El Sindic de Greuges y el Arateko presentaron a sus respectivos Parlamentos autonómicos, el pasado martes, los siguientes informes:
La institución del Ararteko, en paralelo con la del Síndic de Greuges de Catalunya, en cuanto defensoras de los derechos de las personas, han decidido analizar en profundidad el tema y presentar sus conclusiones y recomendaciones en estos informes extraordinarios.
PRESENTACIÓN DEL INFORME EXTRAORDINARIO DEL ARARTEKO SOBRE
CONVIVENCIA Y CONFLICTOS EN LOS CENTROS EDUCATIVOS
No es sólo una cuestión de buena o de mala educación. Es una cuestión de derechos, de derechos esenciales, puesto que afectan a la dignidad básica de las personas. De ahí que la institución del Ararteko -en este caso, en paralelo con la del Síndic de Greuges de Catalunya-, en cuanto defensora de los derechos de las personas, haya decidido analizar en profundidad el tema y presentar sus conclusiones y recomendaciones en este informe extraordinario.
Pero hay también otra razón que nos ha animado a abordar en profundidad el tema de la convivencia y la violencia en la escuela: el que existe una preocupación social creciente respecto a esta cuestión, que incluso podría ser calificada de "alarma social". En ese contexto de preocupación social, e incluso de alarmismo, parecía importante aportar un mayor o mejor conocimiento sobre la realidad de nuestros centros y, basándonos en él, plantear una serie de recomendaciones que puedan ayudar a mejorar el clima escolar y la convivencia en los centros. Este es el objetivo básico del informe que hoy presentamos.
• Qué hemos investigado
Muchas de las noticias, debates y preocupaciones sobre el uso de la violencia en el contexto escolar se relacionan con el llamado "bullying". Hay que advertir que este informe no es sobre el bullying. O, más exactamente, que el estudio realizado no se ha limitado a él. Pretende analizar el clima escolar en su conjunto: las relaciones entre iguales, sí; pero también las relaciones entre el profesorado y el alumnado, entre estos y las familias... Es decir, el conjunto de relaciones que se dan en el ámbito de la comunidad educativa entre sus diferentes miembros, incluyendo conductas, como la disrupción o falta de disciplina, que alteran el buen funcionamiento de los centros.
En cuanto a los conflictos de convivencia, hemos investigado, básicamente, seis tipos: disrupción; agresiones de los estudiantes hacia el profesorado; agresiones de los docentes al alumnado; maltrato entre iguales; vandalismo; absentismo. Y en cada uno de ellos, sus diferentes manifestaciones. En el maltrato entre iguales, por ejemplo: insultar, pegar, ignorar o rechazar, amenazar o chantajear, robar o romper cosas, acosar sexualmente… Pero también se ha analizado el clima general, las normas, las actuaciones de mejora de la convivencia, los valores, etc.
• Las fuentes de información
El elemento central del informe lo constituye la investigación llevada a cabo el curso pasado (2005-2006) en una muestra de 80 centros de Educación Secundaria de nuestra Comunidad, mediante cuestionarios, entrevistas y grupos de discusión.
La parte cuantitativa de este estudio (cfr. Cap. 3) ha supuesto el análisis de las respuestas dadas a sendos cuestionarios (cfr. Anexo II) por parte de 1.707 alumnos/as de 2º de ESO, 1.616 de 4º de ESO, 2.782 familias, 1.257 profesores/as y 80 directores/as.
La parte cualitativa (cfr. Cap. 4) se ha centrado en diez centros, seleccionados de acuerdo con una serie de factores, en los que se han llevado a cabo entrevistas y grupos de discusión específicos con cada uno de los sectores (alumnado de cada ciclo, padres-madres, profesorado).
Sin embargo, especialmente a la hora de plantear nuestras recomendaciones, se han tenido también en cuenta otras fuentes de información complementarias como, por ejemplo, las consultas y quejas recibidas en los dos últimos años sobre posibles situaciones de acoso o maltrato y las investigaciones llevadas a cabo para su esclarecimiento, lo que ha permitido detectar ciertas limitaciones en los procedimientos.
