Pascuas que hacen la pascua· La Navidad es la época más depresiva y melancólica
Muchos ciudadanos buscan consuelo a su angustia comprando de forma compulsiva
La sufren tanto los que tienen tendencia a la tristeza como los emocionalmente sanos y se asocia a ausencias, a pérdidas recientes de seres queridos y a problemas familiares
Por ello, «sin duda, la Navidad es la peor época del año para las personas que van acumulando pérdidas de forma progresiva», explica Yolanda García, de Gabinete Psicológico y Social. Sólo los niños y quienes aún no han sufrido pérdidas -o han tenido 'ganancias', como el nacimiento de un hijo- pueden y saben disfrutar la Navidad con total naturalidad, subraya García.
Por eso estas fechas resultan dolorosas para muchas personas. «Se acerca la Navidad -señala la psicóloga- e intuimos que no vamos a ser tan felices como antes. Añoramos nuestra infancia, nos entra miedo al pensar que ya no estaremos tan alegres y no queremos sufrir». Así se generan emociones diversas: ira, tristeza, pena, impotencia, melancolía...
Eclosión de emociones
Pero, ¿por qué precisamente en Navidad se produce tal eclosión de emociones? García explica que estas fechas son especialmente difíciles porque, «por un lado, se han perdido nuestras convicciones religiosas, frente a la alternativa consumista que lo impregna todo, y, por otro lado, porque cada vez cuesta más mantener la cohesión familiar, existiendo menos generosidad hacia los mayores y entre nosotros mismos». Nos vamos deshumanizando en general y «estos días -asevera- comprobamos el vacío tan profundo en el que vivimos a diario».
Asimismo, también hay niños que pueden ser infelices en Navidad. En no pocos casos, los matrimonios separados utilizan estas fiestas para comprar el afecto de los hijos, colmándoles de caprichos, con el propósito de exhibirse ante sus ex parejas y competir entre ellos. Un error total, a juicio de García, para quien lo importante es «compartir la Navidad con los hijos». «Un niño que se siente querido, acompañado, importante en sí mismo para su papá y para su mamá, aunque estén separados, es un niño feliz en Navidad. Sólo eso. Ni más ni menos que eso», concluye. LR
Muchas personas desearían de todo corazón quedarse dormidos el 23 de diciembre y no despertar hasta el 7 de enero. Se estima que uno de cada cinco jienenses (unas 132.000 personas) sufre durante estos días lo que se conoce como 'depresión blanca', una angustia existencial propiciada por la felicidad impuesta por la Navidad, por los villancicos y por la publicidad. La tradición dice que Pascua es sinónimo de ilusión, pero la realidad dista mucho de esa ensoñación y nos recuerda que algunas piezas de ese puzzle ya se han perdido para siempre, y que las cosas nunca serán igual. La pérdida reciente de algún allegado, el hijo que no ha podido retornar por razones laborales o porque se halla lejos, el pariente convaleciente que no puede abandonar el hospital para unirse a la celebración, familias destrozadas por un divorcio o una separación, diferencias irreconciliables... hay decenas de causas que pueden desencadenar este profundo estado de desasosiego. Se trata de un mal generalizado. Lo padecen tanto los individuos tendentes a deprimirse, que ahora sufren recaídas, como todos aquellos que son emocionalmente sanos y por equis circunstancias experimentan bajonazos.
El psicólogo Jorge Álvarez explica «que esta desazón se debe básicamente a la asociación de estas fiestas a momentos entrañables en compañía de los más íntimos y al hecho de que la falta de alguien rente intensidad a unos sentimientos que se 'maman' desde la más tierna infancia». Este estadío de melancolía se manifiesta diversas formas (en función de la suficiencia del sujeto para afrontar las situaciones), pero es frecuente que afloren episodios sintomáticos que van desde el llanto y la adenomia (apatía para hacer cosas) hasta otro tipo de patologías más graves como la imposibilidad de conciliar el sueño o la ansiedad, un mal que puede desencadenar taquicardias, respiración irregular o sudoración.
El jefe de Psiquiatría del Complejo Hospitalario de Jaén, Manuel Cavaleiro, comenta que en realidad durante estas fechas «no se observa una mayor prevalencia de cuadros depresivos graves, y la mejor prueba de ello es que no se produce ningún repunte ni en el número de asistencias ni en la cifra de ingresos». Sí admite, sin embargo, que haya quien sienta una especial pena o se emocione ante determinadas evocaciones, especialmente en el caso de los que viven solos. «Coincidiendo con el solsticio de invierno -explica- es normal que la gente haga balance de lo que le ha pasado en los doce meses anteriores, y es posible que sobrevengan frustraciones por no tener a alguien al lado, porque no se ha cumplido algún objetivo marcado o porque no se ha alcanzado un ideal».
