Stop al acoso escolar: 'Defiéndete, pero sin violencia' La mitad de los escolares ha vivido o participado, al menos como espectadores, en una situación de bullying.
15/05/2006 La separación de la víctima del acosador es necesaria cuando lo que empieza como un aparente 'juego' adquiere un cariz más que peligroso. Define la expeerta Nora Rodríguez cinco fases en el bullying:
1.- Sutil. Todo parece un juego entre acosador y víctima. Se comienzan a proferir los primeros insultos, entre sornas.
2.- La víctima se da cuenta de que no es un juego y de que también tiene al grupo en contra, que apoya incluso al acosador o no se da por aludido y mira para otro lado. Todavía puede convivir en el aula con su 'bully'.
3.- El acosado comienza a tener sentimiento de culpa. «¿Por qué a mí?». Ya se ubica claramente en el papel de víctima. La separación de acosador y víctima debería ya llevarse a cabo en este nivel, según la experta.
4.- La víctima asume las acusaciones del bully o del grupo.
«Sí, tienen razón, soy un mierda y un pringado», por ejemplo.
5.- La víctima, cansada de tanta presión, explota y enferma: anorexia, bulimia, depresión, síndrome de estrés postraumático.
También puede arremeter contra su acosador, incluso armado. O opta por la solución más terrible y se suicida.
El trágico caso de Jokin, el adolescente guipuzcoano que se suicidó en 2004 tras soportar el largo asedio de un grupo de compañeros de clase, levantó el velo, casi invisible hasta entonces, del maltrato e incluso la violencia extrema detectada en el entorno escolar. Su muerte catapultó hasta la opinión pública un fenómeno, el del acoso escolar, que ya era evidente y frecuente en las aulas españolas pero que hasta entonces parecía obviarse.
Después de Jokin, los casos de hostigamiento en los colegios adquirieron máxima categoría en las páginas de sociedad o sucesos de los diarios. Una joven del municipio alicantino de Elda se suicidó en mayo de 2005 lanzándose al vacío desde un puente. También había sufrido la tortura de ser víctima de vejaciones e insultos constantes en su colegio.
Con estos luctuosos acontecimientos comenzó a adquirir notoriedad el término 'bullying', anglicismo que designa al proceso de intimidación sistemática y permanente en los centros escolares. «La mitad de los escolares han vivido o participado, al menos como espectadores, en una situación de 'bullying'», dice Nora Rodríguez, pedagoga que acaba de publicar su última obra sobre una materia de la que es experta y pionera: 'Stop Bullying. Las mejores estrategias para prevenir y frenar el acoso escolar' (RBA).
Para Rodríguez, las causas del acoso escolar provienen de muy diversos frentes. «Antes, la sociedad pedía lo mismo que los padres y el colegio. Ahora, exige a los chicos que sean individualistas, competitivos y consumistas. En el hogar descienden o no existen las reglas y normas. El único medio que parece generar un poco de orden es la escuela, y ahí surge el 'bullying': la violencia se gesta fuera pero explota dentro del aula», resume.
La especialista aborda un centenar de estrategias por grupos de edad para hacer frente a un problema de capital gravedad que afecta a menores entre los tres y los 16 años. Apuesta por desarrollar un «sistema de trabajo en red» que ha puesto en marcha con el denominado Proyecto Atenea que requiere la implicación directa de padres, profesores y servicios sociales, entre otros actores.
Las estrategias preventivas dependen de tres ejes fundamentales. Uno, que los menores aprendan a sentirse bien consigo mismo. «Los niños y adolescentes se sienten mal consigo porque pasan muchas horas solos, se sienten abandonados o son maltratados o malcriados». Dos, que aprendan a respetar «al otro» y asuman «que todos sus actos tienen consecuencias». Y tres, que reconozcan que sus actos «también repercuten en la sociedad».
En tanto esta filosofía de fondo fructifique, la experta aconseja que las víctimas del acoso escolar planten cara con serenidad a quienes les persiguen. «Si te hacen daño defiéndete, pero no con violencia», aconseja. «Lo que busca el acosador es controlar al otro. Es un mito creer que la víctima es el típico niño que tiene gafas o es gordito. Se convierte en víctima aquel que no mantiene el autocontrol. El acosador lo intenta con todos, porque no es un líder natural y se quiere imponer a través del miedo. Elige al que pierde el control en su presencia».