• Lo más llamativo y los aspectos más preocupantes
Si tenemos en cuenta la alarma social que parece existir sobre la violencia en los centros, las noticias que a veces aparecen en los medios de comunicación, o incluso los resultados que determinadas investigaciones ofrecen, seguramente lo más llamativo del estudio realizado es que todos los componentes de nuestra comunidad educativa (alumnado, profesorado, familias...) se muestran razonablemente satisfechos del clima escolar que perciben en sus propios centros. Sus respuestas son más críticas cuando se les pregunta por el clima general del sistema educativo o por su posible deterioro, pero en cuanto a su propio centro -lo que mejor conocen- las valoraciones son muy positivas. Sirva como ejemplo el dato de que un 82% de las familias no cambiaría a su hijo/a de centro, o que el 93,4% de ellas se muestra muy satisfecha de que su hijo o hija estudie en el centro en el que está.
Desde la perspectiva garantista de derechos que corresponde a la institución del Ararteko, sin embargo, debemos insistir en los elementos negativos y especialmente en aquellos que pueden tener graves consecuencias o incidir en los derechos básicos de las personas. Desde esta perspectiva, bastaría con que un solo miembro de la comunidad escolar fuese marginado, amenazado, agredido o humillado para que nuestra preocupación e intervención tuviera fundamento. Y los datos muestran que este tipo de situaciones, expresión casi siempre de un abuso de poder, son, desgraciadamente, frecuentes.
Entre los diferentes elementos de preocupación que nos ofrece, podemos destacar los siguientes:
El divorcio que se observa entre el profesorado y las familias.
Las familias, por ejemplo, tienen una visión muy idílica de las relaciones entre docentes y alumnado; consideran que sus hijos e hijas apenas plantean problemas; son, en cambio, mucho más críticas con las actuaciones del profesorado, etc. La mayoría del profesorado (54%), por su parte, atribuye los problemas de disciplina o de violencia en los centros al hecho de que las familias son excesivamente permisivas y no marcan ningún límite a las conductas de sus hijos… Si tenemos en cuenta que la colaboración y la sintonía entre familias y profesorado es uno de los factores clave para mejorar la convivencia y el clima de los centros, estas divergencias resultan enormemente preocupantes.
La escasa participación de algunos sectores en la elaboración, revisión y aplicación de las normas que regulan la convivencia en los centros.
La valoración del alumnado y de las familias -incluso de quienes participan directamente en órganos como las comisiones de convivencia - es que sus posibilidades de intervenir en la revisión de las normas o de los criterios de aplicación es muy limitada en comparación con la capacidad de decisión del profesorado.
La consideración de determinadas conductas como "normales", lo que pone en cuestión una serie de valores básicos, esenciales para una convivencia respetuosa.
Nos referimos, principalmente, a tres tipos de conductas que, según lo analizado, resultan bastante habituales y son justificadas -a veces por razones sorprendentes- por buena parte del alumnado:
La disrupción o indisciplina, que es una de las causas más extendidas del malestar docente.
Las agresiones a compañeros o compañeras, sin valorar las consecuencias negativas que puedan tener para ellos.
La aceptación del papel de testigo impasible de los hechos de quienes, normalmente por miedo a las consecuencias, miran hacia otro lado, sin apoyar a quien sufre ni colaborar con los adultos responsables.
La combinación de estas conductas está teniendo un enorme coste personal, tanto en el alumnado como en el profesorado.
La incidencia, no siempre positiva, que determinadas actuaciones de agentes externos a los centros tienen sobre estos.
La comunidad escolar, y especialmente el profesorado, observa con enorme preocupación lo que, en cierto modo, considera una injerencia de otros agentes sociales en un campo que considera propio. Basta comprobar, por ejemplo, las opiniones manifestadas en torno a la judicialización de casos de acoso escolar o respecto al tratamiento de algunos casos en los medios de comunicación.
