En ningún caso se permite que la ley del más fuerte impere en ninguno de nuestros centros educativos
FERNANDO SÁNCHEZ-PASCUALA· DIRECTOR GENERAL DE COORDINACIÓN E INSPECCIÓN DE LA JUNTA DE CASTILLA Y LEÓN·
Convivencia escolar
26/11/06 El sistema educativo se está viendo sometido a fuertes controversias debido a diversos sucesos que están teniendo como escenario centros docentes y como protagonistas a alumnos y profesionales como profesores o personal de administración y servicios.
Independientemente del rigor del tratamiento informativo de cada uno de los sucesos, la primera cuestión que surge es si la imagen proyectada es representativa de nuestra realidad escolar, si este aspecto parcial de las relaciones entre las personas que componen la comunidad educativa es significativo de todo el proceso educativo.
Ciertamente se puede afirmar que la imagen proyectada de violencia no se corresponde con la realidad de la convivencia escolar de los centros docentes de Castilla y León, lo cual no rebaja ni un ápice la importancia de las agresiones entre alumnos o de desacato ante la autoridad de los profesores, situaciones que aún siendo minoritarias no pueden ser admitidas en absoluto y que aparte de que se actúe contundentemente con cada uno de ellas debe obligarnos a reflexionar por qué llegan a producirse en nuestros centros o su entorno.
Es muy importante el tratamiento riguroso de las situaciones de conflictividad en los centros educativos, por ello se deben evitar extrapolaciones de sucesos aislados sobre el contexto general, pero el tratamiento de la conflictividad en los centros educativos hasta hace muy poco se había reducido a los estudios parciales de ámbito científico no tratándose con datos rigurosos sobre la realidad de todos y cada uno de los centros educativos como un aspecto de la misma importancia que por ejemplo se admite que tiene el currículo.
En nuestra Comunidad Autónoma desde hace dos años se trabaja intensamente por parte de todos los centros educativos y de la propia administración educativa para poder determinar cuál es la fotografía real del nivel de convivencia en nuestras aulas. Precisamente por los datos que ya se han venido haciendo públicos podemos afirmar que aún existiendo casos graves y aislados en los cuales la intervención se ha realizado aplicando los protocolos establecidos y existiendo también otras incidencias de carácter menos grave, la convivencia es buena, pero los hechos graves y menos graves están obligando a un esfuerzo suplementario de los profesores para que las relaciones interpersonales de los alumnos sean correctas y en ningún caso se permita que la ley del más fuerte impere en ninguno de nuestros centros educativos.
Deberíamos reflexionar también por qué cuando la conducta de un niño no es conveniente en el entorno escolar produce tanta alarma y en cambio si ese mismo niño genera conflictividad en las calles no provoca ese mismo nivel de preocupación general, ¿no es acaso la calle un entorno en donde debe existir control social? ¿ no se producen en la calle también relaciones entre niños jóvenes y adultos? ¿no somos todos los adultos también responsables de un ejercicio de control social adecuado en todos los entornos sociales?, incluidos nuestros hogares y por supuesto las escuelas.
El conflicto entre las personas es inevitable, la diferencia de intereses, el mandar y el obedecer, en definitiva la confrontación entre el deseo y la realidad provocan diferencias que sólo pueden encontrar en el diálogo, en la prudencia y en la buena educación su solución, por tanto no es el conflicto el problema, lo es no saber resolver convenientemente esas diferencias, y por supuesto no debe ser admitido por nadie y en ningún lugar comportamientos transgresores de las normas y de las personas.
La sociedad va cambiando paulatinamente, sus modelos de referencia varían pero las escuelas nunca deberán admitir ni la mala educación ni el trato irrespetuoso, porque además son el principio de la indisciplina y finalmente de la violencia.
Debemos dotar a los profesores de más conocimientos sobre la percepción e intervención sobre las dinámicas de grupo e individuales que distorsionan el normal transcurrir en el proceso de enseñar y aprender, que procuren elevar el nivel de motivación de los alumnos pero teniendo siempre presente que la disciplina es el gran valor educativo que forja la capacidad de esfuerzo y evita el mal hábito de alcanzar solo aquello que es fácil, para así favorecer que los niños logren lo mejor de su potencial humano.
No se puede poner en duda que en ningún momento de la historia de España como en estos últimos veinticinco años se han ofrecido tantas posibilidades formativas a los niños y jóvenes. Nunca la escuela ha estado tan sometida a procesos de valoración y análisis en profundos debates sobre los modelos pedagógicos y los niveles de rendimiento académico deseables. Pero habría que preguntarse si esa preocupación colectiva posteriormente se traduce en actuaciones precisas en nuestro desempeño como padres tanto en la labor educativa de los valores que tenemos que transmitir a nuestros hijos como de las necesarias inhibiciones que con un sencillo o complicado «no» hay que provocar en determinadas conductas inadecuadas, así como la trascendencia que debemos transmitir a nuestros hijos en demostrarles la importancia de la figura de los profesores en sus vidas y de la prolongación que ellos son de nuestras figuras de padres.