No existe un perfil previo del acosado, aunque sí un mismo patrón tras sufrir los ataques: «Pocas habilidades de respuesta y para la socialización, y un alto índice de estrés». El acosador sí presenta unas características singulares: «Suele ser un chico, con muy baja tolerancia a la frustración, con un discurso que no se corresponde con su mundo interno, y que se siente solo o muy abandonado. No son líderes naturales y, muchas veces, han sufrido maltrato físico o psicológico, cuando no un claro abandono emocional», indica. «Pero también puede ser un chico malcriado al que dejan hacer lo que quiere», añade.
Serenidad sin violencia
En tanto esta filosofía de fondo fructifique, la experta aconseja que las víctimas del acoso escolar planten cara con serenidad a quienes les persiguen. «Si te hacen daño defiéndete, pero no con violencia», aconseja. «Lo que busca el acosador es controlar al otro. Es un mito creer que la víctima es el típico niño que tiene gafas o es gordito. Se convierte en víctima aquel que no mantiene el autocontrol. El acosador lo intenta con todos, porque no es un líder natural y se quiere imponer a través del miedo. Elige al que pierde el control en su presencia».
La defensa puede consistir en ignorar al bully o acosador, que tiende a desmoronarse ante esta actitud, o con respuestas ingeniosas. «Eres un cobarde y un seboso», ataca. Posible respuesta: «¿Y?» o «no sabía que te fijabas tanto en mí», o «¿qué quieres decir con eso?». Pero, eso sí, nunca enfadado, lacrimoso u ofendido. «Si estás dolido, que no se note».
No existe un perfil previo del acosado, aunque sí un mismo patrón tras sufrir los ataques: «Pocas habilidades de respuesta y para la socialización, y un alto índice de estrés». El acosador sí presenta unas características singulares: «Suele ser un chico, con muy baja tolerancia a la frustración, con un discurso que no se corresponde con su mundo interno, y que se siente solo o muy abandonado. No son líderes naturales y, muchas veces, han sufrido maltrato físico o psicológico, cuando no un claro abandono emocional», indica. «Pero también puede ser un chico malcriado al que dejan hacer lo que quiere», añade.
Los papeles cambian
Otro 'mito' es creer que en el 'bullying' hay un patrón fijo de quién va a ser víctima y quién agresor. «Es un proceso dinámico y el que es en algún momento víctima puede reaccionar contra el acosador y cambiar los papeles. Luego está el grupo, que en función de las circunstancias se sitúa en uno u otro lugar o hace que no ve nada».
El papel de los padres es fundamental. «Deben comprometerse a fondo, no sólo conocer la evolución académica de los hijos. Tienen que saber cómo son, con quién se relacionan y con quién se llevan peor o mejor». La experta, que ha entrevistado a casi un millar de menores, insta a los padres a que, ante un posible caso de acoso contra su hijo, «exijan a la dirección del centro escolar garantías de que no va a volver a ocurrir, detallando los hechos y enviando un burofax, que tiene categoría jurídica. Y, por supuesto, que el niño se quede en casa mientras no se solucione».
Nora Rodríguez no es partidaria de «obligar a los menores a denunciar». «Que se lo cuenten a sus padres o a adultos o amigos mayores en los que confíe. No se puede actuar como en la primera época en el que saltó a la palestra la violencia de género.
Denunciaban a sus maridos y, como tenían que convivir con ellos, algunos las mataban. Hay que crear redes de ayuda dentro y fuera del colegio», subraya.
Medidas coercitivas
Además, «los profesores tienen que recuperar la autoridad en la clase y no convertirse en meros receptores de las quejas incongruentes de algunos padres, que arremeten sin más contra ellos». Como medidas coercitivas contra los acosadores, aboga por los trabajos comunitarios para la escuela o la sociedad. «Si expulsas a los menores del centro escolar refuerzas su conducta negativa», arguye. «Todavía son maleables, excepto si tienen una patología, y pueden aprender a hacer cosas beneficiosas para los demás».
Las últimas 'tendencias' del acoso escolar presentan nuevas singularidades. «Las niñas acosan más que los niños» entre los siete y los nueve años. Entre 11 y 13 o entre 14 y 16 años, sigue siendo más común el acoso del chico a la chica o entre los muchachos. «Las chicas acosan más moralmente -con insultos que ponen en duda la catadura moral de la víctima o socialmente -aislando a la acosada, 'ninguneándola'-. Los adolescentes practican un 'bullying' de perfil más ideológico -»o piensas como yo o eres mi enemigo«-, psicológico y físico. Si el grupo es mixto, las chicas asumen el rol masculino de acusar», concluye.