El grado de malestar o desánimo que se puede apreciar en buena parte del profesorado, que se siente desbordado.
Una parte del profesorado se siente desbordado, abandonado, atrincherado, frente a una tarea titánica para la que considera que no dispone de los medios necesarios: una autoridad reconocida, formación adecuada, tiempos y espacios para ejercer adecuadamente las funciones de tutor, apoyo de la administración, marcos legales claros, recursos, una sociedad que no exija a la escuela lo contrario de lo que practica…
La insuficiente reacción ante determinadas conductas, o la lentitud de la misma, lo que contribuye a crear una sensación de impunidad.
Aunque el trabajo fundamental en los centros debe ser preventivo, ante determinados hechos, como en las situaciones de acoso, es preciso intervenir, y hacerlo con prontitud y eficacia. La lentitud o la ineficacia sólo tienen efectos negativos: en la persona acosada, evidentemente, que sigue desprotegida, pero también en la persona o grupo acosador, que se siente impune, y en los testigos, que ven cómo se puede seguir humillando a un compañero, compañera, o incluso profesor, sin que suceda nada.
La soledad y el dolor de las víctimas del maltrato.
Todo apunta a que los casos de acoso conocidos o denunciados son una parte mínima de la realidad. Pero, independientemente de cuál sea el dato más fiable sobre la proporción de casos de acoso que se dan en un determinado sistema educativo o en una determinada etapa escolar, lo cierto es que existe un número nada despreciable de alumnos y alumnas que son objeto de acoso, muchos de los cuales padecen ese sufrimiento en silencio, o con el simple apoyo de algún amigo o amiga, bien por falta de cauces para dar a conocer su situación a las personas adultas que deben defenderlo, bien por miedo a que su denuncia les deje aún más desprotegidos y tenga peores consecuencias para ellos mismos. Esta situación resulta absolutamente intolerable.
• Las recomendaciones
En este informe hacemos 28 recomendaciones para la mejora de la convivencia en los centros y en las aulas. Van dirigidas al conjunto del sistema educativo, a sus máximos responsables, incluso a otros agentes sociales que no forman parte estrictamente de la comunidad escolar pero que, con sus actuaciones, inciden sobre ella, como puede ser el sistema judicial o los medios de comunicación.
Algunas proponen modificar o completar el actual marco normativo (por ejemplo, el actual Decreto de derechos y deberes del alumnado), o revisar los protocolos de actuación (Rec. 1 a 5); otras afectan a la organización de los centros, a sus prioridades, a los sistemas de participación, a sus prácticas, a la organización de los tiempos y espacios escolares… (Rec. 6 a 16); efectuamos también seis recomendaciones específicas sobre cómo intervenir ante situaciones de acoso o violencia, dirigidas especialmente a mejorar la detección y a garantizar la protección y la ayuda necesaria a quien sea víctima del maltrato (Rec. 7 a 22); tres se refieren a la intervención de otros agentes sociales (Rec. 23 a 25); y las tres últimas, a la necesidad de seguimiento e investigación (Rec. 26 a 28). Abarcan, pues, muchos campos de actuación.
Una de las principales dificultades para lograr una mejora significativa de la convivencia en todos los centros reside, precisamente, en la complejidad del sistema, que abarca diferentes etapas, cientos de centros, miles de aulas, miles de docentes… Aplicar muchas de nuestras recomendaciones exigirá la implicación, en mayor o menor grado, de numerosas instancias: del Departamento de Educación y sus servicios, sin ninguna duda, pero también de los órganos de los centros (de los Consejos Escolares, de las comisiones de convivencia, de los equipos directivos, de los seminarios y equipos de ciclo...) y de otros agentes sociales.
En este sentido, la institución del Ararteko, en la medida de sus posibilidades, hará un seguimiento de los logros, avances o retrocesos y abordará también, en un próximo informe, un tema capital, que está en la base de la convivencia, como es el de la transmisión de valores a los menores.
