REEDICIÓN ·Hace veinte días recogíamos esta conversación del periódico La Nacion (Chile), a raíz de dos trágicas muertes de escolares chilenas, con Miguel Ceberio, tío de Jokin y abogado-portavoz de la familia.
ENTREVISTA · Miguel Ángel Ceberio, tío del escolar que conmovió a España con su suicidio en 2004
Miguel Ángel Ceberio se recupera de un infarto sufrido a mitades de noviembre pasado. En medio del reposo, recuerda el amargo capítulo de Jokin y la sorpresiva decisión que tomó su sobrino. “Nunca lo hubiera esperado”, dice.
José Miguel Jaque 4 Dic. La Nación “Era un niño cariñoso y entrañable... ¡qué quiere que le diga!”, exclama Miguel Ángel Ceberio, portavoz de la familia y tío de Jokin, el estudiante vasco que se suicidó a los 14 años en la madrugada del 21 de septiembre de 2004. Un hecho que marcó un antes y un después en la sociedad española en la lucha contra el maltrato entre escolares.
“Las recaídas son frecuentes, especialmente en los padres”, agrega Ceberio. El recuerdo del menor no se apaga y cobra vigencia luego del desenlace de Pamela Pizarro, la alumna de octavo básico del colegio iquiqueño Javiera Carrera, quien siguió el mismo camino. Uno sin retorno, donde por fin quedan atrás las burlas, el acoso y los golpes.
Lo de Jokin fue una suma de errores.
Cansado, abatido y atribulado por tener que regresar a una sala de clases con tintes de infierno, Jokin pedaleó hasta saltar desde las murallas de su ciudad, lanzándose al vacío, en un desesperado intento por librarse. “Libre, oh libre. Mis ojos seguirán aunque paren mis pies”, dejó escrito en su computador al salir por última vez de su casa.
¿En qué se “equivocó” Jokin? Fue el único de su grupo de amigos que no se avivó para sacar el sobre del buzón de casa donde se informaba a los padres que los chicos habían sido sorprendidos fumando en un campamento. Su “actitud” marcó la ruptura de la cuadrilla. Y los que antes eran sus amigos, ahora lo fustigaron.
También se indigestó a la hora en que los baños estaban con llave. En su escuela, las necesidades más elementales tenían horario. La diarrea le jugó mal y sus acosadores se encargaron que recordarle la fecha un año después. Hasta una profesora participó de ese maldito aniversario. Sus compañeros le lanzaron papel higiénico en clase y la educadora lo obligó a recogerlo. Humillado hasta más no poder.
Un año de burlas y violencia se tenían que terminar de golpe. La sala de clases era un lugar maldito. Y no volvió. Jueves y viernes se hizo la “cimarra”. La madre de Jokin fue comunicada de parte del Instituto Talaia de Hondarribia que no había asistido a algunas clases y sospechaban que se debía a las supuestas agresiones. ¿Por qué no dijiste nada, Jokin? “Qué queréis, que me maten a hostias?”, fue la respuesta a sus padres.
La solución fue un antídoto letal. Lo dejaron en casa el lunes porque en la escuela hablarían con los alumnos bajo sospecha. Pero volvería al mismo infierno el martes con un móvil por si tenía problemas. No alcanzó a llamar.
Un antes y un después
Miguel Ángel Ceberio se recupera de un infarto sufrido hace 15 días. En medio del reposo, recuerda el amargo capítulo de Jokin y la sorpresiva decisión que tomó su sobrino. “Nunca lo hubiera esperado”, dice.
Habla de Jokin con ternura. Cuenta que su sobrino era alegre y muy apegado a la familia. Tenía un buen expediente académico y le gustaba el mundo de la informática, la lectura y el cine. “Era seguidor de la Real Sociedad, el equipo de San Sebastián”.
Ceberio comenta que lo sucedido con Jokin marcó un punto de inflexión en España. “Sirvió de aldabonazo para la toma de conciencia de parte de la sociedad y de la administración en torno al problema que existía y sigue existiendo de la violencia en las aulas”, cuenta. “Fue una brusca toma de contacto y de conciencia de una realidad que se venía dando, pero parecía que tanto la administración como la sociedad miraban para otro lado”.
