ENTREVISTA · Ana Tettner aborda en su último libro publicado la violencia en la escuela
El llamado de atención es claro y sencillo: “Hemos dedicado demasiado tiempo a resolver problemas matemáticos y muy poco, o ninguno, a resolver los asuntos cotidianos con la gente que nos rodea”. La advertencia de Ana Tettner, en las primeras páginas de su libro La violencia va a la escuela, es como el extremo del hilo de Ariadna, en un texto que propone un verdadero cambio de visión en torno al problema del acoso y el ensañamiento entre niños y adolescentes.
En la anterior edición de Nuevo Mundo Israelita (Nº 1555)(+), Martín Goldberg, profesor de la Universidad Simón Bolívar y dirigente comunitario, resumió certeramente la amplia experiencia académica y profesional de Ana Tettner como educadora y mediadora para la resolución de conflictos. Concretamente, es resaltante la dedicación al SEC de esta especialista, que en esta ocasión se reúne con nosotros para conversar, en el sentido etimológico de la palabra, que la misma Tettner pone de relieve: “dar vueltas juntos”.
Ana Tettner ha escrito 'La violencia va a la escuela'
-¿Cuando dice La violencia va a la escuela, a qué tipo de violencia se refiere?
-El libro básicamente trata de una violencia muy poco conocida y estudiada, como fue también, hace treinta o cuarenta años, la violencia doméstica. La verdad es que el problema de la violencia en las escuelas es antiquísimo, pero tal vez no habíamos tomado conciencia de cómo, ejercida día a día, puede llevar a un muchacho a, por ejemplo, cometer suicidio. El año pasado se suicidaron dos muchachos en España, uno en Vancouver, y son cosas que nos deben hacer reflexionar. También en Venezuela ha habido casos.
El acoso en las escuelas es un problema que no se limita a la violencia física. En cada plantel educativo tiene su propia forma. Hablamos no de manifestaciones espontáneas y esporádicas, sino de hostigamiento, de un acoso repetitivo en una relación desigual, generalmente enfocado en alguien a quien se señala como diferente.
Este tipo de violencia no desaparece sola, y no se puede explicar “porque los niños son crueles”; porque no es así. Se trata de un problema demasiado importante como para ignorarlo, que produce consecuencias mentales y físicas. Hoy, por ejemplo, se está estudiando en Washington la relación entre el acoso escolar y las enfermedades cardiovasculares.
-En este comienzo de siglo, ¿hay alguna urgencia de destacar el tema de la violencia en las escuelas?
-Cuando me metí a estudiar este asunto, me encontré con que la sociedad actual es la más violenta que ha existido en mucho tiempo. Y el acceso a la violencia, debido a la globalización, es simultáneo. Cuando se derribaron las Torres Gemelas, eso se vio al mismo tiempo en Río de Janeiro, Caracas y Johanesburgo. Otro elemento que facilita la propagación de la violencia es la difusión de ciertos videojuegos. Niños en Hong Kong, París o Estados Unidos tienen los mismos juegos, y los mismos héroes.
-En esta época, en la que Internet está permitiendo una educación menos presencial, más aislada, ¿no debería haber menos condiciones para el desarrollo de la violencia?
-¿Cómo se aprende a bailar? Bailando. ¿Y a ser gente? Interactuando. Así que tengo mis dudas sobre esta nueva frontera que representa Internet que, además, se abre no sólo para el aprendizaje, también para el acoso y el ejercicio de la violencia. Hemos visto manifestaciones a través del correo electrónico y otros medios digitales.
-La primera impresión hacia la violencia suele ser condenatoria. No obstante, ¿puede la violencia ser parte de la educación de los jóvenes, teniendo en cuenta que se preparan para desenvolverse en una sociedad muchas veces violenta?