• Tolerancia cero
Todo niño, niña o adolescente, sea cuál sea su edad, condición, origen, capacidad o cualquier otra característica personal, tiene derecho a ser educado en un clima que le ofrezca seguridad y le permita desarrollar al máximo sus potencialidades. Toda familia tiene derecho a enviar a sus criaturas a un centro escolar con la garantía de que será protegido y educado adecuadamente. Todo profesor o profesora tiene derecho a ser apoyado y respetado en su labor, con la autoridad que su función exige… Por ello, el centro educativo tiene que ser un lugar donde se pueda practicar y aprender la convivencia entre diferentes, un lugar de relación del que queda excluido cualquier tipo de violencia, discriminación o humillación.
Hay, pues, un mensaje nítido que debemos trasladar y hacer realidad en nuestra sociedad y en su escuela: tolerancia cero a la violencia en las relaciones. Este informe quiere contribuir a ello. www.ararteko.net
Convivencia y conflictos en los centros educativos (informe del Síndic)
Incrementar los recursos y medios de las escuelas para detectar y mediar en los casos de acoso, y estrechar la relación entre estudiantes y profesores para romper «la ley del silencio» que sigue imperando son algunas recomendaciones del Síndic de Greuges para poner freno al llamado «bullying», en un informe en el que consta que uno de cada cinco alumnos catalanes ha sufrido algún tipo de acoso escolar.
+info
PAÍS VASCO >>1 2 3 4
http://www.ikasle.net/ - ikasle@hezkuntza.net
http://www.ararteko.net/webs/menor-cast.htm
CATALUÑA >>1 2 3
http://www.sindic.cat/infants/ - http://www.sindic.cat/
USCE >>http://www.xtec.net/innovacio/convivencia/usce.htm
| Ararteko
www.ararteko.net/webs/menor | >>Convivencia y conflictos en los centros educativos
PDF 1.2 Mb |
| Sindic de Greuges
www.sindic.cat/infants/ | PDF >>Convivencia en los centros escolares 539 Kb |
PRESENTACIÓN DEL INFORME EXTRAORDINARIO DEL ARARTEKO SOBRE
CONVIVENCIA Y CONFLICTOS EN LOS CENTROS EDUCATIVOS
![]() | • El por qué de este informePresentamos hoy un informe sobre la convivencia, los conflictos y la confrontación entre iguales en los centros de Educación Secundaria de nuestra Comunidad. Aprender a convivir, sin violencia, respetando a todas las personas, independientemente de cómo sean, es un objetivo básico de la educación: del sistema educativo, pero también de la sociedad en su conjunto. |
No es sólo una cuestión de buena o de mala educación. Es una cuestión de derechos, de derechos esenciales, puesto que afectan a la dignidad básica de las personas. De ahí que la institución del Ararteko -en este caso, en paralelo con la del Síndic de Greuges de Catalunya-, en cuanto defensora de los derechos de las personas, haya decidido analizar en profundidad el tema y presentar sus conclusiones y recomendaciones en este informe extraordinario.
Pero hay también otra razón que nos ha animado a abordar en profundidad el tema de la convivencia y la violencia en la escuela: el que existe una preocupación social creciente respecto a esta cuestión, que incluso podría ser calificada de "alarma social". En ese contexto de preocupación social, e incluso de alarmismo, parecía importante aportar un mayor o mejor conocimiento sobre la realidad de nuestros centros y, basándonos en él, plantear una serie de recomendaciones que puedan ayudar a mejorar el clima escolar y la convivencia en los centros. Este es el objetivo básico del informe que hoy presentamos.