El abogado y portavoz de la familia explica que a partir del caso Jokin existe una mayor conciencia del problema de violencia en los colegios y las autoridades y la sociedad están empezando a marcar pautas tendentes a evitar las consecuencias negativas del bullying (acoso escolar). “La administración está reiteradamente incentivando a los alumnos a denunciar cualquier tipo de actuación de la que puedan ser testigos aunque no sean ellos directamente víctimas de esas actuaciones”.
La denuncia de los padres de Jokin apuntaron a las autoridades y profesores del Instituto Talaia porque consideraron acreditado que su hijo recibía insultos, vejaciones, agresiones físicas en cualquier lugar del instituto y no hicieron nada al respecto. “En la situación actual es más difícil que se repita lo ocurrido en el caso de Jokin”, apunta Ceberio. “Existe una mayor conciencia en orden a evitar actuaciones como las de los acosadores de Jokin y la administración está empezando a tratar la realidad de esta situación como un verdadero problema de acoso y no como una circunstancia juvenil sin trascendencia, que era el tratamiento que se le daba antes”.
“En línea con la mayor conciencia -agrega el tío del menor- desde la propia administración se anima tanto a las víctimas como a los compañeros de las víctimas a denunciar”. Sin embargo, eso no evitó que el caso Jokin se repitiera. Ceberio cuenta que tiempo después hubo un caso vinculado a una situación de acoso escolar en Alicante, pero judicialmente no llegó a acreditarse y se archivaron los antecedentes.
Otro tema fue el comportamiento de los padres de los compañeros involucrados. Uno de ellos dijo: “mi hijo es responsable de lo ocurrido el primer y tercer día de clase, pero nada más”. Fue una estrategia común: defender a sus hijos y no reconocer el daño causado. “Sí, desgraciadamente así ha sido. Es una manera equivocada de proteger a sus hijos, pero bueno, esa ha sido la actuación de los padres de los condenados”, comenta Ceberio.
Sin embargo, el castigo llegó igual. El proceso judicial concluyó con una condena penal como autores de dos delitos para siete de los ocho compañeros de Jokin que fueron los causantes directos del acoso.
La responsabilidad civil aún está pendiente.
El efecto Jokin no se apaga. LN www.lanacion.cl
ENTREVISTA · Miguel Ángel Ceberio, tío del escolar que conmovió a España con su suicidio en 2004
Miguel Ángel Ceberio se recupera de un infarto sufrido a mitades de noviembre pasado. En medio del reposo, recuerda el amargo capítulo de Jokin y la sorpresiva decisión que tomó su sobrino. “Nunca lo hubiera esperado”, dice.
![]() | Jokin era alegre. Hasta que el acoso diario de sus compañeros mató esa alegría y lo lanzó al vacío. Su tío lo recuerda con nostalgia. Aquí cuenta del efecto Jokin en la sociedad y en las autoridades españolas y de cómo los padres de los acosadores miraron para el lado. |
“Las recaídas son frecuentes, especialmente en los padres”, agrega Ceberio. El recuerdo del menor no se apaga y cobra vigencia luego del desenlace de Pamela Pizarro, la alumna de octavo básico del colegio iquiqueño Javiera Carrera, quien siguió el mismo camino. Uno sin retorno, donde por fin quedan atrás las burlas, el acoso y los golpes.
Lo de Jokin fue una suma de errores.
Cansado, abatido y atribulado por tener que regresar a una sala de clases con tintes de infierno, Jokin pedaleó hasta saltar desde las murallas de su ciudad, lanzándose al vacío, en un desesperado intento por librarse. “Libre, oh libre. Mis ojos seguirán aunque paren mis pies”, dejó escrito en su computador al salir por última vez de su casa.
¿En qué se “equivocó” Jokin? Fue el único de su grupo de amigos que no se avivó para sacar el sobre del buzón de casa donde se informaba a los padres que los chicos habían sido sorprendidos fumando en un campamento. Su “actitud” marcó la ruptura de la cuadrilla. Y los que antes eran sus amigos, ahora lo fustigaron.
