ENTREVISTA· JOSÉ MARÍA AVILÉS · PSICÓLOGO Y EXPERTO EN LA INVESTIGACIÓN DEL ACOSO
Siempre con la víctima· Los expertos recomiendan a los testigos ponerse del lado del agredido porque las secuelas pueden ser irreparables
J. A./VALLADOLID Pionero y experto en la investigación del acoso escolar en España, el doctor en Psicología José María Avilés diferencia entre el conflicto entre dos personas -es inevitable y puede haber causa razonable- y el 'bulling', «un maltrato gratuito que moralmente es inaceptable».
-¿Las campañas que se han puesto en marcha han logrado reducir los índices de acoso?
-Los datos en los últimos años mantienen el tono, no podemos decir que lo estemos reduciendo, pero la trayectoria es corta. Reducirlo son palabras mayores, es una tarea a largo plazo. Las campañas de sensibilización están bien, pero la intervención hay que centrarla allí donde el acoso se produce, en la comunidad educativa con profesores, padres y alumnos. Nadie de fuera lo va a venir a solucionar. Faltan proyectos 'antibulling' en las comunidades educativas con todas las ayudas que queramos buscar. También hay que dotar al alumnado de protagonismo en la resolución de estas situaciones.
-¿Se están abordando los casos con efectividad?
-Hay algunas cosas que venimos haciendo y que no son agarrar el toro por los cuernos. Por ejemplo, el tema de la deslocalización de la víctima. Siempre que hay un caso, cuando no se da respuesta, cuando no se ha hecho prevención y no se ha intervenido adecuadamente el resultado desgraciadamente es el mismo: deslocalizar a la víctima forzando a que tenga que vivir una situación nueva. Son chicos con determinados condicionantes de relación interpersonal y se les pone en una situación de revictimización. El recurrir a esto nos dice que no hemos sido capaces de llegar a una solución.
-¿Hay un perfil en la víctima del acoso?
-No se puede hablar de un solo perfil. El más común es el de la víctima pasiva, el que aguanta con todo lo que le dicen y no reacciona. También tenemos los que después de largos periodos de sufrir reaccionan agresivamente. También los hay brillantes académicamente y por eso se meten con ellos. No hay un único perfil.
-¿Lo más importante para atajar un caso es acabar con el silencio?
-Lo más complicado es sumar esfuerzos de la gente que sabe lo que pasa y está callada. Por ahí hay que empezar, además de dar protección y seguridad a la víctima. Sumar en el carro de la denuncia a los alumnos que saben que lo que ocurre no está bien y den el paso: 'Aquí estoy yo y no me gusta esto que sucede y me pongo del lado del que está sufriendo'.
-¿Cuáles son las consecuencias de un acoso continuado?
-En España hemos visto algunas consecuencias dramáticas. Pero lo más duro, lo que duele y llega al corazón son todos estos chicos que en silencio y sin ser conflictivos están aguantando esto año tras año. Deja un poso en ellos de resignación y terminan viéndose como culpables, porque no se explican por qué les pasa a ellos. Termina siendo un proceso destructivo que hace que uno se aprecie poco a sí mismo y que la autoestima la tenga por los suelos. Incita a tener efectos depresivos en la edad adulta.
-¿Qué porcentaje de víctimas de acoso continuado hay?
-Hay más acoso escolar en Primaria que en Secundaria, pero adquiere formas más visibles en Secundaria. Entre el 3% y 6% de los alumnos lo sufren. NDC
Siempre con la víctima
Los testigos, ponerse siempre del lado del agredido. Las secuelas pueden ser irreparables
No se puede ni se debe consentir. Ese es el mensaje. El colegio Nuestra Señora del Carmen fue escenario ayer de una de las sesiones informativas organizadas por el Movimiento contra la Intolerancia para alumnos de la ESO. Fueron los adolescentes quienes leyeron casos reales que ponen los pelos de punta. Sara, una estudiante que tras pelearse con una amiga comienza a ser el blanco de los ataques de su grupo de compañeras durante un curso. Hasta el punto de intentar el suicidio después de que por el colegio se corriese la mentira de que padecía sida.
O el de Lucas, un alumno que fue maltratado de manera gratuita física y psicológicamente por su escasa altura durante su estancia en un centro, mientras en su casa le reprochaban que no cuidaba el material escolar que le rompían sus compañeros. Tampoco Mónica, recién llegada a un instituto, se libró de las agresiones de carácter sexual de un grupo de chicos ante el silencio de sus vecinos de pupitre. Las consecuencias las explicaba ayer una de las monitoras de la oenegé: depresión, pérdida total de la autoestima, fobia a la hora de acudir al centro , secuelas que quedarán, en algunos casos, para siempre. A pesar de que el porcentaje de víctimas de acoso sistemático se sitúa entorno al 6% su gravedad obliga a no dejarlo pasar. Ayer el consejo era claro: no ser cómplices silenciosos y ponerse del lado del agredido. Están en juego vidas. NCD
José María Avilés.