No siendo los actos de violencia que hemos tenido que sufrir todos representativos de la realidad educativa, sí que es necesario un reconocimiento de que la conexión entre profesores y padres está sufriendo un debilitamiento importante y que lo primero que es necesario replantearse es que el valor de la educación y el valor de las escuelas debe ser trascendido a los niños y a los jóvenes como uno de los valores más importantes que sustentan la vida en democracia y libertad, y que ambos pilares se construyen tanto con derechos garantizados como con deberes inexcusables.
Por parte desde la administración educativa debemos mantener los criterios de objetividad deseable para que las conductas inconvenientes sean corregidas de forma correcta y proporcionada, evitando que la presión mediática altere la perspectiva de que el objeto de nuestro trabajo son los niños y por tanto en período de necesario crecimiento.
Consideramos que el fomento de la convivencia es sin duda el mejor antídoto contra los actos de violencia en las escuelas, pero también es imprescindible dotar a nuestros maestros y profesores de herramientas que permitan anular de forma precisa y rápida comportamientos inadmisibles de los alumnos, que no requieran de largos procesos instructores probatorios que lo único que provocan es que se queden sin corrección malos comportamientos y en el mejor de los casos que el niño se haya olvidado de su error cuando con el tiempo le sobreviene la corrección, herramientas pedagógicas que por otra parte son utilizadas frecuentemente por los padres y que todos afirmamos como necesarias para actuar antes de que algo vaya a peor.
Finalmente destacar la constitución del Observatorio para Convivencia Escolar en donde se encuentran representados todos los agentes sociales y las administraciones públicas y organismos que teniendo un papel determinante en el tema en cuestión, no solo deben ser informadas sino que resulta imprescindible su colaboración e intervención para la erradicación de la violencia de los centros educativos de nuestra Comunidad Autónoma. abc.es
Fernando Sánchez-Pascuala Neira es Director General de Coordinación, Inspección y Programas Educativos de la Junta de Castilla y León
Convivencia escolar
26/11/06 El sistema educativo se está viendo sometido a fuertes controversias debido a diversos sucesos que están teniendo como escenario centros docentes y como protagonistas a alumnos y profesionales como profesores o personal de administración y servicios.
Independientemente del rigor del tratamiento informativo de cada uno de los sucesos, la primera cuestión que surge es si la imagen proyectada es representativa de nuestra realidad escolar, si este aspecto parcial de las relaciones entre las personas que componen la comunidad educativa es significativo de todo el proceso educativo.
Ciertamente se puede afirmar que la imagen proyectada de violencia no se corresponde con la realidad de la convivencia escolar de los centros docentes de Castilla y León, lo cual no rebaja ni un ápice la importancia de las agresiones entre alumnos o de desacato ante la autoridad de los profesores, situaciones que aún siendo minoritarias no pueden ser admitidas en absoluto y que aparte de que se actúe contundentemente con cada uno de ellas debe obligarnos a reflexionar por qué llegan a producirse en nuestros centros o su entorno.
Es muy importante el tratamiento riguroso de las situaciones de conflictividad en los centros educativos, por ello se deben evitar extrapolaciones de sucesos aislados sobre el contexto general, pero el tratamiento de la conflictividad en los centros educativos hasta hace muy poco se había reducido a los estudios parciales de ámbito científico no tratándose con datos rigurosos sobre la realidad de todos y cada uno de los centros educativos como un aspecto de la misma importancia que por ejemplo se admite que tiene el currículo.
En nuestra Comunidad Autónoma desde hace dos años se trabaja intensamente por parte de todos los centros educativos y de la propia administración educativa para poder determinar cuál es la fotografía real del nivel de convivencia en nuestras aulas. Precisamente por los datos que ya se han venido haciendo públicos podemos afirmar que aún existiendo casos graves y aislados en los cuales la intervención se ha realizado aplicando los protocolos establecidos y existiendo también otras incidencias de carácter menos grave, la convivencia es buena, pero los hechos graves y menos graves están obligando a un esfuerzo suplementario de los profesores para que las relaciones interpersonales de los alumnos sean correctas y en ningún caso se permita que la ley del más fuerte impere en ninguno de nuestros centros educativos.
Deberíamos reflexionar también por qué cuando la conducta de un niño no es conveniente en el entorno escolar produce tanta alarma y en cambio si ese mismo niño genera conflictividad en las calles no provoca ese mismo nivel de preocupación general, ¿no es acaso la calle un entorno en donde debe existir control social? ¿ no se producen en la calle también relaciones entre niños jóvenes y adultos? ¿no somos todos los adultos también responsables de un ejercicio de control social adecuado en todos los entornos sociales?, incluidos nuestros hogares y por supuesto las escuelas.
