HELP-Line 924 249 924 Fotografías irrespetuosas a una profesora, daños al coche de un docente o presiones de padres para expulsar a una maestra son algunos de las situaciones denunciadas
Profesores y maestros afirman que la situación en las aulas ha empeorado con el tiempo
J. LÓPEZ-LAGO 18 OCT BADAJOZ El teléfono del Defensor del Profesor, promovido por el sindicato ANPE, ha recibido 12 consultas de docentes de la provincia desde su creación en el mes de mayo: el de una profesora de instituto a la que los alumnos le hacían fotos irrespetuosas y que corrían de móvil en móvil; insultos a otra profesora por parte de un padre porque el hijo no iba de excursión debido a su mal comportamiento; amenazas de un alumno por ser reprendido al llegar tarde sistemáticamente; daños al coche de un profesor; otro estudiante que se escapó del centro y los padres querían hacer responsable al profesor; la presión de padres y director del centro para echar a una maestra; el acoso de tres padres para que sea expulsada una profesora argumentando que no hacía bien su trabajo; y tres casos de agresiones verbales continuadas.
Servicio del 924 249 924
El presidente regional de ANPE, Isidro Regañas, explica que a este servicio se accede gratuitamente, sin necesidad de estar afiliado al sindicato, sólo marcando el 924 249 924.
El equipo lo componen una sicóloga que trabaja como profesora en un instituto y un asesor jurídico que fue maestro y ahora ejerce de abogado.
«Según el caso del que se trate se deriva a la sicóloga, que viene por las tardes y le da una orientación, ya que a veces sólo se trata de buscar un desahogo; en otras ocasiones hay que hacer frente a una denuncia y, en la mayoría de los casos el asunto se resuelve advirtiéndolo desde el sindicato dentro de la comunidad educativa llamando a la Inspección», explica Regañas.
María Dolores Chavero es la sicóloga clínica y también docente que presta este servicio por la tardes, siempre de forma anónima, recalca, y a través del teléfono. Por su experiencia en este campo, asegura que los casos que ha atendido son variados y pertenecen tanto a centros públicos como concertados, a colegios o institutos de secundaria y no necesariamente en docentes recién llegados a la profesión sino con distintos grados de experiencia.
Andrés García Ruiz es el abogado en ejercicio que tiene ANPE para completar la figura del Defensor del Profesor.
Un acosado
Antonio es el nombre ficticio de un profesor que ahora está de baja y que prefiere preservar su identidad. Impartía clase de Matemáticas y Ciencias Naturales y era profesor de Compensatoria, que es el ciclo al que van los alumnos de 16 años que no terminan la ESO y donde la enseñanza es de un nivel muy bajo y sólo se abordan las áreas fundamentales. «El instituto estaba bien, pero había un grupo de ocho o nueve alumnos y alumnas que estropeaban todo. Entraba en clase y jamás había orden. Les decía algo y directamente me decían 'váyase usted a tomar por culo, que aquí venimos a pasar el día ... te llamaban hijo de puta por cualquier cosa ... allí los insultos verbales estaban a la orden del día y a un compañero del centro incluso llegaron a zarandearlo».
Según cuenta este profesor que comenzó en la enseñanza en 1967, tenía alumnos que iban a clase porque su madre le daba dos euros al día, sin ningún interés por aprender. «Cuando eran expulsados quince días, que es lo máximo que contempla la ley, volvían con más fuerza e incluso con ánimo de venganza. Me decían que no entraban en clase porque no les salía de los cojones. Cuando los bajabas a la jefatura de estudios y se producía un careo de repente parecían corderitos y me decían que yo tenía la culpa. Me llegué a sentir indefenso, deprimido y cuando me levantaba cada mañana pensaba que me dirigía a una jaula de leones».
Antonio, que se está refiriendo a un instituto de Badajoz, afirma haber visto navajas en el aula y sabe que muchos compañeros no entraban con el coche en el centro por temor a que les rajaran las ruedas. «Yo he dado clases -añade- casi cuarenta años, y siempre ha habido más y menos torpes y más y menos traviesos, pero desde hace cinco o seis años la cosa se ha desmadrado».
La sicóloga
María Dolores Chavero es la sicóloga clínica y también docente que presta este servicio por la tardes, siempre de forma anónima, recalca, y a través del teléfono. «Este curso aún no hemos tenido ninguna consulta, ya que al principio los alumnos y los docentes se están tomando la medida, pero en los casos que traté a finales del curso pasado lo que había era mucha ansiedad, inseguridad y profesores con la autoestima muy baja». La sicóloga explica que, si ante estas sensaciones la persona no busca apoyo, muchas veces estos problemas «llegan a somatizarse y se transforman en problemas físicos como hipertensión, cefalea, trastornos digestivos e incluso vértigos».
