Carmen Ferreras · Víctimas del "bullying"
SORIA 13 ENE. Ahí es donde la autoridad debiera emplearse a fondo apartando las manzanas estropeadas de las otras sanas. Pero como existe una especie de reparo a enfrentarse con semejante problema, se aleja a la víctima y se protege al victimario.
No me extraña que los gallitos de escuela y de instituto y de otros centros educativos, estén crecidos, no es para menos, no hay quien los detenga y al que se les pone entre ceja y ceja, que Dios lo pille confesado.
Y son muchos los niños y niñas, chicos y chicas, que se encuentran en el punto de mira de mal llamados compañeros y compañeras que les hacen la vida imposible de palabra y de obra, ejercitando sobre ellos una, sutil en unos casos y salvaje en otros, forma de violencia que acaba con la psique de unos y con la vida de otros que muy bien podemos considerar mártires del siglo XXI, por lo menos de una situación no deseada pero consentida.
Niños y niñas, chicos y chicas que no caen bien al agresor de turno y o porque son más guapos, o más feos, o más altos, o más bajos, o más estudiosos o simplemente mejores y más educados, acaban padeciendo a golpes la inquina de uno o de varios mal llamados compañeros.
El acoso en las aulas de nuestro país empieza a ser un problema generalizado al que no se busca la solución adecuada. Lo habitual es que la víctima se vea obligada a cambiar de centro. El alumno conflictivo, el que plantea los problemas se queda y lo hace en loor de multitudes por parte del claustro de profesores y del resto de alumnos que, incluso, pueden elegirlo como modelo a imitar, dado que siempre se sale con la suya. Antes, la victoria era para los buenos, hoy son los malos quienes ganan.
Tal y como están las cosas en la actualidad cabe decir que la conducta empleada hasta la fecha invierte los patrones sociales habituales. La víctima se ve obligada a romper su rutina y aclimatarse a un nuevo entorno escolar y a unos nuevos compañeros, cuando no ha hecho nada malo, si acaso denunciar el problema que padece. El alumno o alumnos que causan los problemas se quedan, por lo tanto, ganan y se erigen en ejemplo del resto de sus compañeros.
Un mal ejemplo, un ejemplo inconveniente porque, la manzana podrida acaba estropeando al resto. Sin embargo, ya ve, no se está haciendo nada o casi nada para evitarlo. Y esto es así en todas las comunidades patrias. No se libra una sola.
A lo mejor, quién sabe, si en lugar de arrinconar la religión y otras asignaturas que permiten educar en valores, se les diera la importancia que les corresponde, el "bullying" pasaría a ser un mal recuerdo y se dejaría de hablar del problema.
Lamentablemente eso no va a ocurrir. Se ha empezado la casa por el tejado y los cimientos se tambalean. La lucha para combatir el acoso escolar se queda para las asociaciones que no desfallecen en su empeño.
De momento y aunque resulte descorazonador, las víctimas del "bullying" pierden, los victimarios ganan. Mal que nos pese. www.heraldodesoria.es
SORIA 13 ENE. Ahí es donde la autoridad debiera emplearse a fondo apartando las manzanas estropeadas de las otras sanas. Pero como existe una especie de reparo a enfrentarse con semejante problema, se aleja a la víctima y se protege al victimario.
No me extraña que los gallitos de escuela y de instituto y de otros centros educativos, estén crecidos, no es para menos, no hay quien los detenga y al que se les pone entre ceja y ceja, que Dios lo pille confesado.
Y son muchos los niños y niñas, chicos y chicas, que se encuentran en el punto de mira de mal llamados compañeros y compañeras que les hacen la vida imposible de palabra y de obra, ejercitando sobre ellos una, sutil en unos casos y salvaje en otros, forma de violencia que acaba con la psique de unos y con la vida de otros que muy bien podemos considerar mártires del siglo XXI, por lo menos de una situación no deseada pero consentida.
Niños y niñas, chicos y chicas que no caen bien al agresor de turno y o porque son más guapos, o más feos, o más altos, o más bajos, o más estudiosos o simplemente mejores y más educados, acaban padeciendo a golpes la inquina de uno o de varios mal llamados compañeros.
El acoso en las aulas de nuestro país empieza a ser un problema generalizado al que no se busca la solución adecuada. Lo habitual es que la víctima se vea obligada a cambiar de centro. El alumno conflictivo, el que plantea los problemas se queda y lo hace en loor de multitudes por parte del claustro de profesores y del resto de alumnos que, incluso, pueden elegirlo como modelo a imitar, dado que siempre se sale con la suya. Antes, la victoria era para los buenos, hoy son los malos quienes ganan.
Tal y como están las cosas en la actualidad cabe decir que la conducta empleada hasta la fecha invierte los patrones sociales habituales. La víctima se ve obligada a romper su rutina y aclimatarse a un nuevo entorno escolar y a unos nuevos compañeros, cuando no ha hecho nada malo, si acaso denunciar el problema que padece. El alumno o alumnos que causan los problemas se quedan, por lo tanto, ganan y se erigen en ejemplo del resto de sus compañeros.
Un mal ejemplo, un ejemplo inconveniente porque, la manzana podrida acaba estropeando al resto. Sin embargo, ya ve, no se está haciendo nada o casi nada para evitarlo. Y esto es así en todas las comunidades patrias. No se libra una sola.
A lo mejor, quién sabe, si en lugar de arrinconar la religión y otras asignaturas que permiten educar en valores, se les diera la importancia que les corresponde, el "bullying" pasaría a ser un mal recuerdo y se dejaría de hablar del problema.
Lamentablemente eso no va a ocurrir. Se ha empezado la casa por el tejado y los cimientos se tambalean. La lucha para combatir el acoso escolar se queda para las asociaciones que no desfallecen en su empeño.
De momento y aunque resulte descorazonador, las víctimas del "bullying" pierden, los victimarios ganan. Mal que nos pese. www.heraldodesoria.es







