada en un nuevo colegio.
El señor Campoy, consejero de Educación, en una reunión con el consejo escolar reitera la dificultad legal para tomar esas medidas y considera que se necesita un tiempo para tranquilizar los ánimos en el que los niños no acudirán a la escuela.
Pasados tres meses se ordena la reincorparación a esta escuela de los hijos del agresor sin solucionar el conflicto ni tomar ninguna medida de ningún tipo para evitar la repetición de situaciones similares a la acontecida, que por cierto no es la primera ni en nuestra escuela ni en Navarra. Ni se hace una interpretación valiente de la ley, ni se propone la modificación de la ley. A día de hoy el padre acude al colegio acompañado de otros adultos y el profesor agredido se tiene que marchar del centro después de 29 años de servicio irreprochable.
Los profesores de este centro sentimos que la Administración está haciendo una dejación de sus funciones y abandonando en total indefensión, no sólo a los profesores sino a toda la comunidad educativa ya que la convivencia normal y sosegada necesaria para la educación de los niños no tiene quien la proteja. noticiasdenavarra.com
* M.D.Hermoso es directora del colegio de Berriozar


El drama que está viviendo el colegio Mendialdea de Berriozar, y que hemos conocido a través de las informaciones de Diario de Navarra, comenzó el día aciago en que el padre de una alumna irrumpió en el recinto escolar y, delante de todos, sin mediar razón conocida, abofeteó a un profesor.
Poco después, la hija del agresor dejó de asistir a clase. El profesor agredido, tras dos meses de baja, se reincorporó a las aulas en el mes de diciembre. Entre tanto hubo algunas manifestaciones de protesta y el Sr. consejero de Educación, en visita al colegio, prometió que su departamento haría todo lo posible por solucionar la situación.
Pero después de las navidades la tensión se ha reavivado. Inopinadamente, hace sólo unos días, la chiquilla volvió a presentarse en clase con el mismo desparpajo con que había desaparecido tres meses atrás. Profesores y alumnos, el consejo escolar del centro, personal de Educación y de Servicios Sociales le han pedido al causante del problema que cambie a su hija de colegio: un traslado de centro para empezar otra vez de cero. Se trata de una medida sencilla y eficaz, dictada por el sentido común educativo, por más que alguno de nuestros jerarcas, desde su lejano observatorio, la haya considerado una extravagancia.
Pero el padre, que fue primero agresor y después responsable de la práctica desescolarización de su hija, se niega en redondo a la solución propuesta. Y ante el asombro de propios y extraños, el jefe del Servicio de Inspección y el presidente del Consejo Escolar de Navarra le dan sin ningún tipo de reservas la razón.
Así no se construye la convivencia escolar. Los derechos individuales de los padres de alumnos deben respetarse, por supuesto. Pero parece justo y necesario reclamar que se vean contrapesados por las correspondientes obligaciones y, sobre todo, que se armonicen con los derechos, igualmente exigibles, de todos y cada uno de los integrantes de la comunidad escolar.
¿Es que el profesor agredido no tiene derecho a que se respete su integridad personal y se restaure su dignidad profesional? ¿Cómo podrá desempeñar debidamente sus funciones ante la amenaza, latente pero real, de un nuevo acto de violencia? Su traslado a otro destino mediante una comisión de servicios es una posible salida personal, pero en el fondo no haría más que añadir a la agresión física el escarnio de la derrota moral.
¿Y qué diremos de los escolares compañeros de la niña? ¿No tienen también derecho a una escolarización ordenada, tranquila y sin sobresaltos? (...)
Pero también el centro docente tiene sus derechos. La escuela necesita un clima de respeto y sosiego para desarrollar su misión educativa. (...) Los hechos y las reacciones actuales, lejos de reparar el daño, hacen la herida más honda y dolorosa. Y el objetivo de convivencia, inalcanzable.(...)
¿Cuál fue el pecado o el error del profesor Leyún Izco? Fue decirle a una alumna que entrase en clase, fue preocuparse de que esa alumna estuviese donde le correspondía en ese momento.
Si este profesor llega a sospechar el follón que se iba a montar y lo que para él iba a suponer de angustia, despreocupación y probablemente también de soledad, deja a la chica en el patio, para que se despida de su prima, del vecino, de los perros, de los gatos y de lo que le hubiese dado la gana.
