Experta de la Pontificia Universidad Católica de Chile investiga el sentido de la violencia escolar· Si bien la victimización es transversal, hay diferencias en el clima y en la convivencia entre los colegios pagados y los municipalizados
Santiago de Chile 29 DIC. Entre los años 2002 y 2005, la investigadora Ana María Zerón realizó entrevistas grupales y aplicó un cuestionario a alumnos de Enseñanza Media de 22 colegios de Santiago de distinta condición socioeconómica. Las respuestas de los más de 90 jóvenes que intervinieron en los focus group y de los casi mil 500 que participaron en la encuesta contradicen la percepción pública que hay frente al tema de la violencia escolar. Los casos de victimización grave, es decir, la combinación de situaciones de chantaje, robo, agresiones físicas y verbales, y exclusión, son muy bajos comparados con otros países. Además, no se reportan más víctimas en los colegios municipales pobres que en los colegios privados de altos recursos.
Eso para la especialista que se formó como educadora en Francia, es muy raro. En otros países, generalmente los colegios que acogen a la población considerada difícil, tales como inmigrantes o de familias más pobres, tienen muchos más alumnos que se declaran víctimas. "A pesar de que no nos damos cuenta, vivimos en una escuela relativamente pacífica. El nivel de victimización en los colegios es bajo comparado con otros países", dice.
Zerón obtuvo recientemente su grado de Doctor en Ciencias de la Educación de la Pontificia Universidad Católica de Chile en cotutela con la Universidad de Bordeaux, con la investigación titulada "Sentido de la violencia escolar en Chile. Un estudio de sociología comprensiva".
Pero a pesar de que pocos jóvenes consideran que son violentos o que son violentados en el colegio, lo preocupante es que la percepción global de violencia es alta. En este contexto en que "nadie es violento" y en el que todos "sólo se defienden", la violencia juvenil es simbolizada en la figura de "el flaite"*, tanto para los alumnos de estrato social alto como bajo. "El problema es que no pude encontrar a ningún flaite", dice la investigadora.
El estudio también muestra que si bien la victimización es transversal, hay diferencias en el clima y en la convivencia entre los colegios pagados y los municipalizados. Los alumnos de escasos recursos observan mayor violencia y son más críticos del clima social en sus establecimientos. Perciben un ambiente más deteriorado, reconocen que los profesores son mal remunerados y que viven estresados, y al mismo tiempo dicen que no los respetan como sujetos y que no se les valora su aporte.
Además, como miembros de familias de escaso capital cultural y social, sienten que su situación es injusta y paradojal. Por un lado está el discurso público, que pone énfasis en la modernización y desarrollo de la escuela y en el alumno como sujeto de su educación, y por otro, una realidad cotidiana en la sala de clases y el trabajo que les es adversa.
En este contexto de desesperanza, el sentido de la violencia es la rebelión, explica la investigadora. En cambio, para los estudiantes de colegios pagados, la violencia escolar es un problema de la cultura popular, considerada como vulgar y marginal. "Es así y no va a cambiar. Hay una especie de conformismo con el statu quo", dice. "Ahí tienen que ver los medios de comunicación. La violencia escolar es antes que todo en los colegios municipales una agresión espectacular contra el profesor, o contra el pobre niño acosado por matones hijos de delincuentes. Es una simplificación".
Estos jóvenes, que son en general conformistas con las reglas del juego del colegio y las exigencias de los padres, viven el "carrete" y el desborde fuera. Hay desprotección en los dos lados, pero diferente: una frente al desempleo, a la pobreza y a la falta de oportunidades y otra que se vincula con la delincuencia y la excesiva competencia en el mundo del trabajo. "Ese hiperindividualismo que tiene mucho que ver con la soledad y el riesgo de ser atacado, también nos habla de una vulnerabilidad y de un sentimiento existencial de angustia frente a la vida futura", sostiene Zerón. www.universia.cl - Fuente: Pontificia Universidad Católica de Chile www.puc.cl/ JM /
FLAITE: palabra chilensis que, al parecer, proviene del vocablo “flyters”, un anglicismo que define a los drogadictos, conocidos como “volados” (según leí en la Zona de Contacto ). Me es un poco complicado explicarla: comenzaré diciendo que las personas flaites son aquellas personas de un estrato social bajo que hablan con cierta jerga venida del Coa (que se habla en las cárceles). La imagen que se me viene a la mente es la de una persona con un look hip hopero, aunque pueden haber flaites vestidos de otra forma, pero es un poco la tendencia. Se les liga, también, con los delincuentes. Los flaites tienen gestos particulares y hasta una forma de caminar, cosas que creo que se han heredado de los negros del Bronx… Ádemás, son personas con una personalidad avasallante, que no es fácil de pasar a llevar, son “choros” (desafiantes). blogalaxia.com
Santiago de Chile 29 DIC. Entre los años 2002 y 2005, la investigadora Ana María Zerón realizó entrevistas grupales y aplicó un cuestionario a alumnos de Enseñanza Media de 22 colegios de Santiago de distinta condición socioeconómica. Las respuestas de los más de 90 jóvenes que intervinieron en los focus group y de los casi mil 500 que participaron en la encuesta contradicen la percepción pública que hay frente al tema de la violencia escolar. Los casos de victimización grave, es decir, la combinación de situaciones de chantaje, robo, agresiones físicas y verbales, y exclusión, son muy bajos comparados con otros países. Además, no se reportan más víctimas en los colegios municipales pobres que en los colegios privados de altos recursos.
