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jueves, 21 de septiembre de 2006
REEDICIÓN 29/08/06 · FÉLIX ETXEBERRIA PROFESOR DE FILOSOFÍA Y CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN
El experto en Educación dice que cuando se conoció la noticia «imperó la 'ley del silencio' porque la avalancha mediática asustó a los profesores»
Félix Etxeberria ha estudiado e investigado a fondo el caso de Jokin Ceberio, el adolescente de 14 años de Hondarribia que se suicidó a finales de septiembre de 2004 tras ser víctima de acoso escolar. Etxeberria ofreció una charla* en el Palacio Miramar de Donostia sobre 'el caso Jokin', dentro de un curso titulado Convivencia en las aulas.
SAN SEBATIÁN 29 SEPT. -El mes que viene [actual Septiembre'06] se cumplen dos años del 'caso Jokin'. ¿Cree que entonces hubo un 'pacto de silencio' por parte del centro escolar donde ocurrían algunos de los episodios de acoso?
-Cuando un adolescente como Jokin, de 14 años, llega al extremo de suicidarse, nunca se pueden saber todas las causas y factores que pueden intervenir en esa decisión tan drástica.
Por lo que conozco, el centro intentó comunicarse con la familia de Jokin desde el primer momento, pero los medios de comunicación trasladaron una idea totalmente contraria. Los periódicos locales ejercieron una influencia enorme en la actitud que mantuvo el profesorado, ya que se trató el tema con mucha intensidad. Creo que los profesores del centro escolar se asustaron mucho al darse cuenta de la cobertura del caso en los medios. De alguna manera, les superó la avalancha informativa que surgió en torno al caso. Creo que sí prevaleció la 'ley del silencio' por el miedo a lo que les venía encima.

- ¿Qué pasó entre las familias de los chavales?

- Hubo un conflicto entre las familias y muchos desencuentros antes de que Jokin se suicidara. Uno de los primeros desencuentros ocurrió cuando Jokin acudió con un grupo de amigos a unas colonias de verano y el monitor les sorprendió fumando porros. Los monitores enviaron una carta a los padres de cada uno de los chavales para informarles de la situación. Todos excepto Jokin interceptaron las cartas y los padres no llegaron a leer las misivas. Jokin no tuvo la astucia ni la picardía de sus 'amigos' y sus padres leyeron la carta. Éstos informaron al resto de padres y Jokin, desde entonces, se quedó con la etiqueta de 'chivato' y con un sentimiento de traición hacia sus compañeros. Fue objeto de constantes burlas y acoso tanto dentro como fuera de las aulas. Las familias no se entendieron desde el principio. Los agresores recibieron la advertencia de que no se acercaran al homenaje que le hicieron a Jokin tras su muerte. El centro también quiso acercarse y la familia de Jokin no lo aceptó. La verdad es que 'el caso Jokin' es más complejo de lo que parece.

- En plena disputa entre las familias, Jokin se escapó de casa y estuvo tres días sin aparecer por el centro escolar...

- Sí, las disputas entre las familias llevaron al joven hondarribiarra a un callejón sin salida. Hubo un desencuentro fuerte entre las familias por el tema de los porros. Se achacaron mutuamente la influencia negativa que ejercieron unos chavales sobre otros. Jokin se vio en medio de un conflicto entre las familias. Además, tuvo que dar los nombres de los acosadores cuando sus padres le vieron los moratones y las marcas de los golpes por todo el cuerpo. El día anterior a su muerte, los padres estaban reunidos en el centro escolar.

- ¿Qué conclusiones saca después de haber estudiado e investigado el caso?

- Este tema concretamente es de una complejidad enorme. En este caso fallamos todos: los acosadores, el centro, los padres, los expertos que hemos caído en una explicación simplista, la Consejería de Educación,... Por otro lado, estos menores condenados no pueden vivir toda la vida con la losa de haber sido 'los que suicidaron a Jokin'. Otra conclusión podría ser que fallaron todos los mecanismos de prevención. Todos llegamos tarde y nadie pudo ayudar a Jokin, a quien se le canonizó después haciéndole múltiples homenajes.

-¿Cree que se actuó con demasiada rapidez sin llevar a cabo una investigación más profunda?