Compra compulsiva
¿Cómo se combate esta amargura? Una de las fórmulas para evadirse es 'quemar' la tarjeta de crédito. Se estima que alrededor de 13.000 ciudadanos de Jaén (el 2 por ciento de la población de la provincia) compra de forma compulsiva tanto en la Navidad como durante el resto del año. Y es que en el último cuarto de siglo se aprecia un espectacular aumento de los trastornos relacionados con la adicción al consumo, lo que acarrea una falta de control sobre el gasto y como consecuencia de ello se produce el sobreendeudamiento. Existe una relación inversa entre materialismo y dicha.
Los especialistas consideran que alguien desarrolla esta patología cuando adquiere artículos superfluos o innecesarios que afectan a su capacidad económica y que repercuten sobre su vida personal y social. Éstos sienten un deseo de hacerse continuamente con objetos al considerar que lo que ya tienen carece de interés y entran en una espiral en lo que lo único que les mueve es cubrir esa necesidad. Se convierte de esta forma en una obsesión que pasa a ser el centro de su existencia, en un impulso que no puede dominar. Respecto al perfil de quien padece este deseo irrefrenable, hasta los años 80 esta dependencia se vinculaba al colectivo de mujeres de entre 20 y 50 años que residían en ciudades medianas o grandes. Hoy día esta enfermedad se ha generalizado y se dan casos en los dos sexos y en casi todas las edades, a excepción de los ancianos y los entornos rurales.
Manual del superviviente
Pero hay soluciones para ver el vaso medio lleno y no medio vacío, para sobrevivir a los papás noeles y a las comidas en las que nunca faltan esos 'seres queridos' a los que no se desea ver ni en pintura. Lo primero y principal es tomarse la Navidad y el Año Nuevo como dos jornadas más en el calendario. El mundo no se termina con las campanas del 31. También viene bien ser un poco egoísta y ser amigo de uno mismo, dejando de lado la subestima, y reflexionar sobre todas las cosas positivas y no sobre lo negativo o los deberes que no se han hecho.
Respecto a las cenas, es importante sentarse cerca de quien se encuentre mejor anímicamente, ya que no hay mejor remedio contra la pesadumbre que rodearse de quien irradie buena onda. Si hay alguna ausencia o se extraña a alguien, lo más eficaz es pensar en esa persona con amor, puesto que él o ella querría que prevaleciera la alegría. Tampoco ayuda ingerir demasiado alcohol, puesto que la bebida genera una falsa sensación de euforia primero y posteriormente favorece la aflicción. IDEAL
Es transitorio
¿Tiene fobia a la Navidad? ¿Odia las compras y las reuniones familiares?
Si ha perdido a un ser querido, es normal que sufra el blues de Navidad (depresión navideña). La psicóloga Magdalena Arcia analiza este proceso psicológico tan natural como la vida misma.
El blues de Navidad es...
... un periodo de depresión transitoria que puede sufrir cualquier persona en estas fechas porque revive acontecimientos del pasado o algo que ya no tiene, como puede ser la infancia.
¿Qué tiene esta fecha que muchos rechazan?
Es el momento del año en el que se reúne más la familia.
¿Cuáles son los síntomas?
Tristeza profunda, mucha añoranza y retraimiento. El afectado no quiere saber nada de fiestas. Puede tener falta de apetito, alteración del sueño y ansiedad leve.
¿La mejor terapia?
Que se esfuerce en compartir la Navidad con un grupo de amigos que le apoyen, que sepan por lo que está pasando y tiren de él o ella. También es bueno llenar el día con actividades. Es muy sano ayudar en una ONG.
¿Y si hay niños?
Hay que vivir esta fecha con ellos. La Navidad es de los niños. Hay que volcarse y enseñarles las costumbres.
¿Qué aconseja regalar?
