SAN SEBASTIÁN eCD 29 AGO. El profesor Félix Etxeberria, que ha investigado a fondo el caso de Jokin, explicó ayer, en los cursos de verano de la UPV, que los profesores del instituto Talaia «se asustaron al darse cuenta de la cobertura de los medios de comunicación. Les superó la avalancha mediática y prevaleció la 'ley del silencio' por miedo a lo que les venía encima».
Etxeberria recordó que, si bien los acosadores fueron expulsados y castigados judicialmente, no se investigó más. «Creo que sí merecen un castigo, pero, como más tarde se supo, hubo más culpables y el acoso fue generalizado», indicó el docente.
Para Etxeberria, «en este caso fallamos todos. Los acosadores, el centro, los padres, los expertos que hemos caído en una explicación simplista». En su opinión, las disputas entre las familias «por el tema de los porros» llevaron a Jokin a «un callejón sin salida». www.elcorreodigital.com
Los siete adolescentes de Hondarribia que fueron condenados a dos años de internamiento por hostigar a su compañero Jokin Ceberio, que se suicidó en septiembre de 2004, se encuentran en libertad vigilada desde junio pasado por decisión del Juzgado de Menores de San Sebastián. Así lo desveló ayer el profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación Félix Etxeberria, un especialista en el fenómeno del 'bullying' que participa en los cursos de verano de la Universidad del País Vasco (UPV).
SAN SEBASTIAN 29 AGO.
Según el docente, los compañeros de Jokin cumplieron una parte de la pena en el centro de menores de Zumarraga entre noviembre de 2005 y mayo de 2006. Durante ese periodo, un vehículo los trasladó por las mañanas a sus respectivos institutos o colegios y los llevó de regreso por la tarde, aunque los fines de semana podían pasarlos en casa. Entre tanto, otra chica acusada en el mismo procedimiento judicial también acudió dos fines de semana a una institución reeducativa.
Tuvieron que transcurrir siete meses para que los responsables de Zumarraga se convencieran de que los jóvenes se estaban portando bien y podían cumplir el resto del castigo en sus hogares. La Fiscalía apoyó esa solicitud, pero la familia de Jokin se opuso. Tras escuchar a las partes, el Juzgado respaldó la propuesta de los especialistas de Zumarraga, y el 31 de mayo pasado declaró que el periodo de internamiento «había conseguido su finalidad», en palabras del profesor Etxeberria.
Los siete jóvenes no han concluido el proceso de reeducación, pero ahora lo realizan bajo la supervisión de sus padres, un criterio que la Audiencia de San Sebastián había rechazado en octubre pasado, cuando la juez de menores paralizó los ingresos en Zumarraga.
Cambiar de actitud
Lo hizo porque los psicólogos del Jjuzgado le aseguraron que las familias habían asumido la conducta de sus hijos y se habían comprometido a hacerles cambiar radicalmente de actitud. Sin embargo, la Audiencia donostiarra insistió en que los adolescentes tenían que pasar por un centro cerrado. Desde su punto de vista, los padres no parecían capaces de hacerles entender la gravedad de lo que había ocurrido: que Jokin se había arrojado desde la muralla de Hondarribia al sufrir una depresión aguda por el acoso que padeció en el instituto Talaia.
Por ese motivo, la Audiencia había establecido que el primero de los dos años de castigo fuera de internamiento efectivo en una institución reeducativa. No obstante, la sentencia dejó la puerta abierta a que, dentro de ese primer año, el régimen de cumplimiento pudiera suavizarse por buena conducta, como así ha ocurrido. elcorreodigital.com
Etxeberria recordó que, si bien los acosadores fueron expulsados y castigados judicialmente, no se investigó más. «Creo que sí merecen un castigo, pero, como más tarde se supo, hubo más culpables y el acoso fue generalizado», indicó el docente.
Para Etxeberria, «en este caso fallamos todos. Los acosadores, el centro, los padres, los expertos que hemos caído en una explicación simplista». En su opinión, las disputas entre las familias «por el tema de los porros» llevaron a Jokin a «un callejón sin salida». www.elcorreodigital.com
- CRONOLOGÍA
Condena inicial: el Juzgado de Menores de San Sebastián impone castigos de 18 meses de libertad vigilada.
Endurecimiento: la Audiencia de San Sebastián eleva las penas a dos años de internamiento en régimen abierto. El segundo año puede cumplirse en libertad vigilada.
Suspensión inicial: la juez de Menores suspende el ingreso en Zumarraga en septiembre de 2005, pero la Audiencia donostiarra anula su decisión en octubre.
Libertad vigilada: el centro de menores recomienda la salida de los jóvenes, aprobada en mayo pasado.
Los siete adolescentes de Hondarribia que fueron condenados a dos años de internamiento por hostigar a su compañero Jokin Ceberio, que se suicidó en septiembre de 2004, se encuentran en libertad vigilada desde junio pasado por decisión del Juzgado de Menores de San Sebastián. Así lo desveló ayer el profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación Félix Etxeberria, un especialista en el fenómeno del 'bullying' que participa en los cursos de verano de la Universidad del País Vasco (UPV).
SAN SEBASTIAN 29 AGO.
Según el docente, los compañeros de Jokin cumplieron una parte de la pena en el centro de menores de Zumarraga entre noviembre de 2005 y mayo de 2006. Durante ese periodo, un vehículo los trasladó por las mañanas a sus respectivos institutos o colegios y los llevó de regreso por la tarde, aunque los fines de semana podían pasarlos en casa. Entre tanto, otra chica acusada en el mismo procedimiento judicial también acudió dos fines de semana a una institución reeducativa.
Tuvieron que transcurrir siete meses para que los responsables de Zumarraga se convencieran de que los jóvenes se estaban portando bien y podían cumplir el resto del castigo en sus hogares. La Fiscalía apoyó esa solicitud, pero la familia de Jokin se opuso. Tras escuchar a las partes, el Juzgado respaldó la propuesta de los especialistas de Zumarraga, y el 31 de mayo pasado declaró que el periodo de internamiento «había conseguido su finalidad», en palabras del profesor Etxeberria.
Los siete jóvenes no han concluido el proceso de reeducación, pero ahora lo realizan bajo la supervisión de sus padres, un criterio que la Audiencia de San Sebastián había rechazado en octubre pasado, cuando la juez de menores paralizó los ingresos en Zumarraga.
Cambiar de actitud
Lo hizo porque los psicólogos del Jjuzgado le aseguraron que las familias habían asumido la conducta de sus hijos y se habían comprometido a hacerles cambiar radicalmente de actitud. Sin embargo, la Audiencia donostiarra insistió en que los adolescentes tenían que pasar por un centro cerrado. Desde su punto de vista, los padres no parecían capaces de hacerles entender la gravedad de lo que había ocurrido: que Jokin se había arrojado desde la muralla de Hondarribia al sufrir una depresión aguda por el acoso que padeció en el instituto Talaia.
Por ese motivo, la Audiencia había establecido que el primero de los dos años de castigo fuera de internamiento efectivo en una institución reeducativa. No obstante, la sentencia dejó la puerta abierta a que, dentro de ese primer año, el régimen de cumplimiento pudiera suavizarse por buena conducta, como así ha ocurrido. elcorreodigital.com







