ROBERTO GARCÍA ·Oliver Twist en las Cuencas
Tenemos una sorprendente población de huérfanos aficionados a la bebida. Los padres deben dejar de mirar a otro lado y echar las culpas a los de siempre. La primera responsabilidad para evitar que los jóvenes asuman la bebida como lo único que se puede hacer en el tiempo libre y fines de semana son ellos en casa, por otro lado, los sábados y días de fiesta también se es padre, no se libra ni se toman vacaciones al llenar los bolsillos de los hijos de crujientes billetes para que salgan y no den la lata.
Asturias 26 Abril Cómo explicar que cada vez que se organiza una suerte de degustación gratuita de sidra acabemos con los mismos titulares? Vandalismo, peleas por un culín de sidra y menores totalmente trompas. Las causas suelen buscarse en la falta de control por parte de los organizadores y en los hosteleros que sólo quieren vender, aunque en casos como La Felguera o La Folixa no tiene sentido esta acusación, teniendo en cuenta que lo dan gratis, y, en menos ocasiones, se responsabiliza a los padres que, muchos, prefieren buscar culpables a vigilar de forma efectiva a sus hijos, a no ser que las Cuencas sean la patria de Oliver Twist. Pero hay una tercera causa mucho más aterradora que todas estas, pero la dejamos para el final, garantizándome, así la audiencia.
Todas las fiestas y romerías de la historia tienen un único origen: la necesidad de fomentar las relaciones entre las diversas localidades para evitar la endogamia; hoy en día, por suerte, necesidades tan genéticas ya han pasado a la historia sustituidas por motivaciones económicas disfrazadas de tradición. Otro tipo, diferente, son estos festiverios, modernos, donde a cambio de que se compre un vaso con un dibujín te dan toda la sidra que puedas beber y, como nadie da duros a cuatro pesetas, la fiesta es, en verdad, excusa para dar salida, fácil, al excedente de producción. ¿Promoción del producto nacional? ¿Por qué no se da toda la fabada o jamón pata negra que se pueda comer a cambio de comprar un plato con dibujo o un cuchillo pintado? Pero eso no es importante.
Como tras estas fiestas hay muchos menores que acaban mamados, toca llevarse las manos a la cabeza al día siguiente. Ahora va a resultar que las Cuencas, en verdad, son la tierra de Oliver Twist y tenemos una sorprendente población de huérfanos aficionados a la bebida. Sabemos que no es así, los padres deben dejar de mirar a otro lado y echar las culpas a los de siempre. La primera responsabilidad para evitar que los jóvenes asuman la bebida como lo único que se puede hacer en el tiempo libre y fines de semana son ellos en casa, por otro lado, los sábados y días de fiesta también se es padre, no se libra ni se toman vacaciones al llenar los bolsillos de los hijos de crujientes billetes para que salgan y no den la lata.
Los hosteleros son otro cantar, aunque muchos cumplen a rajatabla la normativa sobre dispensa de alcohol a menores, hay demasiados que con toda impunidad se saltan la norma, asegurándose antes de que sus propios hijos no entren en sus locales, sin que nadie haga nada y no será porque las consecuencias de todo esto pasen desapercibidas o sean difíciles de ver, un simple paseo a las cuatro o las cinco de la tarde (¡!) por ciertas calles ya dan un espectáculo dantesco y desalentador para todos. ¿Quién tiene que actuar aquí? Las autoridades, pero también los padres. ¿Y qué pueden hacer? Pues las primeras, realizar inspecciones periódicas y sancionar, pero poniendo multas que no arañen, que hagan auténtico daño. Los segundos, vigilar y denunciar.
¿Pero quién tiene un verdadero interés en que todo siga como está? Tras Oliver Twist y los suyos había un tal Fagin que se beneficiaba de sus latrocinios. Los únicos que pueden sacar algo en claro de todo esto, los que están agazapados en la sombra moviendo los hilos soñando, como Fagin, con los pingües beneficios que van a obtener en unos pocos años: psicólogos clínicos, psiquiatras y abogados penalistas que ven sus futuros clientes en las legiones epicúreas de huerfanitos Oliver Twist de las Cuencas. www.lne.es
Tenemos una sorprendente población de huérfanos aficionados a la bebida. Los padres deben dejar de mirar a otro lado y echar las culpas a los de siempre. La primera responsabilidad para evitar que los jóvenes asuman la bebida como lo único que se puede hacer en el tiempo libre y fines de semana son ellos en casa, por otro lado, los sábados y días de fiesta también se es padre, no se libra ni se toman vacaciones al llenar los bolsillos de los hijos de crujientes billetes para que salgan y no den la lata.