• Qué hemos investigado
Muchas de las noticias, debates y preocupaciones sobre el uso de la violencia en el contexto escolar se relacionan con el llamado "bullying". Hay que advertir que este informe no es sobre el bullying. O, más exactamente, que el estudio realizado no se ha limitado a él. Pretende analizar el clima escolar en su conjunto: las relaciones entre iguales, sí; pero también las relaciones entre el profesorado y el alumnado, entre estos y las familias... Es decir, el conjunto de relaciones que se dan en el ámbito de la comunidad educativa entre sus diferentes miembros, incluyendo conductas, como la disrupción o falta de disciplina, que alteran el buen funcionamiento de los centros.
En cuanto a los conflictos de convivencia, hemos investigado, básicamente, seis tipos: disrupción; agresiones de los estudiantes hacia el profesorado; agresiones de los docentes al alumnado; maltrato entre iguales; vandalismo; absentismo. Y en cada uno de ellos, sus diferentes manifestaciones. En el maltrato entre iguales, por ejemplo: insultar, pegar, ignorar o rechazar, amenazar o chantajear, robar o romper cosas, acosar sexualmente… Pero también se ha analizado el clima general, las normas, las actuaciones de mejora de la convivencia, los valores, etc.
• Las fuentes de información
El elemento central del informe lo constituye la investigación llevada a cabo el curso pasado (2005-2006) en una muestra de 80 centros de Educación Secundaria de nuestra Comunidad, mediante cuestionarios, entrevistas y grupos de discusión.
La parte cuantitativa de este estudio (cfr. Cap. 3) ha supuesto el análisis de las respuestas dadas a sendos cuestionarios (cfr. Anexo II) por parte de 1.707 alumnos/as de 2º de ESO, 1.616 de 4º de ESO, 2.782 familias, 1.257 profesores/as y 80 directores/as.
La parte cualitativa (cfr. Cap. 4) se ha centrado en diez centros, seleccionados de acuerdo con una serie de factores, en los que se han llevado a cabo entrevistas y grupos de discusión específicos con cada uno de los sectores (alumnado de cada ciclo, padres-madres, profesorado).
Sin embargo, especialmente a la hora de plantear nuestras recomendaciones, se han tenido también en cuenta otras fuentes de información complementarias como, por ejemplo, las consultas y quejas recibidas en los dos últimos años sobre posibles situaciones de acoso o maltrato y las investigaciones llevadas a cabo para su esclarecimiento, lo que ha permitido detectar ciertas limitaciones en los procedimientos.
• Lo más llamativo y los aspectos más preocupantes
Si tenemos en cuenta la alarma social que parece existir sobre la violencia en los centros, las noticias que a veces aparecen en los medios de comunicación, o incluso los resultados que determinadas investigaciones ofrecen, seguramente lo más llamativo del estudio realizado es que todos los componentes de nuestra comunidad educativa (alumnado, profesorado, familias...) se muestran razonablemente satisfechos del clima escolar que perciben en sus propios centros. Sus respuestas son más críticas cuando se les pregunta por el clima general del sistema educativo o por su posible deterioro, pero en cuanto a su propio centro -lo que mejor conocen- las valoraciones son muy positivas. Sirva como ejemplo el dato de que un 82% de las familias no cambiaría a su hijo/a de centro, o que el 93,4% de ellas se muestra muy satisfecha de que su hijo o hija estudie en el centro en el que está.
Desde la perspectiva garantista de derechos que corresponde a la institución del Ararteko, sin embargo, debemos insistir en los elementos negativos y especialmente en aquellos que pueden tener graves consecuencias o incidir en los derechos básicos de las personas. Desde esta perspectiva, bastaría con que un solo miembro de la comunidad escolar fuese marginado, amenazado, agredido o humillado para que nuestra preocupación e intervención tuviera fundamento. Y los datos muestran que este tipo de situaciones, expresión casi siempre de un abuso de poder, son, desgraciadamente, frecuentes.
Entre los diferentes elementos de preocupación que nos ofrece, podemos destacar los siguientes:
El divorcio que se observa entre el profesorado y las familias.
