'Mon fils à moi'· Tambien trata «el acoso escolar» y el poco respaldo a la autoridad docente·
Martial Fougeron y el niño Olivier Gourmet provocaron en San Sebastián con «Mi hijo», que toca el tema de los castigos corporales «a la antigua» como parte de la educación.
«Creo que algunas mujeres se verán reflejadas», comenta la actriz. «Veo muchas, sobre todo cuando hay un padre ausente, o un padre que sólo parece un mueble de la casa, y entonces la mujer vuelca demasiado en el hijo, y lo trata mal si el chico no cumple con todas sus expectativas», señala una periodista y asistente social. En este caso, el padre es un débil que reacciona una sola vez, encajándole un buen sopapo a la madre dominante. Como dicen los brasileños, «um bom corretivo».
A esa escena, el público reaccionó con un inmediato y sonoro aplauso. Después vinieron los cargos de conciencia. «Justo acá en España, donde cada semana salen noticias de alguna mujer muerta a golpes por su pareja».
El tema hoy es «el acoso escolar» y el poco respaldo general a la autoridad docente, lo que también tiene algo que ver en la película. «Veo que metimos todos los dedos en las llagas», pluraliza Fougeron al escuchar los diversos comentarios a la salida. Los franceses han tocado antes ese tema, pero él prefiere recordar a los maestros italianos Vittorio de Sica, Pier Paolo Pasolini y Luigi Comencini. Y elude a una licenciada que insiste en saber si él considera a sus personajes como neuróticos o psicóticos. «Cada escena tiene algo de neurosis. El conjunto evidencia lo psicótico», responde Natalie Baye... + www.ambitoweb.com
DÉJAME CRECER, MAMÁ
Mon fils à moi
Le gustará si...
Le interesan las relaciones familiares y los laberintos de la educación.
No le gustará si...
Es de los que adivinan el desarrollo de una película con sus dos primeras escenas.
MIKEL G. GURPEGUI DONOTIA 26 SEP- Este es un Festival tan plural que hasta nos permitimos ayer vivir un momento como de cine de barrio, una reacción espontánea típica del público de galería, cuando los cines tenían galería, gallito o paraíso.
Fue a mitad de la proyección de . Los espectadores llevabamos largo rato mosqueados con el personaje de la madre, odiosa, estricta, castradora, y enfadados también con un marido apático que no le paraba los pies. Así que cuando el hombre reaccionó por una vez y le pegó una sonora bofetada a la señora, el público del Kursaal en la sesión del mediodía abandonó su habitual seriedad y explotó en un espontáneo aplauso para jalear la acción.
Fue la anécdota, el contrapunto de escape común ante una película que realmente da pocas alegrías y deja pocas salidas al espectador. En su opera prima, el francés Martial Fougeron ha elegido un tema absorbente, el peligro de que esa relación tan estrecha, tan especial, que une a madres e hijos pueda cruzar una línea invisible y convertirse en algo insano.
Fougeron cuenta su historia de una forma seca y austera. Apoyándose en sólidos actores -Nathalie Baye está perfecta como la agria mamá y el chaval, Victor Sevaux, está bien elegido-, va acumulando escenas familiares en las que el amor de madre da paso al ejercicio necesario de la autoridad, y éste a cierta ambigua incapacidad de dejar volar al chaval adolescente, y ésta a su vez...
Julien es la víctima de esta situación, el adolescente encantador aplastado por su madre. Ni el cariño de su abuela, ni la complicidad de su hermana, ni la inhibición de su padre le servirán de ayuda. Este es un asunto entre él y su madre, su sonriente madre, su solitaria madre, su amargada madre.
