| BOLIVIA
La complejidad de educar en valores Por Joana Ignacio Murillo * 27/02/06 Educar en valores en una sociedad ideológicamente plural, como es la nuestra, resulta una tarea sumamente compleja. Si a ello unimos la actual conciencia de crisis de valores existente y la falta de consenso sobre qué valores y cómo se deben transmitir, parece tornarse ésta en una tarea cada vez más ingrata, aunque no por ello se puede posponer. Numerosas cuestiones irrenunciables aparecen ya antes de iniciar el proceso educativo. Sirvan a modo de ejemplo las siguientes: ¿En qué consiste un auténtico desarrollo personal? ¿Se debe mantener una esmerada ecuanimidad ante las diversas opciones de vida o se han de indicar modelos de excelsitud a seguir? | ARGENTINA
Educación y valores EDITORIAL · 28/02/06 Educar, en definitiva, es promover valores. Y los valores, para que puedan llamarse tales, deben ayudar a ser mejores. Los otros, los que descalifican, envilecen, materializan al hombre, son verdaderos antivalores. Rendirles culto es caer en idolatría. Ya Montaigne reflexionaba con razón: "proporcionamos un mundo demasiado material a nuestra alma. Debemos enseñarle a volar ligeramente por encima de ciertas cosas y fijarse en otras, para que asimile solamente aquellas que le corresponden íntimamente; por estar hechas de la misma esencia básica de nuestro espíritu". |
| ¿Debe la educación preparar hábiles competidores en el mercado profesional o formar personas íntegras? ¿Se ha de potenciar la autonomía personal o la cohesión social conformista? ¿Se ha de apostar por la eficacia utilitarista o por la creatividad ociosa?, etc.
Responder a estas cuestiones irrenunciables de un modo cabal dista mucho de ser fácil, pero tampoco es suficiente. Las exigencias educativas de las sociedades plurales, tecnificadas y complejas son cada vez más crecientes. Además, nos encontramos con que la escuela no es la única institución con funciones educativas. De modo que, paradójicamente, los mensajes que transmiten diferentes instituciones con frecuencia suelen ser antagónicos. La familia ha caído en una profunda crisis: los padres no asumen la responsabilidad de ser padres, relegándola a la escuela e, incluso, a los medios de comunicación como la televisión. La sociedad neoliberal postmoderna en que vivimos, por otra parte, irradia un discurso axiológico impregnado de incoherencias que dificulta cualquier pretensión coherente de hacer una educación en valores. Niños/as y jóvenes reciben un doble mensaje o doble moral, que vicia y desvirtúa toda educación en valores, pues a menudo la praxis cotidiana está dominada por el éxito de contravalores. Mientras en el plano de las declaraciones teóricas los grandes principios y valores heredados de nuestra rica tradición cultural están omnipresentes, en el plano de la realidad triunfa el hedonismo superficial, pragmático, acomodaticio e individualista. Así, no es difícil observar declaraciones solidarias y tendemos a la cooperación junto a acciones de competividad e individualismo extremos; abogar por la concienciación ante el deterioro medioambiental, mientras no se pone ningún freno al propio consumismo irresponsable... Ante esta situación, la apuesta por la educación en valores ha de afanarse francamente, aunque sea casi como proyecto contracultural, en preparar a los educandos/as para ENTENDER (¿por qué las cosas son como son?), para ser (autonomía personal solidaria) y para ACTUAR (actitud responsable y comprometida), desde la coherencia entre teoría y práctica, entre discurso y acción. www.lapatriaenlinea.com (*) Profesora de Ciencias Sociales | La Ley Federal de Educación, en su artículo sexto, refiriéndose a la formación integral, alude a "los valores de la vida, libertad, verdad, paz, solidaridad, tolerancia, igualdad y justicia". Podrían agregarse muchos otros pero citar a estos nos ayuda a entender la educación como esfuerzo para lo mejor; en lo posible, para la excelencia.
