Andrés Pascoe Rippey ·MÉXICO 18 Junio
Las nuevas tecnologías son siempre vistas como un síntoma del avance social, del progreso y de la modernización. Sin embargo, en algunas ocasiones, las tecnologías pueden convertirse en vehículos para motivar despiadadas tendencias sociales.
En Francia todos los jóvenes tienen celulares con cámara incluida. Son baratos y accesibles. Lamentablemente el acceso generalizado a estos prácticos y amenos aparatitos ha permitido el nacimiento de una nueva tendencia social que tiene al país galo muy preocupado.
Consiste en el uso de las cámaras de los celulares para fotografiar o filmar actos de violencia por parte de jóvenes, a fin de poder presumirlos a los amigos.
Con el término “happy slapping” o “felices bofetadas”, los adolescentes de Francia han iniciado una feroz competencia por ver quién es el que filma el acto más violento, humillante o agresivo, para después ser presentado como trofeo en Internet.
El fenómeno empezó hace cerca de un año, cuando jóvenes pobres de los suburbios parisinos comenzaron a registrar sus asaltos y robos para poder demostrarle a las bandas que merecían ser aceptados. Era una especie de novatada: si quieres entrar a la pandilla y ganarte el favor del líder, les dicen, demuéstranos que tienes sangre fría y filma un asalto.
La práctica se generalizó rápidamente, pasando de una muestra de valía criminal a ser una especie de competencia hormonal entre los vándalos.
Pronto todos se dedicaron a registrar sus hazañas en los celulares.
El impacto de estas filmaciones ha sido tal que ha invadido ahora a las clases medias, causando una explosión en la violencia adolescente en el interior de París.
Hace unos pocos días, un grupo de jóvenes atacó violentamente a un compañero suyo de 17 años. Mientras unos lo golpeaban y sometían, el resto filmaba con alegría el evento. La golpiza duró cerca de 45 minutos, y los atacantes aseguraron que lo hicieron “sólo por jugar”.
El video empezó a circular de celular en celular, transmitido por tecnología bluetooth, alcanzando a casi todos los alumnos del liceo. La justicia reaccionó al percatarse de este evento, y la escuela empezó a ser vigilada por policías armados.
Uno de los alumnos aseguró a la prensa que “de un día para otro, había agentes por todas partes”.
Lamentablemente, la historia se popularizó y otros colegios buscaron superarla, realizando actos de violencia o humillación cada vez más dramáticos.
Una solución propuesta por los diputados es la prohibición de celulares en las escuelas o, de plano, para todos los menores de edad. Sin embargo Gerard Dupont, encargado del sistema escolar de la provincia de Seine-et-Marne, explicó que es imposible prohibir el uso de estos aparatos, pero que tomarán medidas especiales para que todos los casos de “happy slapping” sean llevados a la justicia y los adolescentes entiendan, enfrentados al procurador, que esto no es un juego.
El ministro de Interior, Nicolás Sarkosy, se ha visto obligado a tomar cartas en el asunto que crece constantemente, determinando que la motivación de filmar un acto de violencia será un “agravante” para elevar las penas de los procesados.
Así, los jóvenes franceses han aprendido a combinar su rebeldía con la tecnología a la que tienen acceso, inventando nuevos juegos peligrosos para demostrar su virilidad. Pero en el proceso han dejado un rastro de sangre y humillación para sus víctimas, que ahora son exhibidas por su “debilidad”.
Esto es interesante porque, de forma curiosa, me ha revelado que la política mexicana está justo en el nivel de los adolescentes vándalos franceses.
Todas las herramientas tecnológicas son utilizadas hoy en día por los partidos políticos, y no para promover a sus candidatos, sino para violentar, humillar y destrozar a los competidores. Como chavales dominados por la hormona, los políticos mexicanos utilizan los medios de comunicación - incluyendo el Internet - como vehículos destructivos para desmembrar a todo aquel que se ponga en su camino.