Según María Dolores Chavero, la mayoría de los profesores y maestros con los que ha hablado es la primera vez que contactan con un sicólogo y lo único que necesitan es ser escuchados y sentir que los episodios que están padeciendo en las aulas no son paranoias suyas.
Por su experiencia en este campo, asegura que «en la mayoría de los casos encuentran apoyo en los compañeros, pero no siempre deciden contarlo para que no los tilden de débiles». Según cuenta, los casos que ha atendido son variados y pertenecen tanto a centros públicos como concertados, a colegios o institutos de secundaria y no necesariamente en docentes recién llegados a la profesión sino con distintos grados de experiencia.
Resumiendo su protocolo de actuación, Chavero indica que «el primer paso es la escucha anónima para saber qué ocurre, a continuación evaluamos la conflictividad del problema, después se deriva el caso a la vía administrativa o jurídica si fuera necesario y, por último, si continúa el estado de ansiedad en el docente la sicóloga sigue hablando por teléfono, pero sin llegar a considerarse terapia. Al final, de forma anónima, el caso tiene su reflejo estadístico».
Esta última medida tiene su explicación en que cada vez hay más estudios, manuales y bibliografía específica que relaciona el estrés o el estado de ansiedad de las personas con la actividad de la enseñanza, explica María Dolores Chavero.
El abogado
Andrés García Ruiz es el abogado en ejercicio que tiene ANPE para completar la figura del Defensor del Profesor. Él fue maestro hasta 1989 y está en excedencia. Según cuenta, cuando le llegan los casos a él el asunto está ya muy filtrado, ya que el docente acosado o maltratado ha pasado por la sicóloga o su problema se ha resuelto en el seno de la comunidad educativa.
En la provincia de Badajoz todavía no ha tratado casos de agresiones físicas, pero sí verbales y su tarea se ha centrado hasta ahora en defender a docentes denunciados por los padres. Dice que, «aunque la acusación del padre sea infundada, muchas veces se llega a juicio y para un maestro o profesor es traumático pasar por el banquillo. La cosa no suele ir más allá de un delito de faltas por el que se paga una pequeña cuantía económica, pero el daño moral es tremendo»
Según este letrado, en estos casos intervienen varios factores. «La dificultad para encontrar testigos, ya que los compañeros no quieren meterse en líos y la edad de los alumnos, puesto que los niños no tienen responsabilidad penal hasta los catorce años y en ese caso van a juzgados de menores».
Otra circunstancia «es que al niño se le da bastante credibilidad, como si nunca mintieran y a veces el niño está dirigido por el padre». hoy.es
Profesores y maestros afirman que la situación en las aulas ha empeorado con el tiempo
J. LÓPEZ-LAGO 18 OCT BADAJOZ El teléfono del Defensor del Profesor, promovido por el sindicato ANPE, ha recibido 12 consultas de docentes de la provincia desde su creación en el mes de mayo: el de una profesora de instituto a la que los alumnos le hacían fotos irrespetuosas y que corrían de móvil en móvil; insultos a otra profesora por parte de un padre porque el hijo no iba de excursión debido a su mal comportamiento; amenazas de un alumno por ser reprendido al llegar tarde sistemáticamente; daños al coche de un profesor; otro estudiante que se escapó del centro y los padres querían hacer responsable al profesor; la presión de padres y director del centro para echar a una maestra; el acoso de tres padres para que sea expulsada una profesora argumentando que no hacía bien su trabajo; y tres casos de agresiones verbales continuadas.
Servicio del 924 249 924
El presidente regional de ANPE, Isidro Regañas, explica que a este servicio se accede gratuitamente, sin necesidad de estar afiliado al sindicato, sólo marcando el 924 249 924.
El equipo lo componen una sicóloga que trabaja como profesora en un instituto y un asesor jurídico que fue maestro y ahora ejerce de abogado.
«Según el caso del que se trate se deriva a la sicóloga, que viene por las tardes y le da una orientación, ya que a veces sólo se trata de buscar un desahogo; en otras ocasiones hay que hacer frente a una denuncia y, en la mayoría de los casos el asunto se resuelve advirtiéndolo desde el sindicato dentro de la comunidad educativa llamando a la Inspección», explica Regañas.
María Dolores Chavero es la sicóloga clínica y también docente que presta este servicio por la tardes, siempre de forma anónima, recalca, y a través del teléfono. Por su experiencia en este campo, asegura que los casos que ha atendido son variados y pertenecen tanto a centros públicos como concertados, a colegios o institutos de secundaria y no necesariamente en docentes recién llegados a la profesión sino con distintos grados de experiencia.
Andrés García Ruiz es el abogado en ejercicio que tiene ANPE para completar la figura del Defensor del Profesor.
