ACÁ y ALLÁ Varios colegios de la ciudad acarrean el problema de la violencia, en algunos casos vinculado con el consumo de alcohol y drogas en los alumnos, pero específicamente asociado a la falta de contención. En algunos esto se evidencia más que en otros, y en muchos también se desarrollan proyectos para superarlos.
RIO GRANDE 4 SEPT.- Amenazas, agresiones, golpizas, han despertado en los últimos años la inquietud de la opinión pública sobre el tema de la violencia en las aulas, y entre los lugares de convivencia social; las comunidades escolares de la ciudad siguen siendo uno de los mas seguros, pero no quiere decir que la violencia sea un accidente aislado, ni tampoco que genere un clima de miedo
.
En la ciudad, hace un par de años atrás, esta problemática se encontraba mucho más visible, donde las patotas escolares abundaban, y donde los alumnos se golpeaban a la salida del colegio. Hoy en día, se puede observar que esto ha disminuido, gracias al trabajo que las mayorías de las escuelas, implementaron para esta mejoría, con la implementación de tutores y psicopedagogos, así como también una mayor atención de profesores, preceptores y directivos en sus alumnos.
Educación y trabajo
Para los directivos de la Misión Agrotécnica Salesiana «Nuestra Señora de la Candelaria», a pesar de que la violencia de Río Grande está presente en todas las escuelas y que no son la excepción, la ventaja de «La Misión» es que tienen un proyecto educativo donde se hace un seguimiento a cada chico.
«Los conocemos a cada uno, quien es quien porque están todo el día en el colegio. Los profesores notan a veces, por ejemplo, si un chico tiene los ojos vidriosos, olor a alcohol o que esta golpeado. Cuando se detecta, lo manejamos con códigos de convivencia, trabajando con él, y si se puede con la familia, con la ayuda de una psicopedagoga de la institución», asegura el Coordinador escolar del colegio, Gustavo Bigio, destacando también que comparten mucho con ellos y con los compañeros.
El docente comenta que nota mucha ausencia por parte de los padres. «Muchos no tienen quien les prepare en sus casas un pan con manteca o una tasa de mate cocido, y por esta razón, el ideal de la escuela es que tampoco haya ausencia de profesores, ni de contención dentro de la institución. Pero, como en todas las escuelas, hay docentes que no les interesan las problemáticas de sus alumnos y otros que si adhieren a éste tipo de proyecto», agrega.
«Tenemos un grupo de orientadores que trabajan en eso, es que es un problema social, lo ven en la televisión, se ríen de los viejos, de los distintos. Hay violencia entre pares y hay que contenerla. Al tener un cuerpo técnico, ayuda a disminuir la violencia, pero somos concientes que somos solo un granito de arena, lamentablemente la sociedad tiene otro rumbo», concluyó el coordinador.
Nuevas Letras dialogó también con profesores de la misma institución, los cuales encuentran mucha diferencia, ya que también trabajan en otras escuelas, tanto públicas como privadas, asegurando que éste colegio trata mucho el tema de los valores, y que es raro que los alumnos les falten el respeto. www.surenio.com.ar
La violencia física es la menos común en los planteles, donde según los propios alumnos y expertos es más arraigada y persistente la violencia psicológica
La intimidación escolar, fenómeno que destruye
Una experta afirma que sí impacta en la identidad del niño
Al hablar de “bullying” (intimidación o acoso, en inglés) por lo general se habla de “chicos que amenazan a otros chicos” transformando la intimidación en amenaza, afirma la psicoanalista Eva Gilberti, según se cita en un portal de internet.
“La eficacia del acoso escolar reside en el silencio del niño agredido ante sus padres o sus maestros. Porque se siente descalificado y ridiculizado por quien lo intimida y siente vergüenza, lo cual bloquea su posibilidad de hablar”, agrega. La especialista indica que las burlas, la humillación resultante, asociada con la vergüenza acerca de la propia persona, constituyen sentimientos destructivos y persecutorios que se registran como daños en la identidad. Es en esa dimensión íntima en la que el niño acosado debe tolerar el ataque, ya que no puede eludirlo. ¿Por qué? No sólo motivos personales de cada chico, sino porque denunciar el acoso y la intimidación no forma parte de nuestra cultura, no es un ejercicio de los derechos sociales. La experiencia, apunta, muestra la falta de alerta de los padres y profesores acerca del acoso; desconocerla impide o dificulta la intervención. Cuando, después de un episodio de violencia contra un alumno los compañeros descubren el secreto, suele ser tarde. El doble juego de violencia queda encubierto por el desborde de quien fue permanentemente intimidado; ese es el que podría utilizar un arma, saturado por las burlas del otro, aunque la violencia original es la del acosador. www.yucatan.com.mx
RIO GRANDE 4 SEPT.- Amenazas, agresiones, golpizas, han despertado en los últimos años la inquietud de la opinión pública sobre el tema de la violencia en las aulas, y entre los lugares de convivencia social; las comunidades escolares de la ciudad siguen siendo uno de los mas seguros, pero no quiere decir que la violencia sea un accidente aislado, ni tampoco que genere un clima de miedo
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En la ciudad, hace un par de años atrás, esta problemática se encontraba mucho más visible, donde las patotas escolares abundaban, y donde los alumnos se golpeaban a la salida del colegio. Hoy en día, se puede observar que esto ha disminuido, gracias al trabajo que las mayorías de las escuelas, implementaron para esta mejoría, con la implementación de tutores y psicopedagogos, así como también una mayor atención de profesores, preceptores y directivos en sus alumnos.