La cinta francesa a concurso presenta un tema interesante y lo desarrolla con austeridad y concreción. Claro que la previsible escalada de Mon fils à moi camina hacia el exceso. Claro que el espectador tiene todo el derecho a sentirse cansado o alejado ante un espectáculo tan claustrofóbico como éste. diariovasco.com
Se presentó en la sección oficial la película francesa 'Mon fils à moi', el primer largometraje del realizador francés Martial Fougeron. «Nada hay más fuerte que el amor de una madre», argumenta la sinopsis del filme. Pero la madre que aparece en esta película es tan asfixiante e insoportable que algunos periodistas no pudieron evitar aplaudir, tras ver en escena cómo recibe una bofetada de su marido que trata, al menos momentáneamente, de parar el maltrato de su esposa al hijo de ambos. «¿Que le dé otra torta!», se oyó decir a algún espectador.
Violencia psicológica
Y es que la actriz Natalie Baye encarna a la perfección a una madre «con un exceso de amor», que desarrolla con su hijo una ambigua relación de amor-odio, insoportable para el niño. No se trata de violencia física, al menos no sólo ésta, sino psicológica y envuelta en amor, lo cual es difícil de descifrar, sobre todo para un adolescente, víctima de sentimientos encontrados. El espectador llega a odiar a esta mujer que siente hacia su hijo un amor desequilibrado, que impide a este adolescente poder crecer y desarrollar su vida con normalidad.
«He intentado hacer un filme en el que no quiero juzgar a nadie, y en el que espero que muchas madres no se reconozcan, pero quizás plantee algunos interrogantes», señaló el realizador francés, que se declara «sensible» a estas relaciones de amor excesivo. «Las relaciones dominante-dominado, mezcladas de amor extremo son la historia de la humanidad», aseguró Fougeron, cuyo filme arrancó aplausos y dejó muy buen sabor de boca.
También fue elogiada la interpretación de Victor Sevaux, que encarna al niño-adolescente, cuyo papel le exigió «mucha concentración». «Fue lo más duro del rodaje, porque al no tener mucho diálogo, la mirada era lo más importante», explicó ayer este joven de 14 años, quien consideró esta experiencia «algo formidable». «Si tuviera que volver a hacerlo, lo haría sin dudar», declaró. elcorreodigital.com
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Martial Fougeron y el niño Olivier Gourmet provocaron en San Sebastián con «Mi hijo», que toca el tema de los castigos corporales «a la antigua» como parte de la educación.
| San Sebastián 26 Sep -
«Quien no le da palos a su hijo es porque no lo quiere». Semejante frase no corresponde a ninguna película del festival, ni a ningún personaje célebre. La decían nuestros abuelos, que así se criaron, y viene a cuento porque acaba de presentarse en competencia un drama francés bien movilizador, «Mon fils a moi» («Mi hijo»), del joven y macizo Martial Fougeron, sobre una madre que, al parecer, lo quiere demasiado, aunque a veces los palos sean sólo metafóricos. Buen film, muy buenos trabajos de Nathalie Baye y del chico Olivier Gourmet, y mucho comentario de prensa y público a la salida de las salas. |
A esa escena, el público reaccionó con un inmediato y sonoro aplauso. Después vinieron los cargos de conciencia. «Justo acá en España, donde cada semana salen noticias de alguna mujer muerta a golpes por su pareja».
El tema hoy es «el acoso escolar» y el poco respaldo general a la autoridad docente, lo que también tiene algo que ver en la película. «Veo que metimos todos los dedos en las llagas», pluraliza Fougeron al escuchar los diversos comentarios a la salida. Los franceses han tocado antes ese tema, pero él prefiere recordar a los maestros italianos Vittorio de Sica, Pier Paolo Pasolini y Luigi Comencini. Y elude a una licenciada que insiste en saber si él considera a sus personajes como neuróticos o psicóticos. «Cada escena tiene algo de neurosis. El conjunto evidencia lo psicótico», responde Natalie Baye... + www.ambitoweb.com
DÉJAME CRECER, MAMÁ
Mon fils à moi
Le gustará si...
Le interesan las relaciones familiares y los laberintos de la educación.
No le gustará si...
Es de los que adivinan el desarrollo de una película con sus dos primeras escenas.
