La Unión Europea cambiará la legislación para adoptar medidas penales contra la venta de videojuegos
Juegos peligrosos · La UE publicará una lista negra de títulos para prohibir la venta
La decisión última sobre qué títulos prohibir corresponde al gobierno de cada país
El juego, de terror y calificado para mayores de 16 años, ha sido prohibido en Gran Bretaña y su venta se ha retrasado ‘sine die’ en España. Ese mismo mes, un alumno de instituto de Renania del Norte-Westfalia, al oeste de Alemania, entró armado hasta los dientes en su centro escolar hiriendo a 37 personas. El joven, fanático de los videojuegos y las armas de fuego, se atrincheró en el centro y se suicidó antes de ser apresado por la Policía.
A propósito de tan macabros sucesos, los ministros de Justicia de la UE se han puesto manos a la obra para tomar medidas contra la difusión de juegos de contenido violento. El comisario europeo de Justicia, Seguridad y Libertades, Franco Frattini, anunció que la Unión Europea pondrá en marcha una fuerte ofensiva contra los juegos de carácter violento ante la falta de control en la venta de este tipo de artículos a menores.
Una de las primeras medidas, que verá la luz en este semestre, consistirá en la confección de una lista negra de títulos que sirva de guía a los estados miembros para prohibir la venta de determinados juegos. Frattini admitió la imposibilidad de establecer una prohibición general para toda la UE y puntualizó que la decisión última sobre qué títulos prohibir corresponde al gobierno de cada país.
Penalizar la venta
Durante el encuentro, se proyectaron imágenes de varios videojuegos que fueron tachadas de «espeluznantes» por Juan Fernando López Aguilar, ministro de Justicia español. Aguilar explicó que la reunión sirvió para crear un grupo de trabajo. La comisión tendrá como objetivo homogeneizar las distintas legislaciones de cada país y buscar instrumentos que permitan la represión penal de la venta de videojuegos que inciten a la violencia.
Uno de los principales problemas de este tipo de productos es que no existe un sistema de control por el que se garantice que las tiendas no venden juegos inapropiados a menores de edad. Franco Fratini manifestó la necesidad de crear un mecanismo de control que se traduzca en sanciones penales contra los vendedores en caso necesario.
Las tiendas de videojuegos no son, a juicio de los responsables de la UE, las únicas culpables en el asunto. La mayor parte de los juegos que salen al mercado se difunden también (legal o ilegalmente) a través de Internet y la red de redes es bastante más difícil de controlar. En palabras de la ministra alemana de Justicia, Brigitte Zypries, «es como prohibir la lluvia». La difusión de un juego violento a través de Internet puede frenarse si su origen está en la UE, pero nada puede hacerse si el servidor en que se encuentra se halla fuera del marco legal europeo. Zypries destacó que la legislación actual es suficiente, pero que no se aplica con el suficiente rigor.
La titular alemana de Justicia no andaba descaminada porque, en realidad, sí existe una normativa paneuropea. Actualmente, los videojuegos están sujetos a un código de regulación tan estricto que ya lo quisiera para sí la industria del cine. Se trata del sistema ‘Pan European Game Information’ o Pegi. El código ha sido desarrollado por la Federación Europea de Software Interactivo en colaboración con el Instituto de Clasificación de Material Audiovisual de Holanda (Nicam). El sistema se utiliza en 27 países de Europa y, aunque no es obligatorio, se someten a él todos los principales desarrolladores de videojuegos de dentro y fuera de la UE. En España, lo usan todas las compañías adscritas a la Asociación Española de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimiento.
Pegi clasifica cada juego en un rango de edades recomendadas que van desde los 3 a los 18 años. Además, el código obliga a mostrar, en caso necesario, varias etiquetas informativas sobre el tipo de contenidos que se pueden encontrar en el juego. Entre esas etiquetas se incluyen las que avisan de contenidos violentos, discriminatorios o sexistas, el lenguaje malsonante o el uso de drogas. Cada juego que se acoge al sistema Pegi está obligado a mostrar de forma visible esas etiquetas en el frontal y parte trasera de la carátula.