Los niños quieren jugar con lo que sea, por eso no tienen por qué recibir el juguete más caro y más electrónico del mercado. Para los adultos, recomiendo regalar algo útil y emocional. 20minutos.es
Muchos ciudadanos buscan consuelo a su angustia comprando de forma compulsiva
La sufren tanto los que tienen tendencia a la tristeza como los emocionalmente sanos y se asocia a ausencias, a pérdidas recientes de seres queridos y a problemas familiares
| Manual del superviviente
Tomarse la Navidad y el Año Nuevo como dos jornadas más en el calendario. El mundo no se termina con las campanas del 31. Ser un poco egoísta y ser amigo de uno mismo, dejando de lado la subestima, y reflexionar sobre todas las cosas positivas y no sobre lo negativo o los deberes que no se han hecho. Las cenas, es importante sentarse cerca de quien se encuentre mejor anímicamente, ya que no hay mejor remedio contra la pesadumbre que rodearse de quien irradie buena onda. Si hay alguna ausencia o se extraña a alguien, lo más eficaz es pensar en esa persona con amor, puesto que él o ella querría que prevaleciera la alegría. Alcohol: Tampoco ayuda ingerir demasiado alcohol, puesto que la bebida genera una falsa sensación de euforia primero y posteriormente favorece la aflicción. | EXTRACTOS 29/12/06 No existe una única Navidad. Hay tantas como estados emocionales se dan y cada ser humano interpreta esta época en función de su situación personal. Pura lógica. Un niño no vive de la misma manera estas fechas que como lo hacen un anciano, un enfermo, un separado, un viudo...
Y es que, a medida que maduramos, las personas acumulamos pérdidas psicológicas: de salud (enfermedad), de trabajo (desempleo), de dinero (pobreza), de país (desarraigo), de amistad (soledad), de familia (abandono), de pareja (separación), de fallecimiento (duelo), de juventud (vejez)... |
Por eso estas fechas resultan dolorosas para muchas personas. «Se acerca la Navidad -señala la psicóloga- e intuimos que no vamos a ser tan felices como antes. Añoramos nuestra infancia, nos entra miedo al pensar que ya no estaremos tan alegres y no queremos sufrir». Así se generan emociones diversas: ira, tristeza, pena, impotencia, melancolía...
Eclosión de emociones
Pero, ¿por qué precisamente en Navidad se produce tal eclosión de emociones? García explica que estas fechas son especialmente difíciles porque, «por un lado, se han perdido nuestras convicciones religiosas, frente a la alternativa consumista que lo impregna todo, y, por otro lado, porque cada vez cuesta más mantener la cohesión familiar, existiendo menos generosidad hacia los mayores y entre nosotros mismos». Nos vamos deshumanizando en general y «estos días -asevera- comprobamos el vacío tan profundo en el que vivimos a diario».
Asimismo, también hay niños que pueden ser infelices en Navidad. En no pocos casos, los matrimonios separados utilizan estas fiestas para comprar el afecto de los hijos, colmándoles de caprichos, con el propósito de exhibirse ante sus ex parejas y competir entre ellos. Un error total, a juicio de García, para quien lo importante es «compartir la Navidad con los hijos». «Un niño que se siente querido, acompañado, importante en sí mismo para su papá y para su mamá, aunque estén separados, es un niño feliz en Navidad. Sólo eso. Ni más ni menos que eso», concluye. LR
Muchas personas desearían de todo corazón quedarse dormidos el 23 de diciembre y no despertar hasta el 7 de enero. Se estima que uno de cada cinco jienenses (unas 132.000 personas) sufre durante estos días lo que se conoce como 'depresión blanca', una angustia existencial propiciada por la felicidad impuesta por la Navidad, por los villancicos y por la publicidad. La tradición dice que Pascua es sinónimo de ilusión, pero la realidad dista mucho de esa ensoñación y nos recuerda que algunas piezas de ese puzzle ya se han perdido para siempre, y que las cosas nunca serán igual. La pérdida reciente de algún allegado, el hijo que no ha podido retornar por razones laborales o porque se halla lejos, el pariente convaleciente que no puede abandonar el hospital para unirse a la celebración, familias destrozadas por un divorcio o una separación, diferencias irreconciliables... hay decenas de causas que pueden desencadenar este profundo estado de desasosiego. Se trata de un mal generalizado. Lo padecen tanto los individuos tendentes a deprimirse, que ahora sufren recaídas, como todos aquellos que son emocionalmente sanos y por equis circunstancias experimentan bajonazos.
El psicólogo Jorge Álvarez explica «que esta desazón se debe básicamente a la asociación de estas fiestas a momentos entrañables en compañía de los más íntimos y al hecho de que la falta de alguien rente intensidad a unos sentimientos que se 'maman' desde la más tierna infancia». Este estadío de melancolía se manifiesta diversas formas (en función de la suficiencia del sujeto para afrontar las situaciones), pero es frecuente que afloren episodios sintomáticos que van desde el llanto y la adenomia (apatía para hacer cosas) hasta otro tipo de patologías más graves como la imposibilidad de conciliar el sueño o la ansiedad, un mal que puede desencadenar taquicardias, respiración irregular o sudoración.