Las familias, por ejemplo, tienen una visión muy idílica de las relaciones entre docentes y alumnado; consideran que sus hijos e hijas apenas plantean problemas; son, en cambio, mucho más críticas con las actuaciones del profesorado, etc. La mayoría del profesorado (54%), por su parte, atribuye los problemas de disciplina o de violencia en los centros al hecho de que las familias son excesivamente permisivas y no marcan ningún límite a las conductas de sus hijos… Si tenemos en cuenta que la colaboración y la sintonía entre familias y profesorado es uno de los factores clave para mejorar la convivencia y el clima de los centros, estas divergencias resultan enormemente preocupantes.
La escasa participación de algunos sectores en la elaboración, revisión y aplicación de las normas que regulan la convivencia en los centros.
La valoración del alumnado y de las familias -incluso de quienes participan directamente en órganos como las comisiones de convivencia - es que sus posibilidades de intervenir en la revisión de las normas o de los criterios de aplicación es muy limitada en comparación con la capacidad de decisión del profesorado.
La consideración de determinadas conductas como "normales", lo que pone en cuestión una serie de valores básicos, esenciales para una convivencia respetuosa.
Nos referimos, principalmente, a tres tipos de conductas que, según lo analizado, resultan bastante habituales y son justificadas -a veces por razones sorprendentes- por buena parte del alumnado:
La disrupción o indisciplina, que es una de las causas más extendidas del malestar docente.
Las agresiones a compañeros o compañeras, sin valorar las consecuencias negativas que puedan tener para ellos.
La aceptación del papel de testigo impasible de los hechos de quienes, normalmente por miedo a las consecuencias, miran hacia otro lado, sin apoyar a quien sufre ni colaborar con los adultos responsables.
La combinación de estas conductas está teniendo un enorme coste personal, tanto en el alumnado como en el profesorado.
La incidencia, no siempre positiva, que determinadas actuaciones de agentes externos a los centros tienen sobre estos.
La comunidad escolar, y especialmente el profesorado, observa con enorme preocupación lo que, en cierto modo, considera una injerencia de otros agentes sociales en un campo que considera propio. Basta comprobar, por ejemplo, las opiniones manifestadas en torno a la judicialización de casos de acoso escolar o respecto al tratamiento de algunos casos en los medios de comunicación.
El grado de malestar o desánimo que se puede apreciar en buena parte del profesorado, que se siente desbordado.
Una parte del profesorado se siente desbordado, abandonado, atrincherado, frente a una tarea titánica para la que considera que no dispone de los medios necesarios: una autoridad reconocida, formación adecuada, tiempos y espacios para ejercer adecuadamente las funciones de tutor, apoyo de la administración, marcos legales claros, recursos, una sociedad que no exija a la escuela lo contrario de lo que practica…
La insuficiente reacción ante determinadas conductas, o la lentitud de la misma, lo que contribuye a crear una sensación de impunidad.
Aunque el trabajo fundamental en los centros debe ser preventivo, ante determinados hechos, como en las situaciones de acoso, es preciso intervenir, y hacerlo con prontitud y eficacia. La lentitud o la ineficacia sólo tienen efectos negativos: en la persona acosada, evidentemente, que sigue desprotegida, pero también en la persona o grupo acosador, que se siente impune, y en los testigos, que ven cómo se puede seguir humillando a un compañero, compañera, o incluso profesor, sin que suceda nada.
La soledad y el dolor de las víctimas del maltrato.
Todo apunta a que los casos de acoso conocidos o denunciados son una parte mínima de la realidad. Pero, independientemente de cuál sea el dato más fiable sobre la proporción de casos de acoso que se dan en un determinado sistema educativo o en una determinada etapa escolar, lo cierto es que existe un número nada despreciable de alumnos y alumnas que son objeto de acoso, muchos de los cuales padecen ese sufrimiento en silencio, o con el simple apoyo de algún amigo o amiga, bien por falta de cauces para dar a conocer su situación a las personas adultas que deben defenderlo, bien por miedo a que su denuncia les deje aún más desprotegidos y tenga peores consecuencias para ellos mismos. Esta situación resulta absolutamente intolerable.