El último ejemplo, y más notorio, es el del cuñado de Calderón. La Jornada ha dedicado todos sus titulares de la semana a “revelar” nuevas faltas del cuate, al punto que ya estoy esperando un titular que diga “Zavala usó pañal hasta los cinco años. Se confirma que fue perverso poliforme”.
He dicho antes, e insisto, que el caso se investigue y se determine si hubo alguna falta. Pero mientras, me ha asombrado la tendencia de algunos medios, políticos, intelectuales y sectores sociales a adorar el linchamiento. ¿De cuando acá esa es una práctica que los izquierdistas validamos?
La verdad me parece temible que sectores sociales se regocijen con lo que los gringos llaman “asesinato de carácter”. Esta estrategia política - porque eso es lo único que es - es escalofriante y funciona cuando el acusador se convierte también en juez y verdugo. Pero lo más terrible es el silencio cómplice de la izquierda. ¿No era el Estado de Derecho una bandera? ¿Qué ha pasado que ahora, después de tanto criticar la “guerra sucia” del PAN, todo se vale?
Como adolescentes franceses, registran todo acto de vandalismo político para humillar al otro y ganarse el favor del líder de la pandilla, léase AMLO.
La ausencia de pensamiento crítico, moderado y generoso termina de cuajar con la hipocresía de llamar a una tregua. Tipo “ya te rompí la madre, hagamos las paces”.
Así, vivimos esta campaña a involucionado en una competencia de felices bofetadas, dónde la alegría radica en ver quién puede humillar más a su contrario. No vale, quiero agregar, el discurso de “ellos empezaron”. Esto no es la primaria.
Como sea, los tracking polls revelan que las felices bofetadas han sido tantas que han perdido su impacto y que no definirán la elección. Ojalá así sea. Ojalá cuando los partidos recuerden esta elección, en el futuro, tengan la madurez de admitir que deberían estar avergonzados. www.cronica.com.mx
Andrés Pascoe Rippey
Las nuevas tecnologías son siempre vistas como un síntoma del avance social, del progreso y de la modernización. Sin embargo, en algunas ocasiones, las tecnologías pueden convertirse en vehículos para motivar despiadadas tendencias sociales.
En Francia todos los jóvenes tienen celulares con cámara incluida. Son baratos y accesibles. Lamentablemente el acceso generalizado a estos prácticos y amenos aparatitos ha permitido el nacimiento de una nueva tendencia social que tiene al país galo muy preocupado.
Consiste en el uso de las cámaras de los celulares para fotografiar o filmar actos de violencia por parte de jóvenes, a fin de poder presumirlos a los amigos.
Con el término “happy slapping” o “felices bofetadas”, los adolescentes de Francia han iniciado una feroz competencia por ver quién es el que filma el acto más violento, humillante o agresivo, para después ser presentado como trofeo en Internet.
El fenómeno empezó hace cerca de un año, cuando jóvenes pobres de los suburbios parisinos comenzaron a registrar sus asaltos y robos para poder demostrarle a las bandas que merecían ser aceptados. Era una especie de novatada: si quieres entrar a la pandilla y ganarte el favor del líder, les dicen, demuéstranos que tienes sangre fría y filma un asalto.
La práctica se generalizó rápidamente, pasando de una muestra de valía criminal a ser una especie de competencia hormonal entre los vándalos.
Pronto todos se dedicaron a registrar sus hazañas en los celulares.
El impacto de estas filmaciones ha sido tal que ha invadido ahora a las clases medias, causando una explosión en la violencia adolescente en el interior de París.
Hace unos pocos días, un grupo de jóvenes atacó violentamente a un compañero suyo de 17 años. Mientras unos lo golpeaban y sometían, el resto filmaba con alegría el evento. La golpiza duró cerca de 45 minutos, y los atacantes aseguraron que lo hicieron “sólo por jugar”.