El jefe de Psiquiatría del Complejo Hospitalario de Jaén, Manuel Cavaleiro, comenta que en realidad durante estas fechas «no se observa una mayor prevalencia de cuadros depresivos graves, y la mejor prueba de ello es que no se produce ningún repunte ni en el número de asistencias ni en la cifra de ingresos». Sí admite, sin embargo, que haya quien sienta una especial pena o se emocione ante determinadas evocaciones, especialmente en el caso de los que viven solos. «Coincidiendo con el solsticio de invierno -explica- es normal que la gente haga balance de lo que le ha pasado en los doce meses anteriores, y es posible que sobrevengan frustraciones por no tener a alguien al lado, porque no se ha cumplido algún objetivo marcado o porque no se ha alcanzado un ideal».
Compra compulsiva
¿Cómo se combate esta amargura? Una de las fórmulas para evadirse es 'quemar' la tarjeta de crédito. Se estima que alrededor de 13.000 ciudadanos de Jaén (el 2 por ciento de la población de la provincia) compra de forma compulsiva tanto en la Navidad como durante el resto del año. Y es que en el último cuarto de siglo se aprecia un espectacular aumento de los trastornos relacionados con la adicción al consumo, lo que acarrea una falta de control sobre el gasto y como consecuencia de ello se produce el sobreendeudamiento. Existe una relación inversa entre materialismo y dicha.
Los especialistas consideran que alguien desarrolla esta patología cuando adquiere artículos superfluos o innecesarios que afectan a su capacidad económica y que repercuten sobre su vida personal y social. Éstos sienten un deseo de hacerse continuamente con objetos al considerar que lo que ya tienen carece de interés y entran en una espiral en lo que lo único que les mueve es cubrir esa necesidad. Se convierte de esta forma en una obsesión que pasa a ser el centro de su existencia, en un impulso que no puede dominar. Respecto al perfil de quien padece este deseo irrefrenable, hasta los años 80 esta dependencia se vinculaba al colectivo de mujeres de entre 20 y 50 años que residían en ciudades medianas o grandes. Hoy día esta enfermedad se ha generalizado y se dan casos en los dos sexos y en casi todas las edades, a excepción de los ancianos y los entornos rurales.
Manual del superviviente
Pero hay soluciones para ver el vaso medio lleno y no medio vacío, para sobrevivir a los papás noeles y a las comidas en las que nunca faltan esos 'seres queridos' a los que no se desea ver ni en pintura. Lo primero y principal es tomarse la Navidad y el Año Nuevo como dos jornadas más en el calendario. El mundo no se termina con las campanas del 31. También viene bien ser un poco egoísta y ser amigo de uno mismo, dejando de lado la subestima, y reflexionar sobre todas las cosas positivas y no sobre lo negativo o los deberes que no se han hecho.
Respecto a las cenas, es importante sentarse cerca de quien se encuentre mejor anímicamente, ya que no hay mejor remedio contra la pesadumbre que rodearse de quien irradie buena onda. Si hay alguna ausencia o se extraña a alguien, lo más eficaz es pensar en esa persona con amor, puesto que él o ella querría que prevaleciera la alegría. Tampoco ayuda ingerir demasiado alcohol, puesto que la bebida genera una falsa sensación de euforia primero y posteriormente favorece la aflicción. IDEAL
Es transitorio
¿Tiene fobia a la Navidad? ¿Odia las compras y las reuniones familiares?
Si ha perdido a un ser querido, es normal que sufra el blues de Navidad (depresión navideña). La psicóloga Magdalena Arcia analiza este proceso psicológico tan natural como la vida misma.
El blues de Navidad es...
... un periodo de depresión transitoria que puede sufrir cualquier persona en estas fechas porque revive acontecimientos del pasado o algo que ya no tiene, como puede ser la infancia.
¿Qué tiene esta fecha que muchos rechazan?
Es el momento del año en el que se reúne más la familia.
¿Cuáles son los síntomas?
Tristeza profunda, mucha añoranza y retraimiento. El afectado no quiere saber nada de fiestas. Puede tener falta de apetito, alteración del sueño y ansiedad leve.
¿La mejor terapia?
Que se esfuerce en compartir la Navidad con un grupo de amigos que le apoyen, que sepan por lo que está pasando y tiren de él o ella. También es bueno llenar el día con actividades. Es muy sano ayudar en una ONG.
¿Y si hay niños?
Hay que vivir esta fecha con ellos. La Navidad es de los niños. Hay que volcarse y enseñarles las costumbres.
¿Qué aconseja regalar?
Los niños quieren jugar con lo que sea, por eso no tienen por qué recibir el juguete más caro y más electrónico del mercado. Para los adultos, recomiendo regalar algo útil y emocional. 20minutos.es






