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lunes, 20 de febrero de 2006
VíDEO >> a3n 2:46 Más de trescientos profesores han llamado ya al teléfono de defensa de ANPE para denunciar agresiones de alumnos. Sin embargo, el sindicato advierte que muchos no se atreven a pedir ayuda por miedo a las represalias y la incomprensión
Madrid 20 Feb- Las cifras dan escalofríos. Han pasado casi tres meses desde que el sindicato de profesionales de la enseñanza, ANPE-Madrid puso en marcha el teléfono de asistencia a profesores acosados y ya han recibido más de 300 llamadas de maestros desesperados. Un 70 por ciento, según el sindicato, presenta síntomas depresivos, pero sólo el 30 por ciento recibe tratamiento psicológico.

Insultos, amenazas, gritos, golpes con tizas, borradores o lo que tengan a mano; destrozos en coches, denuncias e incluso agresiones físicas graves. En ocasiones es imposible dar clase. Al 915220827 han llamado más de 300, pero «la mayoría no se atreve a denunciarlo porque tiene miedo: de que se entere su familia, de que sea peor el remedio que la enfermedad y se multiplique el acoso, y de ganarse mala fama por no saber hacerse con los chicos», denuncia Inmaculada Suárez, la psicóloga que atiende el teléfono.

Según sus estudios, la violencia escolar afecta tanto a centros públicos como concertados y privados. El 75 por ciento denuncian que les es imposible dar clase, un 24 por ciento que sufre amenazas verbales de los alumnos y un 5 por ciento de los padres. Asimismo, un 4 por ciento dice sufrir agresiones físicas y más de un 80 por ciento que se encuentra desamparado por la dirección. «En el año 90 comenzamos a avisar de los casos de vandalismo; hoy se ha generalizado la violencia», explica Fernando Fernández Guijarro, presidente de la organización.

A través del teléfono de defensa del profesor, ANPE ofrece atención personal, asesoría jurídica y todos sus recursos. De momento, el sindicato se ha personado ya en 15 casos y ha presentado informes ante la inspección educativa y ante las direcciones territoriales.

Una brutal paliza. En el teléfono de defensa del profesor se escuchan historias terribles. Todas guardadas bajo el anonimato de quien sufre la humillación en su puesto de trabajo. Pero en ANPE conocen muchos casos. El mismo Fernández Guijarro no olvidará nunca la brutal paliza que recibió el maestro «Pupitre» -los nombres en este reportaje se han cambiado para proteger a los profesionales- en el interior del instituto donde impartía su asignatura. Un grupo de alumnos se lanzó sobre él y le rompió un codo y un brazo.

«Pupitre tuvo una depresión muy profunda tras el ataque y un año después murió», cuenta el presidente de ANPE. «Quizá no fue la agresión la causa de su fallecimiento, pero no tenía más que 50 años», valora.

«Al final del primer año que estuve en mi actual centro me salieron dos nódulos en la garganta de lo que tuve que gritar», explica la profesora «Tiza». Ese curso le tocó una tutoría llena de «garbanzos negros», incluso la madre de uno de sus alumnos interpuso una denuncia contra ella porque «acosaban a su hijo». Lo que realmente sucedió fue que el chico en cuestión le tiró a una profesora un borrador en la cabeza. «Aquella suplente sí estaba acosada; los alumnos no le dejaban dar clase, le insultaban y le tiraban de todo», recuerda.

Acompañada por el jefe de estudios acudieron para expulsar al chico de la clase, puesto que se rebelaba a la profesora. «Empezó a insultarnos y al faltarnos al respeto, pero con palabras y sólo palabras conseguimos que saliese de clase». Fuera del aula, los insultos se repitieron y el chico fue expulsado tres días del colegio. «Luego le dijo a su madre que le habíamos sacado a golpes de clase y vino a gritarnos en la puerta del colegio», cuenta.

