JUAN DÍEZ NICOLÁS· CATEDRÁTICO DE SOCIOLOGÍA. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID
28 ENE. El conflicto de Alcorcón ha tenido relevancia por dos razones principales. En primer lugar, por el número de personas implicadas, un auténtico motín popular. En segundo lugar, porque fue un enfrentamiento entre dos grupos de jóvenes, unos mayoritariamente (pero no exclusivamente) españoles y otros mayoritariamente (pero no exclusivamente) inmigrantes latinoamericanos. Si el número de implicados hubiese sido inferior, no más de diez por cada lado, la noticia habría durado un día. Si los implicados hubiesen sido dos grupos de jóvenes de dos barrios diferentes de Madrid, tampoco habría tenido la repercusión informativa que ha tenido. La notoriedad se ha producido porque era un enfrentamiento entre españoles e inmigrantes que podría utilizarse para probar la tesis de que los españoles son racistas y xenófobos, porque cualquier conflicto social en el que participen personas de otra nacionalidad o raza es una manifestación de xenofobia o racismo.
Pero las cosas no son tan simples, aunque algunos se empeñen en lo contrario. Si las informaciones sobre lo sucedido en Alcorcón son ciertas, parece que los jóvenes españoles se enfrentaron a ciertos grupos de jóvenes que, además de ser jóvenes, formaban parte de ciertas bandas, con nombres como 'Latin Kings' o 'Ñetas', conocidos por sus frecuentes agresiones a viandantes, por su exigencia de 'peaje' a otros jóvenes (españoles o no) que quieren utilizar canchas de baloncesto que son públicas, y por tanto gratuitas. En otras ocasiones hemos condenado agresiones de españoles a inmigrantes que tenían motivaciones racistas, pero en estos sucesos no parece que el racismo sea realmente la causa de la reacción popular contra los abusos cometidos por unas bandas cuyos integrantes se identifican ellos mismos como miembros de dichas bandas y que posiblemente se consideran los nuevos 'héroes urbanos'.
El fenómeno de las bandas como las citadas no forma parte de la tradición española. Incluso los grupos de 'ultras' que suelen acompañar a los equipos de fútbol son una imitación de un fenómeno foráneo: los 'hooligans' ingleses. En realidad las bandas de 'latinos' o 'hispanos' surgen en Estados Unidos como respuesta a las bandas nativas, como respuesta defensiva frente a un medio que les era hostil, pero pronto imitaron sus prácticas, y de las ciudades norteamericanas llevaron las pandillas o bandas a sus países de origen, principalmente centro-americanos, pues esas bandas no son frecuentes en la mayoría de los países de Sudamérica.
Tampoco todos los grupos inmigrantes en España han desarrollado ese tipo de bandas. Es cierto que hay bandas de delincuentes más o menos agresivos de distintas nacionalidades, y con muy diferentes pautas de comportamiento (los hay especializados en robar documentación a japoneses, o en asaltar coches en los semáforos, o en entrar a robar en tiendas...). Pero las bandas urbanas con nombre, símbolos y organización jerarquizada son productos importados muy peculiares. La reacción de los habitantes de Alcorcón, y en especial de los jóvenes, puede y debe ser criticada por muchas razones, pero no parece que el calificativo de racista sea el más apropiado.
Parece evidente que la proliferación de actos violentos protagonizados por jóvenes, generalmente en grupos, (sean españoles, latinoamericanos, franceses o de cualquier otra identidad), tiene que ver con factores sociales comunes a todos ellos. En general se trata de jóvenes socialmente marginados, pero no necesariamente. Más bien se trata de comportamientos provocados por una sensación de inquietud, de insatisfacción, de incertidumbre respecto a su futuro, de sensación de impotencia para controlar sus vidas, que incluso no tienen por qué ser objetivamente ciertas, sino que ellos toman como ciertas. La sociedad actual no se ha dado cuenta de que el gran problema desde hace algunas décadas no es el de que existan grandes desigualdades objetivas en el nivel de vida de unas personas y otras, sino que esas desigualdades son ahora conocidas por todos a través de los medios de comunicación.
En todas las épocas de la historia ha habido desigualdades sociales y económicas objetivas, pero nunca como ahora se habían igualado tanto las aspiraciones sociales, debido a los medios de comunicación, de manera que algunos grupos sociales, y en especial los jóvenes, ven tal diferencia entre su realidad objetiva y sus aspiraciones subjetivas que optan por satisfacer sus deseos por cualquier medio, ya que piensan (y a veces con razón) que nunca podrán hacerlo por los medios que la sociedad les brinda como legítimos. La percepción de desigualdades provoca frustración, irritación, inseguridad y finalmente violencia. Pero no cabe justificar la violencia, pues generalmente el objeto de esa violencia poco o nada tiene que ver con la causa de su frustración. Cuando los miembros de una banda obligan a pagar a otros como ellos por usar una cancha de baloncesto, están desplazando su agresividad hacia personas que no son responsables de su situación.
