TRIBUNA · SALVADOR PEIRÓ I GREGORI /Profesor Titular de Universidad
Valencia 3 Jul. No voy a hablar ahora de la prueba de acceso a las universidades, aunque la prensa mencionara el botellón. El otro día, estando por el sur, leí en la prensa que dos agentes de la Policía Local granadina fueron multados por pegar a unos jóvenes del botellón ( Ideal , Granada, 20-05-06). Aquel fin de semana en que estuve allí palpé en la calle que este fenómeno es un escándalo. Lo del botellón va a oleadas, como la gripe. De repente, un fin de semana aparecen unas indicaciones que dictan a los adolescentes que vayan a tal sitio para tomar cerveza –o lo que sea– a tope. Esto venía sucediendo también de vez en cuando, aunque sin tanta virulencia, en los campus de diversas universidades. Y así, unos cuantos años. Pero, desde ha poco, se trata de ir a tal barrio o plaza para llevar a cabo una gran concentración de masas. El resultado, noluntad, suciedad, algarabía, molestias para los vecinos, algunos ataques etílicos... y galbana para los días siguientes. Digo vagancia posterior, porque supongo que los trabajadores no suelen acudir tan de rositas a tales eventos . A no ser que muchos de éstos sean estudiantes fracasados y, ante la frustración, reaccionen así.
No obstante, en el resto de Europa, sucesos como este, el botellón, no es tan común. Y es que también nos estamos marcando en la diversión . Lo bacanal no está tan extendido como en España. Aquí se considera normal, incluso, lógico, como si no repercutiera en la salud individual ni social.
En el entorno de tales masificaciones tenemos extremos que aprovechan las victorias futboleras o cualquier amontonamiento para actuar. Por ejemplo: “Existía un grupo de jóvenes que no colaboraron en el desalojo. [...] La policía municipal respondió a los intentos de una minoría de aficionados por acceder al interior de la fuente con golpes y pelotazos al conjunto de los aficionados allí presentes. Ante lo cual, el sindicato de estudiantes levanta la voz’’. Y así, se constata un conflicto entre instituciones.
Desde la perspectiva educativa, hay que buscar las causas de esto. ¿Por qué se aliena la gente, diluida en una masa y bebiendo? Son bastantes los factores. A) Políticamente, desde la perspectiva estatal, notamos carencias de programas preventivos. Por ejemplo, en el diseño de estrategias para implicar a las familias en el control de abuso de substancias nocivas. B) Sin embargo, podemos ir más al fondo. Socioculturalmente aún está por aplicar de manera seria el acceso a la venta, distribución y consumo de alcohol a menores. C) Un tercer factor es de tipo policial, pues, también carecemos de medidas coercitivas con relación al consumo callejero, bastaría pedir el cumplimiento estricto de la normativa vigente. D) Podemos también mencionar la necesaria limitación de la publicidad directa e indirecta dirigida a menores y proteger a estos de la promoción y esponsorización, por parte de los fabricantes de alcohol y tabacos, de eventos dirigidos al público juvenil. E) No están extendidas las políticas que tiendan a facilitar opciones de ocio alternativo y también de bebidas más saludables y baratas que el alcohol (salvo casos como el de Benissa). Sobre estos aspectos, tampoco los jóvenes suelen tomar parte en la elaboración de las campañas dirigidas hacia ellos. Y un largo etcétera.
Pasando desde las familias y ciudades al sistema escolar, desde la perspectiva de la educación social, cualquier persona puede comprobar que aún quedan objetivos educativos por cumplir. Pensemos en promover una auténtica educación para la salud. Hubo un tema transversal relativo a la vida sana y, que sepamos, aún no se ha derogado. ¿Se aplica en los centros docentes? Respecto a esto, ¡no es lo mismo saber sobre salud que estar sano! En la realidad escolar encontramos demasiados casos que entienden la transversalidad como que sólo es algo a saber y no se constatan prácticas. ¿Se han olvidado del valor templanza? Es decir, hay carencia de instituciones que posibilitarían la puesta en práctica de tales valores saludables: organizaciones juveniles, clubes deportivos y programas en comunidades locales con la meta de fomentar y favorecer alternativas a la ociosidad, que es la madre de los vicios.
