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lunes, 04 de septiembre de 2006
ENTREVISTA · Francisco Alonso Fernández
El doctor Alonso Fernández, Presidente del Instituto de Psiquiatras de Lengua Española estudió cómo los terroristas de ETA aprovechaban el síndrome de Estocolmo para hacer de las víctimas de sus secuestros personas más maleables. En su último libro, «El hombre libre y sus sombras», analizó la fragilidad de la libertad humana. Si lo hubiera conocido, el caso de Natascha Kampusch le habría servido como un paradigma dramático para ambos estudios.
MADRID 3 SEPT. -¿Cómo es posible que, después de todo lo que ha vivido, Natascha parezca tan entera?

-Bueno, nosotros no sabemos realmente cómo está; todo lo que sabemos de ella lo conocemos a través de su psiquiatra, que está haciendo un gran trabajo. Él quiere dar una imagen de ella como una persona valiente, entera, íntegra... para fortalecerla. Esta imagen será muy conveniente para el futuro de la chica. Y mientras tanto, por lo que respecta a su opinión de lo vivido con su secuestrador, tratará de mostrarle, poco a poco, que ha sido víctima de sus propios sentimientos.

-Porque, si nos atenemos a las palabras de ella, parece que sus últimos ocho años no han sido tan terribles.

-Bueno, esto se ajusta a los síntomas del síndrome de Estocolmo, y el de Natascha era un síndrome fuera de lo normal, muy completo, agravado por sus circunstancias. Muchos secuestrados experimentan una regresión a la infancia, provocada por el miedo, y buscan protección en su secuestrador. En el caso de Natascha esto vino de un modo natural, porque ella era una niña. En segundo lugar, sentimientos de afecto que se tienen por otras personas se vuelcan en el secuestrador, y ella pudo experimentar cierto amor filial. Un tercer aspecto, que agrava el síndrome de Estocolmo, es el trato cordial del secuestrador. La persona presa se siente a su merced y agradece un buen trato, y él, seguramente, fue cariñoso con ella. Y por último, Natascha entra en la adolescencia durante su cautiverio. En esta etapa florece el amor, y la única vía para canalizar ese amor le conducía a este señor.

-¿Entonces pudo convencerse de que el raptor era bueno con ella?

-Natascha acabó teniendo una dependencia total y absoluta de su secuestrador, ella veía el mundo a través de él. Su situación desborda el síndrome de Estocolmo, por la juventud, y porque además, es posible que la relación con sus padres, divorciados, le hiciese más vulnerable. Todos estos factores se han unido para que el secuestrador haya podido llevar a cabo una doma con ella, la ha modelado a su gusto.

-Y sin embargo, cuando tuvo la oportunidad se escapó.

-Siempre hay impulsos de libertad. Quizá tuvo un momento de enfado y huyó.

-Se ha sabido que el secuestrador presentó a Natascha a un amigo, que ha declarado que ella parecía feliz. ¿Por qué no aprovechó ese momento para pedirle ayuda?
-Habría que ver primero lo que sabía o no sabía esa persona, puede haber una falta de veracidad. Si ella no hizo nada, puede deberse a que también se sentía rehén de este hombre.
-¿A qué problemas psicológicos puede enfrentarse Natascha a partir de ahora?

-A corto plazo, hay grandes riesgos de cuadros agudos de ansiedad y depresión, y a la larga, puede sufrir un trastorno de personalidad. Ella ha estado absorbida por una dual «unión». Durante ocho años sólo se ha relacionado con su captor, y esto es muy perjudicial. Es muy posible que su personalidad esté poco integrada, sea inestable emocionalmente, impulsiva y tenga dificultades para mantener relaciones estables.

-¿Se podrán tratar las secuelas de tantos años pasados sin libertad?

-Tratándolo bien, con apoyo familiar y las circunstancias adecudas podría corregirse. Sin embargo, no hay ejemplos similares para comparar, es un caso extraordinario, que no se volverá a repetir en un siglo.

-Habla usted de la importancia del apoyo familiar, y sin embargo, ella mantiene una relación reservada con sus padres.
-Ella convivía con su padrastro antes del secuestro y a veces en estas circunstancias surgen nudos de conflicto. Además, por el comportamiento que está teniendo el psiquiatra veo que quizá no confíen del todo en los padres, porque a lo mejor considera que son inestables emocionalmente.

-Hablemos del secuestrador, ¿en qué perfil podríamos encuadrar a Wolfgang Priklopil?

-Probablemente, él era un hombre afectuoso con Natascha, pero dentro de una relación paidófila. En este tipo de personas se produce una asociación entre una violencia larvada y la cordialidad con sus víctimas. Tienen miedo a la mujer adulta, y buscan en las niñas sentirse como un Pigmalión; tener una relación con una persona a la que pueden controlar y formar según sus deseos. Seguramente él también se viese afectado por el síndrome de Estocolmo, que funciona en una doble dirección. El secuestrador, y esto lo saben bien las personas que se dedican a negociar con ellos, también puede entablar una relación afectiva con su víctima y, si esto se produce, ésta tendrá más posibilidades de salvar la vida. abc.es
Doctor Alonso Fernández, Presidente del Instituto de Psiquiatras de Lengua Española

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