Educación y trabajo
Para los directivos de la Misión Agrotécnica Salesiana «Nuestra Señora de la Candelaria», a pesar de que la violencia de Río Grande está presente en todas las escuelas y que no son la excepción, la ventaja de «La Misión» es que tienen un proyecto educativo donde se hace un seguimiento a cada chico.
«Los conocemos a cada uno, quien es quien porque están todo el día en el colegio. Los profesores notan a veces, por ejemplo, si un chico tiene los ojos vidriosos, olor a alcohol o que esta golpeado. Cuando se detecta, lo manejamos con códigos de convivencia, trabajando con él, y si se puede con la familia, con la ayuda de una psicopedagoga de la institución», asegura el Coordinador escolar del colegio, Gustavo Bigio, destacando también que comparten mucho con ellos y con los compañeros.
El docente comenta que nota mucha ausencia por parte de los padres. «Muchos no tienen quien les prepare en sus casas un pan con manteca o una tasa de mate cocido, y por esta razón, el ideal de la escuela es que tampoco haya ausencia de profesores, ni de contención dentro de la institución. Pero, como en todas las escuelas, hay docentes que no les interesan las problemáticas de sus alumnos y otros que si adhieren a éste tipo de proyecto», agrega.
«Tenemos un grupo de orientadores que trabajan en eso, es que es un problema social, lo ven en la televisión, se ríen de los viejos, de los distintos. Hay violencia entre pares y hay que contenerla. Al tener un cuerpo técnico, ayuda a disminuir la violencia, pero somos concientes que somos solo un granito de arena, lamentablemente la sociedad tiene otro rumbo», concluyó el coordinador.
Nuevas Letras dialogó también con profesores de la misma institución, los cuales encuentran mucha diferencia, ya que también trabajan en otras escuelas, tanto públicas como privadas, asegurando que éste colegio trata mucho el tema de los valores, y que es raro que los alumnos les falten el respeto. www.surenio.com.ar
La violencia física es la menos común en los planteles, donde según los propios alumnos y expertos es más arraigada y persistente la violencia psicológica
La intimidación escolar, fenómeno que destruye
Una experta afirma que sí impacta en la identidad del niño
Al hablar de “bullying” (intimidación o acoso, en inglés) por lo general se habla de “chicos que amenazan a otros chicos” transformando la intimidación en amenaza, afirma la psicoanalista Eva Gilberti, según se cita en un portal de internet.
“La eficacia del acoso escolar reside en el silencio del niño agredido ante sus padres o sus maestros. Porque se siente descalificado y ridiculizado por quien lo intimida y siente vergüenza, lo cual bloquea su posibilidad de hablar”, agrega. La especialista indica que las burlas, la humillación resultante, asociada con la vergüenza acerca de la propia persona, constituyen sentimientos destructivos y persecutorios que se registran como daños en la identidad. Es en esa dimensión íntima en la que el niño acosado debe tolerar el ataque, ya que no puede eludirlo. ¿Por qué? No sólo motivos personales de cada chico, sino porque denunciar el acoso y la intimidación no forma parte de nuestra cultura, no es un ejercicio de los derechos sociales. La experiencia, apunta, muestra la falta de alerta de los padres y profesores acerca del acoso; desconocerla impide o dificulta la intervención. Cuando, después de un episodio de violencia contra un alumno los compañeros descubren el secreto, suele ser tarde. El doble juego de violencia queda encubierto por el desborde de quien fue permanentemente intimidado; ese es el que podría utilizar un arma, saturado por las burlas del otro, aunque la violencia original es la del acosador. www.yucatan.com.mx