Veamos de manera más específica por qué los jóvenes practican el botellón. Sabemos que sociedad, cultura, escuela, municipio..., todo está interrelacionado. El botellón es una forma masiva de actividad. Es decir, el consumo se propaga mucho porque se desenvuelve de forma inconsciente, pues hay influencia a nivel de grupo. Y, unos por otros, hay manifestaciones de carencia en autocontrol. Esto es fácil de comprobar. Si hemos observado a los estudiantes, constatamos que en un aula no suele haber consumidores meramente individuales, es muy raro que un alumno empiece a consumir él solo. www.lasprovincias.es
Valencia 3 Jul. No voy a hablar ahora de la prueba de acceso a las universidades, aunque la prensa mencionara el botellón. El otro día, estando por el sur, leí en la prensa que dos agentes de la Policía Local granadina fueron multados por pegar a unos jóvenes del botellón ( Ideal , Granada, 20-05-06). Aquel fin de semana en que estuve allí palpé en la calle que este fenómeno es un escándalo. Lo del botellón va a oleadas, como la gripe. De repente, un fin de semana aparecen unas indicaciones que dictan a los adolescentes que vayan a tal sitio para tomar cerveza –o lo que sea– a tope. Esto venía sucediendo también de vez en cuando, aunque sin tanta virulencia, en los campus de diversas universidades. Y así, unos cuantos años. Pero, desde ha poco, se trata de ir a tal barrio o plaza para llevar a cabo una gran concentración de masas. El resultado, noluntad, suciedad, algarabía, molestias para los vecinos, algunos ataques etílicos... y galbana para los días siguientes. Digo vagancia posterior, porque supongo que los trabajadores no suelen acudir tan de rositas a tales eventos . A no ser que muchos de éstos sean estudiantes fracasados y, ante la frustración, reaccionen así.
No obstante, en el resto de Europa, sucesos como este, el botellón, no es tan común. Y es que también nos estamos marcando en la diversión . Lo bacanal no está tan extendido como en España. Aquí se considera normal, incluso, lógico, como si no repercutiera en la salud individual ni social.
En el entorno de tales masificaciones tenemos extremos que aprovechan las victorias futboleras o cualquier amontonamiento para actuar. Por ejemplo: “Existía un grupo de jóvenes que no colaboraron en el desalojo. [...] La policía municipal respondió a los intentos de una minoría de aficionados por acceder al interior de la fuente con golpes y pelotazos al conjunto de los aficionados allí presentes. Ante lo cual, el sindicato de estudiantes levanta la voz’’. Y así, se constata un conflicto entre instituciones.
Desde la perspectiva educativa, hay que buscar las causas de esto. ¿Por qué se aliena la gente, diluida en una masa y bebiendo? Son bastantes los factores. A) Políticamente, desde la perspectiva estatal, notamos carencias de programas preventivos. Por ejemplo, en el diseño de estrategias para implicar a las familias en el control de abuso de substancias nocivas. B) Sin embargo, podemos ir más al fondo. Socioculturalmente aún está por aplicar de manera seria el acceso a la venta, distribución y consumo de alcohol a menores. C) Un tercer factor es de tipo policial, pues, también carecemos de medidas coercitivas con relación al consumo callejero, bastaría pedir el cumplimiento estricto de la normativa vigente. D) Podemos también mencionar la necesaria limitación de la publicidad directa e indirecta dirigida a menores y proteger a estos de la promoción y esponsorización, por parte de los fabricantes de alcohol y tabacos, de eventos dirigidos al público juvenil. E) No están extendidas las políticas que tiendan a facilitar opciones de ocio alternativo y también de bebidas más saludables y baratas que el alcohol (salvo casos como el de Benissa). Sobre estos aspectos, tampoco los jóvenes suelen tomar parte en la elaboración de las campañas dirigidas hacia ellos. Y un largo etcétera.
Pasando desde las familias y ciudades al sistema escolar, desde la perspectiva de la educación social, cualquier persona puede comprobar que aún quedan objetivos educativos por cumplir. Pensemos en promover una auténtica educación para la salud. Hubo un tema transversal relativo a la vida sana y, que sepamos, aún no se ha derogado. ¿Se aplica en los centros docentes? Respecto a esto, ¡no es lo mismo saber sobre salud que estar sano! En la realidad escolar encontramos demasiados casos que entienden la transversalidad como que sólo es algo a saber y no se constatan prácticas. ¿Se han olvidado del valor templanza? Es decir, hay carencia de instituciones que posibilitarían la puesta en práctica de tales valores saludables: organizaciones juveniles, clubes deportivos y programas en comunidades locales con la meta de fomentar y favorecer alternativas a la ociosidad, que es la madre de los vicios.
Veamos de manera más específica por qué los jóvenes practican el botellón. Sabemos que sociedad, cultura, escuela, municipio..., todo está interrelacionado. El botellón es una forma masiva de actividad. Es decir, el consumo se propaga mucho porque se desenvuelve de forma inconsciente, pues hay influencia a nivel de grupo. Y, unos por otros, hay manifestaciones de carencia en autocontrol. Esto es fácil de comprobar. Si hemos observado a los estudiantes, constatamos que en un aula no suele haber consumidores meramente individuales, es muy raro que un alumno empiece a consumir él solo. www.lasprovincias.es