El conflicto entre las personas es inevitable, la diferencia de intereses, el mandar y el obedecer, en definitiva la confrontación entre el deseo y la realidad provocan diferencias que sólo pueden encontrar en el diálogo, en la prudencia y en la buena educación su solución, por tanto no es el conflicto el problema, lo es no saber resolver convenientemente esas diferencias, y por supuesto no debe ser admitido por nadie y en ningún lugar comportamientos transgresores de las normas y de las personas.
La sociedad va cambiando paulatinamente, sus modelos de referencia varían pero las escuelas nunca deberán admitir ni la mala educación ni el trato irrespetuoso, porque además son el principio de la indisciplina y finalmente de la violencia.
Debemos dotar a los profesores de más conocimientos sobre la percepción e intervención sobre las dinámicas de grupo e individuales que distorsionan el normal transcurrir en el proceso de enseñar y aprender, que procuren elevar el nivel de motivación de los alumnos pero teniendo siempre presente que la disciplina es el gran valor educativo que forja la capacidad de esfuerzo y evita el mal hábito de alcanzar solo aquello que es fácil, para así favorecer que los niños logren lo mejor de su potencial humano.
No se puede poner en duda que en ningún momento de la historia de España como en estos últimos veinticinco años se han ofrecido tantas posibilidades formativas a los niños y jóvenes. Nunca la escuela ha estado tan sometida a procesos de valoración y análisis en profundos debates sobre los modelos pedagógicos y los niveles de rendimiento académico deseables. Pero habría que preguntarse si esa preocupación colectiva posteriormente se traduce en actuaciones precisas en nuestro desempeño como padres tanto en la labor educativa de los valores que tenemos que transmitir a nuestros hijos como de las necesarias inhibiciones que con un sencillo o complicado «no» hay que provocar en determinadas conductas inadecuadas, así como la trascendencia que debemos transmitir a nuestros hijos en demostrarles la importancia de la figura de los profesores en sus vidas y de la prolongación que ellos son de nuestras figuras de padres.
No siendo los actos de violencia que hemos tenido que sufrir todos representativos de la realidad educativa, sí que es necesario un reconocimiento de que la conexión entre profesores y padres está sufriendo un debilitamiento importante y que lo primero que es necesario replantearse es que el valor de la educación y el valor de las escuelas debe ser trascendido a los niños y a los jóvenes como uno de los valores más importantes que sustentan la vida en democracia y libertad, y que ambos pilares se construyen tanto con derechos garantizados como con deberes inexcusables.
Por parte desde la administración educativa debemos mantener los criterios de objetividad deseable para que las conductas inconvenientes sean corregidas de forma correcta y proporcionada, evitando que la presión mediática altere la perspectiva de que el objeto de nuestro trabajo son los niños y por tanto en período de necesario crecimiento.
Consideramos que el fomento de la convivencia es sin duda el mejor antídoto contra los actos de violencia en las escuelas, pero también es imprescindible dotar a nuestros maestros y profesores de herramientas que permitan anular de forma precisa y rápida comportamientos inadmisibles de los alumnos, que no requieran de largos procesos instructores probatorios que lo único que provocan es que se queden sin corrección malos comportamientos y en el mejor de los casos que el niño se haya olvidado de su error cuando con el tiempo le sobreviene la corrección, herramientas pedagógicas que por otra parte son utilizadas frecuentemente por los padres y que todos afirmamos como necesarias para actuar antes de que algo vaya a peor.
- Colaborando padres y profesores no sólo en el nivel del deseo de conseguir buenos resultados sino con acuerdos de compromiso contractual y, a su vez, prácticos que representen un frente común de acciones y valores.
- Depositando la confianza en que todos los educadores actúan con profesionalidad y que trabajan para conseguir lo mejor de nuestros hijos, y que nunca una madre o un padre pueden descalificar a los maestros y profesores en presencia de ellos.
- También debemos intervenir con nuestros hijos para que no tengan que sufrir el papel de víctima requiriendo los medios necesarios para ello, pero también para que nunca desempeñen el papel de agresores, responsabilizándonos en su caso de las consecuencias.
Finalmente destacar la constitución del Observatorio para Convivencia Escolar en donde se encuentran representados todos los agentes sociales y las administraciones públicas y organismos que teniendo un papel determinante en el tema en cuestión, no solo deben ser informadas sino que resulta imprescindible su colaboración e intervención para la erradicación de la violencia de los centros educativos de nuestra Comunidad Autónoma. abc.es
Fernando Sánchez-Pascuala Neira es Director General de Coordinación, Inspección y Programas Educativos de la Junta de Castilla y León