Lo lamento mucho, y seguramente es un atrevimiento por mi parte, pero como las circunstancias y entornos de esta chica sean lo que parece, no le auguro mucho futuro en cuanto a educación se refiere, pero lo que puede ser mas triste es que sea una persona sin ninguna escala de valores.
Hoy, esta chica, por la edad, no es responsable de nada, pero lo que ya parece que tiene bien claro es que ella tiene el derecho de hacer lo que le venga en gana, y si alguien tiene la osadía de reprenderle o exigirle ( en este caso el profesor ) no esta dispuesta a que se le contraríe.
Para evitar esa contrariedad, llama al papá. El papá sí es responsable y como tal cree que el profesor no es nadie para contrariar a su pequeña y decide darle dos guantazos.
Deseo de todo corazón que ese padre, que ha defendido con tanta gallardía a su hija, el día que como padre le tenga que imponer alguna norma o prohibir alguna cosa a su hija se encuentre con una chica que sí le va a saber obedecer, que va a saber diferenciar lo correcto de lo incorrecto y lo bueno de lo malo, porque, si no, mucho me temo que este padre que sabe defender tan bien a su hija no sea ni la primera ni la última vez que tenga que dar dos guantazos.
No le conozco al profesor Joaquín ni falta que me hace. Como madre de un hijo de 13 años, le digo que mucho ánimo, que lo más fácil es encogerse de hombros y hacer como que no se ve, que si un día a mi hijo le tienen que reprender, no duden en hacerlo. Que Uds. no serán perfectos, pero no me cabe ninguna duda de que intentan hacer y educar lo mejor posible. Que enseñar las asignaturas que les corresponden aprender a los chicos, no tiene demasiada dificultad. La dificultad está en intentar hacer personas de bien, ésta es la asignatura más complicada y difícil. (...) diariodenavarra.es
EL día 11 de octubre de 2005 un profesor llama la atención a una alumna por andar a deshoras por el pasillo y le coge del brazo. La niña se revuelve protestando y se va a buscar a sus primas que llaman por el móvil a casa diciendo que un profesor le había pegado a dicha niña.
A los 10 minutos se presenta en la escuela el padre de la niña acompañado de cuatro varones adultos preguntando por el profesor. El conserje va en su busca y el profesor acude inmediatamente y pregunta quién es el padre de la niña. Sin mediar palabra, el padre la propina dos bofetadas dejándole la mano marcada en la cara. Esto ocurre delante de las personas presentes en el hall del centro.
El profesor se va al centro de salud y pone la denuncia correspondiente.
El Claustro y el Consejo Escolar solicitan a la Administración medidas para protegerse del agresor y hace constar que las relaciones con esa familia no pueden ser normales en el futuro por lo que solicita que a los niños se les matricule en otro centro.
La Inspección contesta en un escrito que de la ley se interpreta que no se puede castigar a unos niños por la falta cometida por su padre. El profesorado matiza que no tiene intención de atentar contra el derecho a la educación de los menores sino privarle al padre del derecho a la elección de este centro para continuar la escolaridad de sus hijos y darle la oportunidad de iniciar una relación más adecuada en un nuevo colegio.
El señor Campoy, consejero de Educación, en una reunión con el consejo escolar reitera la dificultad legal para tomar esas medidas y considera que se necesita un tiempo para tranquilizar los ánimos en el que los niños no acudirán a la escuela.
Pasados tres meses se ordena la reincorparación a esta escuela de los hijos del agresor sin solucionar el conflicto ni tomar ninguna medida de ningún tipo para evitar la repetición de situaciones similares a la acontecida, que por cierto no es la primera ni en nuestra escuela ni en Navarra. Ni se hace una interpretación valiente de la ley, ni se propone la modificación de la ley. A día de hoy el padre acude al colegio acompañado de otros adultos y el profesor agredido se tiene que marchar del centro después de 29 años de servicio irreprochable.
Los profesores de este centro sentimos que la Administración está haciendo una dejación de sus funciones y abandonando en total indefensión, no sólo a los profesores sino a toda la comunidad educativa ya que la convivencia normal y sosegada necesaria para la educación de los niños no tiene quien la proteja. noticiasdenavarra.com
* M.D.Hermoso es directora del colegio de Berriozar