Siempre con la víctima· Los expertos recomiendan a los testigos ponerse del lado del agredido porque las secuelas pueden ser irreparables
J. A./VALLADOLID Pionero y experto en la investigación del acoso escolar en España, el doctor en Psicología José María Avilés diferencia entre el conflicto entre dos personas -es inevitable y puede haber causa razonable- y el 'bulling', «un maltrato gratuito que moralmente es inaceptable».
-¿Las campañas que se han puesto en marcha han logrado reducir los índices de acoso?
-Los datos en los últimos años mantienen el tono, no podemos decir que lo estemos reduciendo, pero la trayectoria es corta. Reducirlo son palabras mayores, es una tarea a largo plazo. Las campañas de sensibilización están bien, pero la intervención hay que centrarla allí donde el acoso se produce, en la comunidad educativa con profesores, padres y alumnos. Nadie de fuera lo va a venir a solucionar. Faltan proyectos 'antibulling' en las comunidades educativas con todas las ayudas que queramos buscar. También hay que dotar al alumnado de protagonismo en la resolución de estas situaciones.
-¿Se están abordando los casos con efectividad?
-Hay algunas cosas que venimos haciendo y que no son agarrar el toro por los cuernos. Por ejemplo, el tema de la deslocalización de la víctima. Siempre que hay un caso, cuando no se da respuesta, cuando no se ha hecho prevención y no se ha intervenido adecuadamente el resultado desgraciadamente es el mismo: deslocalizar a la víctima forzando a que tenga que vivir una situación nueva. Son chicos con determinados condicionantes de relación interpersonal y se les pone en una situación de revictimización. El recurrir a esto nos dice que no hemos sido capaces de llegar a una solución.
-¿Hay un perfil en la víctima del acoso?
-No se puede hablar de un solo perfil. El más común es el de la víctima pasiva, el que aguanta con todo lo que le dicen y no reacciona. También tenemos los que después de largos periodos de sufrir reaccionan agresivamente. También los hay brillantes académicamente y por eso se meten con ellos. No hay un único perfil.
-¿Lo más importante para atajar un caso es acabar con el silencio?
-Lo más complicado es sumar esfuerzos de la gente que sabe lo que pasa y está callada. Por ahí hay que empezar, además de dar protección y seguridad a la víctima. Sumar en el carro de la denuncia a los alumnos que saben que lo que ocurre no está bien y den el paso: 'Aquí estoy yo y no me gusta esto que sucede y me pongo del lado del que está sufriendo'.
-¿Cuáles son las consecuencias de un acoso continuado?
-En España hemos visto algunas consecuencias dramáticas. Pero lo más duro, lo que duele y llega al corazón son todos estos chicos que en silencio y sin ser conflictivos están aguantando esto año tras año. Deja un poso en ellos de resignación y terminan viéndose como culpables, porque no se explican por qué les pasa a ellos. Termina siendo un proceso destructivo que hace que uno se aprecie poco a sí mismo y que la autoestima la tenga por los suelos. Incita a tener efectos depresivos en la edad adulta.
-¿Qué porcentaje de víctimas de acoso continuado hay?
-Hay más acoso escolar en Primaria que en Secundaria, pero adquiere formas más visibles en Secundaria. Entre el 3% y 6% de los alumnos lo sufren. NDC
Siempre con la víctima
Los testigos, ponerse siempre del lado del agredido. Las secuelas pueden ser irreparables
No se puede ni se debe consentir. Ese es el mensaje. El colegio Nuestra Señora del Carmen fue escenario ayer de una de las sesiones informativas organizadas por el Movimiento contra la Intolerancia para alumnos de la ESO. Fueron los adolescentes quienes leyeron casos reales que ponen los pelos de punta. Sara, una estudiante que tras pelearse con una amiga comienza a ser el blanco de los ataques de su grupo de compañeras durante un curso. Hasta el punto de intentar el suicidio después de que por el colegio se corriese la mentira de que padecía sida.
O el de Lucas, un alumno que fue maltratado de manera gratuita física y psicológicamente por su escasa altura durante su estancia en un centro, mientras en su casa le reprochaban que no cuidaba el material escolar que le rompían sus compañeros. Tampoco Mónica, recién llegada a un instituto, se libró de las agresiones de carácter sexual de un grupo de chicos ante el silencio de sus vecinos de pupitre. Las consecuencias las explicaba ayer una de las monitoras de la oenegé: depresión, pérdida total de la autoestima, fobia a la hora de acudir al centro , secuelas que quedarán, en algunos casos, para siempre. A pesar de que el porcentaje de víctimas de acoso sistemático se sitúa entorno al 6% su gravedad obliga a no dejarlo pasar. Ayer el consejo era claro: no ser cómplices silenciosos y ponerse del lado del agredido. Están en juego vidas. NCD
José María Avilés.