- Se expulsó a los alumnos y no se investigó nada más. Los culpables han sido castigados con una sentencia que les ha obligado a estar internados en un centro para menores en Zumarraga y, como acosadores, creo que sí merecen un castigo, pero como más tarde se supo, hubo más culpables y el acoso fue más generalizado.

-¿Cree que el 'caso Jokin' ha sido un referente en los programas de educación puestos en marcha?

- Antes del caso Jokin ya existían estos programas de prevención de acoso en las aulas, pero a raíz del caso de Hondarribia ha aumentado muchísimo la sensibilidad sobre este tema. Yo diría incluso que existe cierta obsesión por la seguridad en las aulas. Euskadi ha sido pionera en poner en marcha este tipo de planes denominados 'de convivencia pacífica en las aulas'.

- Una de las complejidades de este suceso fue su dimensión jurídica.

- Sí, entró en juego el aspecto jurídico, algo nuevo hasta entonces en este tipo de casos. Ahora la gente sabe que frente al acoso escolar puede aparecer la dimensión jurídica y el acosador se puede encontrar con una sentencia en contra una condena o una indemnización; un aspecto muy interesante que hasta entonces no se había tenido en cuenta. MAITANE ALBERDI/ diariovasco.com/pg060829
Félix Etxeberria, en el Palacio Miramar de Donostia.
PERFIL
Félix Etxeberria es profesor en la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la UPV en Donostia.

Ayer [28/08/06, Cursos de Verano UPV/EHU ] ofreció la charla: Fundamentos de la convivencia escolar. El caso Jokin, en el Palacio Miramar.

Ha investigado y escrito numerosos artículos en prensa en torno a la violencia escolar.


Idea +info Fundamentos de la convivencia escolar. El caso Jokin
El experto en acoso escolar opinó que en el caso de Jokin "nunca
se llegará a saber todo lo que pasó, porque cuando una persona se
suicida a los 14 años es muy difícil atribuirlo a una única causa y
sacar la conclusión de que su muerte sólo fue debida al acoso".
Etxeberria consideró que en la muerte de este adolescente falló
"todo", pero "fundamentalmente" lo hizo la "prevención".
En su opinión, también "llegaron tarde" los compañeros que,
aunque después de muerto hicieron homenajes a Jokin", "no supieron
interceder, ayudar ni mediar" cuando estaban ocurriendo los malos
tratos, mientras que el profesorado tuvo miedo ante "lo que se le
venía encima".
El experto situó la muerte de Jokin en un contexto de
"desencuentro" entre su familia y las de los agresores, ya que Jokin
"quedó en medio" como si fuera un chivato, después de que sus
allegados pusieran en conocimiento de las familias de los otros
muchachos una carta del instituto en la que se informaba a los
padres de que sus hijos habían sido sorprendidos fumando porros en
un campamento de verano.
Todos los jóvenes habían conseguido interceptar estas misivas y
Jokin fue el único que no lo logró, por lo que su familia fue la que
dio a conocer la infracción al resto de adultos. EFE


GARA recogió este Resumen de la conferencia
El caso Jokin, objeto de análisis para detectar casos de abuso
DONOSTIA 29/08/06. Aunque hayan transcurrido casi dos años de la muerte del joven Jokin Zeberio, la repercusión que tuvo el caso sigue siendo estudiada por infinidad de expertos. En los Cursos de Verano de la UPV-EHU, Felix Etxeberria analiza los acontecimientos que marcaron la muerte del hondarribiarra para aprender del trágico incidente y elaborar programas de prevención eficaces ante las agresiones entre escolares. <

No existe una única variable que sirva para explicar el fenómeno que desata la violencia entre escolares, pero actualmente la mayoría de los centros educativos cuenta con programas de prevención para evitar este tipo de conflictos y, sobre todo, para crear un ambiente que favorezca la convivencia dentro de las aulas. Los Cursos de Verano de la UPV-EHU no son ajenos a esta realidad y, partiendo del análisis del caso Jokin, el profesor Felix Etxeberria indagó ayer en los factores que influyen en la creación de conflictos.

En su ponencia que contó con 150 asistentes, el 95% profesores, Etxeberria subrayó que gracias a los estudios que se han ido realizando durante años y a la repercusión que tuvo la muerte del joven hondarribiarra, hoy en día se sabe que hay una serie de constantes que se dan en todos los casos de violencia escolar. Pero, sobre todo, remarcó que no hay una única variable y que «no sabemos qué influencia tiene cada una de ellas y cómo incide en la conducta del menor».