En cualquier caso, ante una situación como la de Alcorcón parece que lo importante es, en primer lugar, 'enfriar' el clima, dejar que los ánimos se calmen, y ello requerirá presencia policial extraordinaria durante algún tiempo. En segundo lugar, las fuerzas de seguridad deben vigilar para que no se produzcan situaciones como las que han llevado a esta explosión ciudadana, y ello significa informarse de la existencia y prácticas de estas bandas juveniles, con independencia de que sean españolas, latinas o de cualquier otra condición. En tercer lugar habrá que combatir las situaciones sociales que alimentan la formación de estas o similares bandas, y ese combate significa establecer planes para 'ocuparse' realmente de los jóvenes, mediante programas especiales de creación de empleo, programas especiales para combatir el abandono o el incumplimiento escolar, programas sociales que fomenten la práctica (no el espectáculo) del deporte y otras actividades de relación social.
Pero no hay que engañarse, habrá también que establecer mecanismos para sancionar los comportamientos no sociales, de manera que los individuos sepan con certeza cuáles son los límites que no se pueden rebasar. No hace muchos meses, en una encuesta realizada por ASEP en noviembre de 2005, más del 80% de los españoles pedían que las fuerzas de seguridad del Estado actuasen con más autoridad contra los distribuidores de droga en las discos y bares de juventud, contra las bandas juveniles, contra los piquetes violentos en las huelgas, contra las mafias, el crimen organizado y contra la violencia doméstica, más de un 70% pedían más autoridad contra la inmigración clandestina y contra las infracciones de tráfico, más del 60% pedían más autoridad contra los 'okupas', más del 50% contra el 'top manta', y más del 40% contra las huelgas en los servicios públicos y contra los vagabundos (www.jdsurvey.net).
Estas respuestas reflejan una creciente opinión de los ciudadanos contra todas las formas de violencia de que son objeto (terrorismo, crimen organizado, delincuencia, abusos de todo tipo), y una creciente consideración de que si las fuerzas del orden no les garantizan su seguridad personal no tendrán otra opción que garantizársela por sí mismos. La reacción popular de Alcorcón, como la de hace unos días en un pequeño pueblo frente a un vecino 'matón', pueden ser el comienzo de un cambio, desde la queja pasiva y resignada al motín y al 'hasta aquí hemos llegado'. eCD
28 ENE. El conflicto de Alcorcón ha tenido relevancia por dos razones principales. En primer lugar, por el número de personas implicadas, un auténtico motín popular. En segundo lugar, porque fue un enfrentamiento entre dos grupos de jóvenes, unos mayoritariamente (pero no exclusivamente) españoles y otros mayoritariamente (pero no exclusivamente) inmigrantes latinoamericanos. Si el número de implicados hubiese sido inferior, no más de diez por cada lado, la noticia habría durado un día. Si los implicados hubiesen sido dos grupos de jóvenes de dos barrios diferentes de Madrid, tampoco habría tenido la repercusión informativa que ha tenido. La notoriedad se ha producido porque era un enfrentamiento entre españoles e inmigrantes que podría utilizarse para probar la tesis de que los españoles son racistas y xenófobos, porque cualquier conflicto social en el que participen personas de otra nacionalidad o raza es una manifestación de xenofobia o racismo.
Pero las cosas no son tan simples, aunque algunos se empeñen en lo contrario. Si las informaciones sobre lo sucedido en Alcorcón son ciertas, parece que los jóvenes españoles se enfrentaron a ciertos grupos de jóvenes que, además de ser jóvenes, formaban parte de ciertas bandas, con nombres como 'Latin Kings' o 'Ñetas', conocidos por sus frecuentes agresiones a viandantes, por su exigencia de 'peaje' a otros jóvenes (españoles o no) que quieren utilizar canchas de baloncesto que son públicas, y por tanto gratuitas. En otras ocasiones hemos condenado agresiones de españoles a inmigrantes que tenían motivaciones racistas, pero en estos sucesos no parece que el racismo sea realmente la causa de la reacción popular contra los abusos cometidos por unas bandas cuyos integrantes se identifican ellos mismos como miembros de dichas bandas y que posiblemente se consideran los nuevos 'héroes urbanos'.
El fenómeno de las bandas como las citadas no forma parte de la tradición española. Incluso los grupos de 'ultras' que suelen acompañar a los equipos de fútbol son una imitación de un fenómeno foráneo: los 'hooligans' ingleses. En realidad las bandas de 'latinos' o 'hispanos' surgen en Estados Unidos como respuesta a las bandas nativas, como respuesta defensiva frente a un medio que les era hostil, pero pronto imitaron sus prácticas, y de las ciudades norteamericanas llevaron las pandillas o bandas a sus países de origen, principalmente centro-americanos, pues esas bandas no son frecuentes en la mayoría de los países de Sudamérica.