La mujer interpuso una denuncia contra «Tiza» y el jefe de estudios que se resolvió a favor de los profesores, pero antes «tuvo que venir el inspector, hacer un informe, entrevistas a los alumnos... La puedes tener muy gorda si alguien te quiere buscar las vueltas».

Detenciones dentro de clase. «Tiza» ha visto cómo dos policías pedían permiso para entrar en clase y detener a dos alumnos. «Dedicaban su tiempo libre a robar con violencia a la gente por la calle. Chavales que no levantan metro y medio del suelo y ya son delincuentes». Y lo peor no es eso. Cuando su madre fue al colegio porque le había llamado la policía, lo único que acertó a decir fue «hijo, ¿cómo haces esto?». Al día siguiente, los chicos, «a los que nadie castigó», robaron un reproductor de música a un compañero.

«Plumier» ejerce la magistratura hace poco y ya ha tenido que escuchar de sus alumnos frases escalofriantes. «Las amenazas no me preocupan demasiado porque soy grande y sé que no se van a meter conmigo físicamente; los insultos los llevo mucho peor», explica. «El acoso a los profesores es muy traumático y humillante, y no ocurre en ningún otro trabajo», apostilla.

Cuando un chico empieza a soltar tacos intenta mantener la calma. «Normalmente llamo a un compañero a la jefatura, nunca hay que enfrentarse a ellos», señala; y apunta que las agresiones se producen también entre alumnos. «Intento explicarles que las cosas no funcionan así, razonar y mediar entre ellos». La violencia de los jóvenes, dice, se debe a una falta de valores en la sociedad. «No sólo los profesores educan; también debe hacerlo la sociedad y, sobre todo, los padres, que no hacen caso a sus hijos».

«Bolígrafo» lleva 21 años en la enseñanza y ha sufrido amenazas de todo tipo, las ruedas de su coche han sufrido varias venganzas de alumnos. «Uno me dijo que si no le aprobaba me iba a enterrar. Le suspendí y vino su familia a buscarme a la puerta del colegio. Mi equipo de baloncesto me defendió, pero hoy habría llamado a la policía». También cuenta cómo a un compañero le abofetearon por quitar el boli de la boca a un alumno que se reía de él. El chico dijo a sus padres que le había pegado y éstos fueron al colegio y, sin mediar palabra, abofetearon al maestro. larazon.es
    La LOE no protege a los profesores

    «En la LOE no hay, formalmente, nada sobre la seguridad del profesorado», denuncia José Luis Fernández Santillana, presidente del sindicato de enseñanza USO, y añade que ni siquiera ha entrado a fondo en medidas que apoyen al profesor en su tarea.

    «Sólo se menciona en una parte que el director pueda sancionar de urgencia a un alumno. Pero esta sanción luego ha de ratificarla el consejo escolar», señala. Pueden pasar hasta tres meses desde que el suceso ocurre hasta que la sanción se hace efectiva y, en los casos más graves, sólo supone la expulsión durante tres días.

    De esta manera, explica Fernández Santillana, el profesor debe esperar mientras el alumno observa como su acción no tiene consecuencias y, cuando llegan, se suavizan o retiran. «Se le muestra al alumno que puede salir impune ante cualquier comportamiento», añade.

    «Planteamos la figura del defensor del profesor, para que haya un marco jurídico que ampare a los profesores, como novedad educativa», afirma el presidente de USO. Otra de las denuncias de USO es que en la LOE se plantea un compromiso entre centros y padres pero no se detalla cómo y de qué manera se realizará este intercambio. «Esto reforzaría la autonomía de los centros y de los padres en la educación de los chicos», considera.
PERPLa Policía patrulla frente a algunos institutos españoles para evitar que se produzcan altercados

Idea >> VíDEO >> a3n 2:46 Ser profesor de secundaria, se está convirtiendo en una profesión de riesgo en numerosos institutos, hasta el punto de que ya se ha puesto en marcha un teléfono del defensor del profesor por el stress y las depresiones que padecen. antena3.com

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