Rª larioja.com lavozdegalicia.es eldiariomontanes.es
T. H. C., menor burgalesa que ha denunciado el acoso de sus compañeros.
15/05/2006 La separación de la víctima del acosador es necesaria cuando lo que empieza como un aparente 'juego' adquiere un cariz más que peligroso. Define la expeerta Nora Rodríguez cinco fases en el bullying:
1.- Sutil. Todo parece un juego entre acosador y víctima. Se comienzan a proferir los primeros insultos, entre sornas.
2.- La víctima se da cuenta de que no es un juego y de que también tiene al grupo en contra, que apoya incluso al acosador o no se da por aludido y mira para otro lado. Todavía puede convivir en el aula con su 'bully'.
3.- El acosado comienza a tener sentimiento de culpa. «¿Por qué a mí?». Ya se ubica claramente en el papel de víctima. La separación de acosador y víctima debería ya llevarse a cabo en este nivel, según la experta.
4.- La víctima asume las acusaciones del bully o del grupo.
«Sí, tienen razón, soy un mierda y un pringado», por ejemplo.
5.- La víctima, cansada de tanta presión, explota y enferma: anorexia, bulimia, depresión, síndrome de estrés postraumático.
También puede arremeter contra su acosador, incluso armado. O opta por la solución más terrible y se suicida.
El trágico caso de Jokin, el adolescente guipuzcoano que se suicidó en 2004 tras soportar el largo asedio de un grupo de compañeros de clase, levantó el velo, casi invisible hasta entonces, del maltrato e incluso la violencia extrema detectada en el entorno escolar. Su muerte catapultó hasta la opinión pública un fenómeno, el del acoso escolar, que ya era evidente y frecuente en las aulas españolas pero que hasta entonces parecía obviarse.
Después de Jokin, los casos de hostigamiento en los colegios adquirieron máxima categoría en las páginas de sociedad o sucesos de los diarios. Una joven del municipio alicantino de Elda se suicidó en mayo de 2005 lanzándose al vacío desde un puente. También había sufrido la tortura de ser víctima de vejaciones e insultos constantes en su colegio.
Con estos luctuosos acontecimientos comenzó a adquirir notoriedad el término 'bullying', anglicismo que designa al proceso de intimidación sistemática y permanente en los centros escolares. «La mitad de los escolares han vivido o participado, al menos como espectadores, en una situación de 'bullying'», dice Nora Rodríguez, pedagoga que acaba de publicar su última obra sobre una materia de la que es experta y pionera: 'Stop Bullying. Las mejores estrategias para prevenir y frenar el acoso escolar' (RBA).
Para Rodríguez, las causas del acoso escolar provienen de muy diversos frentes. «Antes, la sociedad pedía lo mismo que los padres y el colegio. Ahora, exige a los chicos que sean individualistas, competitivos y consumistas. En el hogar descienden o no existen las reglas y normas. El único medio que parece generar un poco de orden es la escuela, y ahí surge el 'bullying': la violencia se gesta fuera pero explota dentro del aula», resume.
La especialista aborda un centenar de estrategias por grupos de edad para hacer frente a un problema de capital gravedad que afecta a menores entre los tres y los 16 años. Apuesta por desarrollar un «sistema de trabajo en red» que ha puesto en marcha con el denominado Proyecto Atenea que requiere la implicación directa de padres, profesores y servicios sociales, entre otros actores.
Las estrategias preventivas dependen de tres ejes fundamentales. Uno, que los menores aprendan a sentirse bien consigo mismo. «Los niños y adolescentes se sienten mal consigo porque pasan muchas horas solos, se sienten abandonados o son maltratados o malcriados». Dos, que aprendan a respetar «al otro» y asuman «que todos sus actos tienen consecuencias». Y tres, que reconozcan que sus actos «también repercuten en la sociedad».
En tanto esta filosofía de fondo fructifique, la experta aconseja que las víctimas del acoso escolar planten cara con serenidad a quienes les persiguen. «Si te hacen daño defiéndete, pero no con violencia», aconseja. «Lo que busca el acosador es controlar al otro. Es un mito creer que la víctima es el típico niño que tiene gafas o es gordito. Se convierte en víctima aquel que no mantiene el autocontrol. El acosador lo intenta con todos, porque no es un líder natural y se quiere imponer a través del miedo. Elige al que pierde el control en su presencia».