Asturias 26 Abril Cómo explicar que cada vez que se organiza una suerte de degustación gratuita de sidra acabemos con los mismos titulares? Vandalismo, peleas por un culín de sidra y menores totalmente trompas. Las causas suelen buscarse en la falta de control por parte de los organizadores y en los hosteleros que sólo quieren vender, aunque en casos como La Felguera o La Folixa no tiene sentido esta acusación, teniendo en cuenta que lo dan gratis, y, en menos ocasiones, se responsabiliza a los padres que, muchos, prefieren buscar culpables a vigilar de forma efectiva a sus hijos, a no ser que las Cuencas sean la patria de Oliver Twist. Pero hay una tercera causa mucho más aterradora que todas estas, pero la dejamos para el final, garantizándome, así la audiencia.
Todas las fiestas y romerías de la historia tienen un único origen: la necesidad de fomentar las relaciones entre las diversas localidades para evitar la endogamia; hoy en día, por suerte, necesidades tan genéticas ya han pasado a la historia sustituidas por motivaciones económicas disfrazadas de tradición. Otro tipo, diferente, son estos festiverios, modernos, donde a cambio de que se compre un vaso con un dibujín te dan toda la sidra que puedas beber y, como nadie da duros a cuatro pesetas, la fiesta es, en verdad, excusa para dar salida, fácil, al excedente de producción. ¿Promoción del producto nacional? ¿Por qué no se da toda la fabada o jamón pata negra que se pueda comer a cambio de comprar un plato con dibujo o un cuchillo pintado? Pero eso no es importante.
Como tras estas fiestas hay muchos menores que acaban mamados, toca llevarse las manos a la cabeza al día siguiente. Ahora va a resultar que las Cuencas, en verdad, son la tierra de Oliver Twist y tenemos una sorprendente población de huérfanos aficionados a la bebida. Sabemos que no es así, los padres deben dejar de mirar a otro lado y echar las culpas a los de siempre. La primera responsabilidad para evitar que los jóvenes asuman la bebida como lo único que se puede hacer en el tiempo libre y fines de semana son ellos en casa, por otro lado, los sábados y días de fiesta también se es padre, no se libra ni se toman vacaciones al llenar los bolsillos de los hijos de crujientes billetes para que salgan y no den la lata.
Los hosteleros son otro cantar, aunque muchos cumplen a rajatabla la normativa sobre dispensa de alcohol a menores, hay demasiados que con toda impunidad se saltan la norma, asegurándose antes de que sus propios hijos no entren en sus locales, sin que nadie haga nada y no será porque las consecuencias de todo esto pasen desapercibidas o sean difíciles de ver, un simple paseo a las cuatro o las cinco de la tarde (¡!) por ciertas calles ya dan un espectáculo dantesco y desalentador para todos. ¿Quién tiene que actuar aquí? Las autoridades, pero también los padres. ¿Y qué pueden hacer? Pues las primeras, realizar inspecciones periódicas y sancionar, pero poniendo multas que no arañen, que hagan auténtico daño. Los segundos, vigilar y denunciar.
¿Pero quién tiene un verdadero interés en que todo siga como está? Tras Oliver Twist y los suyos había un tal Fagin que se beneficiaba de sus latrocinios. Los únicos que pueden sacar algo en claro de todo esto, los que están agazapados en la sombra moviendo los hilos soñando, como Fagin, con los pingües beneficios que van a obtener en unos pocos años: psicólogos clínicos, psiquiatras y abogados penalistas que ven sus futuros clientes en las legiones epicúreas de huerfanitos Oliver Twist de las Cuencas. www.lne.es







