EDITORIAL · LA VANGUARDIA - 02/06/2006 Royal y Sarkozy
Ségolène Royal ha sorprendido en Francia por haber pedido más mano dura contra la delincuencia juvenil de los barrios más degradados de la periferia de las grandes ciudades, especialmente París. Con este posicionamiento, la dirigente socialista más valorada por la opinión pública de cara a las presidenciales del 2007, conocida como la Zapatera, no sólo discrepa de las tesis oficiales de su partido sino que ha irrumpido de lleno en el terreno del ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, su principal adversario potencial, al que acusa de haber fracasado en su misión de mantener la ley y el orden.
La petición de mayor firmeza de Royal se produce después de unos días de tensión en algunos de los barrios más pobres de las afueras de la capital, que han hecho temer el retorno de las violentas protestas del otoño pasado. Ante la preocupación en la opinión pública, todo indica que no quiere caer en el error de Jospin en el 2002 cuando Chirac le ganó el pulso acusándole de tibieza en materia de seguridad ciudadana.
Con todo, Royal no centra únicamente sus propuestas en una función más represiva de la policía sino en medidas como suspender las ayudas familiares -muy cuantiosas en Francia- a aquellos padres que hagan dejación de sus responsabilidades paternales. O bien someter a los delincuentes de más de 16 años a la disciplina militar en establecimientos especiales, donde se dedicarían a ejercer -bajo la tutela del ejército- alguna labor humanitaria. Royal, que es hija de un coronel retirado, considera que la supresión del servicio militar fue un error y que hace falta inventar uno nuevo. Y, en referencia a la violencia escolar, tampoco duda cuando propone expulsar a los más rebeldes que contaminan al conjunto.
No son fáciles las soluciones para la fractura social que vive Francia ni para ofrecer un futuro a esos colectivos de jóvenes que son víctimas del sistema, algunos convertidos en delincuentes. En cualquier caso, ante el debate abierto, la socialista aspirante a la presidencia de Francia tiene claro que la ley y el orden no deben aparecer sólo como monopolio de la derecha. Y mucho menos de la extrema derecha.
Ségolène Royal ha sorprendido en Francia por haber pedido más mano dura contra la delincuencia juvenil de los barrios más degradados de la periferia de las grandes ciudades, especialmente París. Con este posicionamiento, la dirigente socialista más valorada por la opinión pública de cara a las presidenciales del 2007, conocida como la Zapatera, no sólo discrepa de las tesis oficiales de su partido sino que ha irrumpido de lleno en el terreno del ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, su principal adversario potencial, al que acusa de haber fracasado en su misión de mantener la ley y el orden.
La petición de mayor firmeza de Royal se produce después de unos días de tensión en algunos de los barrios más pobres de las afueras de la capital, que han hecho temer el retorno de las violentas protestas del otoño pasado. Ante la preocupación en la opinión pública, todo indica que no quiere caer en el error de Jospin en el 2002 cuando Chirac le ganó el pulso acusándole de tibieza en materia de seguridad ciudadana.
Con todo, Royal no centra únicamente sus propuestas en una función más represiva de la policía sino en medidas como suspender las ayudas familiares -muy cuantiosas en Francia- a aquellos padres que hagan dejación de sus responsabilidades paternales. O bien someter a los delincuentes de más de 16 años a la disciplina militar en establecimientos especiales, donde se dedicarían a ejercer -bajo la tutela del ejército- alguna labor humanitaria. Royal, que es hija de un coronel retirado, considera que la supresión del servicio militar fue un error y que hace falta inventar uno nuevo. Y, en referencia a la violencia escolar, tampoco duda cuando propone expulsar a los más rebeldes que contaminan al conjunto.
No son fáciles las soluciones para la fractura social que vive Francia ni para ofrecer un futuro a esos colectivos de jóvenes que son víctimas del sistema, algunos convertidos en delincuentes. En cualquier caso, ante el debate abierto, la socialista aspirante a la presidencia de Francia tiene claro que la ley y el orden no deben aparecer sólo como monopolio de la derecha. Y mucho menos de la extrema derecha.






