Solidaridad en familia · 32 familias forman parte del programa «Familias voluntarias»
Ambos trabajan y tienen dos hijos, de 7 y 10 años. Hace unos meses tomaron una decisión importante para su familia y para Alba, una niña de 8 años que acogen todos los fines de semana y durante las vacaciones escolares. Ella, al igual que otros cientos de menores en Asturias, está bajo la tutela de la Administración y reside en centros de acogida. Ayer las 32 familias que actualmente forman parte del programa «Familias voluntarias», financiado por la Consejería de Vivienda y Bienestar Social y gestionado por Cruz Roja, celebraron en Oviedo una jornada de convivencia en el décimo aniversario de su puesta en marcha. Esta iniciativa persigue ofrecer a los menores tutelados administrativamente un entorno familiar que sirva de referencia positiva y normalizada durante el tiempo de ocio, facilitando que accedan así a modelos de relación distintos a los que han experimentado en su trayectoria vital. Desde enero de 2006 se han incorporado al programa 17 nuevas familias.
Una mañana de intercambio de experiencias entre todas las familias que, al igual que Pedro y Reyes, ofrecen su cariño, su tiempo y sus hogares a los 104 menores que a lo largo de esta década se han beneficiado del programa. El presidente de Cruz Roja en Asturias, Francisco Fernández, presentó el acto en el que intervinieron, además, la directora del Instituto Asturiano de Atención Social a la Infancia, Gloria Fernández, y una técnica del equipo de centros de la Consejería de Bienestar Social, Ángeles de Pedro, que agradecieron y reconocieron la importante labor solidaria que estos hombres y mujeres están llevando a cabo.
«Nos dimos cuenta de que como padres todas nuestras necesidades estaban cubiertas. Entre semana nuestra vida está liada como la de cualquiera con el trabajo, pero los fines de semana estamos al cien por cien con nuestros hijos. Tenemos una casa en la aldea y viendo que nuestros hijos son felices en ese entorno, jugando con los perros y disfrutando, decidimos que era una pena no poder compartirlo, e igual que llevamos a algunos amigos decidimos ofrecer esa posibilidad a un niño que no la tuviera», cuenta Pedro, recordando cómo emprendieron esta aventura. «A veces surgen dificultades porque creen que quieres separarlos de sus padres biológicos. Es una labor de día a día, porque son pequeños y en ocasiones les cuesta asumir su situación». Se trata de una decisión que también beneficia a sus hijos, «les ayuda a ver el valor de las cosas, a compartir, ser conscientes de que hay otras realidades. Entre ellos y Alba hay buen rollo».
Algunas familias que llevan años como voluntarias siguen manteniendo relación con los jóvenes con quienes iniciaron el programa a pesar de que alguno ya ha alcanzado la mayoría de edad. «Surgen parecidas dificultades a las que puede haber con tus propios hijos, tu vas queriendo lo mejor para ellos. Es un esfuerzo por ambas partes», explicaba una de las más veteranas entre los miembros del proyecto, «al principio parece un nexo artificial, pero luego los lazos se generan igual que en las relaciones naturales».
El tiempo mínimo de acogida es de un año. Pedro y Reyes comenzaron en enero e invitan a otras familias a tomar esta decisión por la satisfacción que produce, pero «ha de ser meditadamente, esto no es como comprar una mascota. No vale dejarlo al poco tiempo diciendo "ahora no me viene bien"».
Un labor, en definitiva, encaminada a proporcionar a los niños menos afortunados el equilibrio de saber que en sus vidas hay algo sólido que permanece. lne.es
![]() | Voluntarios asistentes a la jornada celebrada el sábado en Oviedo.
Oviedo, 18 Junio «Requiere un grado de compromiso importante porque hay momentos buenos y malos, pero sin duda es muy gratificante. Merece la pena». Tan sencillo y tan complejo. Pedro Herce y su mujer, Reyes Sánchez, son un joven matrimonio en la treintena. |
Una mañana de intercambio de experiencias entre todas las familias que, al igual que Pedro y Reyes, ofrecen su cariño, su tiempo y sus hogares a los 104 menores que a lo largo de esta década se han beneficiado del programa. El presidente de Cruz Roja en Asturias, Francisco Fernández, presentó el acto en el que intervinieron, además, la directora del Instituto Asturiano de Atención Social a la Infancia, Gloria Fernández, y una técnica del equipo de centros de la Consejería de Bienestar Social, Ángeles de Pedro, que agradecieron y reconocieron la importante labor solidaria que estos hombres y mujeres están llevando a cabo.
«Nos dimos cuenta de que como padres todas nuestras necesidades estaban cubiertas. Entre semana nuestra vida está liada como la de cualquiera con el trabajo, pero los fines de semana estamos al cien por cien con nuestros hijos. Tenemos una casa en la aldea y viendo que nuestros hijos son felices en ese entorno, jugando con los perros y disfrutando, decidimos que era una pena no poder compartirlo, e igual que llevamos a algunos amigos decidimos ofrecer esa posibilidad a un niño que no la tuviera», cuenta Pedro, recordando cómo emprendieron esta aventura. «A veces surgen dificultades porque creen que quieres separarlos de sus padres biológicos. Es una labor de día a día, porque son pequeños y en ocasiones les cuesta asumir su situación». Se trata de una decisión que también beneficia a sus hijos, «les ayuda a ver el valor de las cosas, a compartir, ser conscientes de que hay otras realidades. Entre ellos y Alba hay buen rollo».
Algunas familias que llevan años como voluntarias siguen manteniendo relación con los jóvenes con quienes iniciaron el programa a pesar de que alguno ya ha alcanzado la mayoría de edad. «Surgen parecidas dificultades a las que puede haber con tus propios hijos, tu vas queriendo lo mejor para ellos. Es un esfuerzo por ambas partes», explicaba una de las más veteranas entre los miembros del proyecto, «al principio parece un nexo artificial, pero luego los lazos se generan igual que en las relaciones naturales».
El tiempo mínimo de acogida es de un año. Pedro y Reyes comenzaron en enero e invitan a otras familias a tomar esta decisión por la satisfacción que produce, pero «ha de ser meditadamente, esto no es como comprar una mascota. No vale dejarlo al poco tiempo diciendo "ahora no me viene bien"».
Un labor, en definitiva, encaminada a proporcionar a los niños menos afortunados el equilibrio de saber que en sus vidas hay algo sólido que permanece. lne.es