Por eso resulta gratificante leer pensamientos como los de Guillermo Jaim Etcheverry. "¿Es todo igual?". Bajo ese título, el conocido médico argentino escribió hace mucho una breve nota que no tiene desperdicio. Espigo algunas de sus ideas: "¿Son igualmente valiosos todos los productos de la actividad humana? ¿Puede una jugada de fútbol ser considerada tan genial como la teoría de la relatividad? De serlo, la educación carecería de sentido. En última instancia, educar supone elevar la capacidad de pensar y de sentir de las personas, lo que implica reconocer diferencias entre lo alto y lo bajo. Se trata de ayudar a la gente a trascender su identidad y su experiencia individual haciéndole encontrar inspiración en la historia del hombre y en sus creaciones". Al final de su nota expresa: "antes, se combatía el elitismo intentando que todos accedieran al conocimiento de las grandes obras humanas: la igualación a través de la cultura. Ahora, buscan convencernos de que no hay obras humanas grandes y pequeñas porque todas tienen igual valor. Por eso, en la actualidad, no es visto como elitista quien niega a la gente el acceso a la cultura, sino el que se resiste a calificar como cultural cualquier tipo de diversión...". ¡Hasta mañana! www.laopinion-rafaela.com.ar |
ESPAÑA
¿Somos una civilización sin valores?LA PAZ, LOS DERECHOS humanos, el medio ambiente, son valores que dan quizás más fuerza que otras creencias fáciles de excitar
NORBERT BILBENY - 28/02/2006
Se dice que las mezquitas están llenas y las iglesias vacías, que los jóvenes islámicos pelean por sus valores y los occidentales no lo hacen. ¿Cómo no va a ser Occidente vulnerable? Es la pregunta. Antes preocupaba la decadencia, el cansancio, la corrupción de Occidente. Ahora: ¿cómo dejar de ser vulnerables?
En realidad, toda civilización se siente a la vez potente y vulnerable. El islam, también. Occidente se ha sentido así con la caída de Roma, los lugares santos, Constantinopla, Magallanes en manos de Silapulapu, el Titanic, París bajo los nazis, Cuba bajo Moscú, las Torres Gemelas, y ahora la caída de un trozo de libertad por las caricaturas del Profeta. Temerosos, algunos se preguntan si no seremos tan vulnerables porque aquí ya no se cree en nada. Eso sí: trabajar toda la vida en lo que no nos gusta, para gastarlo en lo que no necesitamos. Sin fe ni valores por los que luchar. La muerte de Dios anunciada por Nietzsche se estaría pagando cara.
Pero es un mal diagnóstico. No somos ni más ni menos vulnerables que otros. Tenemos valores y nos dan fuerza. El respeto a la vida, la dignidad de la persona, la libertad de opinión y movimientos, la igualdad de derechos, el gobierno democrático, la preferencia por la educación y el bienestar, no son valores cualesquiera. Si los aplicásemos más y mejor, la sociedad permanecería más segura. Pero tambalea justo cuando los vemos como decadentes. Sí, nuestros jóvenes no se echan a la calle por un asunto de religión ni gustan sacrificarse. Son, por lo general, individualistas y acomodaticios, como los mayores les enseñamos. Pero se movilizan por la paz, los derechos humanos, el medio ambiente, el acceso a la educación y el trabajo. ¿Es eso ausencia de valores? Son valores y dan fuerza. No menos fuerza, y quizás más, que otras creencias fáciles de excitar y necesitadas de un adversario para crecerse.
Ahora bien, estos valores occidentales son depreciados por el propio Occidente cuando éste comete al menos los siguientes errores:
Primero, no se deben contraponer Occidente y el islam. Es comparar geografía con religión, y además excluir a los musulmanes de Occidente y a los occidentales del islam. Es una contraposición guerrera y equivocada, porque cree aún en la geocultura, como los militares creen en la geoestrategia. Compárese, si se quiere, islámico con cristiano, liberal con autoritario, europeo con asiático, pero no aticemos el fuego con la dualidad occidental/ musulmán. Otro error es decir que una civilización, cultura o religión es mejor o superior que otra, incluso que esté más desarrollada.
Sin embargo, no hay identidades más valiosas o desestimables que las demás; lo mismo que de las personas solamente podemos comparar sus rasgos y actos en particular, a lo sumo las conductas, pero nunca la persona o la cultura como un todo. No tiene base y además es perjudicial.
Haríamos bien en evitar, en fin, la comparación entre valores, de un lado, el liberal y cristiano, y de otro, el comunitarista y musulmán, porque los principales valores políticos, éticos y religiosos, es decir, los valores humanos, no tienen lado: son de toda la humanidad. Todo se globaliza cada vez más, pero hace tiempo ya que los valores occidentales han dejado de pertenecer sólo a Occidente. Y también los no occidentales se mundializan. Gran error, en resumen, pensar que los valores nos definen y son exclusivos. Se hacen, y son más comunes de lo que parece. lavanguardiadigital.es
* NORBERT BILBENY es catedrático de Ética de la Universitat de Barcelona