«Un cuarto sin salida»

Etxeberria reconoció que «nunca llegaremos a saber por qué se suicidó», se refirió a los que, «conforme al atestado judicial, son hechos probados», y repasó la situación que vivió Jokin entre 2003 y 2004. El joven padeció una gastroenteritis a causa de la cual se ensució en el aula, y durante un par de semanas fue objeto de burla. A mediados del curso se unió a otro grupo de amigos, con los que acudió a un campamento de verano y fue sorprendido por el monitor fumando porros. Este envió cartas a los padres de los chicos pero sólo la recibieron los de Jokin, porque los demás consiguieron hacerse con ellas antes de que llegaran a manos de sus padres.

Al notificar el suceso a los padres de los demás alumnos, Jokin fue considerado un «chivato», lo que desencadenó una serie de agresiones; fue empujado por sus «amigos» en el Alarde de Hondarribia, le insultaban y golpeaban en los cambios de clase y, al cumplirse el primer año de que padeciera la gastroenteritis, lo rodearon en clase con montones de papel higiénico. Pero nadie decía nada.

Cuando la profesora llegó a clase, preguntó quién había organizado aquel jaleo y, al decir un compañero que fue el propio Jokin, obligó a todos los alumnos incluido Jokina recogerlo. Según Etxeberria, «en cierto modo, la profesora, que era novata, contribuyó en echar más gasolina», a lo que se sumaron los enfrentamientos entre los padres, y la situación provocó que Jokin «se encerrara en un cuarto sin salida» y acabara por quitarse la vida.

Etxeberria lamentó que el Instituto Talaia carecía de programa de prevención ­aunque estaban elaborando unoy que, tras la muerte del joven y la repercusión mediática que tuvo el caso, «no se dio suficientemente a entender». Consideró que las familias implicadas «no fueron capaces de gestionar lo que tenían entre las manos».

También lamentó la actuación de sus compañeros de clase que, aun siendo espectadores, ni comunicaron lo sucedido ni hicieron nada para impedirlo.

En opinión de Etxeberria, la convivencia en las aulas debe ser vista desde una perspectiva global. Subrayó que el centro escolar debe contar con programas de prevención y elaborar mecanismos tutorías o reunionespara analizar la situación de los menores. Destacó que «ahora nadie puede decir que no lo sabía, porque los casos tenemos que buscarlos nosotros» y, en este sentido, remarcó la necesidad de formar al profesorado y mejorar la comunicación entre alumnos y profesores. Sobre la víctima, subrayó que «hay que enseñarle a defenderse y darle la habilidad para resolver los problemas que vayan surgiendo», y en cuanto a los escolares con conductas agresivas, opinó que «deben ser castigados» pero que «no pueden vivir con la losa de que han suicidado. Desde el punto de vista pedagógico, deben ser recuperables». Así, recordó que los siete imputados por el caso Jokin quedaron en libertad vigilada tras permanecer seis meses en internados en régimen abierto en un centro de Zumarraga. La condena era de dos años, pero les han concedido la libertad por «buena conducta».

En definitiva, Etxeberria aseguró que «ahora no tenemos ninguna excusa para tener buenos planes de prevención, porque sabemos lo que ocurre en nuestras aulas». -

Topicos que se repiten

Etxeberria incidió en que, «aunque creen que sí, la mayoría de los profesores no se enteran de las agresiones, sobre todo porque nadie se las cuenta». Ciertamente, una encuesta realizada entre escolares señala que el 50% de los profesores «no hace nada» ante los casos de violencia, el 20% se limita a imponer castigos y sólo el 30% hace algo para tratar de solucionar el problema.

Destacó que ese es uno de los tópicos que se mantienen en la mayoría de los casos, junto a otros: la edad media es de 14 años, tanto el o los agresores como la víctima suelen ser chicos, los espectadores compañeros de clasecallan ante los sucesos y los profesores desconocen lo que sucede, porque las agresiones se dan en el cambio de clase, en los pasillos o en la calle.

Añadió que la metodología y cultura del centro, el contexto social en el que vive, el entorno familiar y la actitud del profesorado también influyen en estas situaciones. www.gara.net

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