Controlar por no prevenir· Padres que recurren a detectives para espiar a sus hijos, cámaras en los centros escolares, filtros para vigilar el uso de internet, mayor presencia policial en los institutos... Las medidas de control con medios técnicos sobre los adolescentes crecen mientras disminuye la comunicación entre padres e hijos y el tiempo dedicado a su educación para evitar conflictos.
África Prado, 29 Oct. Alicante «Hay padres que creen que por el hecho de que su hijo lleve un móvil van a saber en todo momento dónde está y eso es falso», indica el doctor en Sociología y criminólogo Mariano Real Villarreal, que considera cierto que «cada vez hay una mayor vigilancia de los chicos con medios técnicos mientras disminuye la propia vigilancia de los padres, su ejemplo, la socialización y la educación».
Real mantiene que los padres no han dejado de estar «preocupados por los hijos, pero sí se encuentran menos ocupados de ellos» por una falta de tiempo evidente que la sociedad actual impone y esa vigilancia exterior «viene a sustituir lo que no se hace dentro, ese cierto silencio culposo porque no se dedica tiempo a ello preguntando o hablando con los adolescentes, tanto en casa como en los centros escolares que prefieren instalar cámaras a mirar directamente qué pasa». El sociólogo señala que la preocupación por el fracaso y el absentismo escolar han dado paso a la preocupación por la violencia escolar, donde padres y docentes se encuentran «desbordados» y que a veces «nos lleva demasiado lejos en el difícil equilibrio de libertad y seguridad».
El profesional señala que todos los sociólogos coinciden en que la actual es una sociedad permisiva, donde prima el manejo de la tensión -que los chicos aprendan a ser libres- en detrimento del mantenimiento de pautas, aspectos ambos igual de imprescindibles para una sociedad armónica.
Para la psicóloga Concha Sánchez-Bretaño Herrera, que los padres recurran a detectives privados para vigilar los pasos de sus hijos -la demanda de estos encargos se ha duplicado en el último año- se debe a que «se les dedica menos tiempo y los padres desconocen totalmente lo que hacen sus hijos. Hay una falta de comunicación evidente y un miedo a poner límites a los hijos para adquirir hábitos desde edades tempranas porque pasamos poco tiempo con ellos y eso nos desborda». Consecuencia de estas situaciones es que «los padres temen salidas de tono o respuestas violentas de los hijos a la hora de afrontar un problema porque ahora son ellos los que ponen las normas y los límites en casa».
«Muchos padres prefieren que sus hijos se queden en casa porque así se evitan que salgan y consuman drogas, pero puede que el acceso a la violencia sea mayor a través de la televisión o el ordenador», dice la psicóloga. levante-emv.com
África Prado, 29 Oct. Alicante «Hay padres que creen que por el hecho de que su hijo lleve un móvil van a saber en todo momento dónde está y eso es falso», indica el doctor en Sociología y criminólogo Mariano Real Villarreal, que considera cierto que «cada vez hay una mayor vigilancia de los chicos con medios técnicos mientras disminuye la propia vigilancia de los padres, su ejemplo, la socialización y la educación».
Real mantiene que los padres no han dejado de estar «preocupados por los hijos, pero sí se encuentran menos ocupados de ellos» por una falta de tiempo evidente que la sociedad actual impone y esa vigilancia exterior «viene a sustituir lo que no se hace dentro, ese cierto silencio culposo porque no se dedica tiempo a ello preguntando o hablando con los adolescentes, tanto en casa como en los centros escolares que prefieren instalar cámaras a mirar directamente qué pasa». El sociólogo señala que la preocupación por el fracaso y el absentismo escolar han dado paso a la preocupación por la violencia escolar, donde padres y docentes se encuentran «desbordados» y que a veces «nos lleva demasiado lejos en el difícil equilibrio de libertad y seguridad».
El profesional señala que todos los sociólogos coinciden en que la actual es una sociedad permisiva, donde prima el manejo de la tensión -que los chicos aprendan a ser libres- en detrimento del mantenimiento de pautas, aspectos ambos igual de imprescindibles para una sociedad armónica.
Para la psicóloga Concha Sánchez-Bretaño Herrera, que los padres recurran a detectives privados para vigilar los pasos de sus hijos -la demanda de estos encargos se ha duplicado en el último año- se debe a que «se les dedica menos tiempo y los padres desconocen totalmente lo que hacen sus hijos. Hay una falta de comunicación evidente y un miedo a poner límites a los hijos para adquirir hábitos desde edades tempranas porque pasamos poco tiempo con ellos y eso nos desborda». Consecuencia de estas situaciones es que «los padres temen salidas de tono o respuestas violentas de los hijos a la hora de afrontar un problema porque ahora son ellos los que ponen las normas y los límites en casa».
«Muchos padres prefieren que sus hijos se queden en casa porque así se evitan que salgan y consuman drogas, pero puede que el acceso a la violencia sea mayor a través de la televisión o el ordenador», dice la psicóloga. levante-emv.com