-El problema de la violencia no se puede aislar. Uno no puede trazar una línea para separar dónde termina la violencia estructural que la sociedad ejerce contra un judío, o una mujer, y dónde empieza la violencia en la escuela. Es como una red que se extiende por toda la sociedad. Y aunque hablo contra la intolerancia, reconozco que soy intolerante con la violencia. Creo que no es necesario ser violento, no es una condición sine qua non del ser humano.
-A menudo se habla de cómo educar a los niños. Para ello, ¿no debería plantearse también la (re)educación de los adultos, de quienes los niños suelen aprender el uso de la violencia y otros patrones de conducta indeseados?
-Así es. Por eso nosotros trabajamos bajo un enfoque sistémico, porque la violencia es un problema de todos. Un equipo se reúne con los niños, otro con los maestros y otro con los padres. La congruencia es necesaria, sobre todo al tratar temas socio-afectivos. Pretendemos, por ejemplo, que los niños sean solidarios; pero el sistema educativo, en general, le da más importancia a la competencia.
-¿Cómo se puede enfrentar el problema de la violencia en las escuelas?
-Lo primero que hay que hacer es mejorar la comunicación. Para ello hay actividades que pueden enseñar a los niños a ser buenos hablantes y buenos oyentes, a desarrollar empatía. Hoy sabemos que la violencia no es sólo una relación entre dos. Creo que uno de los principales aportes de este libro es que triangula el conflicto con un nuevo vértice, que es el testigo. Si hay cinco abusadores, y una víctima, hay también decenas de muchachos que son los testigos de esto. Hay que desarrollar el poder del testigo, para que el mismo medio ambiente desapruebe el abuso y la exclusión.
-¿Ve usted necesidad de aplicar un sistema como éste en el SEC?
-No puedo definir en este momento si hay elementos de violencia o qué características asume en el SEC. El primer paso para resolver este problema, cuando se lo tiene, es reconocerlo. Los padres y profesores deberían en ese caso detectar la naturaleza del problema y sus manifestaciones. Al final, si un solo niño es más feliz por este trabajo, ya me doy por satisfecha. nmidigital.com
El llamado de atención es claro y sencillo: “Hemos dedicado demasiado tiempo a resolver problemas matemáticos y muy poco, o ninguno, a resolver los asuntos cotidianos con la gente que nos rodea”. La advertencia de Ana Tettner, en las primeras páginas de su libro La violencia va a la escuela, es como el extremo del hilo de Ariadna, en un texto que propone un verdadero cambio de visión en torno al problema del acoso y el ensañamiento entre niños y adolescentes.
En la anterior edición de Nuevo Mundo Israelita (Nº 1555)(+), Martín Goldberg, profesor de la Universidad Simón Bolívar y dirigente comunitario, resumió certeramente la amplia experiencia académica y profesional de Ana Tettner como educadora y mediadora para la resolución de conflictos. Concretamente, es resaltante la dedicación al SEC de esta especialista, que en esta ocasión se reúne con nosotros para conversar, en el sentido etimológico de la palabra, que la misma Tettner pone de relieve: “dar vueltas juntos”.
Ana Tettner ha escrito 'La violencia va a la escuela'
-¿Cuando dice La violencia va a la escuela, a qué tipo de violencia se refiere?
-El libro básicamente trata de una violencia muy poco conocida y estudiada, como fue también, hace treinta o cuarenta años, la violencia doméstica. La verdad es que el problema de la violencia en las escuelas es antiquísimo, pero tal vez no habíamos tomado conciencia de cómo, ejercida día a día, puede llevar a un muchacho a, por ejemplo, cometer suicidio. El año pasado se suicidaron dos muchachos en España, uno en Vancouver, y son cosas que nos deben hacer reflexionar. También en Venezuela ha habido casos.
El acoso en las escuelas es un problema que no se limita a la violencia física. En cada plantel educativo tiene su propia forma. Hablamos no de manifestaciones espontáneas y esporádicas, sino de hostigamiento, de un acoso repetitivo en una relación desigual, generalmente enfocado en alguien a quien se señala como diferente.