Eso para la especialista que se formó como educadora en Francia, es muy raro. En otros países, generalmente los colegios que acogen a la población considerada difícil, tales como inmigrantes o de familias más pobres, tienen muchos más alumnos que se declaran víctimas. "A pesar de que no nos damos cuenta, vivimos en una escuela relativamente pacífica. El nivel de victimización en los colegios es bajo comparado con otros países", dice.
Zerón obtuvo recientemente su grado de Doctor en Ciencias de la Educación de la Pontificia Universidad Católica de Chile en cotutela con la Universidad de Bordeaux, con la investigación titulada "Sentido de la violencia escolar en Chile. Un estudio de sociología comprensiva".
Pero a pesar de que pocos jóvenes consideran que son violentos o que son violentados en el colegio, lo preocupante es que la percepción global de violencia es alta. En este contexto en que "nadie es violento" y en el que todos "sólo se defienden", la violencia juvenil es simbolizada en la figura de "el flaite"*, tanto para los alumnos de estrato social alto como bajo. "El problema es que no pude encontrar a ningún flaite", dice la investigadora.
El estudio también muestra que si bien la victimización es transversal, hay diferencias en el clima y en la convivencia entre los colegios pagados y los municipalizados. Los alumnos de escasos recursos observan mayor violencia y son más críticos del clima social en sus establecimientos. Perciben un ambiente más deteriorado, reconocen que los profesores son mal remunerados y que viven estresados, y al mismo tiempo dicen que no los respetan como sujetos y que no se les valora su aporte.
Además, como miembros de familias de escaso capital cultural y social, sienten que su situación es injusta y paradojal. Por un lado está el discurso público, que pone énfasis en la modernización y desarrollo de la escuela y en el alumno como sujeto de su educación, y por otro, una realidad cotidiana en la sala de clases y el trabajo que les es adversa.
En este contexto de desesperanza, el sentido de la violencia es la rebelión, explica la investigadora. En cambio, para los estudiantes de colegios pagados, la violencia escolar es un problema de la cultura popular, considerada como vulgar y marginal. "Es así y no va a cambiar. Hay una especie de conformismo con el statu quo", dice. "Ahí tienen que ver los medios de comunicación. La violencia escolar es antes que todo en los colegios municipales una agresión espectacular contra el profesor, o contra el pobre niño acosado por matones hijos de delincuentes. Es una simplificación".
Estos jóvenes, que son en general conformistas con las reglas del juego del colegio y las exigencias de los padres, viven el "carrete" y el desborde fuera. Hay desprotección en los dos lados, pero diferente: una frente al desempleo, a la pobreza y a la falta de oportunidades y otra que se vincula con la delincuencia y la excesiva competencia en el mundo del trabajo. "Ese hiperindividualismo que tiene mucho que ver con la soledad y el riesgo de ser atacado, también nos habla de una vulnerabilidad y de un sentimiento existencial de angustia frente a la vida futura", sostiene Zerón. www.universia.cl - Fuente: Pontificia Universidad Católica de Chile www.puc.cl/ JM /
FLAITE: palabra chilensis que, al parecer, proviene del vocablo “flyters”, un anglicismo que define a los drogadictos, conocidos como “volados” (según leí en la Zona de Contacto ). Me es un poco complicado explicarla: comenzaré diciendo que las personas flaites son aquellas personas de un estrato social bajo que hablan con cierta jerga venida del Coa (que se habla en las cárceles). La imagen que se me viene a la mente es la de una persona con un look hip hopero, aunque pueden haber flaites vestidos de otra forma, pero es un poco la tendencia. Se les liga, también, con los delincuentes. Los flaites tienen gestos particulares y hasta una forma de caminar, cosas que creo que se han heredado de los negros del Bronx… Ádemás, son personas con una personalidad avasallante, que no es fácil de pasar a llevar, son “choros” (desafiantes). blogalaxia.com