Si el código existe, ¿dónde está el fallo? La mayor parte de las veces es algo tan sencillo como que el comprador pasa olímpicamente de leer las etiquetas cuando compra un videojuego. El propio significado del término (video-juego) evoca un producto lúdico destinado al público infantil y muchos padres aún creen ‘ceporramente’ en la leyenda urbana de que los videojuegos son juguetes y todos son aptos para menores, lo que es un craso error. Eso cuando no se aplica aquel viejo refrán castellano de ‘ojos que no ven, corazón que no siente’ y se permite a los menores comprar juegos sin supervisión.
Otras formas de ocio
El fenómeno también se aplica a otras formas de entretenimiento. Hoy en día es perfectamente normal ver a papás y mamás acudir al cine con sus retoños para ver películas clasificadas como aptas sólo para mayores de 16 o 18 años. Y más de la mitad de las producciones de Hollywood entran dentro de esta categoría. Igualmente, en grandes almacenes y videoclubes es perfectamente posible adquirir películas tan poco recomendables para una mente en formación como ‘Hostel’, ‘Holocausto caníbal’ o ‘Kill Bill’. Y si el menor no encuentra a un irresponsable que le venda el juego siempre puede comprarlo en el top manta o descargarlo de Internet.
Asumiendo como probada la relación directa entre las conductas violentas en menores y adolescentes y el consumo indiscriminado de juegos o películas de contenido violento, no se entiende la pasividad de muchos padres a la hora de preocuparse por la salud mental de sus retoños. Prohibir la venta de determinados videojuegos no parece una solución al problema ya que animará a los menores a hacerse con el producto vetado por pura curiosidad.
Sólo la educación y la supervisión por parte de los adultos podría ser efectiva. Y para eso primero hay que conseguir que los adultos dejen de comportarse como niños y recurran a la manida opción de la pataleta cuando ven que el plato ya se ha roto y no tiene solución. laverdad
La decisión última sobre qué títulos prohibir corresponde al gobierno de cada país
El juego, de terror y calificado para mayores de 16 años, ha sido prohibido en Gran Bretaña y su venta se ha retrasado ‘sine die’ en España. Ese mismo mes, un alumno de instituto de Renania del Norte-Westfalia, al oeste de Alemania, entró armado hasta los dientes en su centro escolar hiriendo a 37 personas. El joven, fanático de los videojuegos y las armas de fuego, se atrincheró en el centro y se suicidó antes de ser apresado por la Policía.
A propósito de tan macabros sucesos, los ministros de Justicia de la UE se han puesto manos a la obra para tomar medidas contra la difusión de juegos de contenido violento. El comisario europeo de Justicia, Seguridad y Libertades, Franco Frattini, anunció que la Unión Europea pondrá en marcha una fuerte ofensiva contra los juegos de carácter violento ante la falta de control en la venta de este tipo de artículos a menores.
Una de las primeras medidas, que verá la luz en este semestre, consistirá en la confección de una lista negra de títulos que sirva de guía a los estados miembros para prohibir la venta de determinados juegos. Frattini admitió la imposibilidad de establecer una prohibición general para toda la UE y puntualizó que la decisión última sobre qué títulos prohibir corresponde al gobierno de cada país.
Penalizar la venta
Durante el encuentro, se proyectaron imágenes de varios videojuegos que fueron tachadas de «espeluznantes» por Juan Fernando López Aguilar, ministro de Justicia español. Aguilar explicó que la reunión sirvió para crear un grupo de trabajo. La comisión tendrá como objetivo homogeneizar las distintas legislaciones de cada país y buscar instrumentos que permitan la represión penal de la venta de videojuegos que inciten a la violencia.