Este tipo de violencia no desaparece sola, y no se puede explicar “porque los niños son crueles”; porque no es así. Se trata de un problema demasiado importante como para ignorarlo, que produce consecuencias mentales y físicas. Hoy, por ejemplo, se está estudiando en Washington la relación entre el acoso escolar y las enfermedades cardiovasculares.
-En este comienzo de siglo, ¿hay alguna urgencia de destacar el tema de la violencia en las escuelas?
-Cuando me metí a estudiar este asunto, me encontré con que la sociedad actual es la más violenta que ha existido en mucho tiempo. Y el acceso a la violencia, debido a la globalización, es simultáneo. Cuando se derribaron las Torres Gemelas, eso se vio al mismo tiempo en Río de Janeiro, Caracas y Johanesburgo. Otro elemento que facilita la propagación de la violencia es la difusión de ciertos videojuegos. Niños en Hong Kong, París o Estados Unidos tienen los mismos juegos, y los mismos héroes.
-En esta época, en la que Internet está permitiendo una educación menos presencial, más aislada, ¿no debería haber menos condiciones para el desarrollo de la violencia?
-¿Cómo se aprende a bailar? Bailando. ¿Y a ser gente? Interactuando. Así que tengo mis dudas sobre esta nueva frontera que representa Internet que, además, se abre no sólo para el aprendizaje, también para el acoso y el ejercicio de la violencia. Hemos visto manifestaciones a través del correo electrónico y otros medios digitales.
-La primera impresión hacia la violencia suele ser condenatoria. No obstante, ¿puede la violencia ser parte de la educación de los jóvenes, teniendo en cuenta que se preparan para desenvolverse en una sociedad muchas veces violenta?
-El problema de la violencia no se puede aislar. Uno no puede trazar una línea para separar dónde termina la violencia estructural que la sociedad ejerce contra un judío, o una mujer, y dónde empieza la violencia en la escuela. Es como una red que se extiende por toda la sociedad. Y aunque hablo contra la intolerancia, reconozco que soy intolerante con la violencia. Creo que no es necesario ser violento, no es una condición sine qua non del ser humano.
-A menudo se habla de cómo educar a los niños. Para ello, ¿no debería plantearse también la (re)educación de los adultos, de quienes los niños suelen aprender el uso de la violencia y otros patrones de conducta indeseados?
-Así es. Por eso nosotros trabajamos bajo un enfoque sistémico, porque la violencia es un problema de todos. Un equipo se reúne con los niños, otro con los maestros y otro con los padres. La congruencia es necesaria, sobre todo al tratar temas socio-afectivos. Pretendemos, por ejemplo, que los niños sean solidarios; pero el sistema educativo, en general, le da más importancia a la competencia.
-¿Cómo se puede enfrentar el problema de la violencia en las escuelas?
-Lo primero que hay que hacer es mejorar la comunicación. Para ello hay actividades que pueden enseñar a los niños a ser buenos hablantes y buenos oyentes, a desarrollar empatía. Hoy sabemos que la violencia no es sólo una relación entre dos. Creo que uno de los principales aportes de este libro es que triangula el conflicto con un nuevo vértice, que es el testigo. Si hay cinco abusadores, y una víctima, hay también decenas de muchachos que son los testigos de esto. Hay que desarrollar el poder del testigo, para que el mismo medio ambiente desapruebe el abuso y la exclusión.
-¿Ve usted necesidad de aplicar un sistema como éste en el SEC?
-No puedo definir en este momento si hay elementos de violencia o qué características asume en el SEC. El primer paso para resolver este problema, cuando se lo tiene, es reconocerlo. Los padres y profesores deberían en ese caso detectar la naturaleza del problema y sus manifestaciones. Al final, si un solo niño es más feliz por este trabajo, ya me doy por satisfecha. nmidigital.com