MIKEL G. GURPEGUI DONOTIA 26 SEP- Este es un Festival tan plural que hasta nos permitimos ayer vivir un momento como de cine de barrio, una reacción espontánea típica del público de galería, cuando los cines tenían galería, gallito o paraíso.
Fue a mitad de la proyección de . Los espectadores llevabamos largo rato mosqueados con el personaje de la madre, odiosa, estricta, castradora, y enfadados también con un marido apático que no le paraba los pies. Así que cuando el hombre reaccionó por una vez y le pegó una sonora bofetada a la señora, el público del Kursaal en la sesión del mediodía abandonó su habitual seriedad y explotó en un espontáneo aplauso para jalear la acción.
Fue la anécdota, el contrapunto de escape común ante una película que realmente da pocas alegrías y deja pocas salidas al espectador. En su opera prima, el francés Martial Fougeron ha elegido un tema absorbente, el peligro de que esa relación tan estrecha, tan especial, que une a madres e hijos pueda cruzar una línea invisible y convertirse en algo insano.
Fougeron cuenta su historia de una forma seca y austera. Apoyándose en sólidos actores -Nathalie Baye está perfecta como la agria mamá y el chaval, Victor Sevaux, está bien elegido-, va acumulando escenas familiares en las que el amor de madre da paso al ejercicio necesario de la autoridad, y éste a cierta ambigua incapacidad de dejar volar al chaval adolescente, y ésta a su vez...
Julien es la víctima de esta situación, el adolescente encantador aplastado por su madre. Ni el cariño de su abuela, ni la complicidad de su hermana, ni la inhibición de su padre le servirán de ayuda. Este es un asunto entre él y su madre, su sonriente madre, su solitaria madre, su amargada madre.
La cinta francesa a concurso presenta un tema interesante y lo desarrolla con austeridad y concreción. Claro que la previsible escalada de Mon fils à moi camina hacia el exceso. Claro que el espectador tiene todo el derecho a sentirse cansado o alejado ante un espectáculo tan claustrofóbico como éste. diariovasco.com
Se presentó en la sección oficial la película francesa 'Mon fils à moi', el primer largometraje del realizador francés Martial Fougeron. «Nada hay más fuerte que el amor de una madre», argumenta la sinopsis del filme. Pero la madre que aparece en esta película es tan asfixiante e insoportable que algunos periodistas no pudieron evitar aplaudir, tras ver en escena cómo recibe una bofetada de su marido que trata, al menos momentáneamente, de parar el maltrato de su esposa al hijo de ambos. «¿Que le dé otra torta!», se oyó decir a algún espectador.
Violencia psicológica
Y es que la actriz Natalie Baye encarna a la perfección a una madre «con un exceso de amor», que desarrolla con su hijo una ambigua relación de amor-odio, insoportable para el niño. No se trata de violencia física, al menos no sólo ésta, sino psicológica y envuelta en amor, lo cual es difícil de descifrar, sobre todo para un adolescente, víctima de sentimientos encontrados. El espectador llega a odiar a esta mujer que siente hacia su hijo un amor desequilibrado, que impide a este adolescente poder crecer y desarrollar su vida con normalidad.
«He intentado hacer un filme en el que no quiero juzgar a nadie, y en el que espero que muchas madres no se reconozcan, pero quizás plantee algunos interrogantes», señaló el realizador francés, que se declara «sensible» a estas relaciones de amor excesivo. «Las relaciones dominante-dominado, mezcladas de amor extremo son la historia de la humanidad», aseguró Fougeron, cuyo filme arrancó aplausos y dejó muy buen sabor de boca.
También fue elogiada la interpretación de Victor Sevaux, que encarna al niño-adolescente, cuyo papel le exigió «mucha concentración». «Fue lo más duro del rodaje, porque al no tener mucho diálogo, la mirada era lo más importante», explicó ayer este joven de 14 años, quien consideró esta experiencia «algo formidable». «Si tuviera que volver a hacerlo, lo haría sin dudar», declaró. elcorreodigital.com
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