• Las recomendaciones
En este informe hacemos 28 recomendaciones para la mejora de la convivencia en los centros y en las aulas. Van dirigidas al conjunto del sistema educativo, a sus máximos responsables, incluso a otros agentes sociales que no forman parte estrictamente de la comunidad escolar pero que, con sus actuaciones, inciden sobre ella, como puede ser el sistema judicial o los medios de comunicación.
Algunas proponen modificar o completar el actual marco normativo (por ejemplo, el actual Decreto de derechos y deberes del alumnado), o revisar los protocolos de actuación (Rec. 1 a 5); otras afectan a la organización de los centros, a sus prioridades, a los sistemas de participación, a sus prácticas, a la organización de los tiempos y espacios escolares… (Rec. 6 a 16); efectuamos también seis recomendaciones específicas sobre cómo intervenir ante situaciones de acoso o violencia, dirigidas especialmente a mejorar la detección y a garantizar la protección y la ayuda necesaria a quien sea víctima del maltrato (Rec. 7 a 22); tres se refieren a la intervención de otros agentes sociales (Rec. 23 a 25); y las tres últimas, a la necesidad de seguimiento e investigación (Rec. 26 a 28). Abarcan, pues, muchos campos de actuación.
Una de las principales dificultades para lograr una mejora significativa de la convivencia en todos los centros reside, precisamente, en la complejidad del sistema, que abarca diferentes etapas, cientos de centros, miles de aulas, miles de docentes… Aplicar muchas de nuestras recomendaciones exigirá la implicación, en mayor o menor grado, de numerosas instancias: del Departamento de Educación y sus servicios, sin ninguna duda, pero también de los órganos de los centros (de los Consejos Escolares, de las comisiones de convivencia, de los equipos directivos, de los seminarios y equipos de ciclo...) y de otros agentes sociales.
En este sentido, la institución del Ararteko, en la medida de sus posibilidades, hará un seguimiento de los logros, avances o retrocesos y abordará también, en un próximo informe, un tema capital, que está en la base de la convivencia, como es el de la transmisión de valores a los menores.
• Tolerancia cero
Todo niño, niña o adolescente, sea cuál sea su edad, condición, origen, capacidad o cualquier otra característica personal, tiene derecho a ser educado en un clima que le ofrezca seguridad y le permita desarrollar al máximo sus potencialidades. Toda familia tiene derecho a enviar a sus criaturas a un centro escolar con la garantía de que será protegido y educado adecuadamente. Todo profesor o profesora tiene derecho a ser apoyado y respetado en su labor, con la autoridad que su función exige… Por ello, el centro educativo tiene que ser un lugar donde se pueda practicar y aprender la convivencia entre diferentes, un lugar de relación del que queda excluido cualquier tipo de violencia, discriminación o humillación.
Hay, pues, un mensaje nítido que debemos trasladar y hacer realidad en nuestra sociedad y en su escuela: tolerancia cero a la violencia en las relaciones. Este informe quiere contribuir a ello. www.ararteko.net
Convivencia y conflictos en los centros educativos (informe del Síndic)
Incrementar los recursos y medios de las escuelas para detectar y mediar en los casos de acoso, y estrechar la relación entre estudiantes y profesores para romper «la ley del silencio» que sigue imperando son algunas recomendaciones del Síndic de Greuges para poner freno al llamado «bullying», en un informe en el que consta que uno de cada cinco alumnos catalanes ha sufrido algún tipo de acoso escolar.
+info
http://www.ikasle.net/ - ikasle@hezkuntza.net
http://www.ararteko.net/webs/menor-cast.htm
http://www.sindic.cat/infants/ - http://www.sindic.cat/
USCE >>http://www.xtec.net/innovacio/convivencia/usce.htm