El video empezó a circular de celular en celular, transmitido por tecnología bluetooth, alcanzando a casi todos los alumnos del liceo. La justicia reaccionó al percatarse de este evento, y la escuela empezó a ser vigilada por policías armados.
Uno de los alumnos aseguró a la prensa que “de un día para otro, había agentes por todas partes”.
Lamentablemente, la historia se popularizó y otros colegios buscaron superarla, realizando actos de violencia o humillación cada vez más dramáticos.
Una solución propuesta por los diputados es la prohibición de celulares en las escuelas o, de plano, para todos los menores de edad. Sin embargo Gerard Dupont, encargado del sistema escolar de la provincia de Seine-et-Marne, explicó que es imposible prohibir el uso de estos aparatos, pero que tomarán medidas especiales para que todos los casos de “happy slapping” sean llevados a la justicia y los adolescentes entiendan, enfrentados al procurador, que esto no es un juego.
El ministro de Interior, Nicolás Sarkosy, se ha visto obligado a tomar cartas en el asunto que crece constantemente, determinando que la motivación de filmar un acto de violencia será un “agravante” para elevar las penas de los procesados.
Así, los jóvenes franceses han aprendido a combinar su rebeldía con la tecnología a la que tienen acceso, inventando nuevos juegos peligrosos para demostrar su virilidad. Pero en el proceso han dejado un rastro de sangre y humillación para sus víctimas, que ahora son exhibidas por su “debilidad”.
Esto es interesante porque, de forma curiosa, me ha revelado que la política mexicana está justo en el nivel de los adolescentes vándalos franceses.
Todas las herramientas tecnológicas son utilizadas hoy en día por los partidos políticos, y no para promover a sus candidatos, sino para violentar, humillar y destrozar a los competidores. Como chavales dominados por la hormona, los políticos mexicanos utilizan los medios de comunicación - incluyendo el Internet - como vehículos destructivos para desmembrar a todo aquel que se ponga en su camino.
El último ejemplo, y más notorio, es el del cuñado de Calderón. La Jornada ha dedicado todos sus titulares de la semana a “revelar” nuevas faltas del cuate, al punto que ya estoy esperando un titular que diga “Zavala usó pañal hasta los cinco años. Se confirma que fue perverso poliforme”.
He dicho antes, e insisto, que el caso se investigue y se determine si hubo alguna falta. Pero mientras, me ha asombrado la tendencia de algunos medios, políticos, intelectuales y sectores sociales a adorar el linchamiento. ¿De cuando acá esa es una práctica que los izquierdistas validamos?
La verdad me parece temible que sectores sociales se regocijen con lo que los gringos llaman “asesinato de carácter”. Esta estrategia política - porque eso es lo único que es - es escalofriante y funciona cuando el acusador se convierte también en juez y verdugo. Pero lo más terrible es el silencio cómplice de la izquierda. ¿No era el Estado de Derecho una bandera? ¿Qué ha pasado que ahora, después de tanto criticar la “guerra sucia” del PAN, todo se vale?
Como adolescentes franceses, registran todo acto de vandalismo político para humillar al otro y ganarse el favor del líder de la pandilla, léase AMLO.
La ausencia de pensamiento crítico, moderado y generoso termina de cuajar con la hipocresía de llamar a una tregua. Tipo “ya te rompí la madre, hagamos las paces”.
Así, vivimos esta campaña a involucionado en una competencia de felices bofetadas, dónde la alegría radica en ver quién puede humillar más a su contrario. No vale, quiero agregar, el discurso de “ellos empezaron”. Esto no es la primaria.
Como sea, los tracking polls revelan que las felices bofetadas han sido tantas que han perdido su impacto y que no definirán la elección. Ojalá así sea. Ojalá cuando los partidos recuerden esta elección, en el futuro, tengan la madurez de admitir que deberían estar avergonzados. www.cronica.com.mx
Andrés Pascoe Rippey





