En el III Congreso Internacional sobre trastorno del comportamiento en menores organizado por O´Belén
PAZ RUIZ UTRILLA 12 DIC. GUADALAJARA Conocer qué se debe la escalada de violencia juvenil que está sufriendo nuestro país en los últimos tiempos e intentar proponer soluciones a esta situación. Es uno de los principales objetivos que se ha propuesto la Fundación O´Belén con la organización del III Congreso Internacional Multidisciplinar sobre trastorno del comportamiento en menores, que se desarrollará en el Teatro Auditorio Buero Vallejo los días 15 y 16 de diciembre. Un tema que preocupa cada día más a profesionales como los profesores, psicólogos o pedagogos y, como no podía ser de otra manera, a los padres, principales ‘damnificados’ de estos trastornos. Tal y como señalaba el responsable de la Fundación en la provincia de Guadalajara, Emilio Pinto, en ésta se recibe unas 4.000 llamadas al año de padres con necesidades urgentes y para los que las plazas terapéuticas existentes en la actualidad se perfilan como inexistentes. No en vano, aseguraba, «hay muchas enfermedades, pero ninguna psicológica ni que afecte a tanto número de personas» como ésta.
Los datos existentes en la actualidad avalan esta preocupación: actualmente más de 700.000 menores en España sufren trastorno del comportamiento y otros 1.300.000 están en riesgo de padecerlo. Sobre la incidencia concreta en Guadalajara, no existen datos al margen de la media nacional, si bien se conoce estos trastornos tiene menos incidencia en el mundo rural que en el urbano.
La violencia familiar o doméstica es además uno de los principales motivos de internamiento en centros de acogida. Establecer en qué medida la violencia es una cuestión genética o derivada de estos trastornos es uno de los objetivos a abordar en este congreso. «Datos que vamos a ofrecer en el congresos sobre por qué se realiza la violencia, si la violencia es un síntoma de una enfermedad o tiene factores genéticos o de ambiente social», señala Pinto, que será el encargado de impartir la conferencia ‘La violencia como síntoma del trastorno’. En este sentido, señalaba que se trata todavía de «una enfermedad avergonzante y frustrante. Nadie va a llegar al trabajo diciendo que su hijo le pega».
Si bien la violencia es una forma de manifestación del trastorno, hay que precisar que no toda violencia es síntoma de un trastorno. «La maldad ha existido en el género humano y hay antropólogos que lo van a defender durante el congreso. Pero lo que sí llama la atención es que muchas veces el trastorno se puede manifestar a través de la violencia. Pero tanto en unos como en otros casos ambos necesitan ayuda», señalaba Pinto, que ahonda en esa necesidad social. En este sentido, subraya que según un estudio realizado con la Universidad de Texas, un delincuente le cuesta al Estado unos 2,5 millones de euros. Rehabilitar a un adolescente cuesta unos 24.000 euros. «Lo que sí que se sabe es que si se hace a un chico lo suficientemente inteligente como para poder cambiar su carácter él va a poder cambiarlo. Tampoco podemos decir pobrecito está malo». El tratamiento es, en estos casos, fundamental para prevenir futuras conductas violentas por parte de los jóvenes.
Igualmente en el Congreso se abordarán otro tipos de conductas menos preocupantes a simple vista, porque no se exteriorizan en violencia, como son los de los denominados ‘niños sillón’. Otra de las aportaciones de este encuentro será la del temido acoso escolar o bullying y una nueva modalidad o adaptación de éste: el e-bullying o el acoso practicado a través de internet. DLT
>> www.obelen-trastornoscomportamiento.es

PAZ RUIZ UTRILLA 12 DIC. GUADALAJARA Conocer qué se debe la escalada de violencia juvenil que está sufriendo nuestro país en los últimos tiempos e intentar proponer soluciones a esta situación. Es uno de los principales objetivos que se ha propuesto la Fundación O´Belén con la organización del III Congreso Internacional Multidisciplinar sobre trastorno del comportamiento en menores, que se desarrollará en el Teatro Auditorio Buero Vallejo los días 15 y 16 de diciembre. Un tema que preocupa cada día más a profesionales como los profesores, psicólogos o pedagogos y, como no podía ser de otra manera, a los padres, principales ‘damnificados’ de estos trastornos. Tal y como señalaba el responsable de la Fundación en la provincia de Guadalajara, Emilio Pinto, en ésta se recibe unas 4.000 llamadas al año de padres con necesidades urgentes y para los que las plazas terapéuticas existentes en la actualidad se perfilan como inexistentes. No en vano, aseguraba, «hay muchas enfermedades, pero ninguna psicológica ni que afecte a tanto número de personas» como ésta.
Los datos existentes en la actualidad avalan esta preocupación: actualmente más de 700.000 menores en España sufren trastorno del comportamiento y otros 1.300.000 están en riesgo de padecerlo. Sobre la incidencia concreta en Guadalajara, no existen datos al margen de la media nacional, si bien se conoce estos trastornos tiene menos incidencia en el mundo rural que en el urbano.
La violencia familiar o doméstica es además uno de los principales motivos de internamiento en centros de acogida. Establecer en qué medida la violencia es una cuestión genética o derivada de estos trastornos es uno de los objetivos a abordar en este congreso. «Datos que vamos a ofrecer en el congresos sobre por qué se realiza la violencia, si la violencia es un síntoma de una enfermedad o tiene factores genéticos o de ambiente social», señala Pinto, que será el encargado de impartir la conferencia ‘La violencia como síntoma del trastorno’. En este sentido, señalaba que se trata todavía de «una enfermedad avergonzante y frustrante. Nadie va a llegar al trabajo diciendo que su hijo le pega».
Si bien la violencia es una forma de manifestación del trastorno, hay que precisar que no toda violencia es síntoma de un trastorno. «La maldad ha existido en el género humano y hay antropólogos que lo van a defender durante el congreso. Pero lo que sí llama la atención es que muchas veces el trastorno se puede manifestar a través de la violencia. Pero tanto en unos como en otros casos ambos necesitan ayuda», señalaba Pinto, que ahonda en esa necesidad social. En este sentido, subraya que según un estudio realizado con la Universidad de Texas, un delincuente le cuesta al Estado unos 2,5 millones de euros. Rehabilitar a un adolescente cuesta unos 24.000 euros. «Lo que sí que se sabe es que si se hace a un chico lo suficientemente inteligente como para poder cambiar su carácter él va a poder cambiarlo. Tampoco podemos decir pobrecito está malo». El tratamiento es, en estos casos, fundamental para prevenir futuras conductas violentas por parte de los jóvenes.
Igualmente en el Congreso se abordarán otro tipos de conductas menos preocupantes a simple vista, porque no se exteriorizan en violencia, como son los de los denominados ‘niños sillón’. Otra de las aportaciones de este encuentro será la del temido acoso escolar o bullying y una nueva modalidad o adaptación de éste: el e-bullying o el acoso practicado a través de internet. DLT
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