Un acosado
Antonio es el nombre ficticio de un profesor que ahora está de baja y que prefiere preservar su identidad. Impartía clase de Matemáticas y Ciencias Naturales y era profesor de Compensatoria, que es el ciclo al que van los alumnos de 16 años que no terminan la ESO y donde la enseñanza es de un nivel muy bajo y sólo se abordan las áreas fundamentales. «El instituto estaba bien, pero había un grupo de ocho o nueve alumnos y alumnas que estropeaban todo. Entraba en clase y jamás había orden. Les decía algo y directamente me decían 'váyase usted a tomar por culo, que aquí venimos a pasar el día ... te llamaban hijo de puta por cualquier cosa ... allí los insultos verbales estaban a la orden del día y a un compañero del centro incluso llegaron a zarandearlo».
Según cuenta este profesor que comenzó en la enseñanza en 1967, tenía alumnos que iban a clase porque su madre le daba dos euros al día, sin ningún interés por aprender. «Cuando eran expulsados quince días, que es lo máximo que contempla la ley, volvían con más fuerza e incluso con ánimo de venganza. Me decían que no entraban en clase porque no les salía de los cojones. Cuando los bajabas a la jefatura de estudios y se producía un careo de repente parecían corderitos y me decían que yo tenía la culpa. Me llegué a sentir indefenso, deprimido y cuando me levantaba cada mañana pensaba que me dirigía a una jaula de leones».
Antonio, que se está refiriendo a un instituto de Badajoz, afirma haber visto navajas en el aula y sabe que muchos compañeros no entraban con el coche en el centro por temor a que les rajaran las ruedas. «Yo he dado clases -añade- casi cuarenta años, y siempre ha habido más y menos torpes y más y menos traviesos, pero desde hace cinco o seis años la cosa se ha desmadrado».
La sicóloga
María Dolores Chavero es la sicóloga clínica y también docente que presta este servicio por la tardes, siempre de forma anónima, recalca, y a través del teléfono. «Este curso aún no hemos tenido ninguna consulta, ya que al principio los alumnos y los docentes se están tomando la medida, pero en los casos que traté a finales del curso pasado lo que había era mucha ansiedad, inseguridad y profesores con la autoestima muy baja». La sicóloga explica que, si ante estas sensaciones la persona no busca apoyo, muchas veces estos problemas «llegan a somatizarse y se transforman en problemas físicos como hipertensión, cefalea, trastornos digestivos e incluso vértigos».
Según María Dolores Chavero, la mayoría de los profesores y maestros con los que ha hablado es la primera vez que contactan con un sicólogo y lo único que necesitan es ser escuchados y sentir que los episodios que están padeciendo en las aulas no son paranoias suyas.
Por su experiencia en este campo, asegura que «en la mayoría de los casos encuentran apoyo en los compañeros, pero no siempre deciden contarlo para que no los tilden de débiles». Según cuenta, los casos que ha atendido son variados y pertenecen tanto a centros públicos como concertados, a colegios o institutos de secundaria y no necesariamente en docentes recién llegados a la profesión sino con distintos grados de experiencia.
Resumiendo su protocolo de actuación, Chavero indica que «el primer paso es la escucha anónima para saber qué ocurre, a continuación evaluamos la conflictividad del problema, después se deriva el caso a la vía administrativa o jurídica si fuera necesario y, por último, si continúa el estado de ansiedad en el docente la sicóloga sigue hablando por teléfono, pero sin llegar a considerarse terapia. Al final, de forma anónima, el caso tiene su reflejo estadístico».
Esta última medida tiene su explicación en que cada vez hay más estudios, manuales y bibliografía específica que relaciona el estrés o el estado de ansiedad de las personas con la actividad de la enseñanza, explica María Dolores Chavero.
El abogado
Andrés García Ruiz es el abogado en ejercicio que tiene ANPE para completar la figura del Defensor del Profesor. Él fue maestro hasta 1989 y está en excedencia. Según cuenta, cuando le llegan los casos a él el asunto está ya muy filtrado, ya que el docente acosado o maltratado ha pasado por la sicóloga o su problema se ha resuelto en el seno de la comunidad educativa.
En la provincia de Badajoz todavía no ha tratado casos de agresiones físicas, pero sí verbales y su tarea se ha centrado hasta ahora en defender a docentes denunciados por los padres. Dice que, «aunque la acusación del padre sea infundada, muchas veces se llega a juicio y para un maestro o profesor es traumático pasar por el banquillo. La cosa no suele ir más allá de un delito de faltas por el que se paga una pequeña cuantía económica, pero el daño moral es tremendo»
Según este letrado, en estos casos intervienen varios factores. «La dificultad para encontrar testigos, ya que los compañeros no quieren meterse en líos y la edad de los alumnos, puesto que los niños no tienen responsabilidad penal hasta los catorce años y en ese caso van a juzgados de menores».
Otra circunstancia «es que al niño se le da bastante credibilidad, como si nunca mintieran y a veces el niño está dirigido por el padre». hoy.es