Uno de los principales problemas de este tipo de productos es que no existe un sistema de control por el que se garantice que las tiendas no venden juegos inapropiados a menores de edad. Franco Fratini manifestó la necesidad de crear un mecanismo de control que se traduzca en sanciones penales contra los vendedores en caso necesario.
Las tiendas de videojuegos no son, a juicio de los responsables de la UE, las únicas culpables en el asunto. La mayor parte de los juegos que salen al mercado se difunden también (legal o ilegalmente) a través de Internet y la red de redes es bastante más difícil de controlar. En palabras de la ministra alemana de Justicia, Brigitte Zypries, «es como prohibir la lluvia». La difusión de un juego violento a través de Internet puede frenarse si su origen está en la UE, pero nada puede hacerse si el servidor en que se encuentra se halla fuera del marco legal europeo. Zypries destacó que la legislación actual es suficiente, pero que no se aplica con el suficiente rigor.
La titular alemana de Justicia no andaba descaminada porque, en realidad, sí existe una normativa paneuropea. Actualmente, los videojuegos están sujetos a un código de regulación tan estricto que ya lo quisiera para sí la industria del cine. Se trata del sistema ‘Pan European Game Information’ o Pegi. El código ha sido desarrollado por la Federación Europea de Software Interactivo en colaboración con el Instituto de Clasificación de Material Audiovisual de Holanda (Nicam). El sistema se utiliza en 27 países de Europa y, aunque no es obligatorio, se someten a él todos los principales desarrolladores de videojuegos de dentro y fuera de la UE. En España, lo usan todas las compañías adscritas a la Asociación Española de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimiento.
Pegi clasifica cada juego en un rango de edades recomendadas que van desde los 3 a los 18 años. Además, el código obliga a mostrar, en caso necesario, varias etiquetas informativas sobre el tipo de contenidos que se pueden encontrar en el juego. Entre esas etiquetas se incluyen las que avisan de contenidos violentos, discriminatorios o sexistas, el lenguaje malsonante o el uso de drogas. Cada juego que se acoge al sistema Pegi está obligado a mostrar de forma visible esas etiquetas en el frontal y parte trasera de la carátula.
Si el código existe, ¿dónde está el fallo? La mayor parte de las veces es algo tan sencillo como que el comprador pasa olímpicamente de leer las etiquetas cuando compra un videojuego. El propio significado del término (video-juego) evoca un producto lúdico destinado al público infantil y muchos padres aún creen ‘ceporramente’ en la leyenda urbana de que los videojuegos son juguetes y todos son aptos para menores, lo que es un craso error. Eso cuando no se aplica aquel viejo refrán castellano de ‘ojos que no ven, corazón que no siente’ y se permite a los menores comprar juegos sin supervisión.
Otras formas de ocio
El fenómeno también se aplica a otras formas de entretenimiento. Hoy en día es perfectamente normal ver a papás y mamás acudir al cine con sus retoños para ver películas clasificadas como aptas sólo para mayores de 16 o 18 años. Y más de la mitad de las producciones de Hollywood entran dentro de esta categoría. Igualmente, en grandes almacenes y videoclubes es perfectamente posible adquirir películas tan poco recomendables para una mente en formación como ‘Hostel’, ‘Holocausto caníbal’ o ‘Kill Bill’. Y si el menor no encuentra a un irresponsable que le venda el juego siempre puede comprarlo en el top manta o descargarlo de Internet.
Asumiendo como probada la relación directa entre las conductas violentas en menores y adolescentes y el consumo indiscriminado de juegos o películas de contenido violento, no se entiende la pasividad de muchos padres a la hora de preocuparse por la salud mental de sus retoños. Prohibir la venta de determinados videojuegos no parece una solución al problema ya que animará a los menores a hacerse con el producto vetado por pura curiosidad.
Sólo la educación y la supervisión por parte de los adultos podría ser efectiva. Y para eso primero hay que conseguir que los adultos dejen de comportarse como niños y recurran a la manida opción de la pataleta cuando ven que el plato ya se ha roto y no tiene solución. laverdad