También se indigestó a la hora en que los baños estaban con llave. En su escuela, las necesidades más elementales tenían horario. La diarrea le jugó mal y sus acosadores se encargaron que recordarle la fecha un año después. Hasta una profesora participó de ese maldito aniversario. Sus compañeros le lanzaron papel higiénico en clase y la educadora lo obligó a recogerlo. Humillado hasta más no poder.
Un año de burlas y violencia se tenían que terminar de golpe. La sala de clases era un lugar maldito. Y no volvió. Jueves y viernes se hizo la “cimarra”. La madre de Jokin fue comunicada de parte del Instituto Talaia de Hondarribia que no había asistido a algunas clases y sospechaban que se debía a las supuestas agresiones. ¿Por qué no dijiste nada, Jokin? “Qué queréis, que me maten a hostias?”, fue la respuesta a sus padres.
La solución fue un antídoto letal. Lo dejaron en casa el lunes porque en la escuela hablarían con los alumnos bajo sospecha. Pero volvería al mismo infierno el martes con un móvil por si tenía problemas. No alcanzó a llamar.
Un antes y un después
Miguel Ángel Ceberio se recupera de un infarto sufrido hace 15 días. En medio del reposo, recuerda el amargo capítulo de Jokin y la sorpresiva decisión que tomó su sobrino. “Nunca lo hubiera esperado”, dice.
Habla de Jokin con ternura. Cuenta que su sobrino era alegre y muy apegado a la familia. Tenía un buen expediente académico y le gustaba el mundo de la informática, la lectura y el cine. “Era seguidor de la Real Sociedad, el equipo de San Sebastián”.
Ceberio comenta que lo sucedido con Jokin marcó un punto de inflexión en España. “Sirvió de aldabonazo para la toma de conciencia de parte de la sociedad y de la administración en torno al problema que existía y sigue existiendo de la violencia en las aulas”, cuenta. “Fue una brusca toma de contacto y de conciencia de una realidad que se venía dando, pero parecía que tanto la administración como la sociedad miraban para otro lado”.
El abogado y portavoz de la familia explica que a partir del caso Jokin existe una mayor conciencia del problema de violencia en los colegios y las autoridades y la sociedad están empezando a marcar pautas tendentes a evitar las consecuencias negativas del bullying (acoso escolar). “La administración está reiteradamente incentivando a los alumnos a denunciar cualquier tipo de actuación de la que puedan ser testigos aunque no sean ellos directamente víctimas de esas actuaciones”.
La denuncia de los padres de Jokin apuntaron a las autoridades y profesores del Instituto Talaia porque consideraron acreditado que su hijo recibía insultos, vejaciones, agresiones físicas en cualquier lugar del instituto y no hicieron nada al respecto. “En la situación actual es más difícil que se repita lo ocurrido en el caso de Jokin”, apunta Ceberio. “Existe una mayor conciencia en orden a evitar actuaciones como las de los acosadores de Jokin y la administración está empezando a tratar la realidad de esta situación como un verdadero problema de acoso y no como una circunstancia juvenil sin trascendencia, que era el tratamiento que se le daba antes”.
“En línea con la mayor conciencia -agrega el tío del menor- desde la propia administración se anima tanto a las víctimas como a los compañeros de las víctimas a denunciar”. Sin embargo, eso no evitó que el caso Jokin se repitiera. Ceberio cuenta que tiempo después hubo un caso vinculado a una situación de acoso escolar en Alicante, pero judicialmente no llegó a acreditarse y se archivaron los antecedentes.
Otro tema fue el comportamiento de los padres de los compañeros involucrados. Uno de ellos dijo: “mi hijo es responsable de lo ocurrido el primer y tercer día de clase, pero nada más”. Fue una estrategia común: defender a sus hijos y no reconocer el daño causado. “Sí, desgraciadamente así ha sido. Es una manera equivocada de proteger a sus hijos, pero bueno, esa ha sido la actuación de los padres de los condenados”, comenta Ceberio.
Sin embargo, el castigo llegó igual. El proceso judicial concluyó con una condena penal como autores de dos delitos para siete de los ocho compañeros de Jokin que fueron los causantes directos del acoso.
La responsabilidad civil aún está pendiente.
El efecto Jokin no se apaga. LN www.lanacion.cl