Tampoco todos los grupos inmigrantes en España han desarrollado ese tipo de bandas. Es cierto que hay bandas de delincuentes más o menos agresivos de distintas nacionalidades, y con muy diferentes pautas de comportamiento (los hay especializados en robar documentación a japoneses, o en asaltar coches en los semáforos, o en entrar a robar en tiendas...). Pero las bandas urbanas con nombre, símbolos y organización jerarquizada son productos importados muy peculiares. La reacción de los habitantes de Alcorcón, y en especial de los jóvenes, puede y debe ser criticada por muchas razones, pero no parece que el calificativo de racista sea el más apropiado.
Parece evidente que la proliferación de actos violentos protagonizados por jóvenes, generalmente en grupos, (sean españoles, latinoamericanos, franceses o de cualquier otra identidad), tiene que ver con factores sociales comunes a todos ellos. En general se trata de jóvenes socialmente marginados, pero no necesariamente. Más bien se trata de comportamientos provocados por una sensación de inquietud, de insatisfacción, de incertidumbre respecto a su futuro, de sensación de impotencia para controlar sus vidas, que incluso no tienen por qué ser objetivamente ciertas, sino que ellos toman como ciertas. La sociedad actual no se ha dado cuenta de que el gran problema desde hace algunas décadas no es el de que existan grandes desigualdades objetivas en el nivel de vida de unas personas y otras, sino que esas desigualdades son ahora conocidas por todos a través de los medios de comunicación.
En todas las épocas de la historia ha habido desigualdades sociales y económicas objetivas, pero nunca como ahora se habían igualado tanto las aspiraciones sociales, debido a los medios de comunicación, de manera que algunos grupos sociales, y en especial los jóvenes, ven tal diferencia entre su realidad objetiva y sus aspiraciones subjetivas que optan por satisfacer sus deseos por cualquier medio, ya que piensan (y a veces con razón) que nunca podrán hacerlo por los medios que la sociedad les brinda como legítimos. La percepción de desigualdades provoca frustración, irritación, inseguridad y finalmente violencia. Pero no cabe justificar la violencia, pues generalmente el objeto de esa violencia poco o nada tiene que ver con la causa de su frustración. Cuando los miembros de una banda obligan a pagar a otros como ellos por usar una cancha de baloncesto, están desplazando su agresividad hacia personas que no son responsables de su situación.
En cualquier caso, ante una situación como la de Alcorcón parece que lo importante es, en primer lugar, 'enfriar' el clima, dejar que los ánimos se calmen, y ello requerirá presencia policial extraordinaria durante algún tiempo. En segundo lugar, las fuerzas de seguridad deben vigilar para que no se produzcan situaciones como las que han llevado a esta explosión ciudadana, y ello significa informarse de la existencia y prácticas de estas bandas juveniles, con independencia de que sean españolas, latinas o de cualquier otra condición. En tercer lugar habrá que combatir las situaciones sociales que alimentan la formación de estas o similares bandas, y ese combate significa establecer planes para 'ocuparse' realmente de los jóvenes, mediante programas especiales de creación de empleo, programas especiales para combatir el abandono o el incumplimiento escolar, programas sociales que fomenten la práctica (no el espectáculo) del deporte y otras actividades de relación social.
Pero no hay que engañarse, habrá también que establecer mecanismos para sancionar los comportamientos no sociales, de manera que los individuos sepan con certeza cuáles son los límites que no se pueden rebasar. No hace muchos meses, en una encuesta realizada por ASEP en noviembre de 2005, más del 80% de los españoles pedían que las fuerzas de seguridad del Estado actuasen con más autoridad contra los distribuidores de droga en las discos y bares de juventud, contra las bandas juveniles, contra los piquetes violentos en las huelgas, contra las mafias, el crimen organizado y contra la violencia doméstica, más de un 70% pedían más autoridad contra la inmigración clandestina y contra las infracciones de tráfico, más del 60% pedían más autoridad contra los 'okupas', más del 50% contra el 'top manta', y más del 40% contra las huelgas en los servicios públicos y contra los vagabundos (www.jdsurvey.net).
Estas respuestas reflejan una creciente opinión de los ciudadanos contra todas las formas de violencia de que son objeto (terrorismo, crimen organizado, delincuencia, abusos de todo tipo), y una creciente consideración de que si las fuerzas del orden no les garantizan su seguridad personal no tendrán otra opción que garantizársela por sí mismos. La reacción popular de Alcorcón, como la de hace unos días en un pequeño pueblo frente a un vecino 'matón', pueden ser el comienzo de un cambio, desde la queja pasiva y resignada al motín y al 'hasta aquí hemos llegado'. eCD