No existe un perfil previo del acosado, aunque sí un mismo patrón tras sufrir los ataques: «Pocas habilidades de respuesta y para la socialización, y un alto índice de estrés». El acosador sí presenta unas características singulares: «Suele ser un chico, con muy baja tolerancia a la frustración, con un discurso que no se corresponde con su mundo interno, y que se siente solo o muy abandonado. No son líderes naturales y, muchas veces, han sufrido maltrato físico o psicológico, cuando no un claro abandono emocional», indica. «Pero también puede ser un chico malcriado al que dejan hacer lo que quiere», añade.
Serenidad sin violencia
En tanto esta filosofía de fondo fructifique, la experta aconseja que las víctimas del acoso escolar planten cara con serenidad a quienes les persiguen. «Si te hacen daño defiéndete, pero no con violencia», aconseja. «Lo que busca el acosador es controlar al otro. Es un mito creer que la víctima es el típico niño que tiene gafas o es gordito. Se convierte en víctima aquel que no mantiene el autocontrol. El acosador lo intenta con todos, porque no es un líder natural y se quiere imponer a través del miedo. Elige al que pierde el control en su presencia».
La defensa puede consistir en ignorar al bully o acosador, que tiende a desmoronarse ante esta actitud, o con respuestas ingeniosas. «Eres un cobarde y un seboso», ataca. Posible respuesta: «¿Y?» o «no sabía que te fijabas tanto en mí», o «¿qué quieres decir con eso?». Pero, eso sí, nunca enfadado, lacrimoso u ofendido. «Si estás dolido, que no se note».
No existe un perfil previo del acosado, aunque sí un mismo patrón tras sufrir los ataques: «Pocas habilidades de respuesta y para la socialización, y un alto índice de estrés». El acosador sí presenta unas características singulares: «Suele ser un chico, con muy baja tolerancia a la frustración, con un discurso que no se corresponde con su mundo interno, y que se siente solo o muy abandonado. No son líderes naturales y, muchas veces, han sufrido maltrato físico o psicológico, cuando no un claro abandono emocional», indica. «Pero también puede ser un chico malcriado al que dejan hacer lo que quiere», añade.
Los papeles cambian
Otro 'mito' es creer que en el 'bullying' hay un patrón fijo de quién va a ser víctima y quién agresor. «Es un proceso dinámico y el que es en algún momento víctima puede reaccionar contra el acosador y cambiar los papeles. Luego está el grupo, que en función de las circunstancias se sitúa en uno u otro lugar o hace que no ve nada».
El papel de los padres es fundamental. «Deben comprometerse a fondo, no sólo conocer la evolución académica de los hijos. Tienen que saber cómo son, con quién se relacionan y con quién se llevan peor o mejor». La experta, que ha entrevistado a casi un millar de menores, insta a los padres a que, ante un posible caso de acoso contra su hijo, «exijan a la dirección del centro escolar garantías de que no va a volver a ocurrir, detallando los hechos y enviando un burofax, que tiene categoría jurídica. Y, por supuesto, que el niño se quede en casa mientras no se solucione».
Nora Rodríguez no es partidaria de «obligar a los menores a denunciar». «Que se lo cuenten a sus padres o a adultos o amigos mayores en los que confíe. No se puede actuar como en la primera época en el que saltó a la palestra la violencia de género.
Denunciaban a sus maridos y, como tenían que convivir con ellos, algunos las mataban. Hay que crear redes de ayuda dentro y fuera del colegio», subraya.
Medidas coercitivas
Además, «los profesores tienen que recuperar la autoridad en la clase y no convertirse en meros receptores de las quejas incongruentes de algunos padres, que arremeten sin más contra ellos». Como medidas coercitivas contra los acosadores, aboga por los trabajos comunitarios para la escuela o la sociedad. «Si expulsas a los menores del centro escolar refuerzas su conducta negativa», arguye. «Todavía son maleables, excepto si tienen una patología, y pueden aprender a hacer cosas beneficiosas para los demás».
Las últimas 'tendencias' del acoso escolar presentan nuevas singularidades. «Las niñas acosan más que los niños» entre los siete y los nueve años. Entre 11 y 13 o entre 14 y 16 años, sigue siendo más común el acoso del chico a la chica o entre los muchachos. «Las chicas acosan más moralmente -con insultos que ponen en duda la catadura moral de la víctima o socialmente -aislando a la acosada, 'ninguneándola'-. Los adolescentes practican un 'bullying' de perfil más ideológico -»o piensas como yo o eres mi enemigo«-, psicológico y físico. Si el grupo es mixto, las chicas asumen el rol masculino de acusar», concluye.
Rª larioja.com lavozdegalicia.es eldiariomontanes.es
T. H. C., menor burgalesa que ha denunciado el acoso de sus compañeros.






