ALBERTO ABASCAL · Palencia 23 Sep· Acoso escolar
Sin duda, una de las grandes noticias de la semana ha sido el informe difundido de un estudio sobre acoso y violencia en los centros educativos con unos resultados que dan más que pensar y que, por desgracia, suelen pasar desapercibidos, justo hasta que ocurre una desgracia.
Una de las conclusiones del susodicho informe, realizado a través de una encuesta a 25.000 alumnos de entre 7 y 18 años en catorce comunidades autónomas, indica que uno de cada cuatro escolares españoles son víctimas de lo que venimos llamando acoso o violencia escolar en centros públicos y privados.
Coincidiendo con la publicación del estudio, el ministro de Justicia, López Aguilar, se apresuró a anunciar que la reforma de la Ley del Menor pretende alejar a la víctima de su abusador. El ministro llegó a asegurar que se tipificará como una de las infracciones, de modo que la ley orgánica emitirá el mensaje de que ése es un comportamiento no tolerado, que merece un reproche y una sanción que será judicialmente posible.
Pero llegados a este punto, la sociedad se pregunta qué está pasando, dónde y en qué falla el sistema porque no es de recibo que a estas alturas de la película nos encontremos con una radiografía realmente preocupante de la salud cívica de nuestros pequeños.
Llevamos más de tres décadas de democracia, pero en este punto nos hemos retrotraído a tiempos inmemoriables, lo que dice muy poco o nada acerca de los valores cívicos que a una sociedad propia del siglo XXI se le presuponen. La educación no es sólo el adquirir conocimientos. Vivimos en una sociedad insolidaria, hermética con el vecino y dejada en cuanto a los comportamientos sociales que deben comenzar por la casa de uno mismo.
Y es que los padres no ejercemos como tales; sólo buscamos las salidas fáciles para que nuestros hijos no nos molesten demasiado mientras vemos el fútbol, el cine o vamos de copas. ¡Ojo!, pero que nadie toque a mi hijo. diariopalentino.es
Alberto Abascal
Sin duda, una de las grandes noticias de la semana ha sido el informe difundido de un estudio sobre acoso y violencia en los centros educativos con unos resultados que dan más que pensar y que, por desgracia, suelen pasar desapercibidos, justo hasta que ocurre una desgracia.
Una de las conclusiones del susodicho informe, realizado a través de una encuesta a 25.000 alumnos de entre 7 y 18 años en catorce comunidades autónomas, indica que uno de cada cuatro escolares españoles son víctimas de lo que venimos llamando acoso o violencia escolar en centros públicos y privados.
Coincidiendo con la publicación del estudio, el ministro de Justicia, López Aguilar, se apresuró a anunciar que la reforma de la Ley del Menor pretende alejar a la víctima de su abusador. El ministro llegó a asegurar que se tipificará como una de las infracciones, de modo que la ley orgánica emitirá el mensaje de que ése es un comportamiento no tolerado, que merece un reproche y una sanción que será judicialmente posible.
Pero llegados a este punto, la sociedad se pregunta qué está pasando, dónde y en qué falla el sistema porque no es de recibo que a estas alturas de la película nos encontremos con una radiografía realmente preocupante de la salud cívica de nuestros pequeños.
Llevamos más de tres décadas de democracia, pero en este punto nos hemos retrotraído a tiempos inmemoriables, lo que dice muy poco o nada acerca de los valores cívicos que a una sociedad propia del siglo XXI se le presuponen. La educación no es sólo el adquirir conocimientos. Vivimos en una sociedad insolidaria, hermética con el vecino y dejada en cuanto a los comportamientos sociales que deben comenzar por la casa de uno mismo.
Y es que los padres no ejercemos como tales; sólo buscamos las salidas fáciles para que nuestros hijos no nos molesten demasiado mientras vemos el fútbol, el cine o vamos de copas. ¡Ojo!, pero que nadie toque a mi hijo. diariopalentino.es







